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para MARTA
Cuando salio de casa ya lo dijo:-Es el último año que voy con vosotros de vacaciones.
Sandra amenazaba a su familia, cuando se subía al coche rumbo al norte. Como cada año toda la familia se disponía a pasar sus vacaciones en un idílico pueblecito de Asturias, rodeado de montañas y praderas, le esperaban 20 días del más supino aburrimiento.
- Al menos si fuéramos a la costa, o algún sitio turístico, pero la única música que se oye allí arriba es el de las moscas que esquivan los rabos de las vacas…
Sandra con 17 años tenia otra manera de ver la familia, las vacaciones y a los amigos. Pensaba que no soportaría tanto tiempo sin ellos. Hubiera preferido suspender alguna asignatura para quedarse en casa estudiando.
Con resignación, subió el volumen de los walkman y se sumió en un largo letargo hasta el final del viaje.
Era ya muy avanzada la noche cuando despertó de su letargo y se dio cuenta que estaban circulando por un camino de tierra que los llevaba hasta la pequeña aldea donde tenían la casa. Sonámbula busco sus cosas en el maletero y maldijo el momento que había decidido meter tantas cosas en su maleta. Subió la maleta a la habitación que por primera vez no la tenia que compartir con sus hermanos. La habitación tenía una cama muy grande y mullida, en un lado había una ventana. Dejo la maleta y se acerco a mirar, en vez de encontrarse con la oscuridad de la noche, a pocos metros de su habitación, estaba la fachada de la casa colindante, ambas casas las separaba un patio A través de un balcón con puerta podía ver una cocina y alguien que estaba limpiando unos platos. Era el pastor que via al lado. Sin deshacer la maleta se fue directa a la cama.
La insistencia de su madre la hizo salir de los brazos de Morfeo, le esperaban 19 días de un espantoso aburrimiento. De mala gana acompañaba a la familia de excursión. Esa misma tarde y al volver se cruzaron con el vecino de al lado, su padre le saludo efusivamente, tendría unos 55 años, no muy alto y fuerte. Tenía una barriga que le daba un aspecto bonachón.
- Si, ella es Sandra, no te acuerdas, las veces que las has llevado a caballo, no te acuerdas Julio - dijo su padre. Julio se ruborizo, ahora Sandra era una mujer y solo de imaginarla a caballo agarrada a su cuello su cuerpo sufrió un respingo. Sandra sonrió y se fue por el camino, imaginado que Julio no le quitaría ojo de culo cubierto por unos. Por unos segundos Sandra le gusto aquellos pensamientos. Avanzo unos metros y se giro. Su padre ya no la miraba, pero Julio no había quitado ojo. Al cruzarse las miradas, Julio la retiro de inmediato sintiéndose descubierto.
Los días empezaron a pasar lentamente, cada mañana se levantaban y toda la familia se iba de excursión, un día a los lagos de Enol, otro día a la costa, otro día algún villorrio singular, al volver Sandra se iba directa a su habitación a retozar por la cama para recuperarse de las palizas automovilísticas. Cuando subió a su habitación miro por la ventana y vio como estaba Julio detrás de los cristales. - Que casualidad.- pensó ella, él desapareció enseguida. Igual no era tan casual. Se planto en medio de la habitación y de espaldas a la ventana, a través del cristal de la cómoda consiguió ver la ventana del vecino. Espero unos segundos y vio como aparecía la cara de Julio. La estaba espiando, por unos segundos sintió que su piel se erizaba, le recorrió el cuerpo un escalofrió y los pezones le apretaban contra el sujetador. Ni corta ni perezosa de espaldas a la ventana, se quito el la camiseta de tirantes y el pantalón. Julio no perdía detalle. Por un momento Sandra salio corriendo y se fue a duchar.
Durante la cena no podía dejar de pensar en aquel momento, en la mirada de asombro y deseo de Julio. Igual nunca había estado con ninguna mujer, o al menos haría mucho tiempo, Sandra le excitaba la idea de provocar tanta excitación a un hombre mayor que su padre.
