El barrio rojo
 Diabla
Siempre me  he sentido atraída por las vidas ajenas, reconozco que soy curiosa pero también tengo una gran suerte la gente se acerca a mi y me cuentan sus penas, alegrías y demás.

Así que desde chiquita siempre he observado a la gente y si en algún instante les he podido escuchar mejor que mejor. Este año he tenido la suerte de viajar bastante y en uno de mis viajes pude visitar Ámsterdam. ¡Que ciudad! de alguna forma me recordaba la mía, no precisamente por los canales  pues yo soy española, sino por la gente allí cada uno va a lo suyo apenas se miran los unos a los otros.

Me encanta pasear y recorrer calles, ver casas o edificios sean como sean los encuentro interesantes, pero iré más al grano esta vez lo que de verdad me llamaba la atención era el Barrio Rojo, perdonad mi ignorancia pero no sabía a que era debido este nombre al llegar a él, lo comprendí al instante cuando vi esas lucecita como fluorescentes de cocina pero en rojo encima de los escaparates como diciendo”ven y verás” y así es. Las divisas a lo lejos y pasas por delante haciéndote la disimulada para  poder verlas más de cerca.

Siempre con  respeto, entre curiosidad y querer ver más a través de ellas, pero te quedas igual todas expresan la misma sonrisa de muñecas, sonrisas falsas con sus pinturas de guerra y atuendo de lo más pequeño cuanto más pequeña la prenda más tentadora . Bueno antes de entrar más en detalles, os pondré al día . Llegue a Ámsterdam con unas amigas y primera sorpresa en pleno mes de agosto hacia más bien frió, eso es solo un detalle más del viaje.

Estábamos a las afueras en el Boulevard Europa desde allí podíamos dirigirnos al centro de la ciudad. Yo iba acompañada de Lidia y Georgina dos amigas desde que éramos muy pequeñas, un trío de lo más curioso y digo curioso porque no nos parecíamos en lo referente a la forma de ser como podéis suponer. Veréis, Lidia es un mujer muy delgada y con un aire de distraída que parece estar inmersa en sus pensamientos,  le encantan los museos pero en cuanto hablamos de hombres se sonríe de una manera tímida y nunca hace comentarios al respecto es la más sensata de las tres, en cuanto a Georgina es una morena con unos ojos muy bonitos, pero nunca encuentra nada a su gusto y de una coquetería desmedida, pero son mis mejores amigas y las adoro a ambas con sus defectos y virtudes.

En cuanto a mi, pues no se como describirme, tal vez sea la más bocazas, por lo menos casi siempre digo lo que pienso, me gusta expresar todos mis sentimientos, conocer gente y siempre que puedo viajo y con ellas me lo paso genial, aún siendo tan diferentes nos llevamos bien. En cuanto llegamos al Hotel, mientras Lidia con su ingles casi perfecto se dirigía al recepcionista, Georgina apoyada, se acicalaba mirándose en un espejito de bolso, yo me acerque a un aparador de souvenirs entre ellos mi gran pasión los relojes de pulsera.

Mientras seguía ensimismada contemplando un reloj, a mi lado  note que alguien se acercaba y a través del cristal pude ver que era un hombre joven con pelo largo atado con una coleta, pensé <<que tipo tan guapo>>. Y os puedo asegurar que los hombres con pelo largo nunca me han gustado, pero este era atractivo llevaba esa coleta con elegancia, yo seguía mirando hacia el aparador, esta vez, no miraba nada sino que quería seguir viendo a través del reflejo más cosas de el tipo de la coleta. Iba bien vestido, con pantalón de hilo y una camisa de manga larga por fuera, como si se la hubiese puesto por descuido, pero os aseguro que de eso nada, los colores e inclusive esa indolencia en las mangas medio caídas, no eran casualidad.

Ya no podía seguir allí, así que me acerque de nuevo al mostrador y al llegar, le comente a Georgina lo que había descubierto, pero al darme la vuelta, se había desvanecido ya  no esta allí el hombre de la coleta. Por fin ya en la habitación nos aseamos algo y después de cambiadas y algo más descansadas llego la hora de la cena, así que bajamos al comedor del Hotel. Nos sentamos las tres para tomar fuerzas queríamos salir cuanto antes y saborear la noche Holandesa, en cuanto nos sirvieron el primer plato, como siempre  y es algo innato en mi empecé a observar a mi alrededor y que sorpresa más grata, él estaba allí. Sentado con un grupo de personas, desde la mesa en la que yo estaba podía observarle sin que él se diera cuenta.

