No solo un susurro 
 
Hacía tiempo que no salía un sábado por la tarde, siempre quedo o con mi chica o con los colegas hacia las 11:00 de la noche.

Pero quedé con un amigo para hablar y echarnos unas risas. El tema de conversación principal sabía que serían las chicas. Y así de bar en bar, entramos en un bar irlandés de esos donde te sientas en una mesa de estilo rústico, con las luces tenues y la música baja para que la conversación sea mas amena. Pero al ir a la parte de arriba del bar, allí estaban sentadas tres amigas nuestras. Se rieron cuando nos vieron.

 Lidia nos levantó la mano saludándonos e indicándonos que nos sentásemos en su mesa. Ellas seguían riéndose mientras nos acercábamos. Carlos, mi amigo, les preguntó que de que se reían. A lo que ellas respondieron que de nada, pero volvieron a reírse.

- Joder que tías, si os estáis volviendo a reír. les dije yo.

- Es que nosotras somos así  dijo Patri.

Después de vacilarlas un poco, nos sentamos con ellas.

Lidia, Patricia y Clara. Tres chicas un poco pijas, pero guapas, y sin novio dos de ellas.

Después de unas cuantas risas y hablar de las vacaciones de verano, Lidia me cogió del hombro y me dijo:

- Así que ahora te ha dado por escribir relatos eróticos, Eh

Los demás se echan a reír y yo me quedo alucinado por lo directo de la pregunta, pero también me río. Entonces comprendo por que se reían cuando nos vieron. A saber las chorradas que habrán dicho a mi costa.

- Pues no te veo escribiéndolos

Y se vuelven a reír, ellas y mi colega también. Yo la miro con malicia, ya un poco harto de las risas y le digo:

- Así que no me ves en esas labores

Yo que estaba a su lado, muevo mi silla mirando hacia ella y muevo la suya hacia la pared, colocándola de espaldas a mí.

- Pero, ¿qué haces? Me dice.

-Tranqui, solo voy a decirte una cosa al oído

Acerco mi boca a su oído estando ella de espaldas y le digo que mire hacia la pared y que no gire la cabeza, que solo escuche. Ella después de sonreír y notar los dos las miradas de los demás, parece que me va a hacer caso, y comienzo a  decirle:

-"...Me estoy moviendo muy suavemente..."

Pero no deja que continúe, se gira y me llama asqueroso mientras se ríe ella, los demás e incluso yo. Le digo que si no decía que no me veía en esas lides, que había empezado ella y que ahora tendría que seguir el juego. Entre risas y más risas, y con la ayuda de los demás, logré convencerla de que volviese a girarse.

Esta vez, puse una mano en su cintura y volví a susurrarle al oído para que solo lo oyese ella.

- ".....Me estoy moviendo suavemente mientras tu, atada a la cama mueves también tu cadera, los dos seguimos el mismo ritmo. Quieres poder moverte un poco mas pero los pañuelos anudados a tus muñecas y a la cabecera de la cama no te dejan. Mientras yo te miro, sacas la lengua, quieres que te bese, yo acerco mi boca a la tuya, saco mi lengua, pero no te beso. Estiras el cuello para alcanzar mis labios y yo me retiro para atrás para que no puedas llegar a mi boca. Es entonces cuando llevo una mano a tu trasero y apretándolo fuertemente comienzo a morderte en el cuello y luego a besarte apasionadamente... uhmmm... estamos los dos fuertemente abrazados y notando el cuerpo del uno contra el del otro, saboreando el
momento... uhmmm..."

Es justo en ese momento cuando dejo de susurrarle al oído, los demás han estado en silencio mientras le hablaba a Lidia, no han podido escuchar nada de lo que le decía a ella. Lidia todavía tarda unos segundos en girarse y decir:

- ¡Que malo eres!

Sabe que los demás no van a saber por que lo dice. Ya no hay risas, las risas has sido cambiadas por sonrisas y miradas, muchas miradas. Los demás nos miran a nosotros intentándose imaginar lo que le he dicho, ahora soy yo el que se ríe, Carlos también acaba por reírse conmigo.

-¿De que se ríe este ahora?. Le pregunta Clara a Lidia.

- No se lo digas. Le digo.

Después de tres cervezas y dos horas en el irlandés y muchas risas, nos despedimos, ya nos veremos a la noche. Al despedirme de Lidia, le digo que me llame dentro de una hora, pero no dice nada, solo adiós.

Estoy en casa ya ha pasado mas de una hora y Lidia no me ha llamado, mientras ceno pienso en ella, en sus pantalones ajustados, en su blusa trasparente y con ese agradecido escote, en su boca y esos labios finos que parecen que te están diciendo: muérdeme, en sus piernas largas y en su cuerpo curvado pero delgado.

Suena el teléfono, espero que sea ella. Mientras comía me estaba poniendo cachondo solo de pensar en ella.

-¿Diga? ........Ah!................ Eres tu. Pensaba que ya no me llamarías...¿Salir ahora?. Es que estoy cenando todavía. Por que no te acercas un momento a casa que te pilla de camino, nos tomamos un café y luego salimos.........Bien...Voy preparando el café..........Sí, hasta ahora  guapa...

