|
|
VI
A la mañana siguiente, cuando desperté él ya se había ido. Me senté sobre la cama, no me pasaba nada por la cabeza; ni un solo pensamiento. Honestamente yo misma me cuestionaba como era posible que no sintiera ni culpa, ni remordimiento, ¡había dormido con mi padre! Y me negaba a mi misma esa afirmación: “no era mi padre, anoche era un hombre”. Eleve la mirada y sobre una silla, en un rincón, estaban mi camisón, la bata y mis pantuflas. Me vestí y mire a mi alrededor, su ropa y mi vestido estaban regados por el piso. Me voltee a ver la cama, completamente revuelta, las sabanas esparcidas por el piso; me acerque y tome su almohada para consumir su aroma, su perfume, entonces una pequeña rosa cayó al piso, una rosa amarilla.
Pensé en darme una ducha, me dirigí al baño, pero en el camino recordé que había caído la taza sobre la alfombra del despacho, donde también estaban mis medias y zapatos.
-Tendré que asear todo- Pensé.
Camino a la cocina encontré todo revuelto, tazas, platos, cucharas, la mermelada. Había restos de pan y manchas de café sobre el mantel. Busque una taza limpia, el café aun estaba caliente. Sentada en la cocina, la luz del sol entraba por las grandes ventanas y comencé a recordar mi ventana en España, tan pequeña. Cuando acabe con mi café, encendí un cigarrillo, prendí la radio y me quede parada delante de la ventana mirando pasar los coches, la gente. Era día hábil, todas esas personas irían al trabajo, al colegio; y recordé mis clases de piano, la escuela, me perdería el concierto del profesor.
Cuando mi cigarrillo acabo de consumirse. Comencé la lavar las tazas, los platos, saque el mantel y lo puse en el cesto de la ropa sucia. La cocina había quedado completamente limpia, ahora subiría al despacho. Tome la aspiradora, unos trapos, el limpiador, y subí. Levanté mis medias y los zapatos los deje sobre el escritorio. Luego la taza, limpie la mancha en la alfombra, pase la aspiradora y luego tome los trapos y el limpiador para asear la cómoda.
Entonces observe los retratos, y me largue a llorar. Pero no lloraba por haber pasado la noche con mi padre, ni por lo que aquello significaba; sino porque comprendí que nada seria lo mismo, ya no podría ver a mi padre como padre, ahora era un hombre y era mi hombre.
La recamara quedo como nueva, las sabanas, manchadas por la noche, pasaron junto al mantel a la lavadora. Cuando acabe con todo busque ropa limpia en mi habitación y me fui a duchar.
El agua tibia que caía por todo mi cuerpo, me recordaron sus manos. Al salir de la ducha, el reloj del hall dio las dos de la tarde; entre tanta limpieza se me había ido toda la mañana. No tenia hambre así que me recosté en el sillón del living y me quede dormida.
Como a las cinco de la tarde sonó el teléfono y me despertó de mi sueño.-Hola- Pero del otro lado no respondía.
-¿Quién es?- Y nada, finalmente harta de esperar colgué.
Me incorpore y el teléfono volvió a sonar. Con algo de fastidio tome el tubo:
-Hola-
-¿No pensas regresar a la casa?- Era mi madre.
-¿Qué pasa?-
-¿Cómo que pasa? ¿No fuiste al colegio? ¿Pensas pasar la noche ahí, otra vez? Regresa a casa ¿me haces el favor?-
-Si- Y colgué.
Entonces me di cuenta de algo de lo que no me había percatado; aquello se esfumaba bajo mis narices, no podía quedarme, no podía pasarme los días allí, esperando que él volviese de su trabajo, o prepararle la cena, pasar la noche platicando, o volver a dormir otra vez en su cama. No estaba dispuesta a permitir que todo se esfumara en una sola noche.