Entonces fue cuando lo comente a mis amigas. Lidia como siempre no mostró ningún interés especial, solo se sonrió, en cuanto a Georgina ella si era algo más parecida a  mí.

-. Así que ese chico es el que me habías comentado,  pues la verdad es que esta muy bien.- comento Georgina entre risas de picarona.

Después de ese pequeño encuentro del que él ni advirtió, nos dirigimos a coger el tranvía que solo estaba a unos metros del Hotel el “4” que tenia diversas paradas entre ellas en la Plaza Dam, desde allí era fácil adentrarnos en el Barrio Rojo, ya a lo lejos pudimos divisar esa lucecitas rojas una especie de fluorescentes asomando en la calle, lo cual indicaban que allí habían una “señoritas”. que se muestran en los escaparates con el fin de que algún que otro turista ó local se atreva a probar las delicias de lo prohibido.

Me llamo poderosamente la atención como se mostraban, algunas tenían música puesta y bailaban de una manera sensual para atraer con ello a los clientes o clientas, dentro estaba todo con azulejos, algunos en colores, una cama en un lateral y una especie de tocador que parecía de muñecas, veías como abrían sus puertas para animar al personal a entrar un rato con ellas, otras hacían gestos lascivos, era algo muy curioso de ver. Dentro de esas habitaciones todas tenían una luz rosada con el fin de conseguir una piel aterciopelada y así parecer más atractivas, medio desnudas con conjuntos atrevidos de lencería o simplemente disfrazadas  de colegialas o de vampiresas, en fin había de todo.

Las tres paseábamos entre un tumulto de gente que a la vez hacían lo que nosotras, observar en algunos casos con sumo descaro, lo mejor era ver la expresión de algunos hombres, era como ver un niño delante de  una pastelería.

Nos dirigimos a un coffeshop llamado “Buldog” del que nos comentaron en el Hotel valía la pena visitar y así lo hicimos, entramos las tres “pardillas” sin saber como hacer o pedir, pero fue de lo más fácil, al entrar nos dirigimos al mostrador y el camarero sin apenas decirle nada, nos señalo con el dedo si queríamos fumar y nos indico que bajáramos una escaleras de madera en forma de caracol. Una vez allí delante de un mostrador un hombre maduro con su ordenador y su lamparita que más bien parecía un conserje, nos saludo y con el dedo señalo encima de la mesa un botón al que le dimos y se hizo la luz, allí salía una especie de carta de restaurante con todo tipo de droga blanda para poder tomar en el mismo local, nos pedimos un   cigarrillo de hachis y como tres niñas que acaban de hacer algo malo, subimos arriba a buscar donde sentarnos y encendernos el cigarro, pedimos un refresco para tomar y así empezamos a saborear lentamente el porrito, pasándonoslo la una a la otra.

Y fue cuando se nos ocurrió que estando en un país tan liberal podríamos hacer algo diferente, distinto “un locura”. Y así  surgió una apuesta loca entre Georgina y yo, Lidia como siempre se quedaba de mera espectadora y juez . A mi me encantaba un reloj que llevaba Georgina y ella me dijo que si aceptaba el reto me lo regalaba sin rechistar a lo que yo accedí entre nerviosa y excitada solo de pensar que aquella joya podía caer en mis manos.

-.Bien si lo quieres solo tienes que mostrarte en un aparador de esos que hemos visto algo ligera de ropa.- Me dijo Georgina

Lo pensé unos minutos, sopesando todo lo que conllevaba, podría ser algo de lo más morboso, aunque tenia un peligro, si entraba alguien en el instante que yo estuviera adentro, no se me ocurría como escurrir el bulto, nunca mejor dicho.

Me quede unos instantes pensando al tiempo que ambas, se reían a carcajadas pensando que me había “rajado” expresión poco elegante, pero os aseguro que es lo que ellas estaban pensando. Así que acepte el reto y pensamos como urdir nuestra aventurilla ,ya a la salida del café, nos dirigimos a un escaparate y le dije a Georgina que ya que yo era la protagonista ella accediera a encargarse de buscar  donde podría mostrar mis encantos.

Sin chistar con una sonrisa picarona, me dijo:

-.Tú espérame que en unos  minutos lo arreglo.

