Fijación
 
He venido como cada semana a encontrarme contigo, a liberarme del mundo exterior y a dejar en ti todo lo que soy.  La habitación está perfectamente arreglada.  Siempre me ha gustado la iluminación difusa y los tonos cálidos. Las cortinas bordadas caen pesadamente sobre las ventanas; afuera es noche, adentro es este tiempo indefinido que alimenta mi fijación y tu deseo de satisfacerme. La alfombra es nueva, el aroma de la fibra vírgen me inunda por dentro.

La temperatura es agradable, aunque sé que pronto me invadirá un calor casi insoportable...  Estoy sentado en el sillón de piel, con la cabeza echada hacia atrás, completamente desnudo.  Estás de rodillas frente a mí y has estado mamando mi pene por varios minutos.

Sabes exactamente cómo hacerlo, me conoces bien.  Tomas el miembro con ambas manos y lo masajeas suavemente, lo sujetas por su base, abres la boca y después de cerrar los ojos lo introduces lentamente hasta la mitad.  Chupas intensamente, lo sacas de tu boca y lames la hinchada cabeza con la punta de la lengua.  Mis venas se inflaman cada vez más, puedes sentir la sangre bombeando dentro de mi verga cada vez más rápido.  Vuelves a metértelo en la boca, esta vez hasta el fondo.  Te retiras un poco y apoyando las manos en el sillón comienzas a mamarlo moviendo la cabeza en círculos.  Me gusta que tengas cabello recogido, me permite observar sin obstáculos la manera en que tu boca maniobra alrededor de mi pene.  Tengo una erección extrema, puedes sentirlo.  Comienzo a mover la cadera, penetro tu garganta con cuidado, tu lengua recorre la parte inferior de mi verga con cada movimiento.

Todavía estás vestida, pero sabes que ha llegado el momento de mostrarte.  Sacas mi verga de tu boca y lamiéndote los labios te separas un poco.  Comienzas a desabotonar tu blusa, al llegar al último botón la abres despacio y arqueas la espalda, ofreciéndome tus senos contenidos en ese hermoso sostén de encaje blanco. Son enormes, redondos.  Estoy impaciente por ver tus pezones.  Con la mirada fija en el miembro que palpita frente a ti, sueltas con ambas manos el broche del sostén en la parte del frente, te liberas de la prenda y acaricias tus pechos, abarcándolos con ambas manos. Te vuelves a acercar y me hablas...

-Toca mis tetas con tu verga, quiero sentirla caliente sobre mis pezones.

Comienzo a acariciar tus senos con mi pene, recorriendo cada centímetro de piel; estás jadeando. Tomas el miembro y lo colocas entre ambos pechos, comienzas a masturbarme con ellos.   Acelero el movimiento de la cadera y lanzo la verga cada vez más fuerte entre el abrazo de tus tetas.  Tienes la boca abierta, lames la punta del pene cada vez que se acerca a tu rostro.  Sueltas tus tetas y tomas mi verga con una mano, acariciando mis bolas con la otra.  Siempre me ha gustado la manera en que lames mis testículos, suavemente, empapándolos poco a poco con tu saliva. Sigues masturbándome, te levantas y te acercas a mí, acercando tu pecho a mi boca.  Me susurras al oído...

-¿Estás listo para mí?  ¿Estás listo para derramar tu semen?- yo asiento con la cabeza -Voy a mamártela hasta que te corras en mi boca.  ¿Te gustaría eso?  Quiero sentir cómo fluye tu espesa leche caliente por tu enorme verga hasta llenarme la boca. Vamos a hacerlo...

Tus palabras me hacen estremecer, estoy al borde del orgasmo. Te pido que sigas hablando:

-...voy a recibirlo todo sin dejar de mamar.  Mírame cuando no pueda contenerlo más y tu leche comience a salir por mi boca.

Vuelves a ponerte de rodillas y comienzas a mamar intensamente. Los espasmos comienzan a recorrerme la espalda, las piernas, estoy eyaculando.  Abro los ojos y observo cómo chupas mi verga al tiempo que te sujetas las tetas con ambas manos,  tienes los ojos abiertos y me miras fijamente.  El semen ha comenzado a escurrir por tus comisuras.  Vuelvo a sentir un espasmo, un segundo chorro de leche explota contra tu paladar, abres un poco la boca y la viscosa mezcla cae sobre el miembro que entra y sale de tu garganta.  Cierras los ojos y te introduces el pene hasta el fondo.  Estando allí, otro espeso torrente de semen es expulsado dentro de ti.  El calor dentro de tu boca es delicioso, estoy empapado, mi verga palpita con violencia y expulsa las últimas gotas de mi semilla.  Al tiempo que sacas el miembro de tu boca, el cremoso líquido que permanecía sobre tu lengua escurre sobre la cabeza de mi verga. Me masturbas lentamente, observas el miembro empapado y me dices...

-Quiero beberlo todo.

Te recuestas boca arriba sobre la alfombra.  Me incorporo, me coloco de rodillas sobre ti frotando tu cara y senos con mi miembro todavía erecto.  Vierto todo el líquido que escurre de mi verga y bolas dentro de tu boca que espera ansiosa; comienzas a tragar.  Tomo mi miembro, lo meto en tu boca, dejo que me chupes aún más y que limpies hasta el último rastro de semen. Todo ha terminado, hasta la próxima semana.

INCUBUS

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