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Que difícil es conocer al ser humano, ¡Somos todos iguales al tiempo que diferentes verdad! Y ahora os preguntareis porque hago ese comentario. Pues es fácil, hace tiempo conocí un hombre muy interesante y digo interesante porque no se parecía en nada a mi marido, era como tener una moneda con las dos caras.Lo conocí de una forma muy curiosa, de una manera que si de verdad hay un destino pues supongo que tenia que ocurrir, aún así yo no creo en ello. Me dedico a la traducción de documentos hablo dos idiomas y me paso las tardes delante del ordenador, aunque alguna que otra vez hago mis descansos y me cuelo en una sala de juegos de cartas, bueno en realidad solitarios, eso me relaja y así me despejo con tanto papel.
En esa misma página debajo había un “Chat” para los que al tiempo que juegan siguen alguna que otra conversación, en alguna ocasión me había entretenido viendo que clase de charlas mantenían, por cierto bastante aburridas. Esa tarde después de andar medio desquiciada sin obtener muchos puntos con las malditas cartas, opte por descansar y leer lo que iban poniendo en el chat y de buenas a primeras alguien se dirigía a mi haciéndome referencia sobre el juego de cartas. Así de esta forma conocí al que seria mi “amante”.
Pero todo esto ocurría meses más tarde, en realidad no os quería hablar de él, no porque no sea interesante sino porque esta historia es sobre alguien que conocí a través de mi amante. Mejor empiezo por el principio.
Mi amante es un hombre digamos “sorprendente”, es ardiente, cariñoso, tierno, educado y muy mujeriego. Como la mayoría son así, aunque no me gusta generalizar pero es algo que lo llevan en los genes, y a lo que ya estoy digamos acostumbrada, adaptada.
La verdad no se como calificarlo pero solo se que me gusta como es. De un tiempo a esta parte habíamos tenido algún que otro problema, en unos meses nos habíamos distanciado, supongo que también era debido a que él vive lejos y eso a la larga es un impedimento difícil de superar. Aún cuando no había un compromiso serio entre nosotros si había algo así como una complicidad, respeto y sinceridad al margen de que éramos amigos ante todo.
Viendo como nos iban las cosas después de meses de haber tenido alguna que otra conversación no muy, digamos agradables y sabiendo que se podía solucionar me propuso ir a visitarle. Él por entonces estaba trabajando en Suecia y así empecé mis vacaciones en el Norte de Europa. Un viaje de tres horas y medía hasta Estocolmo y una vez allí a mi lugar de destino Uppsala, ciudad histórica y cultural un verdadero placer para los sentidos.
Después de tanto tiempo sin vernos, fue un encuentro maravilloso como era de esperar ya se desvanecían todas las dudas anteriores, esas que nos hacemos las mujeres casi siempre.
¿Tal vez no se acuerde tanto de mi?
¿Se habrá cansado de esta situación?
Bueno las mil y una preguntas tontas que una se hace en alguna que otra ocasión. Una vez cerca de él se disiparon, pero tampoco quería ahondar mucho en ello, solo pensaba en pasarlo bien y disfrutar de su compañía. Y así fue durante unos días, hasta que una tarde llego una visita inesperada. Estábamos tomando un café y llamaron a la puerta, yo me quede sentada delante del televisor del que solo percibía imágenes ya que no entendía nada de lo que decían. A lo lejos oí como dos voces varoniles se saludaban primero entro David seguido de un hombre de color, alto bien parecido más bien mulato, con unos ojos muy grandes y expresivos, ambos se hablaban en ingles. Por aquellas tierras también se habla mucho el ingles, afortunadamente para algunos emigrantes ya que el idioma sueco es bastante difícil de aprender.
Yo no entendía ni una palabra solo sabia sonreír y poco más, mi sonrisa era en mi idioma pero creo que este idioma es internacional. David me presento a su amigo Henning, este me dio la mano con una amplia sonrisa a la que yo le devolví de igual forma.
