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Buscó por más de una hora. Comenzaba a pensar que todo había sido una broma de pésimo gusto... La llamada a las tres de la madrugada, esa voz tan cálida que nunca había escuchado antes, pero que sin embargo le resultaba familiar de alguna extraña manera, los datos para el encuentro, la dirección... No podía evitar sentirse estúpido por haber respondido a tan absurda cita. Estaba a punto de darse por vencido cuando finalmente encontró el número que buscaba. Detuvo el auto y echó una mirada al lugar. Una bodega, parecía abandonada hacía tiempo.La calle desierta, el sol del mediodía acariciaba las hojas de los árboles que se movían suavemente sujetas al capricho del viento. Estaba en las afueras de la ciudad y nunca antes había visitado ese sitio, no obstante, reconocía varios detalles del entorno. Una sensación extraña se apoderó de él. Bajó del coche y se aproximó a la puerta. Tocó el timbre, al cabo de unos segundos el mecanismo eléctrico destrabó la cerradura. Entró despacio, cerrando la puerta detrás de sí.
El lugar estaba completamente vacío. Algunas máquinas oxidadas y montones de escombros eran los únicos elementos que se presentaban en el contexto. Subió por la escalera de caracol, el panorama era similar en cada uno de los pisos. Siguió subiendo, llegó al último nivel.
El área era enorme. Grandes ventanales remataban los muros, todos los cristales estaban cubiertos por una gruesa capa de polvo, pero la luminosidad del exterior permitía el paso a la luz que inundaba la atmósfera con matices dorados. El piso limpio, no había desechos. Al voltear por encima del hombro algo llamó su atención: en el centro del nivel, una enorme cama perfectamente presentada con sábanas y cojines blancos. Caminó hasta el lecho y extrañado observó lo meticuloso del arreglo. Un sonido de pisadas detrás de él lo sorprendió.
Giró sobresaltado y se encontró con una mujer que caminaba lentamente hacia donde él se encontraba; quedó paralizado. La desconocida llegó hasta él, lo observó detenidamente, sus ojos lo recorrieron de pies a cabeza.
–Te esperaba.- dijo esbozando una sonrisa.
Él titubeó por un momento...
–¿Eres tú quien llamó a mi casa?- preguntó desconcertado -¿Cómo conseguiste mi número, cómo sabes que soy yo quien...?
-“Shh”- susurró ella, colocando un dedo sobre los labios de él. Sin pronunciar palabra comenzó a caminar alrededor de la cama. Su imagen era sobrecogedora: vestida únicamente con un camisón corto de seda blanco, una cabellera castaña que le cubría los hombros, la piel ligeramente tostada, ojos color miel, su maquillaje era discreto pero acentuaba perfectamente cada una de sus facciones... era hermosa. Llegó hasta el extremo opuesto y subió a la cama lentamente, colocándose en el centro de rodillas.
–Yo soy la que buscas. Soy la que va a hablarte como esperas y a darte lo que quieres. A cambio, vas a regalarme esta tarde y obtendré finalmente lo que necesito.
A pesar de la desconcertante situación, él sabía perfectamente lo que tenía que decir, no podía explicarlo, pero estaba predestinado a estar en ese lugar, en ese preciso momento.
-Sí, soy el que esperas.- respondió decidido.
-Llegó la hora. En este instante comienza todo, pero tenemos que entregarnos...
-Completamente desnudos.- interrumpió él, como si hubiera leído el pensamiento de la chica.
Ella sonrió a manera de respuesta y lentamente se despojó del camisón. Su cuerpo era exactamente como él lo esperaba: los senos grandes, redondos y firmes, su cintura delgada, los músculos del vientre bien delineados. La chica abrió las rodillas, balanceaba la cadera de atrás hacia adelante simulando una penetración, al tiempo que se tomaba los pechos con ambas manos, los apretaba, los juntaba y los ofrecía.
–Déjame verte..- dijo ella en voz baja –muéstrame ese enorme músculo con el que me vas a dar de beber.
Él se desvistió con calma; primero la camisa, después el resto hasta quedar desnudo al pie del lecho. Efectivamente, su pene era muy grande y se encontraba completamente erecto.
Ella miraba fijamente aquél miembro rígido lamiendose los labios. Se acercó gateando hasta el borde donde él se encontraba. Comenzó a besar suavemente aquél poste, con la punta de la lengua lo recorría por debajo, desde las bolas hasta el nacimiento de la cabeza. Las venas del miembro se inflamaban con cada caricia; jugueteaba con la lengua sobre el orificio del glande.
