Lucia
 Anne
 
Del recuerdo de la noche que pasé contigo Lucía, destaco tus ganas de vivir, de sentir, tu belleza interior y tu inocencia. Creo que el sabor de lo desconocido y de lo prohibido hizo que esa noche fuera hermosa y bella. Me sentí virgen nuevamente en tus brazos,  mezclando y absorbiendo nuestras  purezas.

Se perfectamente que no seremos pareja, ni que posiblemente volvamos a tener una noche igual. Pero debo decirte que fue misteriosa, llena de pasión y de deseos contenidos.

No puedo recordar cual fue el motivo preciso que me llevó a besarte… si fue tu mirada, tu sonrisa, la paz que desprendes…. Pero capté en tu mirada los mismos deseos que yo tenía, los de saciar la sed que nuestra piel desea.

No pude resistirme a tu mirada Lucia, tus labios llamaban a los míos con tanta fuerza… que, tuve que acariciar tu cara y pasar mi pulgar por ellos. Creo que la llave fue tu sonrisa, que abrió la entrada a un mundo desconocido en ambas, pero que deseábamos con locura. Pienso que la intensidad con la que disfrutamos de nuestro sexo es la que nos llevó a descubrir las sensaciones que un hombre siente en nuestros cuerpos, disfrutando de ellos. Pienso en nuestros maridos… si nos hubieran visto por un agujerito… se hubieran sentido muy mal, no lo hubieran asimilado nunca ni lo hubieran entendido.

Retiré el pelo de tu cara, de tu frente… de tus ojos y lo dejé detrás de tus ojeras, a modo de diadema, retirándolo de tu cuello, sin dejar de mirarte… de sonreírte… porque me gusta mirarte Lucía, con la intención de que sintieras el calor de mi boca en tu cuello, recorriéndolo con mis labios, apenas rozando tu piel y poder susurrarte al oído lo mucho que te deseaba en ese momento.

Te sentí mía Lucía, por eso te besé. Créeme, aún siento tus labios en los míos, cuando con mi lengua los dibujaba y se colaba en el interior de tu boca, conociéndola, recorriendo cada rincón, jugando con tu lengua, queriendo atraparla entre mis dientes… entre mis labios.

Te deseaba tanto… que quise acariciar tus pechos, tus pezones… toda tu piel… y por eso te desnudé, no te puedes hacer una idea de lo mucho que me excitó verte desnuda, ver tus pezones duritos, tu piel de gallina… y tu pubis. Supongo que sentiste lo mismo al desnudarme a mí, porque al acariciarte te sentí húmeda.
No puedes hacerte una idea de lo mucho que me gustó verte entregada, mientras recorría tu piel con mi lengua.

Observé los mensajes que tu cuerpo emitía, sabía perfectamente que te estaba gustando mucho que recorriera despacito la aureola de tu pezón, llenándolo de saliva y soplando en él para que sintieras ese frío que tanto nos gusta en ellos. Y cuando jugaba con mis labios en tus pezones, atrapándolos y estirándolos… hasta incluso cuando los mordía despacito.

Lucía, cuando te sentaste sobre mí a horcajadas sobre la cama, y me dí cuenta de lo abiertos que tenías los labios de tu coño… no tengo palabras para expresar lo que sentí, pero deseé conocer tu sabor y darte el placer que me gusta recibir, por eso te di la vuelta y me colé entre tus piernas.

Creo que en ese momento te sentí más nerviosa incluso que yo, por eso te di la mano. Temblábamos tanto que parecíamos chiquillas inexpertas, y supe que debía relajarte de la mejor manera que pude.

Me encantó besar tu sexo, tus ingles y tus muslos. En cada beso te sentía más relajada y entregada. Me gustaba llenar tu coño de besitos tiernos, sintiendo en mis labios tu piel suave recién rasurada. Desprendías un olor agradable, mezcla de tu aroma a sexo con la crema depilatoria. Creo que nunca olvidaré tu imagen desde ese punto de mira… Bien abierta de piernas… tu raja libre y despejada, dejando que se viera perfectamente tu ano y tu vagina. Un poco más arriba...veía tu cara entre tus pechos, y sujetándote a los barrotes de la cama.

Acoplé mi lengua a la raja de tu coño y te lamía de esa manera, porque transmitía en ti lo que me gusta a mí. Para eso hurgué tanto con mis dedos en él, para abrirte bien y desenterrar tu clítoris de entre tu piel. Es cierto Lucía, parece el capullo de un pene en miniatura, y su tacto es suave...es duro y terso...

Me volvió loca darte placer introduciendo mis dedos dentro de ti al tiempo que lamía y besaba. Más aún cuando sentí tu orgasmo. Me llenaste de ti en un chorro intenso que salpicó mi rostro y deseé darte más, más placer.

Me ví reflejada en ti y continué masturbándote para comprobar si eres como yo cuando se deleitan en mi coño, me hiciste feliz al comprobar tus orgasmos múltiples.

Pensé que te asustarías cuando introduje mi puño dentro de ti, pero comprobé que estabas tan relajada, dilatada y excitada que entró con suma facilidad, creo que solo una mujer o un hombre de manos pequeñas consiguen esa sensación, y quise dártela.

Te agotaste entre mis manos y te colmé de gozo… pero realmente Lucía, no creí en tu vitalidad. Me sorprendiste enormemente al comprobar que tu fuego no se apagó conmigo, y que pudiste darme las mismas sensaciones y el mismo deleite que te dí yo.

De verdad fue increíble la noche, y hoy creo sinceramente que en la cama no hay diferencias en el sexo, solo en las ganas y en los deseos que se tengan de dar placer.

Gracias a ti y a tu fuego.
 

por Anne
 
 

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