Pasamos la tarde, ellos charlando y yo intentando entender y de tanto en tanto decir algo usando a David de traductor, que a la vez me traducía de lo que hablaban. Llego la hora de la cena e invitamos a Henning para compartir lo poco que nos quedaba en la nevera, estuvo simpático, entre bocado y bocado
David seguía traduciendo lo que ellos dos comentaban, sobre cosas referentes a su trabajo. Yo podía observar de cerca de Henning que estaba enfrente de mí. Aunque os parezca extraño lo que os voy a contar era la primera vez que tenia tan de cerca un hombre con ese color de piel, se que no tiene nada de particular pero era de un atractivo muy sensual.
En alguna ocasión me daba cuenta que me miraba fijamente y me hacia la despistada mirando con más interés a David para que no notase mi atención hacia él. Ese hombre me parecía muy interesante y sin poder evitarlo quise imaginar mas haya de lo que podía haber debajo de esa camisa que llevaba.
¿Tendría vello en el pecho?
¡Dios mío! por un instante pensé si andaba loca, pero que cosas estaba yo pensando. Así que deje de pensar en tonterías y de esa forma acabo la velada.
Una vez en la habitación con David me acerque a la ventana, había luna llena. En la estancia solo se reflejaba una luz azulada que se bañaba la cama. David se acerco por detrás y me rodeo con sus brazos afrentándome contra él al tiempo que besaba mi cuello con besos que apenas me rozaban, conociéndome sabía que no podía apenas resistirme a él de esa forma, así, sin dejar de besarme empezó a desabrocharme la falda, dejándola caer al suelo, yo solo me abandonaba a sus besos mientras sus manos ya buscaban por encima de la blusa el roce de mis pezones que ya estaban duros y erguidos.
Mi cabeza reposaba en su cuello, echada hacia atrás dejándome acariciar y besar, rozando mis senos con sus manos y abriendo la blusa hasta caer al suelo, fue cuando note su miembro detrás de mi apretándose por encima de mis braguitas y rozándose mientras oía su respiración agitarse y decirme al oído que iba a poseerme allí mismo hice un gesto para retirarme, pero me detuvo al instante tomándome por el cuello y dándome la vuelta aparto mis braguitas y hundió su pene en mi vagina de un solo golpe.
Le rogué que fuese despacio, conocía su forma de hacerlo era algo salvaje y cuando estaba así de excitado no se paraba ante nada y de esa forma empecé a notar como entraba dentro de mi. Hacia rugidos de placer, al notarlo así de excitado, más me excitaba yo. No podía apenas moverme él me tenia entre la ventana y su polla. No paraba de mover sus caderas entrando y saliendo de mí hasta que los dos estallamos en un alarido de placer, en ese preciso instante recordé a Henning.
Al día siguiente tuve que quedarme sola ya que David tenía que trabajar. Me dedique a dar una vuelta por la casa y viendo unas vistas preciosas desde la ventana que estaba en el salón. Me senté a leer un rato y sonó el teléfono, pensé que sería David, pero no fue así, creí reconocer la voz de Henning, no entendía nada de lo que decía, al otro lado del hilo telefónico se oyó una sonrisa muy dulce, le dije que colgaba ya que no había forma de entender nada.
Al cabo de un rato llamaron a la puerta, por unos instantes me quede petrificada, menudo embrollo, no me defendía nada bien con ese idioma tan difícil de entender para mis oídos.
Me dirigí hacía la puerta y al abrirla allí estaba él. Cuando lo vi en el umbral me pareció mucho más atractivo que el día anterior, le sonreí y con la mano le indique que pasara adentro. Henning saco de su bolsillo una nota, al momento reconocí la letra de David en ella me decía que me enviaba a su amigo para que me enseñara la ciudad, que ya había hablado con él, y que con paciencia nos podríamos entender.
Por dentro pensé, si supiera David lo que me atrae este hombre no me lo hubiera enviado a casa, casi me sale de los labios una sonrisa maliciosa solo de pensarlo. Mientras le sonreía asentía con mi cabeza, dándole a entender que estaba de acuerdo. Fui a la habitación y allí enfrente del espejo del armario mientras me ponía la chaqueta, lo vi Reflejado en el espejo. Estaba detrás de mí y con sus manos me ayudaba a ponerme la chaqueta, nos quedamos unos instantes mirándonos los dos enfrente del espejo.
