El rollo chino
 la Pulga
 
ECoñazo, estoy super aburrido en mi casa, sin poderme prácticamente mover por culpa de un esguince de lo más tonto en el pie. Harto de la comida de lata y los congelados. Llamo al Chino más cercano para que me traigan la cena, con la esperanza de que algo mínimamente exótico me saque de la monotonía…

Coño, la comida no se ha hecho esperar. Están llamando al telefonillo y como puedo con mis muletas, abro y espero en la puerta de mi casa con el dinero justo. Ya se huele a rollito de primavera en el descansillo de la escalera. Del ascensor sale una persona menuda con la bolsa que lleva mi arroz tres delicias y un par de latas de cerveza. Llega ante mí y me saluda con un tímido hola, que me sorprende por su correcta pronunciación, acostumbrado al torpe chino de mi barrio que no se entera de nada. Miro a la cara del repartidor y me llaman la atención unas tremendas tetas sudorosas que se bambolean por la acelerada respiración que tiene la chica que hoy me trae la comida china.

“¿Vienes corriendo, verdad?” le pregunto intentando ser cordial, a lo que se apresura a responderme mirándome con intencionada ingenuidad:“Sí, soy nueva y no quisiera que se quejara algún cliente porque la comida se quedara fría”. Le ofrezco una de las cervezas que he pedido como agradecimiento y para que se refresque. Acepta el bote encantada y ante mi asombro, se pasa la fría lata por el canalillo, apuntándome con sus empinados pezones.

No hay más que hablar. Cierro la puerta tras ella, que ya se ha abalanzado a mi bragueta como una posesa. Hago verdaderos equilibrios para no caerme, pero ella me tiene bien sujeto por el nabo, que se me está inflando por momentos, porque las asiáticas me pirran y nunca me lo había hecho con ninguna. Pero ahora puedo comprobar que lo saben hacer muy bien, estrujándome con una de sus manos las bolas mientras con la otra me frota el glande empapado en saliva, sin parar de lamerme por cada pliegue de mi verga, que se extiende y recubre de venas en cada nueva chupada de la chinita. Creo que voy a correrme en sus ojos rasgados…

De repente, otra vez, llaman al timbre. Hacemos caso omiso y yo apresuro a soltar mi esperma en la garganta que me está engullendo. Reprimo mis ganas de gritar de gusto, porque alguien sigue jodiendo detrás de mi puerta, llamando al timbre sin compasión. Aparto a la chica de mi entrepierna, que continúa tragando semen, e intentando ocultarla tras mi culo, abro tímidamente la puerta.

Coño, coño, es Miguel, que le había invitado a tomarse una cerveza en mi casa mientras jugábamos al ordenador. “¿Qué pasa, tronco, tan cojo estás que no puedes ni levantarte del sofá para abrirme la puerta?” En cuanto escucha el vozarrón de mi amigo, la china sale aún con restos de mi corrida en la comisura de los labios y se quita la camiseta del restaurante chino frente a los ojos atónitos de Miguel. Le coge una mano para plantársela encima de su prominente pezón y vuelve a cerrar la puerta sin darnos tiempo a reaccionar. Yo sólo tengo unos segundos para ver cómo otra pequeña china se precipita detrás de Miguel y se cuela en mi casa.

Las dos mujeres se desnudan en un santiamén, para que podamos apreciar sus rasgos orientales en todo su esplendor: ambas van completamente rasuradas, bueno, la de las tetazas lleva un triangulito minúsculo que adorna una abultada vulva, mientras que la otra, con unas tetas más pequeñas pero muy bien puestas, deja al aire todo su pubis y el clítoris le asoma por los rosáceos labios, recién depilados.

Miguel se ha agenciado a la de las tetas grandes, así que la otra se dirige hacia mí, mostrándome su clítoris desafiante y todo su rojo agujero al tirarme en el sofá y sentarse encima de mi cara. Irremediablemente, meto la punta de mi lengua en el interior de su vagina y chupo todo el alrededor que está impregnado de flujo amargo. A mi amigo la tetona le ha vertido un poco de salsa agridulce en el cipote para disponerse a hacerle otra de sus felaciones magistrales. La pequeñita que tengo sobre mi boca me está poniendo erecto de nuevo con sus prietas nalgas rozándome la nuez. Intento adivinar cuántos años debe de tener esta china, puede que no llegue ni a los 18, aunque la que se está follando mi amigo parece un poco más mayor. Él no pierde el tiempo, ya tiene ensartada a la tetuda por la espalda y juega con el orificio de su tierno culo metiéndole uno de los palillos chinos del menú. Los alaridos de placer de ambos me están poniendo más cachondo.

