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Era sábado, la mañana estaba preciosa. El sol entraba por todas las ventanas del lado Este de la casa. La temperatura era perfecta para salir a darse un chapuzón en la piscina. En vez de vestirme con ropa de calle, opté por ponerme un traje de baño, el primero que encontré. Era uno de esos shorts viejos de un blue jean recortado que tenía huecos por todo lado. Me puse a pensar que no importaría, pues Anabelle probablemente dormía y ni madre ni Jacqueline habían llegado de sus respectivos viajes.Salí de mi cuarto y bajé hasta la cocina donde María, la empleada, me dijo que antes de salir al jardín de atrás, donde se halla la piscina, tomara alguna cosa de desayuno. Le dije que bueno, que se apurara. Mientras tanto me senté en la mesa de la cocina y me puse a hojear el periódico. María puso un huevo en agua hirviente y al cabo de 3 minutos lo sacó, lo abrió y vertió su contenido en una copa de cristal. Le puso sal y lo removió con una cuchara pequeña, al tiempo que me lo ponía frente a mi en la mesa. Con una sonrisa picaresca, me dijo que lo que necesitaba esa mañana era un huevo tibio para reponer fuerzas por la velada de anoche. Le pregunté que a que se refería y me respondió, con la misma risita, diciéndome que como habíamos salido Anabelle y yo y dado que a Anabelle le gustaba tanto bailar, que siempre andaba dando piruetas por toda la casa, lo más probable era que me había tocado bailar maratónicamente toda la noche. Yo respondí que no había sido para tanto, y que más bien habíamos estado sentados buena parte de la noche escuchando un concierto. esto último lo dije de una manera que María entendiera que quería dar por terminada la conversación. Me preguntó que si quería café o algo más, a lo que yo respondí que no.
Salí a la parte de atrás de la casa e inmediatamente me lancé al agua de la piscina. Nadé un poco y luego salí y me tendí en una de las sillas. Allí cerré los ojos y me puse a pensar en lo que había sucedido la noche anterior y en la risita sarcástica de María. Me preguntaba si ella se habría podido dar cuenta de algo. Me hallaba en estos y otros pensamientos cuando sentí que alguien se sentaba en la silla de al lado. Volteé la cabeza y abrí los ojos para mirara a Anabelle con una sonrisa de oreja a oreja saludándome con un gesto. Yo la saludé y le pregunté que qué tal había dormido. Ella me dijo que, como nunca. Me preguntó que qué tal me había sentado nuestra aventurilla, como ella la llamaba, de la noche anterior. Yo le respondí que me hallaba un poco confundido, pero por lo demás había sido una de las mejores noches de mi vida.
Nos quedamos en silencio y yo aproveché para mirar a Anabelle quien llevaba puesto un bikini estilo hilo dental cuya parte superior apenas cubría sus tetas y una parte inferior que cubría solamente el triángulo de su chucha pero dejaba todo el culo al aire, pues la tirita del atuendo se le metía entre las nalgas. La verdad, Anabelle se veía preciosa y terriblemente sensual. Además su cara tenía un brillo excepcional. Su sonrisa denotaba satisfacción. De pronto me preguntó, tu crees que cuando yo quiera puedo ir a tu habitación para tener sexo contigo, como lo hicimos anoche. Le respondí que definitivamente podía hacerlo cuando ella quisiera. Añadió que ardía en deseo de contarle a Jacqueline lo que había sucedido. Yo, inmediatamente, me preocupé y le dije que no creía que esa era una buena idea. Me respondió diciendo que Jacqueline sabía que ella fantaseaba con mi verga, puesto que en una ocasión se lo había dicho. Le mencioné que me parecía una extraña conversación entre dos hermanas, hablar de la verga de su común hermano. Seguidamente, Anabelle me dijo que tenía que contarme un secreto. Me contó de su experiencia con Jacqueline y de lo mucho que ambas habían disfrutado haciéndose el amor. Yo me quedé un poco perplejo, pero, inmediatamente recordé la experiencia que yo mismo había tenido con mi madre. Me pareció justo contárselo en vista de que ella me había confesado su encuentro con Jacqueline. Le dije que yo también tenía un secreto y se lo conté. Anabelle me miró abriendo sus ojazos y por un momento pensé que me iba a insultar. Finalmente, tras unos momentos de silencio, en los que yo pensé que la había jodido, me dijo que definitivamente el círculo familiar se estaba cerrando de una manera muy estrecha. O sea, me dijo, que tu haces el amor con mamá y conmigo, yo lo hago con Jacqueline y se sonrió diciendo, está de hacer una orgía entre todos. Bueno yo no sé, le respondí, es más no sé ni como contarle a mamá lo que acaba de suceder anoche, o a Jacqueline, no sé cómo lo tomen.