Cuando acabo de cenar Sandra se subió rápido a su habitación, sin encender la luz se acerco a la ventana y pudo ver a Julio cenando. Cerro los visillos y busco el interruptor. Encendió la luz. Sabia que Julio la podría ver a través de aquellas finas cortinas. . Miro por el espejo de la cómoda y fuera solo había oscuridad. ¿Había apagado la luz? Sandra se sintió excitada con aquella situación. Busco su camisón, se quito los pantalones y después la sudadera, se quito el sujetador despacio mirando de reojo por el espejo de la cómoda. Por un momento intuyo ver la luz de un cigarro detrás de los cristales de la casa vecina. La estaba observando. Ya con el camisón puesto se puso de espaldas y empezó a subírselo sabiendo que le estaría viendo el culo. Sandra aguanto excitada de pie y sintiéndose observada quiso aumentar la excitación. Se giro y empezó a acariciarse un pecho por encima del camisón mientras que con la otra mano la hundía en su braga y buscaba su sexo. El placer le recorría todo el cuerpo. Su sexo estaba bastante húmedo, se hinchaba por momentos y al rozar su clítoris noto como palpitaba. De pie y sin dudarlo se dejo llevar por la calentura y se empezó a masturbar, con los dedos separaba los labios y con la yema del índice frotaba su clítoris. Para quedarse mas cómoda acabo por quitarse el camisón y allí desnuda a pocos metros de la ventana de pie se empezó a masturbar excitadísima. Por su cabeza solo le pasaba la idea del vecino, se lo imaginaba que estaba allí, en la oscuridad frotándose su polla. Solo puedo aguantar unos segundos más para acabar por ahogar un gemido y correrse en silencio.. Se dejo caer en la cama, aun con la humedad de su sexo que resbalaba por sus nalgas.
A la mañana siguiente salio a la ventana para recoger algunas prendas que su madre había colgado al sol. El vecino no estaba, se marchaba muy temprano para subir a los prados a vigilar al ganado. Abajo estaba el patio, lleno de trastos, alguna silla vieja y unas pocas macetas con flores. Cuando recogía la ropa no se le ocurrió otra cosa que tirar unas braguitas blancas, estas quedaron bajo su ventana.
Como el resto de los días salio con la familia de excursión, ahora solo tenía un deseo, Volver cuanto antes. A media tarde estaba ya de regreso y antes de entrar en la casa se cruzaron con Julio, el cruce de miradas fue fugaz pero intenso. El padre de Sandra se puso hablar con él. Sandra subió corriendo a la habitación abrió la ventana y busco en el patio su bragas blancas. Ya no estaban. Después de unos instantes de duda salio de su habitación y se fue directa a la calle. Antes en el comedor se cruzo con su madre.
-Voy a casa de Julio que se me ha caído algo.
- No lo molestes, no seas pesada- Le dijo su madre.
Antes de tocar el timbre Sandra sintió como el corazón le fuera a salir por la boca. Estaba nerviosa, pero también muy excitada. Llamo y después de unos segundos la vieja puerta de madera se abrió. Un hombre alto y con la tez enrojecida le atendió.
- Hola Julio, perdona que te moleste, es que se me ha caído algo en tu patio.
- Ya lo he visto, espera que te lo traigo. Julio no la invito a pasar para no tardar en salir en la mano con la prenda blanca muy bien doblada. Casi sin mirarle a los ojos Julio extendió la mano y se la ofreció. Sandra la agarro y casi sin más se despidió.
- Gracias. Dijo ella mientras delante de sus morros se le cerraba la puerta.
Aquella noche, mientras cenaba imaginaba a Julio jugando con su prenda. Se empezó a excitar y casi sin acabar subió a su habitación. De nuevo corrió los visillos sabiendo que su cuerpo se intuía si encendía la luz. Julio esta allí, en su casa, y no tardo en apagar la luz. Busco sus braguitas accidentadas y se puso a olerlas. Realmente tenían un olor que no correspondía al de una ropa recién lavada. Un olor acre y fuerte impregnaba cada rincón del algodón. Sin dudarlo se plantó en medio de la habitación, y se empezó a desnudar, esta vez lo hacia mirando hacia la ventana sabiéndose observada. Una vez desnuda cogio las bragas y tras olerlas de nuevo se las puso. Si dudarlo empezó a masturbarse allí delante a dos manos imaginado a Julio y sus juegos. Frotándose las bragas por el coño no tardo en correrse.
Por la mañana Sandra se levanto muy excitada, miro por la ventana y como era habitual la ventana de enfrente estaba cerrada. Miro al patio y allí lo vio. No se le ocurrió otra cosa que abrir su ventana y saludarlo.
- Buenos días Julio.
