Un poco de electricidad 
 
Mari llegó a casa después de trabajar y revisó sus mensajes en la contestadora,  tenía uno de Francisco el cual decía: “Preséntate en el hotel acostumbrado a las 9:30 en el cuarto 609 y espérame ahí con la puerta entrecerrada”.

Mari se arregló muy cuidadosamente y salió al encuentro de su querido amante.

Cuando llegó al cuarto se sentó en la cama a esperar, en eso sonó el teléfono, era Francisco: “Mari, quiero que abras el cajón del tocador y  te pongas lo que hay ahí.” Y colgó.

Ella fue hacia en cajón y encontró un negligé negro y una bufanda del  mismo color, ella sabía perfectamente que hacer, se desvistió dejándose puesto únicamente su ligero de medias negras, se colocó el negligé y la bufanda alrededor de sus ojos haciendo un nudo detrás de su  nuca y se sentó en la cama a esperar.

A los pocos minutos escuchó unos pasos que entraban a la habitación y la voz de Francisco diciendo: “Así  me gusta, hiciste todo lo que te dije”.

Francisco se acercó a Mari y le dijo al oído: “¿Tienes miedo?

-“Un poco”.

-“Pero, ¿estas excitada?

- “Sí, mucho”.

En eso escuchó la voz de alguien más, una mujer: “Hola, ¿llegó un  poco tarde?”.

- “No para nada llegas en el momento preciso” le dijo Francisco.

Mari estaba muy sorprendida, ¿quién era esa mujer y qué estaba  haciendo ahí?

-“Sofi, le dijo Francisco a la mujer, ya sabes lo que tienes que hacer”.
 
-“Claro que lo sé”.

Sofi era una mujer no muy alta, de unos 25 años, delgada, de cabello rubio, ojos miel,  muy blanca y sus senos eran de tamaño perfecto para su estatura,  ni muy grandes, ni muy pequeños. Francisco había contratado a esta chica especialmente para su sesión con Mari y había sido muy cuidadoso al elegirla. Se desnudó y  se puso en cuclillas en medio de las piernas de Mari que continuaba sentada en la cama muy sorprendida,  pero sin decir palabra y comenzó a quitarle el ligero, iniciando por la pierna derecha y cuidadosamente le bajo la media clavándo sus uñas en la dorada piel de Mari, continuó con la pierna izquierda sin dejar de pronunciar palabras como: que caliente estas linda,  me excita tu belleza y cosas así. Mari estaba muy nerviosa porque nunca había estado con una mujer, pero a la vez se estaba excitando mucho. Francisco por su parte observaba de frente a la cama desde una silla y sentía como su pene crecía debajo del pantalón gracias a la excitación que la vista le provocaba.

A continuación Sofi trató de tocar los senos de Mari sobre el negligé,  pero ésta tuvo la reacción de moverse, no era una lesbiana y  nunca iba a serlo. Al ver esto,  Francisco le dijo a Mari que separara y alzara los brazos y que si los bajaba iba a recibir un castigo; así lo hizo esta y Sofi tomó la parte de abajo del negligé y se lo quitó y después le quitó las pantaletas. Mari se sentía humillada, avergonzada, estaba completamente desnuda frente a una mujer desconocida y para colmo ni siquiera podía verla.

Francisco le ordenó a Mari que se acostara en la cama y que se agarrara de los barrotes de la cabecera, así lo hizo. Él se levantó de la silla, abrió el armario, sacó un juego de esposas y una soga y se las dio a Sofi, ella colocó las esposas en las muñecas de Mari pasándolas por detrás de los barrotes, después tomó la soga, ató con ella el tobillo derecho de Mari, pasó la soga por debajo de la cama y le ató de igual  manera el tobillo izquierdo, dejándola con las piernas bien abiertas y con su vagina expuesta. Sofi se le montó encima y comenzó a lamerle los pezones de tal manera que se pusieran duros. Francisco a su vez sacó una caja del armario en donde se encontraba un aparato conductor de electricidad y cuando Mari estaba  muy excitada le dijo a Sofi que parara, ella obedeció y él colocó  unas pequeñas pincitas en los pezones de Mari, las cuales estaban conectadas al aparato. Mari se sorprendió mucho al no sentir la fuerte presión de las pinzas que Francisco siempre utilizaba, aunque sí había dolor, era bastante soportable.

Después de haberle colocado las pinzas Sofi comenzó a lamerle el clítoris con una sensualidad extenúente y cuando estaba a punto de venirse paró para que Francisco colocara en este lugar una tercera pincita conectada al aparato
 
Mari no tenía idea de lo que le iban ha hacer, puesto que Francisco nunca antes había utilizado electricidad en sus sesiones, de pronto sintió como un toque en su pezón derecho que la hizo estremecer, después otro en su pezón izquierdo, otro en su clítoris y por último  un toque mayor en las tres partes juntas, el cual le recorrió todo el cuerpo, mientras ella se estremecía por el juego de toques que estaba realizando Francisco en su cuerpo, Sofi le comenzó a meter un vibrador en su vagina. La excitación de Mari era mucha, sentía el dolor de los toques pero a la vez el placer del vibrador y cuando estaba a punto de tener un orgasmo, los dos se detuvieron bruscamente.

 Francisco se desnudó y Sofi comenzó a mamar su pene de una forma bastante excitante parando antes de que se viniera, después entre los dos desataron a Mari, le quitaron las pinzas y la pararon a un lado de la cama, Francisco se acostó y Mari clavó su verga en su vagina, sentándose de tal manera que Francisco veía su espalda y no su cara, después Sofi hizo que se inclinara un poco para dejar al descubierto su ano y de un solo golpe le metió el vibrador hasta el fondo, seguido de un fuerte grito de Mari.

-“No te quejes” le dijo Francisco “y comiénzate a mover”.

Así lo hizo Mari, mientras lo hacía Sofi le quitó la venda de los ojos, le dio un vibrador y se colocó en cuatro patas frente a ella, Mari comenzó a tocarla, lamerle el clítoris y meterle el vibrador en la vagina, todos los agujeros de Mari estaban ocupados. Y así continuaron hasta que los tres tuvieron un orgasmo bastante placentero.

Venus

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