Nos quedamos en silencio y de pronto Anabelle se incorporó y de un salto se clavó en el agua. Con una sonrisa me hizo señas para que me uniera a ella. Vamos ven, me dijo, el agua está estupenda. Salté al agua y me puse a nadar del un extremo al otro de la piscina hasta que ella se paró justo al otro extremo y cuando llegué me hizo parar. Allí nos quedamos y empezamos a juguetear como dos niños pequeños, como tantas veces lo habíamos hecho antes. Estábamos en esto cuando vimos aparecer a Jacqueline. Ella muy sonriente vino a nosotros y nos preguntó que qué tal estaba el agua. Los dos, al unísono, respondimos que estaba deliciosa. Anda sube a mi cuarto y busca en mi gaveta una tanga como la que llevo puesta y únete a nosotros.
Jacqueline se adentró en la casa y subió las escaleras hacia el cuarto de Anabelle. En efecto en la gaveta que Anabelle le había mencionado encontró dos tangas iguales, pero de diferentes colores. Caramba, pensó, este verano Anabelle piensa meter candela en la playa. Están atrevidas las tanguitas. Muy rápidamente Jacqueline se despojó de sus ropas y se probó el traje. Se miró al espejo y pensó en lo bien que se veía con ese traje de baño. No pudo resistir la tentación y se dijo: ¡bruta qué guapa que eres y qué cuerpito! Pensó además en la reacción que tendría su hermano cuando la viera con esa tanga.
Bajó corriendo las escaleras y enseguida estuvo al filo de la piscina. Yo me quedé con la boca abierta e inmediatamente volteé para mirar a Anabelle y, al parecer, ella también había quedado perpleja. Realmente Jacqueline estaba magnífica. Se había convertido en una mujer exuberante, tremendamente preciosa. Como sabiendo lo que estábamos pensando, se tendió sobre una de las sillas reclinables que teníamos en la piscina. Anabelle y yo salimos del agua y nos acomodamos en las sillas a los dos lados de Jacqueline. Empezamos a conversar sobre diversas cosas. Cosas sin mayor importancia. Mientras lo hacíamos, yo no podía quitar mis ojos del cuerpo de Jacqueline. De pronto, Anabelle me preguntó: ¿te gusta? Yo le respondí que no me había fijado cuanto había crecido nuestra hermanita. Que la encontraba lindísima. Un rubor pintó la cara de Jacqueline de un color rojo, pero no dijo nada, ella solamente, me miraba insistentemente.
Anabelle se levantó y se zambulló en el agua. Salió al otro lado de la piscina y desde allí convidó a Jacqueline a que se uniera a ella. Jacqueline, dirigiéndose a mi, dijo que el calor estaba intenso y que se iba a refrescar, de un salto entró al agua y fue a dar al lado de Anabelle. Yo aproveché para cerrar los ojos y disfrutar del calor y cosquilleo que la luz del sol provocaba en mi cuerpo. Así permanecí por breves momentos. Abrí los ojos y miré que Anabelle y Jacqueline conversaban animadamente, pero, en voz muy baja, como para que yo no las oyera. Me levanté de la silla y las dos dirigieron sus miradas hacia mi al unísono. Enseguida me zambullí en el agua y fui buceando hasta donde ellas se encontraban. Por debajo del agua pude admirar los cuerpos magníficos de mis dos hermanas. Salí a la superficie muy cerca de ambas y apenas pude enfocar bien mi vista, pude ver que las dos me sonreían.
Anabelle me abrazó, no solo con sus brazos, sino con todo su cuerpo y pegándose al mío lo más que podía me dio un beso en la boca introduciendo su lengua para que yo se la chupara. Yo traté de soltarme, pues no sabía cual iba a ser la reacción de Jacqueline, pero fue en vano. Anabelle me tenía abrazado tan fuertemente que me era imposible moverme. La besé apasionadamente y por debajo del agua sentí como sus manos empezaron a explorar mi cuerpo al tiempo que yo hacía lo propio con mis propias manos. Súbitamente sentí que Jacqueline se pegaba a mi cuerpo y también me abrazaba por atrás. Levanté mi brazo y cogiéndola suavemente la moví para que se posicionara al lado de Anabelle y yo. Volteé mi cara e inmediatamente recibí por parte de Jacqueline un beso caliente y jugoso en mi boca. Mientras la besaba, los tres nos abrazábamos fuertemente y Anabelle jugaba con mi verga por dentro del traje de baño. Yo las acariciaba a ambas, con la una mano a la una y con la otra a la otra. Poco a poco fui bajando mis brazos hasta que mis manos se posicionaron sobre las nalgas desnudas de cada una haciendo movimientos circulares como para que no se me escapara de acariciar ningún pedazo de tan exquisitos culos. Mientras seguía besando a Jacqueline, sentí una segunda mano introduciéndose dentro de mi traje de baño. Enseguida me di cuenta de que era la de Jacqueline, pronto llegó a mis huevos y empezó a acariciarlos suavemente, mientras Anabelle seguía frotándome la verga de arriba hacia bajo.
