La amante fiel  
 por Pasión Pura

 
 
Esa mezcla explosiva entre extroversión y timidez encuentra aquí el lugar para contar en voz "baja" lo que siento.

 No nací  guapa, pero sí atractiva; atractiva para despertar deseos desde mi tierna edad. Nunca lo llevé muy bien, porque quzá es un privilegio que he tenido siempre, hasta una vez quise ser fea para que nadie me mirara, pero no lo conseguí,... siempre gustaba a alguien. Supongo que esa situación me ha llevado a cuidarme, porque en el fondo no hay mayor felicidad que sentirse deseada, y juegas a un "sí pero no" con las miradas que se cruzan en la calle, en los lugares de siempre, de conocidos y extraños... y sigo jugando hasta mi edad, a medio camino entre la pérdida de inocenica y la madurez de los treinta, esa edad en la que quedan retazos de ingenuidad, acompañados de la pérdida total de pudor y tabúes en el sexo y los deseos más prohibidos.

Soy esclava del amor apasionado, y cuando la pasión desaparece, hay algo en mi interior que me hace huir de la monotonía, de ese envolvente equilibrio que va apagando tu fuego interior. Siempre soy sincera con las parejas que he tenido. Me entrego con todo mi cuerpo y mi alma, dándolo todo... pero la pasión tiene un tiempo y siempre pienso en un final. Aparecen los celos y la desconfianza cuando siento que ya no soy el centro de sus miradas, cuando dejo de ser su musa de deseo, y mi cabeza inventa sentimientos que lo desconciertan y lo convierto en esclavo de mi universo personal, envolviéndolo de mí, como las mujeres sabemos hacer ... Al final el amor se va desdibujando, y sólo percibo una relación vacía, que me va ahogando, ... Me cuesta mucho, pero al final consigo dejarlo, huir, esconderme, volar de nuevo ...

Es un juego que no pienso con la cabeza, todo lo contrario, me dejo llevar, pero alguna vez mi mente pasea sobre mi cuerpo para descubrir qué está pasando, y hasta puede parecer la maquinación de la mujer más fría y calculadora, pero, para mi desgracia, nada más lejos de la realidad ...

 Quién me iba a decir a mí, que iba a elegir ser su amante, esa palabra que tanto morbo me despertó al leer la novela de Marguerite Duras (The lover), y la película, tan fiel al escrito.

Sólo pude recapitular todas las emociones que sentí desde la primera vez que lo ví, después de dar el paso a querer estar con él. Era mi subconsciente quien percibía todas esas sensaciones que después la conciencia rescataría para confirmar ese deseo incontrolable.

 Él era uno de los grandes jefes, que sólo venían de vez en cuando a las oficinas, el "hand" del mandamás. Mi primera imagen suya fue cuando vino escapando a la isla con su moto. Entró a la oficina vestido de cuero negro y su casco en mano. Era un hombre maduro, de pelo blanco, pero de cuerpo atlético y una mirada apasionada que no puedo describir con palabras. Entró en la oficina y todo desapareció y quedó sólo él, provocando, en medio del bullicio de la oficina un silencio que duró segundos, deteniendo el tiempo. En aquél momento, yo tenía pareja, y aunque mi mente percibía todo eso, no quería asimilarlo y decidí aplacar aquella magia con un simple comentario a las compañeras ("¡por dios, qué hombre tan atractivo!"-les dije, y me contestaron: "tenías que haberlo conocido hace años, ahora ha perdido mucho pero era una bomba de hombre").

Cuando sabía que venía a la oficina, me engañaba, haciéndome creer a mi misma que no iba a sucumbir a sus encantos; no me arreglaba a propósito y procuraba no prestarle demasiada atención, cuando todas las demás parecían sucumbir a sus encantos. Tenía esa mezcla explosiva entre una gran presencia y una timidez, que siempre lo colocaban al fondo en las reuniones, observándolo todo, y yo no lo miraba, ... pero sabía perfectamente que él a mí si, sabía que le gustaba ... y seguía engañándome sin darme cuenta que mi subconsciente, mi yo más profundo y secreto, ya estaba enamorándose de él. Su voz profunda y rasgada y la dulzura con la que me trataba me hacía sentir cada vez más y más...

Por las cosas del destino, me tocó vivir cerca de él. Notaba su interés por mi traslado y percibía que, siempre entre líneas, deseaba tener una cita conmigo, hablando en clave y dejando que yo diera el paso, como sólo un seductor nato sabe hacer... y lo llamé. Aquel día de invierno llovía en la calle, y totalmente empapada me fui al rincón de un callejón donde nadie me oyera para llamarlo mientras el cuerpo me temblaba, y no era de frío...  Quedamos esa misma noche ...

Esa noche sí que me arreglé para él; me subía las tangas con el morbo de saber que unas horas más tarde él me las bajaría, elegí unas faldas que dejaban entrever mi cuerpo, sabiendo que después, él podría pasear sus manos libremente por mis piernas, tacones para que mi trasero fuera aún mas llamativo ... Vino a buscarme en su flamante coche y fuimos a un bar cercano a cenar, en un pueblo pequeño de pescadores.

Pensaba que tendría controlada la situación, que desplegaría mis encantos, porque deseaba que me conociera, pero no sabía que una vez en frente, iba a caer en su embrujo; como un profesional del amor, me sedujo con las palabras y cuando sus manos me rozaron, un escalofrío rodó por todo mi cuerpo hasta hacer caer patosamente una de las piernas desde la pata de la mesa hasta el suelo, como si se hubieran quedado sin fuerzas de repente...

