|
|
Soy una mujer madura, a la que le encanta el juego de la seducción, el coqueteo y todo lo que conlleva a un fin. ¿Y a que me estoy refiriendo? Pues si a lo que estáis pensado, al sexo, pero no solo sexo sin más sino con algún que otro sentimiento añadido. Mi profesión es de lo más femenina; me dedico a los productos de belleza. La verdad es que para mí, es más que eso. En el mundo de cremas, maquillajes, pintalabios, me encuentro como pez en el agua.Cada cierto tiempo, gracias a mi trabajo, viajamos hasta fuera de las fronteras de los respectivos países, pues como ya es sabido tenemos algún que otro congreso. Nos reunimos varias empresas, y a parte de presentar algún que otro producto, pues sinceramente también sirve para relajarnos algo, y para conocer gente, salir algo de la rutina. A por cierto, soy separada y no tengo compromiso alguno con nadie, la verdad es que me siento feliz en mi situación, sin tener que dar explicaciones a nadie.
Cada año, hay digamos novedades, y no sólo hablo de los productos; sino que de compañeros. Siempre solemos ser las mismas que nos sentamos en la misma mesa, siempre hay chismorreos que contar. Este año tuvimos la gran suerte de que el congreso era en un país precioso Chile. Nos instalaron en un Hotel en Arica a poco Km. de los Valles de Azapa y Yute, menudas playas. Para que contar más, era como estar en un paraíso.
Así que después de dejar las maletas y darme un buen baño, baje para reencontrarme con mis amigas con las que en cada congreso, nos reuníamos y así empezó mi historia. No lejos de nuestra mesa habían sentados unos hombres. Nos llamo la atención porque no se oía más que risitas y algún que otro comentario algo digamos, machista. Hasta el punto de que uno de ellos, estaba haciendo apuestas de que podía ligar a cualquier mujer de las que había por ahí. Sólo oía su voz, “el ejemplar” estaba de espaldas y apenas podía verlo. Debía ser del país, por su acento, y puedo decir, que tenía una voz muy varonil. Hablaba con una seguridad y un aplomo que crispaba, entonces decidí verlo de más cerca. ¿Como podía hacerlo? Fácil, me levante para ir al baño, cuando volví pude apreciarlo. Con disimulo me acerque a una de las ventanas, y a través del reflejo le estuve observando, me encendí un cigarrillo y disimuladamente le mire. La verdad es que era muy atractivo, de pelo negro y ojos oscuros, algo rasgados, llevaba gafas con una línea muy moderna y jugaba con ellas alzando los ojos por encima de ellas.
Me senté de nuevo en la mesa, y sin poder evitarlo no podía dejar de oír su voz, apenas me enteraba de los que me iban contando. Al rato, saque en la conversación como quien no quiere la cosa; ¿Si alguna de ellas conocía alguien de aquella mesa? Y así fue, como una de ellas con risita picarona.
-¿Acaso te has fijado en Jorge?- Me dijo.
-¡Ni siquiera se quien es, ese Jorge!
Entonces se acerco a mí, y me puso al día. Resultaba ser que mi misterioso hombre de pelo negro, era “un conquistador” y que no dejaba “pieza viva” suelta. Le sonreí, me dijo esta noche si lo deseas te lo presento, le puse carita de indiferencia.
Francamente estaba tan cansada del viaje, que después de la comida y el calor que hacía solo me apetecía tumbarme en la cama y descansar. Aún nos quedaban tres días con sus respectivas noches y estas solían ser ajetreadas.
Me desperté sobresaltada, se oía el timbre del teléfono Era mi amiga, que me preguntaba cuando iba a bajar. Que ya estaban todas listas, me levante de un brinco y le aseguré que en 10 minutos andaría lista. Me duche y me puse unos zapatos de tacón alto con un vestido negro escotado, recogí mi pelo de una manera informal. Ya estaba lista.