Note como mis mejillas se encendían, nunca había sentido tanta rabia por ruborizarme así y que él se estuviera dando cuenta que me turbaba su presencia tan próxima, quede paralizada como esperando a ver que seguía, tampoco podía decirle nada, entre otras cosas porque ambos no hablábamos el mismo idioma, solo nos mirábamos a los ojos.
Ya el siguiente paso fue como mecanizado, sus manos estaban a la altura de mis hombros y las deslizo, al tiempo que la chaqueta se cayo al suelo, solo pude tragar saliva porque presentía lo que estaba apunto de ocurrir.
Estábamos los dos enfrente del espejo sin poder comunicarnos verbalmente, solo con los ojos y el tacto de las manos que seguían ahora ya posadas en mi cintura, me acerco contra él y sentí cerca de mi pelo su respiración, seguía allí de pie esperando sin saber que hacer, lo que si sentía unos deseos locos de besarle, cerré los ojos y note su boca paseándome por el cuello en aquel instante me abandone a sus caricias, mientras me besaba sus manos iban despojándome de mi ropa con tanta delicadeza y suavidad que apenas rozaba mi piel.
Seguí sin moverme, él detrás de mi seguía besándome con leves besos pequeños. Al tiempo se desnudaba, apenas le miraba, me daba vergüenza, nunca había estado con un hombre de color, solo supe cruzar mis manos hacia mi pecho, en un gesto de timidez infantil, medio la vuelta, esta vez mirándonos de frente, solo salía de sus labios una palabra que no entendía.
-Önskan .
Tenia una expresión en la mirada que me infundía mucha ternura al tiempo que unas ganas locas de abrazarlo, con sus manos rodeo mi cara y la acerco hasta sus labios y me beso de una manera dulce que poco a poco se iba transformando en un deseo “loco” mientras el beso iba subiendo de intensidad, de esta forma fue empujándome con suavidad hacia la cama, me tendió en ella alzo mis manos en cruz y apoyado con sus rodillas alrededor de mis caderas empezó a besar cada cm. de mi piel. Mis labios solo podían emitir gemidos de placer, notando como se rozaba contra mi y su pene ya erguido y duro lo sentía en mi piel como un “carbón ardiendo”.
Fue deslizándose hasta llegar a mi sexo y note como me penetraba con su lengua, no pude reprimir un ligero grito de placer, seguía con mis manos alzadas sin apenas moverme solo ligeros movimientos de caderas, quería sentir más y más su lengua dentro de mí. Cuando noto mi excitación me hizo dar la vuelta, quedándome boca abajo, siguió pasando su lengua por mi culo abriéndome las nalgas y metiendo hasta el fondo esa maravillosa lengua, yo tenía mi cara hundida contra la almohada.
Creía morir de gusto, pero aún faltaba lo mejor. Fue subiendo por mi espalda besándome y lamiendo mi piel al tiempo que con la mano acariciaba mi clítoris y de esta forma me puso a “cuatro patas”, mire hacía atrás, le mire a los ojos. Con una mano empezó a acariciarme el pelo, de golpe lo agarro con fuerza y me empujo contra él. Note su pene que lo pasaba como un pincel por encima de mi culo, hice un gesto para apartarme, pero me echo hacia atrás por el pelo y empezó a meter despacio pero sin pausa su pene en mi culo.
Estaba tan excitada que al notar como entraba llegue al orgasmo, pero quería más y no deje de mover mis caderas, mientras él me mordisqueaba el cuello y los hombros. Le oía gemir de placer repitiendo.
-Ónskan,
Así fue como los dos llegamos al éxtasis, en mi caso el segundo y maravilloso. Nos separamos pero por poco tiempo porque él me abarco con su brazo, los dos acostados en la cama, no había nada que decir tampoco podía expresarle, pero aún así le mire a los ojos y le dije:
- Ya se que no comprendes lo que te voy a decir, pero hemos cometido una locura, linda pero locura.
Solo me sonreía, de alguna forma parecía entender algo de lo que yo pensaba en aquel instante. Y acerco sus dedos a mis labios, como diciéndome que mejor era saborear aquel instante en silencio y así lo hice.
Cuando nos encontramos con David le pregunte por esa palabra que tanto me había repetido Henning, Önskan y me dijo significa deseo, nunca me pareció tan bonita como en labios de Hennig.
Diabla
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