Recuerdo nuestra indecisión al salir del bar, ya agarrados los cuerpos, sin atrevernos a besarnos. Pero nada más subirnos al coche, como un torbellino y sin saber cómo, de repente estábamos besándonos apasionadamente, con los ojos cerrados para sentir mejor lo que estaba sucediendo. Puso el coche en marcha y el sillón se hizo para atrás; mi respiración era profunda de la excitación; comenzó a acariciarme el sexo mientras conducíamos a mi apartamento... Podría decir que nuestra primera relación fue brutal, pero lo cierto es que no fue así; el vino de la cena a mí me sobreexitó y a él todo lo contrario ... no dio la talla, y se fue a su casa a dormir diciéndome "estoy acabado" ...pero extrañamente no me decepcionó y le dije tiernamente que no importaba .

Pero no terminaba de encender el móvil al despertar el siguiente día cuando ví sus llamadas perdidas, y un segundo más tarde él llamándome. Eran cerca de las siete de la mañana. Me dijo que le había costado mucho dar con mi apartamento y no recuerdo mucho más de lo que hablamos; sólo sé que me hizo el amor como un semental hambriento, y luego me volvió a llamar al mediodía, y otra vez, y por la noche ... de repente me asusté, ... todo pasaba tan rápido que no podía asimilarlo, me sorprendí y se lo dije, y me contestó que aquello no iba a durar mucho ... y luego dejó de llamarme, ... Como la protagonista de el amante, cuando se aleja en el barco para no verlo nunca más y llora sabiendo por primera vez que lo ama, así me sentí yo, como si me hubiera impregnado el alma de su olor, su voz, sus ojos, su cuerpo, su modo de hacer el amor, susurrando "siiii..." , haciéndome mover las caderas con sus brazos viriles y gritando en un gemido bajo e intenso cuando llegaba al orgasmo... De repente descubrí que lo deseaba como nada en el mundo ...

Y él decidió jugar, y yo aceptar sin rechistar su juego. Decidió jugar a decirme que volvería con una relación anterior, que pronto dejaría de verme, ... pero al mismo tiempo que me decía eso, me acariciaba con pasión, me besaba y no tardaba mucho en llevarme a la cama; me llamaba para decirme: "no importa cómo estés, quiero verte ya mismo"; llegaba, me follaba y se iba sin más, haciéndome sentir como la peor mujer del mundo, no me daba tiempo a acariciarlo a disfrutar de ese maravilloso momento de éxtasis tras hacer el amor; se vestía y se iba. Pasaban días, a veces una semana; a veces llamaba a la oficina, y me iba piropeando un día, otro día, y al tercero me llamaba para una cita más. Y yo de repente era toda suya. No podía compartirlo con nadie, y ese secreto lo hacía aún más morboso. Pasaba todo el día excitada; sentía tanto placer que todo lo que rozaran mis manos me daba escalofríos; me daba escalofríos el volante al conducir, y lo acariciaba, acariciaba la caja de cambios, acariciaba el respaldar del sillón, mientras con los ojos cerrados esperaba una llamada suya. Caminaba con la playa y el roze de los pies en la arena me excitaban mientras la mirada perdida me hacía agachar la cabeza para recordar sus gemidos cuando me lo hacía por detrás susurrándome "ahora eres sólo mía" ...

Intuí que en realidad siempre había tenido una relación e intentaba dejarme claro sutilmente cuál era mi lugar; el de la joven atractiva, no importaba que fuera una gran persona, inteligente, tonta, profunda, pija osentimental, sólo era aquélla con la que tenía buen sexo, la que debía esperar sus llamadas para decir sí o no; establecer siempre él cuándo y cuánto. "No quiero hacerte daño, pero entre tú y yo sólo hay sexo", yo asentía bajando la cabeza y de repente sentía que él tampoco disfrutabadiciéndomelo, como si en el fondo, no sólo yo, sino los dos fuerámos víctimas de algo superior. Le asustaba la diferencia de edad, decía que no quería envejecer solo, parecía seguro pero al final, en el fondo, sabía que ni él sabía lo que quería, porque es tan parecido a mí... que a veces me asusta reconocerlo.

Aún sigo viéndolo, aunque he intentado varias veces olvidarlo, después de tantos meses, no consigo librarme de su embrujo. No deseo hacer el amor con nadie más, y prefiero esperar a disfrutar una hora en su compañía que cualquier otra experiencia.

He pensado que quizá sólo sirvo para esto, para ser amante, casi suena a castigo por tantos amores a los que he hecho llorar y la vida siempre, tarde o temprano te pasa factura. Siendo su amante nunca sucumbo a la monotonía, siempre hay algo intrigante en él, algo prohibido que me insinúa, nunca será mío, un espacio prohibido. Soy LA AMANTE FIEL, que espera como agua de mayo una llamada suya, y mientras tanto me sumerjo en un mundo de extraña introversión, alejándome de todo y todos, haciendo que mis días sean las horas que me faltan para volver a verlo...

Supongo que esto también tendrá un fin, porque lentamente me va destruyendo, volviéndome más triste, y llegará un momento que, aún queriendo, no podrá surgir pasión. A veces, haciendo el amor, en pleno apogeo siento unas incontrolables ganas de llorar y abrazarlo; no puedo evitarlo, las lágrimas me salen solas. Me da tristeza pensar que imagine que juego a seducirlo. Son lágrimas de mi yo interior que llora de pena por mí.

Pasion Pura
 
 
 

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