LA LECCION
 por RUTHERFORD
 
Aquella tarde llegué unos minutos retrasado a casa de Blanca, había estado discutiendo con mi novia por teléfono y perdí la noción del tiempo. Durante todo el camino de mi casa a su casa repasaba la lección de matemáticas que tenía que impartirle a la pequeña Blanca, pues yo era su profesor particular de matemáticas, de forma que tarde si y tarde no le impartía un par de horas de clase.

Como siempre, llegué al portal del edificio y presioné el timbre del telefonillo, nunca me contestó una voz, siempre pulsaban directamente el portero automático, aquella tarde no fue diferente. Normalmente era Blanca quien solía esperarme en la puerta de su rellano para hacerme pasar dentro, pero esa tarde la puerta estaba cerrada. Toqué al timbre y enseguida me abrió la madre de Blanca: Marta. Marta era una señora de unos 35 años aproximadamente, bajita, algo rellenita, pero tenia un fuerte magnetismo, su pero era rubio tintado, liso y por los hombros, tenia unos ojos pequeños pero muy risueños, resaltaba su boca que tenia un aspecto muy atractivo, los labios eran carnosos y bonitos, este magnetismo que yo sentía hacia ella  quizá es debido a que  siempre me recibió con una amplia sonrisa y siempre fue muy cariñosa en el trato conmigo, no puedo hablar mas de su cuerpo porque siempre me recibió en batín, el cual lo dejaba todo a la imaginación.

- Buenas tardes Marta, ¿que tal va todo? -

- Buenas tardes Fran, pues aquí estamos pasando la tarde viendo la tele.-

Yo, como es costumbre me dirigí hacia la habitación de Blanca, pensé que quizá estuviese allí, que es donde solemos dar  la clase. Al llegar, la puerta estaba abierta pero no había ni rastro de mi alumna. Sorprendido, me di la vuelta y Marta, que caminó tras de mí hacía la habitación me miró, y como siempre, sonriente me dijo:

- Blanca va a tardar un poco, está en el baño, siéntate y espérala aquí-

- De acuerdo, ningún problema- dije mientras tomaba asiento.

La habitación de Blanca era la típica habitación de quinceañera en la que la transición de niña a mujer queda patente en las paredes de la habitación donde, posters de atractivos actores y futbolistas acompañan otros posters de series de dibujos animados, todo ello acompañado de la camita con sus sabanas infantiles.
 
Pasaron unos minutos hasta que por fin la madre de Blanca asomó la cabeza y viéndome un poco impaciente entró a hacerme compañía.

Yo estaba sentado en una silla frente a la mesa y Marta se sentó en los pies de la cama de su hija, quedando justo enfrente mío. Comenzó a preguntarme trivialidades sobre mi vida, estudios, hobbies, etc. Hasta que llegamos al tema de pareja, he aquí donde comenzó el verdadero interés de la historia:

- Y estudiando y dando clases..¿tienes tiempo para alguna chica?- me preguntó

- Si,..si..tengo novia pero no vamos muy bien últimamente, nos vemos poco tiempo y siempre esta cabreada por cualquier cosa, es muy celosa.- dije lamentándome

- La entiendo, de un chico como tu no es fácil fiarse-

- ¿disculpe? – pregunté sorprendido

- Quiero decir que, eres un chico con mucho….como decirlo.. con mucho morbo - dijo acompañada de una pícara sonrisa

En mi vida me habían dicho eso, en ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo ruborizándome, y guardé silencio. Marta al verme así, sonrió y me dijo:

- Es cierto, a mi me das mucho morbo, no se si es la situación o eres tu, pero siento hacia ti mucha atracción- dijo Marta

Mientras Marta me decía esto último, la apertura de sus piernas, a modo de escena de instinto básico, dejaba entrever unas braguitas de licra negras dentro  de ese batín, mi vista no pudo evitar fijarse y Marta se percató:

- Por lo visto no soy la única a la que le da morbo esta situación- dijo mirándome al paquete.

