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Hacía tiempo que el sodero de mi barrio, un muchacho de 24 años, pelito corto, buenos biceps y hermoso culo, me tenía caliente. Pero todo se limitaba a esperarlo en la puerta, tomar los sifones y saludarlo. Hasta que un lunes...
Recuerdo que eran las 14:30 cuando sonó el timbre y su voz anunció su llegada “sodero”, como era su habitual presentación. Yo terminaba de ducharme y aun no me había vestido, por lo que desde la puerta del pasillo, le dije que no podía atenderlo. “Acabo de bañarme, deja los sifones que el miércoles te los pago”. Pero inesperadamente, insistió “discúlpame, pero quería pedirte un favor...”. Ya no tenía excusa para no abrirle: no podía negarme a su pedido –cuál sería?- ni al de mi deseo, porque para entonces yo estaba ‘al palo’.
Me calcé un slip blanco y me asomé a la puerta de calle. Allí estaba con expresión tímida ...
Pidiéndome pasar al baño “Es que no pude mear en todo el día...”, comentó mientras yo le indicaba por dónde llegar a su destino.
Se tomó su tiempo en mi baño, suficiente para haberme vestido o, al menos, calzado un pantalón, pero me quedé muy cerca esperando su salida.
Cuando abrió la puerta del baño tenía el pantalón desabrochado, con la bragueta abierta y un poco bajo dejando ver su slip celeste, mientras se calzaba la remera sobre el culo. “Uy disculpa...”, dijo con ganas de mentir. Como el juego se aclaraba, agregué “No hay problema, además todos tenemos lo mismo”. “Sí –respondió- por supuesto. Aunque la de algunos son más grandecitas...” Nos miramos y nos reímos con ganas, hasta que le ofrecí un vaso de coca, que aceptó de inmediato.
Fuimos a la cocina, y mientras bebíamos todo quedó muy quieto y silencioso, hasta que él mismo me miró el bulto “eh! Te measte?” “Mearme no...me parece que se mojó...” Y mientras le respondía acercó su silla un poco y me preguntó si estaba solo. “Sí, hasta las ocho de la noche no vuelve nadie”, dije, y pensé que la respuesta era inútil, porque se puso de pie y encaró a la puerta. Pero...
“Antes de irme, me voy a arreglar el pantalón, que me quedó mal puesto. Puedo, no?”. Esa frase era la última ocasión, por lo que decidí: “Si, puedes. Y si prefieres, te lo arreglo yo”.
“Bueno, pero, primero prefiero mojarme un poco. ¡hace tanto calor en el camión!”.
De inmediato se bajó los pantalones hasta la rodilla. Bajo su slip se notaba que tenía lo polla medio parada. Se sacó la sudadera, exponiendo su torso trabajado a fuerza de cargar cajones, y volvió al baño, mientras yo fui a buscarle una toalla. Cuando regresé,¡qué calentura! El tío estaba de vuelta en la cocina, con toda la espalda mojada y el pelo, echado hacia atrás, goteando. Me miró y me preguntó si quería secarlo. Ahí nomás me arrodillé delante suyo y empecé a chuparle el pene mientras él me acariciaba la cabeza, enredando mis cabellos entre sus dedos. Luego me levantó, me hizo sentar y sesubió encima mío. Su lengua recorrió todo mi cuello y se perdió dentro de mis orejas, hasta que me dijo: “no sabes cuántas veces me pajeé contigo... ¡No tienes idea!” . Y fue bajando con su lengua, dejando un camino de saliva a lo largo de mi pecho y mi vientre, hasta que llegó donde quería. Me chupó todo con desesperación, mientras acariciaba mis piernas, yo creíaque estallaba de placer. Entonces se levantó y, abriendo su culo, se sentó sobre mí, empezando a metérsela despacito, sacudiendose y jadeando cada vez más.
Nos separamos. Yo me acosté sobre la mesa, boca abajo. Me lamió el culo, llenando de saliva mi agujero que esperaba, por fin, conocerlo de cerca. A medida que la iba metiendo, fue subiendo sus manos por mi espalda, hasta llegar a mis hombros y presionarme contra él hasta hacerme gritar como nunca antes. Ese tío era un dios. Movía sus caderas con un ritmo desenfrenado; se inclinó sobre mi cuerpo, llevó sus manos a mis tetillas y las apretó contra sus dedos. Después bajó una mano empezó a pajearme.... y sacó su polla del culo.
Me dio vuelta y se sentó en la mesa, frente a mí, muy cerca, con las piernas abiertas. Hice lo mismo... le hice una buena paja.... ambos nos pajeábamos mutuamente, hasta que ambos acabamos interminables chorros sobre el cuerpo del otro.
Jamás olvidaré ese primer día.... ahora, todos los lunes, la historia se repite, siempre distinta.... siempre deseosa.....MUÑECA
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