El ginecólogo
 Anne
 
Siempre me dice lo mismo cada vez que le visito, que las revisiones anuales son suficientes en mujeres con un ritmo de vida normal. Entre risas le digo que no tengo muchas oportunidades de que un hombre me “meta mano”, y que lo aprovecho.

El se piensa que soy una obsesionada  de mi salud, estoy hablando, por supuesto, de mi ginecólogo.

Sé que lo que me pasa no es normal, que moje mis bragas por la excitación cada vez que le visito, pero hace tiempo que este tipo de consulta lo veo como algo placentero, nada tiene que ver con la visita al dentista, por supuesto, aunque mis amigas no son de mi opinión. Para ellas es un trago duro a pasar, la realidad es que no sabrían decidir a cual de los dos profesionales les tienen más miedo. Afirman también, que, si en vez de ser hombres fueran mujeres, se sentirían más cómodas. ¡Qué ñoñas son!

Yo, desde mis primeras visitas, a los diecisiete años, siempre mantuve la misma opinión, me siento mejor si, quien me atiende es hombre, si es joven… mejor, y si es guapo…ya… ni te cuento. Este no es precisamente el perfil de mi ginecólogo, pero, y creo que esto es por su edad, es un hombre muy atractivo, debe rondar los cincuenta. De él destaco los ojos, son de un azul intenso, solo mirarlos… ufffffff, me derrito.

Con los años he aprendido a disfrutar del momento, desde que, tras el biombo, me desnudo. Pienso que estoy en la habitación de cualquier hotel y voy despojándome de la ropa, para después, sobre la camilla, con las piernas en alto y apoyadas sobre los soportes, recibir una sesión de sexo a manos de él.

Parece escabroso lo que voy a contar, pero para mi no lo es. Esto os lo pregunto a los hombres, imaginaros que vais al urólogo, y comprobáis que quien os va a examinar es una mujer, joven y además es guapa… ¿qué os pasaría?, tendríais una erección seguramente, ¿a que sí?

Procuro llevar falda, para no perder mi estética y feminidad al sentarme en la camilla. Desprovista de bragas, y, al abrir mis piernas, siento como los labios de mi coño se despegan, y dejan a la vista la entrada de mi vagina y mi culo.

No puedo evitar hacerme siempre la misma reflexión, sé que es un profesional y que tiene que guardar “las formas”, pero, ¡qué narices!, ¡es hombre a pesar de todo! Al igual que yo pienso que me penetra con sus dedos y me excita el momento, seguro que él no termina por acostumbrarse, especialmente si la chica le gusta, al menos es mi opinión. Quiero creer que no le es indiferente examinar a una chica que, como yo, es más joven que él y que llevo mi coñito rasurado. Me niego a creer que todas somos iguales ante sus ojos… ¡Ay esos ojos!

Tumbada y con mis piernas abiertas, comienzo a observarle, y me paso todo el tiempo pensando….

Ya se acerca, mmm, no quita sus ojos de mi coñito, ¡eso, eso!, enciende el foco y alúmbrame bien, ¿por qué dará tanto calor esta luz?, está muy caliente, se ha sentado, pero su taburete está lejos, al acercarse… casi restriega su cara por mi coño… mmm.

Es ahora cuando me gustaría que se dejase llevar por su instinto masculino, y lamiera mi clítoris, mientras me explora, porque… se tiene que dar cuenta, está durito, rojito, excitado… tiene que ver que mis labios están hinchados, piden sexo, y, el olor de mi vagina se hace más intenso.

Con qué delicadeza se pone los guantes, a modo de condón, ahora el lubricante… siento sus dedos abriendo mis labios… ya… yaaaaaaaaa… mmm… ¿qué dedo será?

Creo que se me nota mucho… mi cara… ahhhhhhh… ¡me ha metido dos!... ¡Qué bien palpa! No, no, ¡esos son los ovarios!... más abajo está mi punto g… (Se me escapa un gemido)

- Perdona, ¿te he hecho daño?

- No, no, no… sigue… sigue…

- Veo que esta vez has venido muy preocupada, te haré una ecografía vaginal.

- ¡Vale!

¿Qué será eso? ¡Que me haga lo que quiera!, ¿eh? ¿Qué es eso?,¡si parece un consolador! Le ha puesto hasta un condón, lubricante y… mmm… Diosssssssss, Siiiiiiiiiiiiiiiii.

- Mira la pantalla, esos son tus ovarios, tu útero…

¿Lo veis? Ese hombre clavándome un consolador, Lástima de vibración…

- Perdona, no estoy muy atenta a  la pantalla.

- Lo veo Anne, estás en otro sitio.

Sí, sí, lo que me gustaría es estar en tu casa comiéndote la polla.

- Todo está correcto Anne, levántate el jersey, vamos a explorar los pechos.

¡Oh  Dios! ¡Ahora soba mis tetas!... Lo que daría yo porque las lamiera… Que la puntita de su lengua rodease mis pezones, con suavidad, dejando su saliva en ellos. Que sus labios jugaran a morderlos, que los estirase y, que al soltarlos, mis tetas se movieran ante sus ojos como flanes al caer.

Debería atreverme, debería esperarle al salir, pero no veo que muestre interés, es ahora cuando, al bajarme de la camilla le devolvería el favor.

Le quitaría el pantalón y su bóxer, abriría sus piernas y usaría su taburete con su paquete ante mis ojos, lamería sus huevos, sus ingles y su polla… Dejaría que sintiera su capullo dentro de mi boca, para que notase mi calor y mi humedad. Recorrería su corona con la puntita de mi lengua y acariciaría su frenillo con ella, hasta ver en su cara que desea más, ir más allá. Entonces, iría engullendo su polla entera hasta su base, que su capullo rozase mi garganta, hasta que sintiera náuseas. Haría giros con mi cabeza mientras la subo y bajo con mis labios, bien prietitos, para masturbarle con mi boca. Que sintiera irrefrenables deseos  de follarla y correrse en ella.

Lástima de profesionalidad, que nos impide ir más allá, y nos quedamos, al menos yo, con la sensación de que nos entenderíamos a la perfección en la cama.

¿Seré capaz de esperar un año entero? Me vuelve loca esos ojos clavados en mí, su seriedad, su madurez.

Son tantas las ganas que tengo de follarme a ese hombre y de mirar la profundidad de su mirada al ser poseído por mí, que creo que sacaré valor, y daré el paso. Es tanta la necesidad que tengo de saber me desea tanto como le deseo yo… que estoy segura de que será mío algún día.
 
 

por Anne
 
 

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