Me ha dicho que viene en 10 minutos, que ya estaba preparada para salir. Recojo los platos a toda pastilla, preparo un par de tazas para el café, pongo música hortera y me cepillo los dientes.

No han pasado aún los diez minutos y ya está sonando el automático. ¡Dios! Creo que voy como una moto de lo cachondo que estoy, espero que no lo note.

Le abro la puerta del portal y oigo al ascensor subir, he dejado la puerta abierta, pero ella toca al timbre.

-Entra. Estoy calentando el café.

-¿Se puede, caballero?.

Me dice mientras veo como se está sonriendo. Está guapísima, se ha puesto un vestido largo sujeto con dos tiras finas que rodean sus hombros morenos por el sol. Puedo ver que no lleva sujetador. Y sus pezones se notan duros a través del vestido.

Después de una cuantas bromas y unas risas nos sentamos en el suelo del salón dejando las tazas encima de la mesita. Al cabo de un rato y con el café ya tomado, me dice:

-¿Así que me atarías?

Yo, que sorprendido, no sé que decirle y no puedo evitar besarla. Primero apasionadamente y luego jugando con nuestras lenguas fuera de nuestras bocas mientras le subo el vestido a la altura de la cintura, ella deja caer su espalda en la alfombra. Llevo mi mano a su sexo y noto que tampoco lleva bragas. Está muy mojada.
Le comienzo a acariciar, le introduzco un dedo y luego dos, ella comienza a acariciarme el trasero por encima de los pantalones. Tiene los ojos cerrados y la boca abierta mientras respira profundamente notando mis dedos entrando y saliendo.

Me levanto, la cojo de la mano y la llevo a la habitación sin decirnos nada.
Con la luz encendida, se tumba boca arriba, se sube al vestido dejando su pubis a la vista y abriendo las piernas. Coloca sus manos hacia la cabecera de la cama y me dice:

-Átame.

Le sonrío, abro un cajón del armario, y saco dos pañuelos que utilicé en carnavales cuando iba disfrazado de pirata. Ato un pañuelo con el otro. Paso una de mis manos por todo su cuerpo, empezando por las piernas y acabando en sus manos. Le junto las muñecas, y las ato con los pañuelos a la cabecera. Ya atada, me incorporo y comienzo a desabrocharme el cinturón, ella con uno de sus pies comienza a frotarme el paquete por encima del pantalón. Me quito los pantalones y los calzoncillos y de rodilas a ambos lados de sus sobacos, acerco mi polla a su boca. Ella estira la cabeza y comienza a lamerme los huevos y luego la polla. Yo me inclino hacia adelante apoyando las manos sobre la pared y acercando mi glande a sus labios, primero lo lame con la lengua y después lo atrapa con su boca y se lo introduce. Me quedo inmóvil mientras ella es quien lo hace todo moviendo su cabeza arriba y abajo.

Al cabo de un rato me he puesto tan cachondo que me retiro, abro un cajón de la mesilla, cojo un preservativo y una vez puesto, hundo mi cintura entre  sus piernas. Comienzo a frotar con mi pene ayudado con una mano, los labios de su sexo de arriba a abajo aplicando un poco de presión, pero sin introducirlo dentro. Ella está deseando que entre dentro y  de vez en cuando echa su cadera hacia adelante intentando atrapar mi pene, pero cada vez que lo hace, yo me echo hacia atrás. Ella ya no puede mas, abre los ojos, me mira y enfadada me dice:

-Entra dentro de mi. Fóllame cabrón.

Por un instante paro, la miro a los ojos sin decirle nada y entro de forma brusca dentro de ella. Ella abre la boca y cerrando los ojos suelta un jadeo, luego acompasando su respiración con los movimientos de mi pene entrando y saliendo, notando yo el calor de su bajina y sus caderas siguiendo el mismo ritmo que las mías. No han pasado ni cinco minutos cuando rodea con sus piernas mi cintura, apreta fuertemente los ojos y comienza a correrse sin hacer ningún tipo de jadeo, solo aumentando muy rapidamente su respiración. Entonces yo, le suelto los pañuelos que le tienen atada a la cama, ella me abraza muy fuertemente y yo me corro mientras ella me está clavando las uñas en la espalda.

Ahora nuestros cuerpos mojados están totalmente relajados, yo encima de ella y ella con sus labios en mi oreja mientras me lame el lóbulo de la oreja. Me dejo caer a un lado de la cama boca arriba con los ojos cerrados. Estamos los dos completamente exhaustos y hasta pasado un buen rato no comenzamos a hablar.

Lidia me dice que le había puesto muy caliente cuando le susurré lo de atarle, yo también le confieso que estaba deseando que me llamase por teléfono y que me había masturbado alguna vez pensando en ella e imaginándomela atada.

Se nos había hecho tarde y los amigos ya estarían esperándonos. Nos despedimos con un beso en los labios y fuimos cada uno en busca de sus amigos. Esa misma noche volvimos a coincidir en un bar, y cuando estábamos a solas me dijo:

-Si se entera mi novio de lo que ha pasado esta tarde, nos mata a los dos.

-Estate tranquila, no se lo contaré absolutamente a nadie.

Need

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