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Era sábado. Me desperté una hora mas tarde de lo habitual y sentí el placer de poder recrearme en la cama sin tener que levantarme con prisas. Mi cuerpo se retorció con gusto y me desperece.Me di la vuelta y acerque mi mano hacia el pene. Lo tenia grande, pero si estar duro. Sin que la niebla de los sueños me abandonara totalmente, me lo empece a tocar y menear, mientras notaba como poco a poco iba ganando en tamaño y dureza.
Estire un poco de la sabana y aparecio ante mi el bonito culo de mi mujer, que estaba de costado y espaldas a mi. Con un dedo, empuje su camisón hacia arriba, hasta que todas sus nalgas quedaron delante de mi. No tenia las bragas puestas, de lo que deduje que era una invitación que me había hecho la noche anterior.
Como otras veces, empece a sobarle los mulos y nalgas tan levemente como me era posible, a la vez que con la otra mano me masturbaba con suavidad y deleite.
Poco a poco, mi mujer empezó a moverse como una gatita, sintiendo mis caricias sobre su cuerpo y como yo me masturbaba. Entreabrió las piernas, de forma que cuando mi mano llegaba al final de su culo, podía explorar la nueva zona que quedaba a su alcance.
Una sutil tibieza en su coño me indico que ya estaba despierta y que respondía afirmativamente a mi propuesta.
Cuando note que una leve humedad me llegaba a la mano, se volvió lentamente y me beso con pasión. Sin haber abierto casi los ojos, se puso boca arriba y separo las piernas invitándome a lo tanto nos gustaba.
Con cuidado, me puse encima de ella, me cogí la polla y la dirigí hacia el coño que me esperaba con impaciencia. Primero con lentitud y suavidad, luego mas deprisa y con mas ímpetu, metía y sacaba la polla, prácticamente solo con un movimiento de caderas. Mi mujer se enredaba los cabellos entre los dedos mientras que gemía de placer.
Finalmente, llevo sus manos hacia mi culo y lo apretó con fuerza contra si, mientras decía:
- así, así... no pares...mas, mas.
Yo continué mi danza sobre ella con mas fuerza y sin compasión, hasta que un grito ahogado salió de su boca, y sus uñas se clavaron en mis nalgas.
Fue otro polvo memorable, de los sábados por la mañana.
Me puse a un lado, mientras ella jugueteaba con el pelo de mi pecho. Empezamos a charlar y comentar el plan para el día. De vez en cuando, su mano se desplazaba hasta mi polla y también jugueteaba con ella, Esto me producía un gran placer y ella ya lo sabia.
- A comer iremos a la Barbacoa que ha organizado Marta y vendrán...., me iba diciendo,sin yo prestar mucha atención. también vendrá Cristina, aquella amiga mía que se caso el año pasado.
De pronto, la imagen de Cristina se cruzo por mi mente, una mujer espectacular sin duda. Algo debió pasar, puesto que la polla regordeta pero floja que mi mujer tenia en la mano pareció dar en respingo.
Mi mujer se dio cuenta de ello y como pareció gustarle la situación, comenzó a hablar de esa amiga de la que hacia tiempo no habíamos sabido nada. Poco a poco, se me fue poniendo dura mientras que me la manoseaba con sabiduría. Cuando ya estuvo bien dura, empezó a mastúrbame sin piedad.
Se acerco a mi oído y me dijo
- te contare un secreto de ella, cuando salíamos nosotras solas, no se dejaba tocar la cintura por los chicos, pues según como lo hicieran no podía evitar humedecerse de gusto, tiene como una fijación.
Llegado a este punto, yo ya estaba a punto de explotar, como ella ya me conocía, se sentó encima mío introduciendo la polla en su coño. Con unos pocos movimientos consiguió de mi otro bonito orgasmo.
Ya estamos en casa de Marta, y todos los invitados iban apareciendo. Todos éramos parejas jóvenes, que por una parte u otra, habíamos sido amigos de solteros. Los casados mas recientes eran Cristina y su marido. Tuvieron que soportar las bromas típicas de nosotros los casados con varios años de experiencia en el tema. Cada uno fue buscando que tarea realizar, y las bromas y el buen humor creaban un clima de lo mas placentero.
Vi a Cristina agachada para recoger algunos troncos y me acerque a ella por la espalda.
En seguida me acorde de lo que mi mujer me había revelado. Una tremenda curiosidad me invadió a la vez que me estimulo ver aquel culo tan hermoso ceñido por su vestido de tela vaporosa. Ella se levanto con varios troncos en las manos, quedando de pie de espaldas a mi. Sin pensar demasiado, coloque mis manos en su cintura, justo donde empieza el hueso de la cadera y apreté ligeramente. Ella, lanzo un pequeño grito, los troncos saltaron de sus manos y un escalofrío intenso pareció recorrerle el cuerpo. Sin soltarla de la presa que le había hecho, le dije
- no te asustes, solo quería decirte que ya hay bastante leña en el fuego.
