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La antesala del amor se baña de aromas lánguidos y dulzones.Me reflejo en tus ojos como una luna en el agua, el agua mira a la luna, la luna se pierde en el agua. Tomas mi mano y leo en tus labios mudos que me amas, sé que dirás eso. Me acerco a tu boca, te preparas para fundir en ella un beso pero me desvío hacia el trémulo hueco de tu cuello, te confieso.
Me enternecen tus palabras tanto que puedo llegar a desconfiar del respaldo en tu corazón; por fortuna no es eso en ti lo que me provoca y tiemblo por el recuerdo de un momento que ocurre cada noche, cuando recién cierro la puerta a tus espaldas.
Crees saber lo que contaré y eso te excita pero por placer al control que deseo, cambiaré de ritmo y te diré que no, que no sabrás si mis manos recorren en secreto mis muslos en tu nombre, tendrás que imaginarlo y bien sé que lo haces.
No es esto un azar, ni busco remilgues a tus ruegos que de hecho me perturban el alma temerosa de gritar tu nombre cuando sé que no es más tuyo, es mío y en especial esas noches.Cuando el sueño me mece entre la realidad de mi alcoba y la fantasía de la oscuridad, entras por mi ventana para mirar si duermo, te acercas, lo compruebas; con esta conciencia te sorprendes de hundir tus manos en mi pecho libre, hueles la agitación que respiro y tratas de alcanzarla pero... despacio, no sea que tu aliento me despierte. Mientras tus manos juegan temblorosas a encontrarse en la penumbra de mi piel entonces me percato, ya no duermo pero no lo sabes o finges que no lo sabes, tu deseo me absorbe, mi cuerpo se derrite mientras anhela tu fuerza, no somos más un tú y un yo desbocado, somos sólo eso... nosotros.
Al amanecer no lo recuerdas y ahora quieres que te lo cuente te dejo la arcilla para que la barnices de detalles y te vas, cierro la puerta...
Magia
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