Yo empecé a alternar besándola a la una y luego a la otra. Las dos se hallaban de frente a mi cada una en un costado. Con la una mano me acariciaban ya sea la verga o los huevos, alternándose, y con la otra, cada una se había apoderado de una de mis nalgas y me las acariciaban sin cesar. Yo hacía lo propio con mis dos manos. Poco a poco fui acerando mis dedos a sus respectivos culos. Empecé por sobarles suavemente el orificio de cada una. Conforme se iban dilatando, fui introduciendo suavemente mis dedos en el estrecho pasaje de sus respectivos culos. Al principio solamente los mantenía allí, pero, poco a poco fui incrementado mis movimientos hasta meterlos y sacarlos rítmicamente provocando mucho placer a mis hermanas. Ellas, me correspondían acariciándome con mayor intensidad ya sean los huevos o la verga. Mientras tanto seguíamos besándonos incesantemente.
Con su brazo libre, Anabelle movió a Jacqueline para que quedara directamente frente a mi y ella se movió hacia atrás mío. Jacqueline me besaba, abrazaba y abriendo sus piernas se abrazó con ellas a mi cuerpo de tal manera que su chucha quedaba a la misma altura que mi verga. Nos frotamos mutuamente en esta posición por unos momentos. Finalmente, la mano de Anabelle me tomó el traje de baño y lo bajó. Igualmente bajó la tanga de Jacqueline. Con su mano guió mi verga hasta la entrada de la chucha de Jacqueline y yo empecé a moverme de tal manera que mi verga se fuera introduciendo despacio en la chucha de Jacqueline. Ella ayudaba con sus movimientos, cuando ya se sintió cómoda con mi verga adentro, empezó a moverse con fuerza haciendo que mi verga entrara y saliera provocando oleajes de placer que los dos sentíamos a plenitud.
Anabelle, mientras tanto se hallaba atrás mío acariciándonos a ambos. Pronto, sentí las convulsiones propias del orgasmo que se le avecinaba a Jacqueline. Yo incrementé la fuerza mis movimientos para proporcionarle el mayor placer posible. Al tiempo que ella tenía un orgasmo largo, yo también descargaba mi verga dentro de su chucha. Además, sentía a Anabelle atrás mío frotándose contra mis nalgas de manera febril y con su boca en mi oído sentía su fuerte respiración y descarga.Nos soltamos y los tres salimos de la piscina sin dirigirnos palabra alguna. Nos tendimos en cada una de nuestras respectivas sillas y permanecimos en silencio por varios minutos. Finalmente, Jacqueliine rompió el silencio y dirigiéndose a mi me dijo: gracias. Yo le respondí apologéticamente que más bien era al revés. Que quien debía darles las gracias a las dos era yo. Añadí que realmente me sentía feliz por lo que había pasado y esperaba que las dos también sintieran esa felicidad. Anabelle irrumpió diciendo que ella se sentía feliz de haber tenido sexo con los dos. Que le gustaba mucho la idea de que los tres teníamos sexo sin ningún tapujo y que ella y Jacqueline eran solamente para mi.
Cambiando de tema, les pregunté si querían una cerveza o alguna otra cosa para tomar. Las dos me respondieron diciéndome simplemente, gracias. Me levanté y me dirigí hacia la casa. Entré a la cocina y allí la sirvienta me comunicó que mi madre ya había llegado y que se hallaba arriba en su habitación. Le pedí que sacara tres cervezas de la nevera y que las llevara a la piscina. Mientras tanto me dirigí hacia la habitación de mi madre.
Toqué la puerta pero no tuve respuesta, abrí la misma y entré en la habitación. No pude divisar a mi madre en ninguna parte, solamente oía el sonido del agua en la ducha de su baño. Abrí la puerta del baño y entré saludándola en voz alta. Ella me respondió de igual forma y me dijo que ya mismo terminaba el baño. Le dije que estábamos los tres en la piscina y que si quería, se uniera a nosotros allí. Ella me respondió que la dejara para que se pusiera un traje de baño y que nos veríamos más tarde en la piscina.