–Es enorme...- dijo la chica para después exhalar un suspiro -...lo quiero.-
Cuando tuvo el miembro justo frente a su cara cerró los ojos, abrió la boca y esperó. Él no necesitó instrucción alguna, sabía lo que tenía que hacer. Sujetó su pene por la base y lo intodujo lentamente en la boca de su compañera. Al sentir que su garganta se llenaba, ella comenzó a chupar lenta, pero intensamente. Él se encargaba de realizar todos los movimientos, ella permanecía inmóvil, únicamente lamiendo y chupando el enorme músculo. Él comenzó a respirar con mayor rapidez. Soltó el pene, llevándose las manos a la espalda, continuando con las embestidas dentro de la boca de la muchacha. Ella sólo sujetaba el pene con los labios, recibía el músculo y lo controlaba con la lengua.
-Es tu turno...- dijo él, respirando aprisa –comienza a hablar, comienza a decirme lo que tanto he esperado...
Ella sacó el miembro de su boca, recorriéndolo desde la base hasta la punta con ambas manos sin quitarle los ojos de encima. Entre gemidos y sollozos respondió:
-Voy a chupártela hasta que estés a punto de reventar.-
-¿Y después?- preguntó él con los ojos cerrados.
-Me voy a detener cuando tengas las bolas llenas de fluído, justo cuando el semen comience a humedecer mis labios.
-¿Para qué?
-Para que entonces me penetres con esta enorme verga, para que me llenes las entrañas.- el tono de su voz se intensificaba, masajeaba el miembro cada vez con más fuerza. Comenzó a chupar las bolas.
-¡Sí, chúpamelas así...! Haz que se me llenen de semen, para después dártelo todo.
-¡Quiero tu semen, quiero ahogarme con tu leche! Pero primero tienes que joderme hasta que no pueda soportarlo más.
Volvió a meterse el miembro a la boca, chupándolo rápidamente. Después de unos segundos sintió que el músculo comenzaba a vibrar en su garganta. Fue entonces cuando se detuvo y lo sacó; un par de hilillos de saliva y del fluído que precede a la eyaculación se extendieron entre sus labios y la cabeza del miembro. Sin soltar el hinchado músculo jaló a su compañero hacia la cama. Él accedió de inmediato. En ningún momento liberó ella el pene de su mano, se acomodó boca arriba en el centro de la cama y guió el enorme falo hacia la entrada de su vagina. Lo movía en círculos sobre su sexo, frotando la cabeza palpitante alrededor de los labios y el clítoris, gemía de placer... Él, arrodillado entre sus piernas apretaba sus senos con fuerza, juntaba los enormes pechos, parecía que ambos pezones iban a reventar.
-¿Quieres mi verga dentro de ti, no es así?
-¡Sí... la quiero!
-Te gusta sentir la cabeza de mi verga frotando...
-...mi sexo; sí, estás húmedo... tan duro, es como un enorme tubo caliente...
-Te la voy a meter de...
-...un sólo golpe. ¡Hazlo ahora, métemela ya!
De un sólo empujón, penetró a la muchacha hasta el fondo. Mantuvo el miembro inmóvil por un momento, luego comenzó a moverlo en círculos. Ella gritaba y se retorcía, movía las caderas al ritmo de los giros de él, hundiendo el miembro cada vez más.
-Estoy llena de ti, me vas a reventar... siento cómo crecen tus bolas, las siento debajo de mi sexo...
Él comenzó a penetrarla rápidamente, metiendo y sacando por completo el pene en cada empellón. Volvió a meterla hasta el fondo y la dejó ahí. La abrazó con fuerza, sin suspender la penetración giraron hacia un costado quedando él boca arriba y ella empalada en el enorme músculo. La muchacha pareció desfallecer, pero en un momento se recuperó y comenzó a mover las caderas de un lado al otro. Él la sujetaba de la cintura, mientras que ella había comenzado a apretarse los senos de nuevo. Balanceaba la cabeza de un lado a otro, recorriendo con su lengua toda la circunferencia de su ansiosa boca. Comenzó a susurrar:
-Jódeme, sigue jodiéndome así... Nunca me quites tu verga, tu enorme verga...
-Mi verga es sólo para ti.
-Estamos llegando...- dijo ella con un grito ahogado –Lo que sigue, dime lo que sigue...
-Voy a hacer que te corras. Vas a derramarte sobre mi verga mientras te jodo.
-¡Sí, sí...!
-Te voy a tumbar de espaldas y voy a meter la verga entre esas enormes tetas. ¡Te voy a joder las tetas mientras te corres!