Me vestí, llame un taxi y llegue a casa. Antes de dejar el departamento le deje una nota sobre la mesa del living:“Me llamo Alejandra, y no me quedo de otra que regresar a la casa, luego te llamo. Te extrañé todo el día. Te quiero. Ornella.-”
Cuando llegué a la casa, mi madre no estaba y Mario no había ido a trabajar.
-¿Y mamá?- Le pregunté.
-No sé, creo que la llamaron de la empresa por una emergencia... nos dejo solitos-
-¿Solitos?- Pensé. Si el pobre idiota tenia alguna idea en la cabeza ya podía empezar a olvidarla.
-Ah... entonces me voy a mi habitación- No me respondió y sentí su mirada mientras atravesaba la habitación.
Una vez en mi recamara, cerrada con llave, recurrí a mi armario a checar si las píldoras aun no habían vencido. No lo habían hecho. Inmediatamente tome una, pensando y deseando que aquella noche se volvería a repetir.
Me cambie la ropa y me puse el pijama. Me senté frente a mi escritorio y comencé a repasar mis carpetas para el colegio y las partituras para el conservatorio. En eso llaman a la puerta, con una partitura en la mano, los anteojos puestos y descalza me levante para abrir la puerta. Absorta en mi lectura la abrí. Era Mario:
-La comida ya esta lista- Levante la vista.
-Ok, ya voy- Me calcé, me quite las gafas, me puse la bata y salí al comedor. La cena transcurrió callada, sin otro sonido que el del televisor.
Mientras tomábamos café le dije:
-Que raro que mamá no halla vuelto ¿no?-
-Hace rato llamo y dijo que regresaría en la noche, porque no se que cosa de uno de los estudios que están haciendo.- Me respondió.
-Ok- Le dije, me pare lo salude y me fui a dormir.
Inconscientemente había dejado la puerta sin llave.
Estaba durmiendo placidamente, cuando una sensación fría me despertó. Mario se había metido bajo las sabanas y me lamía las piernas. De un salto me salí de la cama:-¡¿Que crees que haces?!- Le grite. Se incorporo y me miró lascivamente.
-Caricias...- Me respondió muy tranquilo y seguro de si mismo.
-¡Andate!- Le dije, parándome a un lado de la puerta abierta.
No me respondió y se acerco lentamente a la puerta, traía su ropa de dormir y un bulto en su entrepierne se le había formado. Pasó a mi lado y cuando pensé que salía, le dije:
-Sos un cerdo- Eso lo activo, se giro hacia mi y me tomó fuertemente de un brazo, tumbándome al piso.
Me incorpore rápidamente y me abalance sobre la puerta, él me tomó de la cintura y forcejeó conmigo. Mis manos se aferraban al picaporte y los tirones me lastimaron los dedos. Me volteo hacia él y me abrazo fuertemente contra si, yo luchaba con salirme y lo golpee en el pecho. Entonces me tomó del cabello y me jaló hacia atrás.
-Quédate quietita...- Me dijo y metió su lengua en mi boca, moviéndola en su interior.
Me separe de él y le di un fuerte empujón; en cuanto iba a cruzarle la cara de una bofetada, me tomó del brazo y me lo torció hacia atrás, atrayéndome nuevamente a su cuerpo.
Me tumbo nuevamente al piso con violencia y el cayó sobre mi. Mientras me sujetaba las muñecas con sus manos, sus piernas presionaban las mías, impidiéndome moverme. Su boca llenó de saliva mi cuello, mis orejas y sus besos asquerosos violaban mi boca sin piedad. Bajó por mi escote hasta mis pechos, a medida que se acomodaba sobre mis piernas para que no me saliese; en eso me suelta las muñecas rápidamente y me arranca todos los botones de un manotazo, fue la oportunidad que en un intento de mi parte le gire la cara de un golpe.
Volvió a tomarme de las muñecas y me presionaba aun más. Llego a mis pechos y comenzó a sobarlos con violencia, me mordía los pezones y los llenaba de saliva. Los lamía con la lengua haciendo movimientos circulares, mientras mi miraba y se sonreía.
