Accidente de circulación
Circulaba un día de calor por la ciudad. De repente en un cruce un coche se salta un ceda el paso y choca contra la parte lateral de mi coche y voy a parar casi hasta la acera. Me bajo enfadado y veo que el otro coche, con la zona del faro abollada,  trata de hacer maniobras para largarse.

Me apresuro a llegar a él y le grito a donde va; al llegar, veo una mujer con gafas de sol que me mira con rabia. Tras intercambiar varios insultos, accede a rellenar los papeles del seguro.

Al volver de mi coche con los míos veo que tiene sacado de la guantera un fajo de papeles revuelto. Esta muy nerviosa y me ofrezco a buscarlos yo mismo.

Cuando ya lo tengo todo preparado, me pone la mano en el brazo y me dice, “por favor, pon que has tenido tu la culpa”. La miro con sorpresa, y ella me explica que el coche es de su marido y que le tiene dicho que no lo coja, pues es nuevo y le tiene un aprecio enfermizo.

Miro su coche con detenimiento y reconozco que es un coche de envidia. En un principio, no accedo a sus pretensiones y me voy a sentar en mi coche para terminar de rellenar los papeles. Ella me sigue, y se sienta en el asiento del acompañante.

Ya los tenia preparados para la firma, cuando ella hace un ruidito con la boca y con gesto pausado se quita las gafas de sol. Sin duda era una mujer atractiva, con ojos oscuros y grandes, boca insinuante y realmente apetecible.

Con voz algo entrecortada con pretensión de ser lo mas calida posible, me dice casi susurrando “Haría todo lo posible por evitar este disgusto”, a la vez que con ambas manos se desliza lentamente su faldilla hacia arriba. Sus piernas quedan al descubierto y el blanco de sus braguitas se adivina al final de ellas.

Sorprendido levanto la mirada, aunque mis ojos se resisten a abandonar la hermosa vista , y contemplo por primera vez la hermosa mujer que tengo junto a mi. Sin ser una mujer de revista, tiene todo aquello que excita y estimula a los hombres para desear a las mujeres. Un instinto salvaje recorre mi cuerpo, gritando en mi cabeza “aprovecha este regalo” y en mi entrepierna, haciendo que un bulto irreprimible luche contra el pantalón por salir.

Incomprensiblemente, le pongo mi mano sobre la suya y hago gesto de hacerla bajar a lo largo de la pierna. No tienes que hacerlo, la culpa del accidente ha sido mía, le digo.
Su expresión se relaja y sonríe levemente. Para confirmarlo, cojo los papeles del parte y los rompo en mil trozos.

Con expresión recompuesta, me coge el bolígrafo y apunta en un trozo de papel un numero de teléfono. Es de mi marido, llámale y redacta de nuevo el parte como creas conveniente, me dice. Sonríe, esta vez, abiertamente y sale del coche. Sin prisa, se dirige hacia su coche mientras la miro de arriba a abajo, con especial atención a su hermoso culo.

Que simple he sido!, me autocensuro. Mira que no aprovechar este bombón que se me había puesto al alcance.

Estoy esperando en una cafetería, donde he quedado con el marido para aclarar el accidente y rellenar los papeles. Entra un hombre de mi edad y tras dar un vistazo se dirige hacia mi. Trae cara de pocos amigos, pero rápidamente la cambia por la de sorpresa y dice “Ignacio, que tal es estas?. Resulta que es un antiguo compañero de estudios. Enseguida, empezamos a charlar amigablemente y recordar nuestras andanzas. Poco a poco me van viniendo recuerdos que lo sitúan en mis años de estudiante.

Él era el “guapete”, el que gustaba a las chicas por su cara afeminada y sus modales suaves. También recordé, que en los vestuarios, algunos compañeros disfrutaban exibiendose delante de él, mientras que el los observaba a escondidas. Los mas atrevidos se masturbaban en un rincón a sabiendas que los estaba mirando. Todos ellos parecían disfrutar mucho de la situación, y nadie se atrevía a hablar de ello.
Charlamos largo rato y fuimos dando repaso de lo que sabíamos cada uno de los antiguos compañeros, él con bastante interés.

Se nos hizo la hora de cenar, y de pronto me propuso ir a casa con él. En principio me resistí pero luego pense que así tendría oportunidad de volver a ver la mujer tan estimulante que había conocido por la mañana.

Llamo por su teléfono móvil anunciando que iba con un amigo y nos presentamos en su casa.

