Mi amigo es un ligon 
Todos deberíamos ser mas generosos. Al compartir nuestros conocimientos resultamos beneficiados.

Este relato se lo dedico a una mujer maravillosa que me hizo despertar al mundo del placer. También a su marido, pues algo tuvo que ver y a todas las mujeres que mantienen y administran el saber en las cuestiones relacionadas con el placer.

Esto me sucedió hace algunos veranos. Tras el agotador curso decidí trabajar en la costa durante el verano. Me habían contado que además de trabajar se podía ligar mucho, y quise probarlo.

Tras unos días  llego mi primera oportunidad. Junto a compañero bastante mayor que yo, conocimos a sendas turistas en un pub. Después de varios tocamientos y besos nos dijeron que aquella noche no podía ser y que quedásemos para el día siguiente. Aceptamos pues teníamos fiesta.

Por fin me iba a entrenar en esto del ligue rápido, me dije.

A las 6 de la tarde, esperaba pacientemente en la esquina donde mi compañero me había indicado. Tras esperar mas de media hora, ya estaba muy impaciente y miraba hacia todas las direcciones, por ver si aparecía.

En un balcón descubrí su toalla de baño y deduje el piso. Sin pensarlo dos veces, subí y toque el timbre, con ganas de decirle que me iba a estropear mi primer ligue.
La puerta se abrió… y que sorpresa!! Una mujer de unos treinta y tantos años, me pregunta,

- ¿Qué querías ?

Alterado como estaba y tras lo inesperado de la situación, solo articule a decir:

- Jesús… está Jesús?.

- No. Ha tenido que salir. Yo soy su mujer. ¿Para qué lo querías?”, responde ella.

Mi cerebro empezó a buscar una excusa desesperadamente. Al fin, digo:

- Ayer perdí mi cartera… y como nos cambiamos de ropa juntos al final del turno…había pensado que quizás le había caído en su bolsa.

- No me ha comentado nada… aunque con lo despistado que es, no me extraña.... Espera un momento que voy a mirar, y se va hacia dentro.

Vuelve y me dice que no ha visto nada. Yo para dar mas veracidad, le digo que si ha mirado bien y que me resulta muy importante encontrarla.

- Pasa y lo miramos los dos, me dice.

Ella avanza por el pasillo delante de mi, y por primera vez me fijo en su cuerpo. Lo tiene con formas redondeadas y bien proporcionado. Seguro que diez años antes hacia volver la mirada, y aún ahora estaba muy bien.

Llegamos al lavadero y ella se pone en cuclillas junto a una bolsa de deporte llena de ropa. La bata que lleva, que es abierta de arriba abajo con una larga hilera de botones, se le entreabre y deja ver parte de sus piernas; por uno de los huecos también se ve un poco de sus bragas. Levanta la cabeza, y me dice
 
- Ves… aquí no hay nada.

Yo la miro, pero mi ojos se dirigen a su escote. Por la postura en que esta, le veo prácticamente todas las tetas y un calambre me sacude el cuerpo.

Ella se ha dado cuenta y no hace ningún gesto para taparse. Con mucha naturalidad, se levanta, se pone muy cerca de mi y dice:

 - lo siento, pero aquí no hay nada.

Mientras volvemos por el pasillo, vamos hablando y me hace preguntas sobre el trabajo. También me dice que su marido ha tenido que salir a hacer un encargo y que no volverá hasta la hora de cenar. (Ya se me ha estropeado el plan, pienso). Al pasar por el comedor, me dice:

- Ahora me iba a tomar un café con hielo, ¿quieres uno?

- Si, gracias, respondo.

Me siento y la oigo trastear en la cocina. Aparece con dos vasos y se sienta en una mecedora que hay junto al balcón. Tiene unas rodillas redondeadas y las pantorrillas muy bien contorneadas. Su expresión es muy relajada y agradable. Me pregunta diversas sobre mi y mis estudios, y poco a poco la conversación se centra en el trabajo de verano. De vez en cuando mi mirada se dirige hacia sus piernas, que al estar algo entreabiertas me permiten ver parte de sus muslos. Intercalada con otras preguntas, me lanza.

- ¿ Y ligas mucho con las turistas?; yo no se que responder y salgo con la evasiva

- Hago lo que puedo

- Pues siendo tan guapo no debes tener ningún problema.

Me siento adulado y sin pensarlo le digo

- Tu también eres muy guapa. Ella se ríe.

- Lo era hace unos años…, ahora ya no.

- Pues a mi me resultas muy atractiva:, me atrevo a decir, y ella vuelve a sonreír.

- y mi marido, ¿qué?, ¿liga mucho?.

