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Lo primero que hice al llegar a la oficina, fue descolgar el teléfono y marcar aquel numero.
555 55 65. Después de varios tonos de llamada una voz me contesto al otro lado del teléfono.- Centro de Salud, ¿dígame? Sonó la voz de lo que parecía una telefonista. Colgué el auricular y volví a llamar. Supuse que me había equivocado.
- Centro de Salud, ¿dígame? Volvió a repetirse la misma voz
-¿Irene? Interrogue con timidez.
-¿Irene Pueyo?. Un momento que ahora le paso con la doctora.
Una musiquilla electrónica quería amenizar la espera. Pero se hacia interminable y repetitiva. Dudaba si aquella Irene era la Irene que yo buscaba.
- Sí, dígame.- Aquella voz ya me resulto más familiar.
- ¿ Doctora?. Ahora si que me has sorprendido. Le dije tontamente.
- ¿Quién es? Me contesto secamente e interrogándome
- Ayer, Multicines, película de terror. ¿Recuerdas?
-Si que eres impaciente. jejeje.. no has tardado en llamar
- No quiero perder el contacto.
-Te deje la tarjeta y te di a elegir entre una aventura anónima o seguir con algo más.
- Por eso, no he dudado en llamarte, no quería que solo quedase en lo de ayer.
- Allá tu. A mí tampoco me importa ir mas lejos.
-¿Nos veremos pronto? Le pregunte
-Hoy mismo si quieres, esta tarde tengo también turno, porque no te pasas por el ambulatorio. Pide hora a la telefonista.
Volvió a sonar la musiquilla del teléfono. Me quede un poco confuso, pero no tuve tiempo de dudar mucho.
- Centro de salud. ¿Dígame?
- Quería hora para esta tarde con la doctora Pueyo.
- Dígame su nombre por favor.....
Después de un breve interrogatorio de la telefonista y de pedirle la dirección donde estaba situado el Centro de salud, conseguí mi cita.
Esa mañana intente avanzar todo el trabajo posible, quise que el tiempo pasara volando. Tenia cita a las 15 horas. No me daba tiempo de comer. Tras comprobar que el ambulatorio estaba bastante cerca de mi oficina decidí ir andando hasta el lugar.
De nuevo en la calle en pleno mes de agosto con un sol de justicia que hacia que las calles estuvieran solitarias. Los sudores del calor se mezclaban con otros sudores fríos de una situación nueva y excitante para mí. Ayer cuando fui al cine no me esperaba encontrar lo que me encontré, en cambio ahora por mi cabeza se abrían muchas interrogantes. ¿Que hago yo en una consulta? ¿Debe de haber mas gente? ¿No me estaré metiendo en un lío? ¿ No hubiera sido mejor dejar todo en una historia de anónimos?. Dudar, siempre dudar, supongo que dudar permite elegir. Esa debe de ser nuestra ventaja como especie.. Hasta pensamientos seudofilosoficos salían de mis neuronas calientes por el sol y la situación.
Cuando atravesé la puerta de cristal vi a la derecha un mostrador. Reclame por mi cita y tras darme un papel con un numero, me dijeron que esperara ante la puerta numero 8. Tenia el numero 14. Habías varias personas sentadas sobre unas sillas verdes de plástico unidas entre ellas en filas de cuatro asientos. En su mayoría era gente de edad. Me senté en la hilera de filas mas vacía que encontré y tras comprobar que todavía me tocaría esperar un buen rato. Con paciencia empece a entretenerme mirando detalles nimios. Las salas de espera son para eso para esperar.
La puerta se abrió y ante mi sorpresa la enfermera dijo mi nombre. Me levante medio avergonzado y me dirigí hacia la puerta con la sensación que todo el mundo clavaba su mirada sobre mí. Al entrar en la habitación la enfermera abrió otra puerta que había en el interior.
- Pase la doctora le esta esperando. Y dirigiendo su cabeza al interior de la habitación dijo: Irene ya me encargo del resto creo que solo vienen a buscar recetas.