Julio se sobresalto y levantando la cabeza la miro y la saludo. Fue entonces cuando Sandra se dio cuenta que llevaba solo puesto su corto camisón de tirantes que al inclinarse para saludar sus pechos se quedaban casi al descubierto. El gesto de Julio fue retirar la mirada de inmediato y decir un:
- Buenos días señorita.
A Sandra lo que mas le excitaba era la aparente inocencia y vergüenza que mostraba el hombre, por unos momentos se sentía un poco la “Lolita” de Nabokov. Julio no tardo en desaparecer del patio.
Pasarón un par de días sin pena ni gloría, Julio no aparecía por la noche en la cocina con lo que Sandra solo lo podía ver cuando se hacia la encontradiza por la calle.
- Mama, Mama, que me duele mucho, me duele mucho y se ha hinchado, creo que me ha picado una avispa cuando me apoye en esa pared..
En efecto, Sandra se había apoyado en una pared casi aplastando un pequeño nido de avispas que estaba en los agujeros de un ladrillo. La reacción de alguna avispa despistada fue darle un aguijonazo en el final de la espalda.
- Si, ha sido una avispa,Le dijo su madre. - ves a ver a Julio, que él hace años le quito un aguijón a tu padre y le puso algo que en menos de dos horas desapareció.
Sandra, no lo dudo y se fue directa a la casa de Julio. La puerta estaba entre abierta y no dudo en entrar.
- Hola Julio – grito al entrar en la casa. – Mi madre me ha dicho que tienes algo contra los picotazos de las avispas.
- Un momento ahora salgo- Le dijo Julio desde una habitación que había a un lado del salón comedor.
Sandra ni corta ni perezosa se levanto la camiseta por la espalda y se desabrocho el corto pantalón para dejar al descubierto la zona de la picada.
Julio entro en el salón y se puso a observar la zona enrojecida al final de la espalda. Sandra sabía que además de la picada Julio le estaba viendo el inicio de su culo, y como la cinta de su tanga se perdían por la raja entre los dos cachetes. Sandra volvía a excitarse pensando en como los ojos de Julio no perdían detalle.- Ya no esta el aguijón, se habrá caído, pero hay que curar la herida, espera un momento.
Sandra seguía con la camiseta arremangada y con las manos se aguantaba los pantalones desabrochados. Julio saco de un armario un paquete de algodón envuelto en papel azul y una botella de vinagre. Con él algodón hizo una bola que la impregno con el vinagre. Después se puso detrás de Sandra y empezó a frotar con torpeza sobre la picadura. No hablaba, las manos le temblaban y se le oía la respiración entrecortada.
- Aguántatelo con la mano - Le dijo Julio sin retirar el algodón. Los dedos de Sandra se rozarón con los Julio. Sandra pudo percibir los temblores.
Aguántatelo un par de minutos y ya no te preocupes más. Sandra para presionar el algodón solto los pantalones que le cayeron hasta los tobillos. El silencio era absoluto. Sandra se sentía observada, pero en ningún momento intento subirse los pantalones, disfrutaba imaginado que Julio estaría excitándose. Cuando pasarón los dos minutos se dio la vuelta y se quedo sorprendida al ver que Julio había desaparecido. Se subió los pantalones y se marcho para casa. Julio había desaparecido.
Pasaron un par de días sin que se encontrara a Julio. No lo veía en su cocina por la noche, ni lo veía por la calle. Sandra seguía cada día mas obsesionada con Julio, solo pensar que podía estar por allí la excitaba. Una noche abrió de par en par las ventanas de su habitación y se masturbo sin visillos ni nada, después descubrió que Julio no estaba todavía en casa.
Estaba ya en la última semana de vacaciones y ya dejo de ir de excursión con la familia, solo quería hacerse la encontradiza con Julio. Le ponía mucho ver la cara ruborizada, le encantaba que el la mirase haciéndose la disimulada para luego girarse y pillarlo infragantis.