 Esto si que no lo esperaba.

- No se, solo llevo una semana trabajando en el restaurante… y además me parece muy buena persona.

Ella sonrió maliciosamente,

- Ya veo que eres muy discreto, continua.

Separa las piernas y hace ademan de querer levantarse,

- ¿Quieres otro café?, pregunta.

Yo no respondo, ya que no la he oído. Mis sentidos están concentrados en mirar aquella abertura maravillosa, que me permite ver sus piernas y al final sus bragas. Algo se revuelve en mi pantalón.

- Ya veo que aunque jovencito, eres algo viciosillo… y te gusta mirarme las bragas, dice ella.

Instintivamente, me llevo las manos al pantalón para taparme el bulto que ha ido creciendo, y un intenso calor me sube hasta la cara.

- No te preocupes… es normal y además a mi no me molesta, dice mientras se desabrocha los botones hasta la cintura. Si realmente eres como me imagino, te puedo enseñar muchas cosas, continua diciendo.

Supongo que de mis ojos saltaban chispas, mientras que ella se levanto y vino hacia mi. Se termino de desabrochar lo botones y como si del telón de un teatro se tratase, lo separó y me puso delante de mi, aquel cuerpo tan espléndido.

- Anda, ven y tócame un poco, dijo.

Me cogió la mano y se la puso sobre su pecho. ¡que sensación tan placentera”, todo me parecía como fruto de mi imaginación. Se agacho, y me desabrocho los pantalones, tirando a continuación de ellos. Mi polla apareció entonces dura y empinada como nunca antes la había tenido. Con suavidad y delicadeza, me la cogió y froto lentamente. Tras unos segundos, no pude aguantar mas, y me corrí abundantemente.

- ¡Uy, que lastima!, dijo mientras quiso con naturalidad limpiarse la mano.

Además de que mis piernas flaqueaban por el intenso orgasmo que había tenido, sentí derrumbarse mi orgullo de macho.

- No te preocupes… ven…ya veras como lo arreglamos, me decía mientras me condujo hacia la habitación.

Se desnudó completamente. Nos tumbamos en la cama y empezó a acariciarme el pecho, desplazando su mano poco a poco hacia mi vientre y luego hacia la polla, que aunque la tenia grande, había perdido su dureza.

Con maestría, empezó a sobarla y poco a poco se fue poniendo dura… dura… dura.

-¡ que grande la tienes!, dijo entre dientes.

Esto me terminó de animar y recobré parte del orgullo perdido. Ahora si que me sentía como un jabato. Envalentonado, me puse encima de ella con animo de penetrarla lo antes posible. Torpemente, dirigía con la mano la polla que no lograba encontrar el sitio deseado. Ella, abrió mas las piernas y me ayudo con su mano a encontrar el camino correcto. Que calorcito tan placentero y que agradable opresión alrededor de la polla sentía. Quise empujar, meter y sacar, y volver a meter pero…. nuevamente me corrí sin control. Esto si que me tiró por tierra. Por una parte tenia el cuerpo descompuesto del orgasmo que había tenido y por otra me sentía como un niño. Agradecí mucho que no hiciera ningún comentario. Aparentemente, sin importarle demasiado, ella comenzó a acariciarse el chocho, mientras que la otra mano se la paseaba por sus tetas. Me cogió una mano y se la acerco al chocho. Lo tenia caliente y húmedo. Me acompañó la mano mientras la acariciaba, mostrándome como hacerlo… primero muy levemente y luego haciendo mas presión… hacia delante y hacia atrás. Mi mano era como si fuese suya.

Mi polla parecía recobrar fuerzas, y aunque no muy dura se mantenía tiesa. Se sentó encima mío y me la metió dentro de aquel chocho tan ardiente que tenia. Mientras que ella subía y bajaba, emitiendo gemidos de gusto, yo trataba de concentrarme para no dejarla otra vez a medias. Una de las veces bajó con fuerza y mi polla pareció clavarse dentro de ella, gritó y se dejo caer sobre mi pecho. Note como su cuerpo sufría contracciones mientras que ella parecía relamerse de gusto. Había aprendido que yo no sabia nada de nada y pense lo maravilloso que sería que ella me enseñara un poco de los secretos que atesoraba.

Tras unos minutos largos y placidos, y como adivinando mis pensamientos me dijo:

- ¡Qué bonito es empezar!…pero tienes que aprender mucho, no basta con ser guapo y tener una hermosa polla, hay que saber dar placer.

Aquel verano, continué siendo estudiante, pero de algo mucho mas importante que lo que se estudia en la universidad.

Continuara…
 

Deverano

 

Volver al indice de DEVERANO