Una vez llegue al vestíbulo ahí estaban esperándome. Y cual fue mi sorpresa, entre el grupo de gente estaba él. Llevaba un traje claro, que aún le realzaba más esos ojos oscuros, me sonrió. Y dijo su nombre alargándome la mano, en aquel instante sentí sus ojos recorrerme el cuerpo en apenas unos segundos. Sentado en la mesa empezamos a charlar sobre productos y demás banalidades, pero cuando andábamos por el segundo plato salio a relucir un tema candente, el de la seducción. Él hablaba de ello, con gran desparpajo como si fuese un “Don Juan”. Entonces le sugerí que estaba algo equivocado que no hay que meter en el mismo saco a todo el mundo. Tenia unos ojos oscuros que hablaban por si solos, además era descarado mirando. Hasta que yo me puse al mismo nivel y le dije que mis ojos estaban más arriba, sonrió y me guiño el ojo. ¡Pero que engreído era Dios mío! Luego hablamos de deportes ¡Como no! Y claro, él sabia de ello también. Le encantaba el fútbol y además jugaba en un equipo local. Decía que así se sentía en forma, para poder actuar en cualquier terreno. Siempre guiñando “el ojito” cuando se dirigía a mi. Y así fue como le comente, que nosotras también, podíamos ser buenas en cualquier deporte. Me dijo, que me retaba a uno de mesa; por unos instantes no entendí que me decía. Todos los que estábamos en la mesa se quedaron mirándonos y esperando. Le pregunte a que se refería, y así fue como con ironía y algo de malicia me comento si yo sabía jugar al billar. Le dije que si, y francamente apenas había jugado en tres o cuatro ocasiones pero no se lo dije.
Aquella noche nos despedimos todos. Quedamos para el día siguiente para jugar nuestra partida. Pero no acabo ahí la cosa. Entre saludos y despedidas nos quedamos uno frente al otro y me comento que me acompañaba hasta la puerta de mi habitación, le dije que no era necesario, insistió. En cuanto llegamos al ascensor y se cerró la puerta se acerco a mí, sabiendo que eso me inquietaba, y me dijo casi susurrándome, siento curiosidad por verte con un taco entre las manos. Por unos instantes note que mis mejillas se ponían coloradas, advertía su doble intención pero me recupere rápidamente, y le dije que no solo sabia, sino que además lo que más me encantaba era frotar “la puntita del taco”. Así de esta forma salí del ascensor, y sin darle tiempo le di al botón. Saludándole con la mano con un adiós y un guiño de ojo.
Me sentía como una niña cuando acaba de ganarse un caramelo. Me acosté pensando, haber como me las apañaría para que no se notase que apenas sabia coger un taco de billar, pero también había que usar la imaginación y tenerlo “distraído”. Ya sabéis a lo que me refiero, con una indumentaria algo atrevida.
Llego el momento esperado, me desperté temprano, me asee y me enfunde en unos vaqueros que marcaban hasta el alma y una camiseta muy sugerente y por supuesto escotada con estas armas podría mantenerlo distraído ya se que no es correcto pero quería marear a ese “gallito de corral” y era la única manera de hacerlo.
Cuando baje al vestíbulo, estaban casi todos esperando salude y no le vi, pensé por unos instantes que tal vez la despedida de la noche anterior no le hizo gracia, y se habría arrepentido y dado cualquier excusa, pero no fue así. Ahí venia él, con una sonrisa y aunque me duela reconocerlo lo encontré más atractivo que el día anterior, llevaba unos vaqueros y una camisa blanca del todo informal con zapatillas de deporte.
¡OH Dios! cada vez me gustaba más ese engreído, puse “carita de poker” para que no notase en mi expresión ningún reflejo de lo que estaba pasando por mi mente. Como siempre, sus ojos hicieron el recorrido particular de un descaro impertinente, pero en el fondo me gustaba. Llegamos a un centro de juegos, había una fila larga de mesas de billar. Los demás compañeros alborozados, riendo y cuchicheando. Pedimos unas bebidas y él dirigiéndose a mi, me dijo que iba a por los tacos y que me fuese “preparando”, por un instante esa palabra parecía otra insinuación, ó era mi mente que ya no coordinaba, bueno no era momento de pensar en ello, había que estar relajada para lo que venia.