Una mañana observo que Julio no habia subido todavia a los prados y su familia se iba ya de excursión. Les dijo que no se encontraba bien de la barriga y se quedo en la casa. Cuando marcho su familia espero hasta que Julio salio de la casa. Ella no tardo en vestirse con un pantalon corto y una camiseta de tirantes y salio a la calle. Dejo que Julio se alejara del pueblo para empezar a seguirlo, mas o menos sabia donde iba, pero no queria perderlo de vista, habian muchos prados donde Julio llevaba sus vacas a pastar. Lo fue siguiendo a distancia. Despues de subir por una pista forestal, lo perdio de vista. Al llegar a una gran pradera vio que alli no habian vacas ni pastor, por lo que decidio seguir por el camino hasta el bosque proximo. Despues de un buen rato llego a otro prado, donde si que estaban las vacas. Vio al pequeño perro que siempre acompañaba a Julio, pero ni rastro de él. Antes de darse por vencida y bajar al pueblo decidio dar una vuelta y llegar hasta la fuente que habia cerca. Al acercarse a la fuente le parecio ver a Julio sentado y apoyado en un muro hecho de piedras. Avanzo sigilosamente y sin descubrirse pudo observar que Julio estaba con una mano entre las piernas como si se estuviera tocando. Se estaba frotando por encima del pantalón. Sandra penso que era el mejor momento para aparecer. Se alejo un poco para aparecer desde lejos, asi pudo ver como Julio se intentaba recomponer la ropa.
- Hola Julio, creia que me habia perdido, mi padre me contaba que tu me subias a estos prados cuando era pequeña. Hacia tiempo que no subia.
- Eras muy pequeña, no la mozita que eres ahora, Bajo la cabeza y dijo: bueno la mujer, mas que mozita.
Sandra se sento al lado, y se quedarón callados. Sandra lo miraba de reojo, mientras con una brizna de paja dibujaba sobre la tierra del suelo.
- ¿Me puedo quedar un rato aquí contigo? Le pregunto.
- Claro, pero vamos a sentarnos sobre la pradera.
Se levantaron y pasaron al otro lado del muro, sentándose sobre la hierba. Se volvieron a quedar callados, aunque esta vez uno mas cerca del otro. Se oían las respiraciónes, Sandra sabia que él estaría tan o mas excitado que ella. Se armo de valentía y con su mano busco el brazo de Julio. Lo agarro por la muñeca y llevo su mano hasta su sexo. Julio dejo casi la mano muerta, Sandra estaba con las piernas separadas y empezó a frotarse el sexo con la palma de Julio, después subió la mano por encima de la camiseta e hizo pasar la mano por sus pechos. Julio respiraba cada vez más fuerte. Sandra sentía como su sexo hervía. Él empezó a acariciar los pechos sobre la camiseta de tirantes. Ella busco con su mano la bragueta de Julio, le bajo la cremallera y como un resorte salio aquel trozo de carne rosáceo que quedo en una erección desafiante. Él se dejo hacer metiendo sus manos bajo la camiseta buscando los pechos. Sus manos eran toscas, sus movimientos torpes. Sandra intentaba masturbar a Julio. Él empezó por subirle la camiseta y quitarle los pantalones cortos. Estaba muy excitado y como fuera de si. De un tirón le arranco el tanga y la agarro por la cintura tumbándola en la hierba. Con la rodilla le separó las piernas y casi sin bajarse los pantalones intentaba penetrarla.
- No, por favor que no tenemos preservativos.
Él seguia ciego intentando meterle la polla, Élla estaba con muchas ganas de follar pero no quería correr ningún riesgo.
- No, por favor, déjame que te la chupe. Después esta noche buscamos preservativos y ya iré a tu casa.
La situación se había precipitado, los dos estaban llenos de deseo. Pero Sandra no quería acabar convirtiendo aquel capricho en un problema. Él la miro y acabo por ceder. Se incorporo un poco y poniéndose a horcajadas sobre pecho de ella le ofreció su polla. Ella levanto su cabeza lo suficiente para poder engullirla y empezar a mamarla. Las manos de Julio buscaron el sexo de Sandra y empezaron un rápido mete-saca. Sandra se atragantaba pero disfrutaba con glotonería. Él torpemente le acariciaba el sexo. Había mucha excitación, mucho deseo. Así que no tardarón mucho. Él se vació violentamente en la garganta de Élla y casi simultáneamente Sandra se dejaba llevar por el placer y sentía un orgasmo que llevaba varios días aplazado. Los dos acabarón alli tumbados.
Despues de aquel día, Julio casi desapareció. Sandra lo espero con la ventana abierta las ultimas noches, hacia su espectaculo, pero no sabia si estaba o no. Solo cuando se marchaba con su familia, Julio salío para saludarle y despedirse.
Igual Sandra volvera el año que viene de nuevo de vacaciones al campo…ahora se lo esta pensando.
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por Alatriste
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