Allí estaba, sentada, me pareció no reconocerla, Con luz blanca del habitáculo su cabello se veía muy negro y liso, le llegaba hasta los hombros. En el cine lo llevaba recogido en una coleta, recordé. Sus ojos eran también negros. Su piel morena destacaba contrastando con la bata blanca que llevaba.
Siéntate. Me dijo
Obedecí nervioso, tenia la sensación de que aquella cita estaba fuera de mi control.
- Dos operaciones menores, sarampión a los 9 años, Fumador, .... vaya y veo que algun problema de hemorroides. Esto de la informática es genial. Desde esta mañana tengo tu historial clínico. Me preocupaba por si habías sufrido alguna enfermedad contagiosa...ya sabes...pero viendo esto parece que estas bien. Ahora lo comprobaremos
- Oye, que yo no he venido a un reconocimiento medico. Le dije queriendo hacer un chiste fácil.
-Tu no te escapas sin que te revise. Dijo con una sonrisa en los labios pero en tono enérgico. Bájate los pantalones y ponte en la camilla.
Seguí sus ordenes me baje los pantalones quedando remangados sobre mis talones y seguí sus evoluciones. Se levanto de la silla y se dirigió a una vitrina de cristal, la abrió y tras abrir una bolsa de papel saco unos guantes estériles de látex. Se los puso lentamente sin dejar de mirarme. Miro varios tubos de medicamentos hasta que eligió uno.
- Túmbate boca abajo. Me dijo de nuevo en tono enérgico.
¿Que vas a hacer? Le pregunte
Túmbate. Insistió
Me puse sobre la sabana que cubría la camilla, me sentía grotesco con los pantalones medio enrollados en los tobillos. Mis pies quedaron colgando y mi cara puesta sobre la pequeña almohada. Note como me retiraba los calzoncillos y los ponía haciendo compañía a mis pantalones. Al arrastra los calzoncillos dejo mi pene entre las piernas. Sentí el tacto frío del látex. Sus manos fueron directas a mi culo. Separo los cachetes y me dijo:
- Vaya, si apenas se marca una vena. ¿Hace tiempo que no te se inflama?
- Años, hace años que no tengo molestias. Le dije medio confundido.
- Veremos internamente.
De reojo vi como ponía crema en sus dedos y después note como lo extendía por mi ano. No tarde en notar como su dedo embadurnaba la entrada del recto. Su dedo no tardo entrar. Lo que me provoco una sensación muy agradable que me empezaba a desconcertar. Movió el dedo hacia el interior y lo paseo por las paredes del esfínter. Me estaba gustando aquella sensación. Mi pene no tardo responder a la excitación y empezó a palpitar entre las piernas mientras su cuerpo cavernoso se llenaba de sangre que lo hacia cada vez más grande.
- Por el tacto, no tienes hemorroides en el interior. ¿Y la próstata?
-¿Eso también me vas a mirar?
No respondió y siguió con la exploración. Su dedo seguía produciéndome un extraño placer. Mi pene presionaba entre las piernas. Me sentía incomodo en esa posición, por lo que levantando el vientre coloque mi pene hacia mi pubis y lo aplaste de nuevo al dejarme caer.
- ¿Que te pasa?. Me preguntó al percatarse de la maniobra.
- Que uno no es de piedra. Conteste.
Ja ja ja... río abiertamente. Por eso te lo he hecho. Date la vuelta.
Accedí inmediatamente liberando a mi pene de la presión de mi vientre. Como un resorte se irguió desafiante. Ella sonriéndome volvió a ponerse mas crema en los dedos y mientras con una mano me aguantaba el pene por el tronco, con la otra extendía la crema por el glande y el frenillo. Por primera vez podía ver sus evoluciones abiertamente. Su bata escotada permitía ver como sus senos redondos se acaban de esconder en un sujetador de color morado. Ante los estímulos visuales y táctiles mi cuerpo estaba reaccionando y parte de mi sangre empezaba a concentrarse en mi verga. Extendió la crema mientras subiendo y bajando el pellejo empezó hacerme una paja suave y tranquila. La crema se fue diluyendo y tras quitarse los guantes y tirarlos a un pequeño cubo plateado. Se volvió hacia a mí.
- Te voy a revisar a fondo. Me dijo con voz sensual.
