Trio en un probador
Estaba de compras con Sara, habíamos ido a por lencería; nos comprams unos conjuntos maravillosos, y seguimos la ruta por el centro comercial hasta el Zara. Cuando llegamos a la parte de ropa de hombre le di un codazo a Sara señalándole el vendedor. Tan alto, morenote pero rubito, labios carnosos y una mirada tan profunda que parecía verme hasta dentro de la piel.

Sara rió por lo bajini y me acerqué a él disimuladamente intentando rozarle. Vi como me miraba de reojo y caminaba hacia atrás hasta tropezar conmigo como casualmente. Miré a Sara y ella me señaló los probadores. Era pleno Agosto y no había nadie más en la tienda excepto una tía gorda con una camiseta azul, de las que parecen pasarse horas viendo la tele.

No pude evitarlo, aunque sabiendo que era una locura y le rocé el culo. Él se dio la vuelta y me miró a los ojos con una ceja levantada. Le señalé los probadores con la cabeza.

Él miró en derredor y le hizo una señal a su compañero, que se acercó. Me acerqué al chico rubio y le dije:

-Tengo una amiga esperando en el probador.

Él se acercó al oído de su compañero y le susurró algo que provocó en el otro una mueca de sorpresa y una sonrisa cómplice. Le cogí de la mano. Él me la apretó y me lo llevé al probador.

Allí nos esperaba Sara. Tenía cara de sorprendida, supongo que no se esperaba que  lo hubiera conseguido.

Cerramos la puerta tras de nosotros y empecé a quitarle la corbata gris, sobre camisa gris, mientras Sara le quitaba a su vez la americana. Él parecía tranquilo y muy seguro  de si mismo.

Cuando estuvo desnudo de cintura para arriba no pude evitar lamerle los pequeños pezones y él me rodeo para desabrochar los botones de mi chaleco, abotonado en la espalda. Sara se entretenía quitándole el cinturón y levantó la cabeza hasta cruzar su lengua con la mía sobre el pezón del desconocido vendedor de Zara.

Comenzamos a besarnos las dos y el empezó  a desnudar a Sara, en un momento le teníamos desnudo y con la polla bien dura apuntándonos. Sin haberlo decidido nos pusimos las dos a lamerle la polla pero él me separó mientras se sentaba en el pequeño banco del provador, haciendole señas a Sara para que siguiera con la mamada. Me cogió por la cintura y colocó mi coño delante de su cara. Empezó a comerme suavemente, primero los labios externos y luego con sus dedos, abriendo mis pliegues para concentrarse en mi clítoris, que ya estaba creciendo y palpitante.

No se como consiguió que me corriera tan pronto, pero aún con mis jugos en su cara, me cambié de posición para que le tocará el relevo a Sara. Ella se colocó de pie en el banco enfrente de mí y yo me senté sobre él para follarmelo sentada. Empecé a moverme ayudada por las manos de ese misterioso vendedor que  empezó a marcarme el ritmo al compás de los movimientos de Sara, que se deshacía de placer con su lengua dentro de la vagina y mis dedos acariciéndole el clítoris.

Él se corrió con un espasmo fuerte y  yo me aparté para que le tocara el turno a Sara, que consiguió recuperar su erección poniéndose a cuatro patas. Así, mientras él se la tiraba de pie, de espaldas al espejo del probador, yo le comía el coño a mi amiga mientras me hacía una paja frenéticamente. Sara se corrió en mi cara y él se desplomó sobre ella con un gemido sordo al correrse por segunda vez dentro de una de aquellas desconocidas.

Estuvo bien, aunque fue un poco cortante la situación para vestirnos los tres en aquel cubículo y terminamos riéndonos a carcajadas. Él nos dio dos sonoros besos en las mejillas y se despidió con una sonrisa muy feliz.

Ay, es que venden unas cosas en Zara...
 
 

Lince

 

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