Salí de su habitación y bajé, saliendo de la casa y dirigiéndome hacia la piscina. La cocinera ya había entregado la cerveza a mis hermanas y la mía se hallaba sobre una pequeña mesa blanca de plástico que se hallaba al costado de mi silla. Les comuniqué a mis hermanas que nuestra madre ya había llegado y que bajaría a estar con nosotros apenas termine de bañarse. Anabelle me respondió diciendo que la cocinera ya les había avisado que mi madre había llegado. El calor, más la deshidratación que había causado nuestro sexo en la piscina había hecho que las dos se tomaran su cerveza rápidamente. Enseguida, Jacqueline dijo que iba a la cocina a pedir más. Anabelle le pidió que le trajera una cerveza bien fría a ella también. Era obvio que los tres nos hallábamos algo nerviosos por la llegada de mamá.
Pasaron unos minutos y vimos venir hacia la piscina a mi madre y Jacqueline sonrientes trayendo consigo un cooler que resultó estar lleno de hielo y cervezas. Anabelle y yo festejamos la idea de haber traído de una vez una buena cantidad de cervezas pues de esa manera no tendríamos que estar yendo y viniendo. El calor era muy intenso y de verdad íbamos a necesitar las cervezas.
Mi madre estaba preciosa. Su traje de baño era más convencional que el de las muchachas, pero, su cuerpo era impresionante. Se tendió sobre la silla al lado mío y yo no podía despegarle los ojos de encima. Ella como que se daba cuenta y sonreía picarezcamente de vez en cuando. También advertía que yo me ruborizaba al darme cuenta de que mis miradas no pasaban inadvertidas por ella.
Anabelle le dijo a Jacqueline para ir juntas al agua a refrescarse. Las dos se levantaron y se zambulleron en el agua. Bucearon hasta el otro extremo de la piscina y desde allí braceaban nadando juntas de un lado al otro. Nos quedamos solos mi madre y yo. Súbitamente, me preguntó si las chicas sabían algo sobre nuestro encuentro del otro día. Yo me puse nervioso y le dije que si, que yo se lo había contado a Anabelle y que probablemente ella ya se lo había contado a Jacqueline. Enseguida, me dijo que cuando había llegado a la casa minutos antes y luego de que la cocinera le había dicho donde estábamos, había salido pero la imagen de los tres haciendo el amor en la piscina la había plantado en seco y que se había ido a dar un baño pues la imagen le había producido mucha excitación al igual que una sensación ambigua de gusto y preocupación. También añadió que mientras se bañaba en su ducha lo había estado pensando y que había decidido que era mejor de esta manera, así, todas las hembras de la casa me tenían a mi como su macho. En efecto hijo, me dijo, tu lo que tienes aquí es un harén. Yo le contesté que realmente las cosas habían pasado muy rápido y no había tenido tiempo de pensarlo detenidamente. En realidad yo también tenía preocupación sobre lo que estaba aconteciendo, más que preocupación, hasta miedo. Mi madre me quedó mirando muy seria y me dijo que lo mejor sería dejarnos llevar por nuestros instintos en esta materia. Que no precipitáramos nada y que lo que sea tendría que ser, simplemente.
Anabelle y Jacqueline, al vernos conversar tan serios, salieron inmediatamente de la piscina y se unieron a nosotros. Extendieron una botella de cerveza a cada uno y Anabelle se dispuso a brindar, brindó por la felicidad de lo que los cuatro habíamos encontrado. Los cuatro nos miramos unos a otros y mi madre irrumpió el silencio que se había formado con una fuerte risa que todos seguimos a continuación. Ya roto el hielo, las tres entraron en una conversación muy animada acerca de mi. De pronto, Jacqueline dijo que lo que no era justo es que mi madre y Anabelle habían visto mi verga a su saciedad, pero, que ella solamente la había sentido dentro del agua, que sus ojos jamás la habían visto realmente. Las dos se rieron y enseguida mi madre se dirigió a mi diciéndome que porque no complacía a mi hermana, que me sacara el traje de baño. Yo respondí diciendo que no era justo que me desvistiera cuando ellas permanecían vestidas, que yo me sacaría el traje siempre y cuando ellas hicieran lo propio. Me miraron y rápidamente cada una se despojó de lo poco que les cubría. Allí estaba yo, rodeado de tres bellísimas mujeres desnudas. Mis ojos recorrían de una a otra sin saber cual era mejor. Me di por vencido, las tres eran perfectas. Volteé y vi los ojos de mi madre clavados en los míos en actitud de espera. Enseguida, me deshice del traje de baño y miré a Jacqueline. Sus ojos, inmediatamente se clavaron en mi verga. La miraba, pero, la miraba con devoción. Me senté en la silla y cogí mi cerveza y la bebí de un solo trago. Ellas hicieron lo mismo y así fuimos conversando de cerveza en cerveza hasta que nos hallábamos un poco mareados.
