Las tribulaciones de María (II)
Esperando
 
Al despertar noto en su mejilla la humedad de la almohada. Su saliva había ido saliendo por la comisura de sus labios hasta empapar un pequeño trozo de la almohada. Sus piernas y  nalgas también estaban húmedas. La sabana presentaba una superficie llena de su flujo que había ido destilando durante toda la noche. Había dormido con sus "bolas chinas " dentro de su sexo.

Al llegar al trabajo lo primero que hizo fue ir al lavabo. Se bajo los pantalones, retiro el tanga y tirando del cordel saco las dos bolas de su vagina. Salieron empapadas de un liquido blanquecino y espeso. Las limpio bajo el grifo y después de secarlas las guardo en la cajita que tenia en su bolso.  Entonces no dudo en poner una pierna sobe la taza del aseo y retirando de nuevo su tanga blanco empezó a acariciarse con fuerza. Mucha calentura acumulada desde la salida de su casa. No había sido buena idea venir con las bolas durante el viaje. En el tren se hubiera dejado follar por aquellos dos jóvenes rubios de algun país nórdico que parecían dos verdaderas gambas,  quemados por el sol. Tampoco le hubiera hecho ascos a aquella joven de pelo casi rapado que no le había dejado de mirar el escote durante el trayecto.

No fue difícil. Solo tuvo que imaginar aquellos dos jóvenes llenándole la boca con sus vergas y la lengua de la joven dando cuenta de su clítoris palpitante que estaba a punto de estallar. Apenas dos minutos y sus piernas temblaron. Su vientre se retorció y un caliente orgasmos la relajo de nuevo. El día podía ser muy largo, había que empezarlo con buen pie.  Una buena paja antes de almorzar.

Volvió a su mesa y busco en su bolso la llave de la consigna y la llave de entrada a su jardín. Las llaves estaban en su monedero. Iba a ser difícil concentrarse en el trabajo.

A la hora de comer volvió a colocarse "las bolas" en su sitio preferido. Al volver del restaurante repitió paja en el lavabo. Esta vez recordando el orgasmo que tuvo en el postre. Moviendo levemente  los muslos y el vientre mientras no quitaba ojo de la entrepierna del joven camarero que paseaba un bulto prominente.

Al llegar al vestíbulo de la estación se dirigió de nuevo a la consigna y tras abrir la taquilla 22 dejo la llave de su jardín en su interior.

Nunca había tenido un día tan caliente. No hubiera dudado en ir al lavabo del tren a masturbarse de nuevo. Pero prefirió hacerlo disimuladamente como en el restaurante, sin quitar ojo del culito de un joven que apenas llegaba a los 20 años. No podría seguir abusando de las "bolas". "Aquello podía derivar en una situación crónica y de vez en cuando hay que controlar". Penso. Pero las bolas seguían en su interior vibrando en el momento más inesperado.

Poco le duraron sus reflexiones. Al llegar a su casa recordó que tenia que ir a ver a su modista que le hacia la ropa a medida. Hacia mas de dos semanas que le había encargado un par de pantalones para el verano. Sin cambiarse se encamino a casa de la modista que vivía muy cerca de su casa. Al llamar al timbre apareció Rogelio. El marido de la modista.

- Hola María, mi mujer no esta pero me ha dejado tus pantalones para que te los pruebes.

María ya conocía la casa y se dirigió directa a la habitación que hacia de taller de confección. Tras entornar la puerta se quito la chaqueta y los pantalones se quedo solo con su blusa blanca. Se probo unos pantalones de lino de color crudo. Mientras se miraba al espejo vio como la puerta de la habitación estaba entreabriendo y Rogelio fisgaba disimuladamente. Ella antes que cortarse se quita los pantalones lentamente y mirándose al espejo empezó a posar. Le excitaba que la estuvieran espiando. Además era Rogelio, el marido de la modista. Seguro que no era la primera vez que se aprovechaba del oficio de su mujer. Con sus 68 años Rogelio podía sufrir un infarto de un momento a otro.

"Je, je que mala soy" penso María. Agarro los otros pantalones de algodón negro y se los probo. Le gustaban, le quedaban muy bien. Sin pensarlo un momento se dirigió a la puerta y abriéndola de golpe dijo:

- Mejor estos. ¿No? que opinas

Rogelio balbuceo alguna palabra ininteligible antes de reponerse del sobresalto al ser sorprendido.