-¡Ya no puedo... no puedo más!
La muchacha comenzó a estremecerse a causa de un poderoso orgasmo. Todo su cuerpo vibraba violentamente. No cesaba de mover las caderas, apretaba el miembro con los músculos de la vagina con fuerza. Un torrente de fluidos comenzaron a bañar el miembro que se movía en su interior.
-¡Me estoy corriendo... me corro sobre tu verga!
A la mitad del orgasmo, él la levantó con fuerza, retirando el pene y tirándola de espaldas frente a él. De inmediato se arrodilló sobre ella, colocando el miembro entre sus senos.
-¡Ahora te voy a joder las tetas!
-¡Sí, jódeme las tetas... frota tu verga entre ellas!
Ella seguía experimentando los espasmos de su propio orgasmo, pero automáticamente aprisionó el músculo de su compañero entre sus senos con ambas manos.
-Soñé tantas veces con este momento, tu verga en mis tetas, moviéndose así... la cabeza de tu verga tan cerca de mi boca.
Él comenzó a sentir que se acababa el tiempo. Temblaba sin control...
-¿Sabes lo que pasará ahora?- preguntó entre gemidos.
-¡Sí, lo sé!
-Estoy a punto de venirme...- seguía frotando intensamente su miembro dentro de los pechos.
-¡Quiero que te vengas, córrete!
-¿Y cómo me voy a venir?
-En mi boca, tienes que eyacular dentro de mi boca y darme de beber... Tienes mucho semen, tienes que dármelo todo, ya...
-Voy a meterte la verga en la boca y ahogarte con mi leche...
-Y yo voy a tragar esa leche caliente...- respondío ella con los ojos cerrados, sonriendo ligeramente.
-¡Ahora, ahora...!
Ella liberó el miembro de entre sus senos, arqueó la espalda y abrió la boca. Él se movió rápidamente y metió el miembro en la cara de la muchacha, quien comenzó a chupar de inmediato. El pene entraba y salía violentamente de aquella boca. Gritó presa del orgasmo y el primer chorro de semen estalló dentro de la garganta de la chica. Ella tragaba y chupaba con más fuerza. Las embestidas eran intensas. Un segundo torrente de semen fue expulsado del miembro, llenando por completo su boca, una mezcla de esperma y saliva comenzó a brotar por sus comisuras, sintió que le faltaba el aire, abrió ligeramente los labios y siguió tragando.Él movía el miembro en círculos dentro de la muchacha, cubriendo su lengua con leche.
-¡Mi verga en tu boca... bébete toda mi leche!
Un tercer chorro saturó a la muchacha, ella no cedió ni por un segundo, continuaba chupando el miembro que ahora estaba completamente empapado.
-No puedo más...- dijo él, retirando el miembro de la sedienta boca.
-¡No te detengas...! Tienes más leche... tus bolas tienen tanta leche... puedes seguir eyaculando...- respondió ella mientras tomaba el miembro entre sus manos, la mezcla de fluídos se extendía entre el enorme glande y sus labios.
–¡Dame toda tu leche, necesito tragar tu semen...!-
Estas palabras fueron suficientes para que a él le sobreviniera otro espasmo. Por cuarta ocasión, un cuantioso chorro de esperma comenzó a ser expulsado, parecía que nunca terminaría de eyacular. Ella volvió a meterlo en su boca, con la punta de la lengua estimuló el orificio del glande durante toda la eyaculación, extrayendo el cremoso líquido.
Cayó exhausto, sentía que los pulmones le iban a estallar por la agitación. Seguía sintiendo presión sobre su miembro, abrió los ojos y observó maravillado el hermoso espectáculo: su compañera, que con ojos cerrados continuaba tragando los últimos reductos de su semilla, la cara empapada, rastros líquidos que escurrían por su barbilla y cuello hasta mojar sus senos, al tiempo que masturbaba suavemente el pene que la había colmado.
-Siempre soñé que sería así.- dijo él entre suspiros.
-Yo también, pero temía no llegar a tenerte nunca.- respondió la chica –Afortunadamente estás aquí, y ya no te irás, jamás.
Súbitamente, la luz del exterior comenzó a palidecer hasta el punto en que sobrevino una oscuridad absoluta. Él trató de incorporarse, pero se golpeó la cabeza contra el buró donde dejaba sus llaves y cartera todas las noches. Aguzó la vista y encontró el reloj despertador, acababan de dar las tres. Sonó el teléfono...
a no jugase.
INCUBUS
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