Marta se levantó y desato el lazo de su batín azul, dando paso a que por fin la imaginación dejase de dibujar su cuerpo y mis ojos tomasen la forma exacta. Marta no llevaba sujetador y al entreabrir su batín salió a la luz medio pecho, turgente, de pezón grande y rosado, caminó dos pasos hacia mí y volvió a agacharse situándose de rodillas entre mis piernas. Marta, mirándome a los ojos en todo momento desabrochó sensualmente uno a uno los botones de mis vaqueros, introdujo la mano dentro del slip y saco mi pene ya casi erecto. Marta,  poseída por un ansia casi instintiva, comenzó a lamerme de arriba abajo, llegaba a mi escroto y también lo succionaba , en su cara reflejaba una mezcla de ansia y satisfacción, como pude, me fije en que una de las manos de Marta jugaba dentro de sus braguitas de licra negras al ritmo que succionaba mi pene, decidí ayudarla a seguir el ritmo sujetándola del pelo y guiándola. Cuando se percató de que mi verga esta ya bien erecta se levantó, se puso de rodillas sobre la cama de su hija , se remangó el batín dejando ese gran a la par que sensual culo a mi entera disposición, yo no pude contenerme, la olor a su sexo había inundado la habitación y me volvía loco, así pues me lance a lamer desesperadamente y desde atrás su sexo, esto la hizo gemir mas y el placer venció a sus brazos, quedando apoyada en la cama con su cabeza mientras sus piernas, aun apoyadas de rodillas recibían mi lengua en su sexo y mi dedo jugando con su ano, pensé en acelerar el ritmo para provocarle el tan ansiado orgasmo pero decidí hacerla sufrir un poco mas, de forma que paré, me incorpore y automáticamente Marta se incorporó introduciéndose de nuevo y con mas ansia si cabe mi verga entre sus labios, esta vez lo hacia de forma mas animal, tanto que estuve apunto de eyacular en su boca, pero enseguida se cercioró y paró, se la saco de la boca y con mi pene en su mano y mirándome a los ojos me preguntó:

- ¿Me vas a follar?-

Ni le contesté, la di la vuelta violentamente y la puse apoyada sobre el escritorio donde tantas tardes le había dado lecciones de matemáticas a su hija, levante su batín dejando de nuevo ese trasero, esa olor al descubierto, le sujete el pelo con una mano y con la otra oriente mi pene y me adentre en ella, introduje mi pene en lo mas caliente, húmedo y ajustado que lo había introducido nunca, comencé a darle lentamente, ella me agarró la mano que estaba aún sobre su hombro y comenzó a lamerme los dedos como si se tratase de un pene, se introdujo tres dedos en su boca y su lengua bailaba con ellos al ritmo de mis embistes, ésto aumentó aun mas si se podía mi excitación, de repente paró, me aparto sacando mi pene casi incandescente a la luz, me empujó hacia la silla haciéndome sentarme en ella, se hecho para atrás el batín y agarrando el pene con una mano y apoyando la otra en mi hombro se introdujo todo mi instrumento dentro de ella dejándose caer lentamente sobre él. Quedó montada en mi y comenzó a moverse de manera lenta y sensual, sus pechos describían una trayectoria acorde a su movimiento y no tuve mas remedio que morderlos y lamerlos, me excitaba tanto su olor que mi pene cada vez engordaba mas y sus gemidos me hacían entender que ella también lo notaba, cada vez sus movimientos eran mas y mas bruscos y su vagina cada vez se contraía mas y mas, hasta que en un movimiento brusco Marta dio un gran gemido anunciándome su inminente orgasmo, a lo cual reaccioné agarrando sus nalgas con las dos manos y haciéndola subir y bajar por mi pene rápidamente, la situación se volvió incontrolable para mi, tanto es así que no pude mas, saque mi pene de ella y sujetando su cabeza por el pelo deje ver mis intenciones de eyacular sobre su rostro, ella respondió abriendo la boca y sacando su lengüita para recibir todo el néctar acumulado hasta el momento,  me lo agarro con las dos manos y mi cuerpo se estremeció hasta alcanzar el sumun del placer, dejando caer sobre su rostro y lengua borbotones y borbotones que casi cubrieron toda su cara, Marta se aseguró de que no quedaba nada en mi pene lamiéndome deliciosamente después de terminar. No dijimos nada mas, ella fue a lavarse y yo me vestí en la habitación de su hija, ordené la camita y Marta volvió ya aseada, me beso en la boca y me dijo:

- Hoy mi hija se fue de excursión con el instituto, me dijo que te avisase para que no vinieses pero lo olvidé, así que ya que te habías molestado en venir no quise que fuese en vano –

- No se preocupe, ha valido la pena el viaje hasta aquí, espero que cada vez que venga se cerciore de que mi visita valga la pena como hoy- dije sonriendo

- Por supuesto –

Desde entonces, Marta aprovecha las clases a las que su hija no puede asistir para darlas ella, yo no tuve mas remedio que contárselo a mi novia así que hoy estoy soltero y no tengo cargo de conciencia cada vez que Marta y yo damos una lección.
 
 

RUTHERFORD
 
 
 

Volver al Indice