Mi pequeña felatriz se ha percatado del grosor de mi verga y no quiere esperar más para introducírsela en el coño afeitado. Está estrecho y caliente, como una vagina adolescente recién estrenada, aunque esta chica parece tener mucha más experiencia que la mostrada en su terso rostro oriental. Los empellones de Miguel le van a reventar el chocho a la otra como siga con esa forma tan salvaje de follar que tiene. Un amigo siempre te puede sorprender, pero el cabrón me está dando envidia porque yo estoy jodido con mi pie y no puedo mover a mi china tanto como desearía. Justo entonces, la de las tetas descomunales, que están batiéndose violentamente a cada empujón de Miguel, me mira con lascivia y se desengancha bruscamente de la tranca a punto de explotar para venir hacia mi sofá, donde está la niña agitando sus caderas alrededor de mi pétrea verga.

Amasándose los enormes pechos, la china comienza a lamerle la raja del culo a la que me estoy follando. Entonces ésta se calma un poco y empieza a ralentizar sus movimientos, levantándose de vez en cuando para sacar un trozo de mi endurecida polla de su babeante vagina, lo que aprovecha la otra para meter también su lengua en el tronco de mi pene, en el que siento nuevamente las ganas de reventar.

Ahora el envidioso es mi amigo, quien se acerca a mi china y apartando de su culo la boca ansiosa de la otra mujer, Miguel no se lo piensa dos veces para penetrar a mi linda muñeca por el ojete. La pobre grita porque las dos pollas frotan duramente las paredes de su tripa, pero Miguel es demasiado bruto para pedirle que pare. Además, a mi esto me está poniendo a mil porque su vagina se abraza más fuertemente a mi glande cuanto más de su larga verga quiere meter Miguel dentro del culo de esta pequeña china. La otra me restriega las tetas contra la nariz y aprovecho para mordisquearle suavemente los pezones. Se ríe agradecida y me besa profundamente, dejando un hilillo de saliva colgando de mi barbilla cuando se va a morrearse con la china empalada. Siempre quise hacerle un sándwich a una tía pero nunca imaginé que fuera así. Las dos bellezas orientales gimen con delicadeza: la una ya se ha acostumbrado a las dos trancas meciéndose en su interior y la otra se masturba en mis morros, mientras se funde en un beso a lengüetazos con su compañera.

A punto de estallar, Miguel saca su pene del trasero de mi niña, que a estas alturas está encendido por los golpes que sus testículos le propinaban al follársela y yo noto el calor que desprenden sus nalgas al apretarlas. Ella suspira y un agradable escalofrío eriza el fino vello de su cuerpo, hasta acabar en un discreto orgasmo que contrae su coño a gran velocidad, llevándome a mí al climax casi a la par que ella.

Aún mareada porque acaba de correrse, su cabeza cae en manos de mi amigo que la agarra de la coleta nipona justo antes de verter todo su lechoso líquido por la nuca de mi pequeña. A la otra también le ha salpicado, pero no tiene suficiente, así que esta toma más de la espalda de su compañera y mojando bien los dedos se acaricia el grueso clítoris hasta temblar por los espasmos de un nuevo orgasmo.

Todos estamos tirados en el sofá, las dos chinas descansando en mi pecho, una con la mano en mi polla aún rebosando leche. Miguel es el único que ha empezado a vestirse  y dice que tiene hambre. El capullo pretenderá comerse también mi arroz.

En ese momento, el telefonillo suena insistente. No me puedo mover, el pie ya no lo siento pero las chinas siguen acariciándose entre ellas y frotándose con mi cuerpo. Miguel atiende a la puerta. “¿Has pedido tú una pizza a esta rubia?”

FIN ?

por la Pulga
 
 

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