Toco el timbre y abrió con el llavín. Su mujer se acerco a recibirnos. Menuda sorpresa!.

Después de intercambiar un saludo, ella se fue y mi compañero continuó hablando de sus andanzas. Era director de un concesionario de coches, etc.

Insistió en enseñarme la web de su negocio. Nos sentamos junto al ordenador y navegamos hasta llegar a su web. Se fue al servicio y aproveche para ver su historial de accesos. Enseguida aparecieron direcciones de paginas de sexo. Pinche uno de los accesos y apareció un pagina de tíos musculosos con enormes penes erectos.

Antes de que me descubriese cerré el acceso y espere a que volviese. Me pareció que mi compañero continuaba con sus aficiones particulares respecto a contemplar a otros.

Por fin, llego la cena y al principio con cierta frialdad y luego mas cálidamente conseguí que ella entrase en la conversación. Ella tenia una voz aterciopelada, de las que te gusta oír al oído diciéndote cosas agradables. En ocasiones, cruzamos indirectas sutiles y poco a poco me sentí cercano a ella; a ella parecía agradarle el juego.

Se me cayo una cuchara de poste y me agache a recogerla. Por debajo de la mesa no pude evitar dirigir la mirada hacia sus piernas. Las tenia cruzadas y todo el muslo quedaba ante mis ojos. Con suavidad y lentamente las separo ligeramente, ofreciéndome la visión de su entrepierna y bragitas.

Torpemente me levante, con la cucharilla en la mano apretándola como si quisiera romperla y creo que algo alterado. Ambos bromearon sobre lo que me había costado encontrarla y ella me dedico un ligero gesto de picardía.

Nos sentamos en el sofá y decidimos tomar unas copas. Ella se levanto y se dirigió hacia el mueble bar. Se inclino para ver las bebidas que había y el vestido se le subió hasta justo donde le empezaba la curva del culo. Yo no perdí detalle y al mirar a su marido vi que me observaba, y sin darse cuenta su mirada se dirigía hacia el bulto de mi pantalón. Hizo un gesto de complicidad como queriendo decir, Esta buena, ¿verdad?. Yo asentí con la cabeza.

Sentados en el sofá, ella me dedico una sesión de posturas en las que exhibía con maestría y elegancia sus bonitas piernas. Disfrutaba y sufría al mismo tiempo pues me costaba disimular la erección que me había provocado.

Finalmente, llego la hora de irme. En el camino de casa, di vueltas a lo sucedido y no lo terminaba de creer. Que suerte había tenido mi ex-compañero y que insatisfecha me parecía su esposa.

Días mas tarde, recibí una llamada de ella citándome en una cafetería céntrica.

Deslumbrante aparecio con un vestido de tela suave, de tirantes, por encima de las rodillas y que al andar parecía pegarse a sus bonitas curvas.

Me agradeció sinceramente el haberla ayudado con el asunto del coche y por la velada.
Como tenia que irse pronto se despidió tirando con disimulo un beso.

Cuando ya estaba a unos metros, se volvió y me pregunto si quería ver como había queda el coche tras la reparación. Yo dije que si y la acompañe hasta el parking subterráneo. En algunos momentos, ella caminaba delante de mi y yo no podía apartar la mirada de aquel culo que se movía tan acompasadamente. De nuevo, se me puso dura.

Llegamos junto al coche y me señalo la parte reparada. Yo ya solo veía sus piernas y el escote que dejaba ver parte de sus pechos.

Supongo que hacia rato que ella ya se había dado cuenta de mi estado, me miro y con suavidad nos besamos. Nos fuimos moviendo, sin dejar de besar apasionadamente, hasta llegar a un rincón mas oscuro. Allí, nos acariciamos y besamos como locos durante unos minutos.

De pronto un ruido de puertas me sobresalto, ella me sujeto y me dijo “he sido yo, subamos al coche”

Sin perder un instante colocamos los asiento reclinados metí la mano debajo del vestido y prácticamente arranqué las bragas. Me ayudo a desabrochar la bragueta y al instante el pene quiso salir de la opresión donde estaba. Durante un buen rato nos entregamos a hacer el amor, como si fuese la primera y última vez.

Ironías del destino, el coche fue el causante de nuestro encuentro y también de uno de mis mejores polvos.

Pasadas unas semanas volví a ver a Marta, a la salida de un gimnasio y tuvimos otro encuentro apasionado, pero esto es de otra historia.
 

Deverano

 

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