Me abrió la camisa y empezó a depositar pequeños besos. Me beso el esternón .. Los hombros, la garganta para bajar hasta mis pezones. Mi pene seguía erguido y solitario. Se aparto un poco de la camilla y levantando la bata fue a buscar la cintura elástica de sus bragas a conjunto y se las quito. Las dejo dobladas sobre la mesa del despacho. Yo la seguía con la mirada expectante. Se subió a la camilla y poniendo sus rodillas apoyadas a cada costado mío empezó a restregar su sexo por mi pene. Yo intentaba asirla con las manos, pero ella me las retiraba. Cada vez que su sexo recorría mi pene algo extraño notaba.
- ¿ Que llevas? Le dije mientras intentaba incorporarme y abrirle la bata.
- Un pequeño pendiente, solo me lo pongo para las grandes ocasiones.
Abriendo la bata y tirando el cuerpo hacia atrás me enseñaba su sexo. Con las manos abría los labios y me permitía ver aquel pendiente que colgaba de su clítoris.
- Es una bola verde. Me estimula mucho.
- No me extraña Le dije con cierto entusiasmo.
Ahora mirándome agarro mi verga y la paso varias veces por su pendiente. Yo estaba como una moto allí tumbado, pensando que en cualquier momento podría entrar la enfermera o algun paciente malhumorado. Abrió los botones superiores de la bata. Dejando que saliera su sujetador que casi no podía contener sus senos.
Dejo de frotar mi pene por su sexo y abriendo bien las piernas puso el glande en la entrada de su vagina. Aquel calor y aquella sensación húmeda empezó a envolver mi verga. Apoyo sus brazos al lado de mis hombros y moviendo la cadera y el pubis fue engullendo todo el tronco. Yo ante la proximidad de sus senos intentaba besarlos por encima del sujetador. Ante mi insistencia no dudo a liberar sus pechos del sujetador y ofrecérmelos. No tarde en pasar mi lengua por sus pezones. Ella inicia un movimiento ascendente descendente dejando que mi pene entrara y casi saliera del todo de su vagina. Se recostó lo suficiente sobre mi para que notara su pendiente como recorría mi vientre. La agarre por sus cachetes y le ayude en el movimiento. Mi lengua dejo paso a mis dientes y empece a morderle los pezones. Ella respondió con gemidos que me animaron en la intensidad de mis pellizcos. Sus senos bailaban por mi cara. Con su mano ahogo mis pequeños gemidos.. Su cuerpo se arqueaba sobre mí. Mi cuello me dolía al intentar alcanzar sus pechos. Acabo por desabrochar la bata y dejo que cayera al suelo. Aumento el ritmo de la cabalgada. Empezó con contracciones en su vagina. Mis piernas temblaban. Sus espasmos aumentaron de intensidad..
- Córrete dentro córrete dentro...me animaba casi en el oído.
No tarde en hacerlo en el mismo momento que clavando sus uñas en mis hombros se revolvía de placer.
- aaaahhhhh un gemido casi sordo. Quedo quieta intentando retener aquel momento para acabar desplomándose sobre mi cuerpo. Le pase los brazos por su espalda abrazándola. Con pequeños besos nos correspondimos durante un rato. Se acabo de levantar y coloco primero sus pechos de nuevo dentro del sujetador se dio la vuelta y recogió la bata del suelo.
- ¿Que quiere decir ese símbolo? Le dije al ver aquel tatuaje en su cachete derecho.
- Es una letra China. Me tatúe antes de ponerme el pendiente. Dijo en un tono desenfadado mientras se ponía la bata.
Me levante y subiéndome los pantalones empece a vestirme. Abroche la camisa. Ella se sentó en la mesa como si aquí no hubiera pasado nada y cogiendo el teléfono llamo a la enfermera.
Yo estaba abrochando el ultimo botón de mi camisa cuando entro la enfermera.
- Ya puedes hacer pasar al siguiente. Le dijo sonriendo mientras guardaba sus braguitas en un cajón de la mesa. La enfermera sonrío. Irene me miro. Yo solo pude tragar saliva.
- Bueno espero noticias tuyas. Ahora te toca a ti buscar otro sitio.
Alatriste
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