Como un caballero que era, me dio a escoger y al estirar mi mano para cogerlo, él retrocedió y mirando al resto de compañeros, que ya se habían situado para ver nuestra partida comento en voz alta.
-.Que una partida sin apostar no tenia aliciente,- me miro a los ojos-. Él que gane la partida pide un deseo. -Con los ojos me reto.- ¿Te atreves o tienes miedo?
Eso me envalentono más aún, le dije que -De acuerdo.
Al instante le pregunte que tipo apuesta seria, y dijo que cuando me ganara me lo diría. Así de engreído era, por no darle más gusto asentí con la cabeza como si yo pudiese ganarle con un chasquido de mis dedos.
Y así empezó el juego. A la primera tacada me di cuenta que tenia delante un experto, después de cuatro jugadas seguidas me toco a mí, no tenia ni idea por donde empezar, me había fijado en él como había desarrollado la partida. Pero si tenia idea de una cosa, como provocarlo, y así lo hice. Tenia el taco entre mis manos y con la tiza empecé a rozar la punta despacio pero cuando lo hacia lo miraba a él. Me incline, con mi sugerente escote que dejaba medio pecho al descubierto, alce la cara sonriéndole mientras deslizaba entre mis dedos apoyados en la tela verde el taco, lo hice con toda la malicia. Sabia por lo que leía en esos ojos, que lo estaba excitando y eso me encantaba, me daba igual perder, pero solo ver esa expresión para mi era un triunfo.
Durante la partida se iba jactando, de que no sabía aún que pedirme, pero que seguro que para mi seria una experiencia “única”. También le dije yo, que esa experiencia él ya la estaba viviendo al jugar conmigo, y así me puse de espaldas a él, mostrándole mi culito prieto enfundado en los vaqueros, sabía que lo miraba y yo le dejaba disfrutar de esa visión intencionadamente.
Y como ya habréis acertado perdí. Era algo que tenia que ocurrir, estaba delante de un jugador nato, pero no me sentí del todo perdedora porque había disfrutado mucho excitándole con mis posturitas y viendo en esa carita esa expresión de niño malo. Una vez termino el juego, se acercaron todos esperando que él dijese que se trababa la apuesta, pero dirigiéndose a ellos, les dijo que eso era cosa de dos y que el espectáculo había terminado. Hubo exclamaciones y alguna que otra broma del grupo, así que nos dispusimos a tomar una copa y fue entonces cuando se acerco al oído y me dijo:
-¿Estas dispuesta a pagar tu apuesta?- Le dije un si que pareciese que no me importaba lo que podía ser y entonces fue cuando dijo que quería pasar la noche conmigo, lo dijo como el que pide una cerveza, apenas sin poder responder siguió diciéndome, no puedes echarte atrás hay que saber perder como no, sonriendo y guiñando ese ojito. Así que sin parpadear apenas, le dije que yo pagaba mis apuestas y que no me parecía mal. Que cuando y donde, aunque por dentro estaba como un flan. Fue entonces cuando dijo con la voz casi susurrante ¡Esta noche en mi habitación!, después de cenar te espero ansioso, te enseñare a coger mi taco, y dio una carcajada.
Pues ya veis por ser tan “echada pa alante” a lo que una puede llegar. Pero os diré un secreto, tenía unas ganas locas de saber como se manejaba ese hombre en la cama.
