Dulce y picante
 por Sirena
Abrí los ojos. Estaba sola en la cama. Escuché cacharrear en la cocina. Eran casi las 12 de la mañana, había dormido unas 4 horas... me levanté y me acerqué a la ventana. Fuera seguía lloviendo, se veía que hacía bastante frio. Por suerte, en su casa, hacía el suficiente calor para seguir andando los dos desnudos tranquilamente.

Andé despacio por el pasillo hasta llegar a la cocina. En silencio, apoyada en el marco de la puerta le observé. Completamente desnudo, preparando algo en una cazuelita. Olía a café recién hecho. Me acerqué y me quedé a su lado, apoyada en la encimera, sonriéndole. Se acercó y me besó la mejilla.

-"Prefieres chocolate recién hecho o café?",-me preguntó.

-"Pues... sinceramente café con leche"

-"Estás segura? Anda, siéntate ahí, cierra los ojos y ahora decides..."

Le hice caso, me senté en aquella silla blanca y azul, riéndome y cerré los ojos. Le escuché abrir la nevera y dejar algo en la encimera de la cocina. Me costaba seguir con los ojos cerrados, me podía la curiosidad, pero me esforcé para complacerle. Se acercó a mí y me dijo que abriese la boca. Lo hice. Noté algo duro contra mis labios, cubierto con algo espeso y caliente que supuse era el chocolate. Lo era. No lo metió en mi boca, sino que lo restregó por mis labios, manchándome como un niño que hubiese estado comiendo chocolate. Yo me reía. Metió aquello duro en mi boca y me indicó que mordiese... era una fresa, cubierta con el chocolate caliente. Deliciosa.

Sin dejarme terminar de masticar y tragar, noté su lengua por mi cara, limpiando el chocolate que había restregado por ella, su boca invadió la mía, nuestras lenguas untadas aún en chocolate se enfrentaron. Estábamos muy excitados.

-"Sigues prefiriendo el café",-me preguntó. Sin hablar, sólo con un movimiento de cabeza, negué. Imposible decidirme ahora por el café... Quería más chocolate, quería más de aquel juego que había comenzado. -"Estupendo",-dijo, satisfecho.

Abrí los ojos y le pedí que me los vendase para estar más cómoda. Lo hizo. Recogió en el dormitorio la venda que había utilizado la noche anterior y cubrió mis ojos. Jugueteó de nuevo con mis labios, nuestras lenguas encontrándose de nuevo y de repente, sentí el chorro caliente en mi pecho, el chocolate resbalar por mi piel, calentándola, casi quemándola. Un gemido escapó de mis labios, a pesar de estar atrapados por su boca que me liberó para atrapar inmediatamente mis pezones, la piel de mis senos, lamiéndolos, succionándolos... yo me dejaba hacer, quieta, cada vez más excitada, sintiéndo de nuevo caer el líquido caliente en mi piel, mi vientre, mis pechos, mis muslos... me tomó de las manos y me hizo tumbarme en el suelo, con las piernas abiertas.

Sentí el calor del chocolate en mi sexo... ya no estaba tan caliente, pero la sensación fue intensa, más aún cuando su lengua se perdió en los pliegues de mi sexo, sus manos abriéndolo para limpiarlo mejor, para llegar a todos los rincones. Mis gemidos, cada vez más intensos y el movimiento de mis caderas eran claros indicadores de mi excitación. -"Por favor, fóllame",-gemí.

Su cuerpo sobre el mío.
Su sexo en mi interior.
Sus embestidas haciéndome gemir.
El temblor de piernas precedente al orgasmo.
Entre fuertes gemidos, convulsión en mi interior. Me dejo ir.

El no había terminado. Sin dejar que me recuperase, me hizo ponerme de rodillas frente a él e invadió mi boca con su sexo, duro, caliente aún al haber estado en mi interior, aún con mi sabor.

Me dijo que abriese la boca y sacase la lengua. Supuse que quería correrse en ella... dejó caer chocolate, aún líquido pero sólo tíbio en ella, mientras, su semen se derramaba en mi lengua y mi cara, mezclándose con el chocolate.
 
 

Sirena
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