- Si mejor los negros. Aunque tendrás que usar ropa interior negra. Le dijo Rogelio intentándole dar un toque profesional a su comentario.

- Eso nos es problema.

María desabrocha el pantalón, abrió la cremallera lateral y se quito los pantalones.

- Aguanta un momento.

Rogelio agarro los pantalones mientras veía sorprendido como María se estaba quitando el tanga ante él sin ningún complejo.

- Veamos a hora. Dijo María mientras le pedía los pantalones.

Se los puso de nuevo y tras abrochárselos se miro en el espejo.

- Así mejor, ¿no?

Rogelio no respondió, solo trago saliva. Con tanto trajín de pantalones y de movimientos "las bolas" de María no habían parado de lanzar vibraciones que habían estado calentando su vientre.

- Rogelio, respira que te va a dar una congestión. Ven para aquí. Habrá que solucionar esa congestión. Siéntate.

Rogelio se sentó en un sillón y vio como María se quitaba de nuevo los pantalones. Sin dudarlo un momento ella se arrodillo ante él y desabrochando el cinturón y abriendo la bragueta de botones estiro de pantalones y de calzoncillos "imperio" hasta dejárselos en los tobillos. Rogelio tenia poco vello en su vientre. María agarra aquella verga bastante desarrollada pero que no acaba de ponerse en tensión.

- De joven con esta herramienta seguro que serias una fiera. Rogelio solo pudo hacer una mueca de sonrisa.

Agarrándole el glande con el pulgar y el dedo anular María estiro la verga. Saco la lengua y empezó a lamerle los huevos despacio. Después subió por el tronco. Abrió la boca y engullo el capullo mientras se lo golpeaba con la punta de la lengua.  Saco la verga de su boca y mirándole a la cara María le dijo:

- Tu también puedes hacer algo.

Rogelio vio como María le libera  su pie izquierdo del pantalón y calzoncillo. Le desabrocha el zapato y le deja su pie solo con su calcetín  ejecutivo color gris.
Agarrándolo por el talón pone el empeine  su entrepierna.

- Quiero que me lo frotes y me des golpecitos.

Rogelio empieza a golpearle el sexo con su pie. María vuelve agarrar aquella verga fofa con sus manos y la engulle de nuevo. A cada golpe del pie de Rogelio las "bolas" chocan entre sí, produciendo esa sensación tan conocida para María. La verga de Rogelio parece entrar en el túnel del tiempo. Dentro de la boca golosa de María y recordando viejos tiempos empieza a endurecerse. María se siente satisfecha de la proeza.

- No pares de golpearme.... mmmmmm.... sigue.......Le dice tras quitarse por un momento la herramienta de la boca.

Rogelio sigue dándole golpecitos. María busca con su pubis los choques violentos del pie con su sexo. Engulle de nuevo la verga y empieza a recorrerla con mas pasión. Unos gemidos que mas bien parecen una insuficiencia respiratoria salen de la boca de Rogelio. María no puede gemir. La verga en su boca se lo impide. Por un momento ella lo mira a la cara. Cada vez esa mas blanco. Sabe que no puede seguir mucho rato así. María se deja llevar por las manos de Rogelio que la tienen agarrada por las sienes y se concentra en tu propio orgasmo.  En pocos segundos María explota casi al unísono que la verga de Rogelio que lanza una pequeña cantidad de esperma.  María escupe en la barriga de Rogelio el liquido semi-espeso y tras limpiarse los labios y mejilla se levanta. El calcetín de Rogelio ha quedado empapado. Ella se coloca el tanga, se pone sus pantalones y tras guardar los nuevos le dice:

- Ya vendré a pagarle a su mujer.

- No María, estos ya están pagados. Le dice Rogelio mientras le enseña varios billetes de diez mil pesetas.

Aquella noche no tardo en irse a la cama. El clítoris lo tenia escocido, "las bolas" seguían en su sitio. Comprobó que su móvil estuviera encendido, tenia batería. Lo coloco bajo la almohada y cerro los ojos.
 

(continuara)

Alatriste

 

Volver al Indice de alatriste