Bien Lidia y yo esperamos en un banco sentadas delante de uno de tantos escaparates y así no perdernos detalle, queríamos ver como se desenvolvía Georgina. Vimos como se dirigía a  una de las señoritas en cuestión y abrió la puerta, entre cara de extrañeza y sonrisa la hizo pasar adentro, con lo cual, se cerraron las cortinas. Ambas nos miramos y esperamos apenas paso un cuarto de hora que salio sonriente y vencedora, había conseguido el objetivo.

Así llego la noche y en la cena en el Hotel, estábamos comentando la jugada de lo que podía ocurrir, mientras estábamos cenando entro él, esta vez si lo pude ver de frente y él a mi, es más yo diría que ya se había fijado por la medio sonrisa que me dirigió. Sentí que mis mejillas se encendían, mis amigas lo notaron y me miraron a la vez, yo hice como que no iba conmigo y volvimos a reemprender la conversación, al día siguiente era el día de la apuesta.

Bien ya tenia preparada la ropa con la que me tenia que lucir, no la enseñe a ellas y así sorprenderlas más, la ropa interior siempre ha sido uno de mis digamos “vicios” es algo que me encanta para ello no tenia que pensar mucho era algo fácil ya que yo tenia gran variedad de ropa interior sexy. Así que me prepare como sabemos hacer las mujeres cuando queremos seducir.

Ya saliendo del Hotel durante el trayecto sentía en el estomago unos nervios al pensar en la locura que iba a cometer, aunque solo serian unos minutos, eso ya lo habíamos comentado, solo tenia que mostrarme como si fuera una profesional y una vez ellas vieran que yo era capaz yo habría ganado la apuesta. Estábamos enfrente  del local que ya oportunamente había apalabrado Georgina, Lidia me miraba con expectación y una risa nerviosa no menos que la mía y Georgina seguía sonriendo en el fondo creía que me echaría atrás.

Así que las salude con un gesto y me metí dentro del escaparate, una vez adentro cerré las cortinas para poder ponerme cómoda,  me había puesto en la bolsa un body negro de lo más sugerente con medias del mismo color, sabia que con eso no podría defraudar la cara de alucine de mis amigas, eso me empujaba  a seguir con el juego y al tiempo no me dejaba pensar del todo en lo que me estaba metiendo. Recogí mi pelo en un moño así como de descuido, ya fue cuando entonces mire a mi alrededor, había una cama arrinconada contra la pared con una colcha de color rojo de lo más deprimente delante mismo estaba un tocador chiquito ya que estos espacios son muy pequeños, lo justo para la cama y el tocador y una esquinita estaba el lavamanos .

Encendí la luz era de un color rosado tenue, eso realzaba mucho mi piel quedaba sin imperfecciones como llevar en todo mi cuerpo medias de seda. Ya delante del tocador me maquille ligeramente y di el visto bueno, ¡Bien! Ya estaba lista.

Retire las cortinas casi con miedo, pero al instante las vi. a ellas, con ojos como platos eso me envalentono mucho y al tiempo que las corría empecé a moverme de una forma digamos más sensual empezando a meterme en el papel y a través de  el cristal le hice una seña a Georgina hacia mi muñeca derecha como deleitándome con su reloj puesto entre sonrisas.

Mientras ellas dos no paraban de reír ya que veían que había ganado la apuesta , no me había percatado de los mirones de turno que andaban curioseando delante de mi, fue cuando me solté algo más y me acerque con sonrisa algo mas picarona, yo seguía en mi papel, pero había algo en lo que yo no había contado fue como un flash lo vi enfrente de mi mirándome me quede por unos segundos atorada sin darme cuenta e instintivamente pose mis manos para cubrirme y me eche para atrás, me sentía turbada por su mirada fue todo muy rápido él se dirigió a la puerta y entro.

Yo no podía articular palabra, como le explicaba lo que estaba haciendo yo allí. Sentí como las mejillas me iban a estallar sin mediar palabra se acerco a las cortinas y las cerro, solo pude ver unos segundos a mis amigas, pero lo más curioso que no veía en ellas ninguna sorpresa, como si ya supieran que eso había de ocurrir.

Solo acerté a decirle...