Anabelle se levantó y nos dijo que nos uniéramos a ella en el agua. Se zambulló y a su zambullido siguieron los nuestros. Ya en el agua, mi madre se acercó hacia mi y abrazándome con sus brazos y piernas frotaba su chucha contra mi verga. Anabelle y Jacqueline se pusieron a nuestros costados y nos abrazaban con sus brazos. Mi madre me besaba intensamente y yo le correspondía metiéndole la lengua en su boca lo que más podía. Ella me la chupaba cariñosa y jugosamente. Con mis brazos, abracé a Anabelle y Jacqueline por la cintura atrayéndolas a mi lo más que podía. Las dos no desaprovechaban la oportunidad de besarme en mis orejas y cuello que se hallaba aprisionado por los brazos de mi madre, así que ellas me abrazaban la cintura. Poco a poco fueron bajando sus manos hasta cogerme cada una nalga al tiempo que mi madre con su mano guiaba mi verga hacia la apertura de su chucha. Allí de un solo golpe se la metió hasta adentro y empezó a moverse con un vaivén cadencioso deliciosísimo.
A medida que nos íbamos calentando los cuatro, las chicas empezaron a acariciar a mi madre por la espalda primero, y luego fueron bajando hasta apoderarse de su culo. Había una mano, que no se de cual de las dos era, que acariciaba mis huevos mientras mi verga entraba y salía de la chucha de mi madre. Otra mano se hallaba haciendo piruetas alrededor del culo de mi madre. Quien con cada movimiento sentía mi verga dentro suyo e intentaba que aquel dedo penetrara por su ano. De esta manera los movimientos de los cuatro se fueron intensificando de tal manera que pronto llegaron a ser frenéticos. Nos besábamos, nos mordíamos, nos acariciábamos, mi verga estaba dentro de la chucha de mi madre haciendo maravillas en sus entrañas, mis dedos estaban dentro de cada uno de los culos de mis hermanas, una de ellas percibía con su mano la entrada y salida de mi verga y acariciaba mis huevos, la otra, tenía su dedo metido en el culo de mi madre. Los cuatro nos convulsionamos dando paso a un orgasmo brutal. Estuvimos lo que pareció eternidades acabando.
Finalmente, nos soltamos. Salimos de la piscina y cada uno tomó una cerveza. De un trago y sin parar nos las terminamos reemplazándolas por otras para continuar subsanando la sed que nos había provocado el placer que habíamos experimentado. Nos sentamos en las sillas y descansamos unos momentos.
Yo había cerrado mis ojos, sentía un pequeño mareo provocado por la cerveza. De pronto, sentí cómo alguien me agarraba la verga y se la introducía en la boca, besándola y lamiéndola de una manera exquisita. Abrí mis ojos y miré a mi madre arrodillada en mi silla, entre mis piernas, dándome una mamada formidable. Enseguida mi verga respondió a las caricias que los labios y lengua de mi madre le hacían y se puso dura otra vez. Regresé a ver a mis hermanas y las dos se hallaban fusionadas por un fuerte abrazo y se besaban acaloradamente. Nunca lo había imaginado o fantaseado al respecto, pero ver a mis dos hermanas besándose de esa manera era una imagen muy erótica para mi. Mientras mi madre seguía haciendo un trabajo exquisito con mi verga, mis hermanas se pusieron en posición yuxtapuesta y se lamían y mamaban sus respectivas chuchas formando un sesenta y nueve perfecto. La imagen de mis hermanas caló profundo en mi aumentando mi libido hasta hacerme acabar en torrentes dentro de la boca de mi madre quien apretaba los labios para no dejar una sola gota. Mientras lo hacía su cuerpo incitado aún más por su mano frotando su propia chucha empezó a convulsionar teniendo un orgasmo fabuloso.
Al oírnos, mis hermanas empezaron a jadear tan duro que probablemente se les escuchaba desde alguna distancia y terminaron con grandes convulsiones. Mi madre se incorporó y subiéndose sobre mi se acostó encima mío abrazándome cariñosamente. Mis hermanas juntaron la silla donde estaban y abrazándome desde los costados me propiciaban agradables y suaves caricias que yo correspondía. Así nos quedamos dormidos los cuatro, desnudos y abrazados bajo el sol.
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Octavio
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