Se volvió, y en su cara se mezclaba la expresión de sorpresa con la de emoción.
Le pedí disculpas por haberla asustado y por suerte el incidente paso desapercibido para los demás.
Durante la comida, recordé lo que me había contado mi mujer y lo ocurrido con Cristina.
Sin duda podía ser una bomba en potencia, y mas con aquel cuerpo tan hermoso que tenia.
El Domingo por la tarde, oí que mi mujer hablaba por teléfono desde la cocina. Al acabar, entro en el comedor y me dijo:
- era Cristina, dice que ayer lo paso muy bien y he quedado con ella para ir un día de compras juntas y recordar viejos tiempos.
Algo no me sonó bien, pero hice un gesto de aprobación sin prestar mucho interés.
El Lunes por la tarde, sonó el timbre de casa.
- Hola, soy Cristina, ¿esta Carmen?, pregunto.
-No, ha salido. ¿quieres subir?, pregunte.
-Si, ya subo.
La espere en la puerta del ascensor y la invite a entrar.
-Carmen los lunes por la tarde va al gimnasio, le dije.
-Bueno, en realidad, quería hablar contigo, me corrigió
Un poco alterada, me empezó a hacer preguntas mas o menos inocentes, hasta que al final se decidió y me lanzo
-Oye, dime la verdad ¿tu mujer te ha contado algo especial de mi?, yo me hice el tonto y con evasivas y con muchas tonterías adornando la situación conseguí convencerla de que no sabia nada de nada.
Ya mas tranquila, conversamos uno minutos y decidió irse.
La acompañe hasta la puerta y nos despedimos. Un besito en cada mejilla y...mi mano fue a colocarse en su cintura con certeza en el sitio critico.Si decir nada, ella se volvió y se puso de espaldas a mi. Coloque nuevamente mis manos en su cintura y apreté suavemente. Ella dejo caer su cabeza hacia delante, sus cabellos le taparon la cara y quedo al descubierto su nuca.Acerque mi cuerpo al suyo, de forma que mi polla ya dura en ese momento se encajara el la raja de su culo. Bese con suavidad su cuello, y abrace su cuerpo.
Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y sus piernas parecieron flojear. Sin soltarla, ni dejar de besar y lamer su cuello, la empuje de nuevo hacia el comedor. Quedamos frente al respaldo del sofá. Con una mano, le empuje el cuerpo hacia delante, mientras que la otra buscaba con ansiedad el borde del vestido. Se apoyo con los antebrazos en el respaldo del sofá, y yo ahora con las dos manos de levante el vestido hasta dejar todo su culo a mi vista. Un culo bien formado, morenito y con una braguitas de fantasía. Un regalo!!.
Me quite los pantalones y calzoncillos, y empece a frotar mi polla por aquellas curvas tan apetecibles. La cogí de nuevo por la cintura y le hice retroceder todo el cuerpo hasta aplastar mi polla contra sus nalgas. Solamente un ahogado jadeo salía de su boca. Si poder esperar mas, le baje las braguitas y con el pie le obligue a separar las piernas. Que espectáculo mas excitante, su chocho parecía abierto como una flor y un sutil fluido parecía derramarse. Me agarre la polla con decisión y la encare hacia aquel agujero de placer.
Con un ligero empujón logre colocarla dentro. Ahora si, ella gimió con ganas.La cogí por la cintura, apoyándome en el resalte de la cadera y empece un baile suave de atrás a delante. Un poco de lado... otro poco recto y hasta el final. Con las manos, ayudaba al movimiento atrayendo su cuerpo hacia el mío o ayudando a separarnos. Otras veces, solo movía la cadera para conseguir que mi polla de desplazase hacia dentro y hacia fuera, mientras Cristina empezó a decir
- así, así cariño... apretame mas...sigue sigue...no pares ahora, no pareeeees.....
Hasta que un grito salió de su boca y quedo descompuesta como un muñeco de tela.
Mantuve mi polla dentro durante unos instantes mientras que acompasadamente le hacia mover sus caderas hacia delante y atrás, apoyando las manos alternativamente en sus nalgas o en su cintura.
Mientras que ella se recomponía, me cogí la polla y me la menee hasta explotar de placer.
Pasados unos instantes, ella pareció recobrar el aliento. Se bajo el vestido y se volvió. Un beso cariñoso en la mejilla y un guiño, fueron su despedida.
- No me acompañes a la puerta, me dijo. Esto será nuestro secreto, y ya le preguntare a tu mujer cual es tu talón de Aquiles.
Deverano
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