-. Verás esto no es lo que parece

Se acerco hasta a mi me puso un dedo en la boca e hizo un leve sonido con los labios chistando. Luego acerco sus labios a los míos y empezó a besarme de una forma tierna y dulce, no podía pensar, solo sentía sus besos largos y apasionados mientras sus manos bajaban desde mis hombros hasta mi cadera apretándome contra él .Fue cuando decidí aprovechar la situación y seguir adelante con aquel juego entre morboso y excitante.

Cerré los ojos y sentí como sus labios besaban mi cuello al tiempo que me acostaba en la cama en aquel instante los abrí y vi. como se iba desprendiendo de la ropa sin prisa alguna y sus ojos  iban recorriendo mi cuerpo en los que podía ver el deseo en ellos. Se apoyo con las rodilla en la cama y así se acerco hasta a mi solo rozándome con sus labios y besando todo mi cuerpo hasta que llego a mi sexo, fue cuando me miro a los ojos como pidiendo acceso a él. Abrí ligeramente mis piernas y así por encima del body empezó a pasar su lengua, con sus dedos desabrocho la parte de abajo para que quedara al descubierto y así llegar hasta mi vagina y con besos cortos y sintiendo como se iba abriendo camino hasta introducir su lengua dentro de mi. Salio de mis labios un pequeño gemido de placer al notar como metía su lengua esta vez con mayor rapidez hasta el punto de no poder aguantar sus caricias entre mis piernas y llego mi primer orgasmo, sentía mi cuerpo como temblaba, sin apenas poderme mover. Se deslizo hacía arriba y note la dureza de su miembro rozando mi cuerpo le acerque las manos a su pelo, le solté la coleta y roce mis dedos por su pelo mientras le atraje hacia a mí, así le bese largamente en la boca  y sus manos seguían acariciándome mientras me quedaba desnuda ante él.

De esa forma mientras nos besábamos, baje mi mano hacia su miembro y note su calidez en mi mano, sin dejar de acariciarle pasando mi mano suavemente de arriba abajo, le oía gemir dentro de mi boca, dejamos de besarnos y  bajo sus labios hacia mis senos yo abrí mis piernas para rodearlo por la cintura,  alzo sus ojos mirándome la cara y me penetro de una manera dulce suave, era tal la sensación de placer que no pude resistir y llegue a mi segundo orgasmo, al tiempo lo apreté más contra mi, no quería dejarlo ir, quería más y así cada vez con más fuerza tuve el tercero y él me acompaño con  un alarido de placer maravilloso.

Exhaustos tumbados el uno cerca del otro, paso su mano por mis hombros sin dejar de jugar con mi pezón, que al instante reacciono a sus caricias poniéndose duro, se acerco de nuevo a mi besándome, yo acariciaba su pecho jugando con su vello y así acercándome lentamente de nuevo hacia su pene, volvía a estar erecto y caliente, sentí como si latiese entre mi mano y empecé a besarle el pecho, despacio pasando por sus pezones lamiéndolo despacito y seguí bajando hasta llegar a su pene, empecé a lamerlo despacio desde abajo hacia arriba, notaba unos pequeños espasmos de placer cuando lo introduje en mi boca mientras le oía gemir de gusto, eso todavía aun me excitaba más.

De pronto aparto mi cara de su miembro de una forma suave me acercó hasta su cara y me beso de nuevo dio un giro en la cama y me puso debajo de él, me dio la vuelta y bajo despacio por mi espalda rozándome con la lengua hasta llegar a mi culo abrió ligeramente las piernas y hurgó dentro de él pasando su lengua, era tan placentero que creí morir de placer, pero aún faltaba lo mejor acerco su pene rozándolo poco a poco como un pincel, notaba como un cosquilleo alce algo mi cuerpo con intención de provocarle y fue cuando entro en mi culo, apoye mi boca en la almohada para amortizar el grito de placer que de el salio.

Era tanta la excitación que con unos ligeros movimientos ambos llegamos al orgasmo. Nos quedamos un rato en esa postura disfrutando ambos del maravilloso instante en el que el corazón vuelve a palpitar acompasadamente . Entonces llegaron las confesiones y le conté el motivo por el que estaba allí, se acurruco a mi lado yo estaba de espaldas a él y me dijo al oído susurrándome, dos pajaritos me lo habían contado.

Así que yo había ganado la apuesta, pero no solo eso, sino que había vivido una aventura de lo más bonita en el Barrio Rojo.

Diabla
 
 

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