Así llego la noche, la cena y todo iba como siempre pero esta vez, me sentía en todo momento observada por él, nos habían puesto en mesas separadas. Me saludo desde su mesa con un guiño picaron, y con el dedo me indicaba luego nos vemos, bueno eso creía yo entender ó tal vez es que ya estaba muy nerviosa. En cuanto se acabaron los postres y llevábamos una sobremesa de pocos minutos él se levanto. He hizo un gesto como dándome a entender que en cuanto yo quisiera podía subir, lo más extraño es que yo no tenia ni idea de la habitación en la que estaba él, pero aún así, a los pocos minutos me disculpe retirándome con la excusa de un ligero dolor de cabeza. Al pasar por delante de la recepción, el recepcionista me llamo y me entrego un sobre dándome las buenas noches. Ya en el ascensor lo abrí y allí había un número de habitación la 413, me dirigí a la 4ª planta, y con paso decidido llegue hasta la puerta, respire hondo. Llame con los nudillos, al instante el me abría la puerta, con esa sonrisa tan suya me hizo un ademán con la mano y gesto caballeroso, cerro la puerta tras de mi. Prácticamente sin dejarme ni pensar me agarro por detrás de la cintura y me dijo al oído ahora serás mi ¡Sumisa! Me di la vuelta como pude y le dije que esto no era lo pactado y así casi medio arrastrándome me echo encima de la cama, sentando encima de mí, se desabrochaba la camisa y me iba diciendo que había que hacer lo que él decía sin decir una palabra.
Sus maneras aún me excitaban más, jamás me habían tratado así, sino todo lo contrario con dulzura, era la primera vez que un hombre me tomaba así sin pedir permiso era algo novedoso para mi. Se saco la camisa, no podía ni mover los brazos, los tenia aprisionados en sus piernas, veía en sus ojos que más se excitaba cuanto más quería desprenderme de él, otro de mis defectos es que cuanto más nerviosa estoy más hablo. Así que opto por taparme la boca con la suya se echo encima y empezó a besarme como si estuviese poseído, estaba muy excitado y entre besos me decía, que lo había puesto así. Que la culpa era mía y que debía de ser buena y darle placer. A mi esa situación me excitaba más aún, con la mano empezó a bajar el vestido de tirantes que llevaba dejando al descubierto mis pechos y los empezó a chupar. Subió la otra mano y metió dos dedos en mi boca mientras me decía que los chupase siguió bajando sus labios y subió la falda a la altura de mis braguitas y así empezó a lamer mi sexo por encima. Por entones ya no era dueña de mis actos, me sentía en una nube, estuvo así durante unos minutos, luego saco sus dedos de mi boca y los metió por el lateral de la braguita dentro de mi sexo de un golpe. Salio de mi garganta, un gemido de placer, de un tiron arranco las braguitas, se aparto y en unos segundos se había quitado toda la ropa. Aún estaba aturdida por el placer que me había causado y acerco su miembro a mi boca, estaba duro y caliente, era como una brasa en mi boca y así le empecé a lamer el pene estaba ansiosa por “comérselo” le oía gemir de placer y eso aún me excitaba mucho más. Me la saco de la boca y me beso mientras bajaba por encima de mi cuerpo acabando de sacarme el vestido, quedando los dos desnudos encima de la cama, entonces fue cuando empezó a penetrarme esta vez despacio, mirándome a los ojos, mientras me iba envistiendo, primero despacio, luego cada vez con más fuerza cuando creía que ya no podía más, me dio la vuelta y me dijo que iba a experimentar el mayor placer por ese culito que tanto lo había excitado y empujo sin piedad, sentí una mezcla entre dolor y placer que creía desmayar en ello, me tenia cogida por el pelo, echándome atrás y rugía como un animal ,nunca había disfrutado tanto del sexo, nunca me habían poseído de esa forma con tal fogosidad y apasionamiento. Hasta que llegaron varios orgasmos y los dos quedamos encima de la cama exhaustos de tanto placer.
Que más puedo decir, que lo pase maravillosamente bien y que jamás olvidare ese “chilenito” apasionado y esos ojos oscuros. O como él diría, lo pase “bastante “bien.
Por la mañana al despertar encontro en mi almohada dos bolas de billar.
Diabla
Volver al de Indice de Diabla