Un viaje tantrico, no tan tantrico
 por Esterpsicores
En la terminal de ómnibus Adriana se hallaba esperando el micro, llegaría de Córdoba con destino a Retiro, el viaje duraría cuatro horas, el micro haría escala en Arrecifes y Capitán Sarmiento, hacia cuatro años que no viajaba, estaba ansiosa, la acompañaba su hijo para que se sintiera segura y feliz de hacer un receso en su trabajo, para visitar a su madre.

Además fue un año complicado, casi como lo fue en general, para el resto de la gente, su hijo le proporcionó una gaseosa y unos sándwiches para el camino-gracias Carlos sólo traía caramelos.

El anuncio que el micro saldría por el anden once, se oyó por el parlante, por lo que se dirigieron hacia allá, ella llevaba muy poca ropa en un bolso de mano y sobre su hombro colgaba una cartera artesanal, su estancia en Buenos Aires sería de pocos días, se alojaría en el Hotel Principado, situado a escasas cuadras de la plaza San Martín y de la terminal de ómnibus.

Cuándo están ascendiendo alguien chocó contra el cuerpo de Adriana, haciéndole perder la estabilidad, que le provoca asirse del brazo del que la chocara, pidiéndole disculpas se incorpora, cuándo levanta la vista no, lo podía creer Adrián se encontraba en la fila y tomaría el mismo autobús.

Solo Dios sabría, porque nos hemos encontrado, cosas del destino tal vez, o como diría Eistein, Dios no jugaba a los dados, habría que darle crédito a otras cosas.
Adriana   guarda  el secreto, omitiendo a su hijo que conocía a ese muchacho, por Internet  y  que ahí estaba frente a ella, que ambos tendrían un objetivo en común, llegar a alguna parte con el mismo micro.

Tras la despedida de su hijo se instaló en su asiento, luego se despidió de él a través de la ventanilla, en tanto el micro procedió con su marcha, junto a Adriana había sentada una mujer de edad avanzada, quien todavía no lograba acomodarse, de pronto Adrián se acercó hasta donde estaba Adriana, éste le propuso a su compañera de viaje intercambiar los asientos, la mujer accedió gentilmente, dado que ambos dijeron conocerse y que deseaban charlar durante el viaje.

El trayecto fue muy apacible durante los primeros sesenta minutos ellos estuvieron jactándose de las conversaciones livianas y amenas que habían sostenido durante dos largos meses, sin conocerse en persona, el gusto fue mutuo, ya imperaba una paz indescriptible entre ambos, una aceptación casi incondicional, del yoismo, del otro.
Adriana se sentía fascinada con Adrián, su personalidad, su ego eran impecables pensaba que quizás ese era el complemento que faltaba, en su vida, sin darse cuenta cuando giró su rostro halló el de Adrián tan cerca que hasta podría haberlo besado y se
ruborizó.

Comenzó a sentir mariposas en su vientre, como si millones de hormigas recorrieran su piel, en ese instante Adrián tomó la iniciativa acercó su rostro al de ella y le formuló una pregunta,- ¿puedo en este preciso momento robarte un beso? Y antes que pudiera contestar su boca hallase los labios de él.

El tiempo pareció detenerse y como si estuvieran ambos en una isla desierta, se dejaron llevar por la alocada pasión del momento, sus lenguas jugaron por largo rato, tan bello juego, como ver millones mariposas jugar con el viento, en determinado momento le pareció ver el firmamento colmado de estrellas multicolores.

El beso les pareció eterno,- es que así fue-, como si temieran no poder volver a repetir esa hazaña, él se incorporó en su asiento, luego de tomar un respiro, le preguntó-¿fue tan bueno para vos como lo fue para mi?, Adriana asintió con la cabeza afirmativamente, al tiempo que trataba de recuperar  una postura adecuada, tarea difícil pues no había forma de volver atrás, la perplejidad y el asombro no dejaban
 Lugar para una nacionalización adecuada del momento, ya que Adrián había hecho aflorar su estado más primitivo.

Se cuestionaba a si misma ¿Cómo podría el súper yo dominar ésta situación y salir airoso, sin verse humillado y ultrajado por las circunstancias?- aunque la cosa no fuera tan grave.

Adrián acercó su boca al oído de Adriana y le dijo suavemente –quiero más de ti-me volaste la cabeza, como si una fuerza extraña actuara sobre ella, fundió sus labios con los de él.

El dispuesto a llegar más allá posó su mano sobre su escote perverso y cautivador que lucía con su blusa, allí estaban sus senos erguidos expectantes y deseosos de sus caricias, en tanto todo el micro parecía tranquilo y los demás pasajeros dormitaban su siesta, los chóferes no se percataban, del volcán a punto de erupción en los asientos 22 y 23.

Ella había logrado tener un silencioso  orgasmo, pero no por ello menos placentero, sintió cómo se iba disipando esa opresión que yacía en su pecho, un poco más liberada intentó disfrutar de su compañero, quien por otra parte, lujurioso e intempestivo, decidió poseerla de un modo poco convencional, de ésta renovada civilización.

Adrián dirigió su mano hasta llegar al ombligo de Adriana, desprendió el botón del pantalón, el cuerpo de Adriana se estremeció,  al tiempo que la mano de Adrián penetraba en su bombacha e introducía su dedo en la  humedecida vagina, aunque él mismo no lo podía creer, en lo que estaba sucediendo, absorto en el cortejo amoroso, sintió que su pene estaba entre las manos de Adriana, no había vivida nada, comparado con ese momento.

En tanto su pene disfrutaba del juego, lo que lo atrajo más fue ésa sensación de haber penetrado su alma, como si supiera que era lo que deseaba Adriana, en ese momento, compenetrado por la absoluta entrega de la misma se hace acreedor de un sublime orgasmo acompañado de un pequeño e imperceptible gemido.

Y en sus oídos el hermoso eco de aquel suspiro, que le decía, te tomaría entre mis brazos y te amaría así, por el resto de mi vida, al unísono tiempo Adrián descargaba de su pene el jugo, de ese juego amoroso, extraño y complaciente del que ambos disfrutaron.

Una vez más el universo fue testigo  del amor que colma de bendiciones a toda ésta  humanidad  querida.
 
Esterpsicores
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