Feliz Año
 la Pulga
 
Me lo enseñó…Lo tenía metido en un vaso…Abrió el cajón y sacó un cinturón. “Es el arnés que usó con mis amigas, ¿quieres probarlo?” me dijo mientras sacaba la polla de plástico del vaso y apuntaba con ella entre mis tetas.

Aquella noche no me atreví porque me pillaron muy de sorpresa las insinuaciones de Cinthia. La había conocido en la facultad con su novio de toda la vida. Luego sé que lo había dejado y había estado acostándose con algunos de la clase, que también follaron conmigo y por eso terminaba enterándome, pero de lo que no tenía ni idea era que ahora había abandonado su gusto por las pollas carnosas y se estaba aficionando con más énfasis si cabe a comer coños.

Mi clítoris aún se estremece cuando recuerdo su puntiaguda lengua hurgando en mi agujerito, pero lo que hace que me moje es imaginar aquella verga venosa que empuñó, metida en mi culo mientras una tremenda tranca de verdad invade mi vagina humectante.

Me he propuesto que este año mis deseos se hagan realidad y qué mejor ocasión que la reunión de ex compañeros de la universidad para intentarlo.

Están Zipi y Zape, bueno, son dos colegas que los llamábamos así en clase porque siempre andaban armándola juntos. También ha venido Amparo con su nuevo novio. Es una tía impresionante pero el maromo que trae le hace sombra. Lo mejor es el bulto que se adivina en sus vaqueros, descomunal, ¡qué suerte tiene Amparo! Pero mi mirada se ve atrapada sin yo quererlo por el escotazo que se ha puesto Cinthia. No puedo reprimir el flujo que brota de mi vulva y escapa por la cinta del tanga.

Las copas y las anécdotas se suceden. El novio de Amparo pasa bastante de ella y Cinthia aprovecha para intentarla convencer de lo placentero del sexo dulce practicado entre mujeres. Zipi y Zape van borrachos como es de costumbre. Empiezo a aburrirme cuando al novio de Amparo se le ocurre la genial idea: “Veniros a nuestra casa a tomar la última”.

La habitación de Amparo y su novio, donde me hallo disfrutando como una perra mientras él me lo lame, tiene sólo un colchón rodeado de cojines y un gran espejo a los pies. No puedo evitar dejar un charco en el recién comprado colchón de látex porque las contracciones que me están provocando los inflados labios de Pedro al rozar contra mi henchido clítoris son tremendas. Pero de repente unos fuertes golpes en la puerta me cortan el orgasmo cuando Pedro para en seco de chupármelo. Debe de ser su novia, mosqueada porque llevamos mucho tiempo en la habitación. Busco rápidamente mi tanga entre los cojines, me lo guardo en el bolsillo de la falda vaquera que llevo y salgo del cuarto disimulando. “He perdido el mechero. Lo tenía en el abrigo. Pedro está dentro buscando.” Le digo a Amparo, pero a ella parece darle igual. No entra en su dormitorio, lo cual es un alivio porque la erección que llevaba Pedro sí que era difícil de esconder.

Los que irrumpen entre risas son Zipi y Zape: “¿Dónde lo guardas, Amparo? Vamos, sácalo.” Ella se sonríe y abre la puerta tras de mí para dejarlos pasar. Pedro se sorprende de tanta gente pero ninguno se percata de su acaloramiento. Amparo abre el primer cajón de la cómoda junto a la cama y descubre un enorme dildo de color negro curvado casi en “C”.

Cinthia corre hacia él y se lo mete en la boca sin dudarlo. “Hace mucho que no me zampo una de éstas”. Amparo la coge de la cintura con una mano y ante el asombro de todos con la otra empieza a masajear los cántaros colmados que siempre han sido el arma más potente de seducción de mi amiga Cinthia. Yo estoy agarrada a Pedro pero son las gigantes manos de Zape las que siento apretándome las nalgas. Le beso a él y a continuación a Pedro. Amparo y Cinthia juguetean entrecruzando sus lenguas alrededor del dildo negro. Zipi se lo quita y se desabrocha la bragueta, lanzando su descomunal rabo entre ellas. El cipote de Pedro se me escurre entre los dedos, noto que está todo rasurado y eso me pone aún más cachonda. Con la otra mano tiro hacia abajo de los calzones de Zape y comienzo a alternar en mi garganta la punta de los dos capullos enrojecidos, el de Zape y Pedro, que para mi fortuna no son tan grandes como el de Zipi así que pruebo a meterme los dos a la vez en la boca y me caben!

Veo cómo Amparo y Cinthia humedecen con la mezcla de sus salivas el nabo de Zipi y esto se convierte en una competición de a ver quién consigue que alguno de ellos se corra. Yo con dos sables empinados a los que dar servicio lo tengo más difícil o más fácil según se mire, porque Zape tiene cara de estar a punto de echarme su corrida en la cara.

Entonces Cinthia, cansada tal vez de tanto pene que ya no le gusta tanto, se pone bajo mis piernas para emprender un delicioso recorrido por mis depilados labios del chocho. La primera en llegar al clímax soy yo.

Pedro tampoco puede más pero prefiere correrse dentro de su novia. La embiste por detrás, mientras ella sigue tragando lefa de Zipi. Los empellones son bestiales y hacen llegar a Amparo inmediatamente al orgasmo. La pareja ruge de placer, mientras Zipi cae rendido en uno de los cojines con la verga aún empapada de semen.

En ese momento me acuerdo del consolador negro que reluce por las babas de mis amigas tirado en el suelo. Lo recojo y me lo meto en el coño, totalmente abierto gracias a los lengüetazos que me continúa propinando Cinthia. Y de ahí, embadurnado con el líquido espeso que expulsa mi vagina, lo deslizo suavemente por la raja del culo de Zape, que está en éxtasis con la felación que me estoy currando. Abre los ojos cuando logro introducírselo en su agujero pero su cara de gozo me dice que continúe.
Me pongo de pie dispuesta a follármelo por detrás pero en cuanto suelto su cipote, él se lo coge para correrse en su mano. Relamo la leche de sus dedos. Cinthia se entretiene besándome las tetas. Mis pezones están erguidos al máximo y estoy a punto de soltar el dildo. Pero no, decido penetrar el ojete de Cinthia hasta el fondo con el juguete hasta escuchar sus gemidos “Dios, nunca había probado las pollas por el culo ¡Esto también me pirra!”
 

por la Pulga
 
 

Volver al Indice de La Pulga