Mi cuerpo bajo el suyo, se retorcía intentando escapar, pero su peso y sus movimientos me lo impedían. Estuvo un buen rato con mis pechos, hasta que comprendí que si no colaboraba con él acabaría violándome brutalmente. Entonces pensé en lo que había ocurrido durante la Navidad, cuando al despedirse me dio una palmada en el trasero.
Cuando acabo con mis pechos subió con su lengua hasta mi cuello, entonces me le acerque al oído y le susurre:
-Ahora más abajo...- Me miró y se sonrió.
Me soltó las muñecas y comenzó a bajar hasta mi vientre. Cuando llego a mi entrepierna me quito los pantalones del pijama; y excavó con su boca hasta llegar a mi vagina.
Allí me lamió, tanto o más como lo había hecho con mis pechos. Yo reaccionaba a sus lamidas y me retorcía sobre el piso.
-Vení a la cama- Me dijo poniéndose de pie. Yo lo obedecí. Me recosté en la cama con las piernas separadas. Y me dijo:
-Ahora vas a ver...- Se arrodillo frente a mi y sin quitarse los pantalones, metió la mano y saco su pene completamente erecto.
Se inclinó sobre mi y me penetro de una sola embestida. No me causo una sensación de placer, pero hizo que me mojara. Seguía embistiéndome cada vez más rápido y cada vez que lo hacia su cara se regocijaba y cerraba los ojos.
Mi mente estaba en otro lado, pensando en cosas triviales. En eso sus sonidos, sus gemidos, se hicieron sordos para mi. En su agitada excitación no pudo oír lo que yo.
Mi habitación, es la primera al subir las escaleras, y al ser estas de madera, es fácil oír cuando alguien sube. Entonces me percate de los tacones de mi madre subiendo y comencé a forcejear con él:
-¡No! ¡No! ¡Déjame! ¡No!- Le grite.
Pero a él no le importo y siguió penetrándome. Mi madre estaba parada en la puerta observando aquello, note su presencia y forcejee aun más.
Cuando logre golpearle la espalda, él se arqueo hacia atrás y lanzo un gran gemido, lanzando todo su semen en mi interior hasta desbordarme. Entonces lleve las manos a mi cara y fingí lanzar un sollozo. Él salió de mi interior y se recostó contra la pared, al mismo tiempo que yo, que acurrucaba dándole a espalda a mi madre.
Entonces la vio. Se levanto como rayo de la cama y mi madre se fue camino a su habitación, él se fue tras ella. Del pasillo podía oír como mi madre le gritaba:
-¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta!-
-¡Ella se dejó! ¡Es una perra! ¡Se dej...- Y entonces pude escuchar como una bofetada le dio vuelta la cara sin dejarlo terminar de hablar.
Me paré y me encerré con llave. Me daba asco pensar en lo que lo había dejado hacer, pero inmediatamente pensé en lo que haría a continuación.
Mi madre golpeaba la puerta ordenándome que la abra y yo no la obedecía. Le gritaba que llamaría a mi padre, que le diría lo que Mario me había hecho, y seguí fingiendo mi llanto. Ella me dijo que no lo hiciera, y por supuesto no pensaba hacerlo, si mi padre se enteraba, su reacción iba a causar una desgracia.
Entonces mi madre se encerró en su habitación con Mario, y aunque se podían distinguir los gritos, no podía saber lo que estaban diciendo.
Mis planes eran sencillos, sobornaría a mi madre con contarle a mi papá si ella no accedía a dejarme ir a vivir con él y que levantaría una denuncia por violación a una menor.
A la mañana siguiente le comunique mi decisión, Mario no estaba y estalló en la furia. Discutimos hasta que finalmente accedió a dejarme ir.Debo aclarar, que a pesar de que su marido había “violado” a su hija, no era eso lo que le preocupaba. Lo que la traía mal era que el hecho se supiese, y se armara un escándalo. Y también debo decir, que aquello no acabo con su relación, era como si hubiese perdonado una infidelidad cualquiera.
Ana
![]()
Volver al indice de ANA