|
|
VII
Antes de que termine la tarde lo llamé a la Embajada. La sangre se me alteraba al ver que la telefonista tardaba en comunicarme con él. Aunque nadie más le daría la nueva buena, en mi alegría quería contárselo inmediatamente. Entonces respondió del otro lado, con esa voz tan dulce y masculina:
-Hola princesa... ¿Cómo estas?- Dude mucho al responderle no sabia como llamarlo ahora.
-Hola... ¿Cómo es que te tengo que decir ahora?- Le pregunte.
-Como tu quieras... pero a mi me sigue gustando que me digas papi- Era claro que ese “papi” tenia otro significado.
-Papito, tengo una noticia muy buena para ti-
-Dime, princesa-
-Alejandra me ha permitido ir a vivir con vos-
-¿En serio? Estupendo, ahora serás mía las 24 hs.- Ya no me hablaba como mi padre, ese vínculo había desaparecido por completo, ahora se refería a mi como una mujer, como su mujer.
-Quiero irme lo más pronto posible- Le dije.
-Ok, prepara tus cosas, en cuanto salga de la Embajada pasó por ti-
-Ok, te espero. Bye papito-
-Bye, amor- Esto ultimo lo dijo muy bajito.
Había enamorado a mi padre, lo había seducido, ahora solo quedaba en nuestro camino Magda.
La sangre me brotaba por las venas como torrentes de catarata. Habré hecho unas cuatro valijas, dos bolsos, los libros y demás cosas las buscaría más tarde. Estaba desesperada por irme con él, por hacerle el amor, porque fuese mío otra vez.
Estaba dejando las valijas en la entrada, cuando llego Mario, llevaba gafas oscuras. Entró y me lanzó una mirada, una mezcla de odio y deseo.
-¿Qué haces?-
-Que te importa- Me tomó de un brazo y me estampo contra la pared.
-Escúchame putita... de voy a volver a coger y esta vez te voy a matar... perra-
-¡Déjame imbecil! ¿Qué crees? ¿Qué lo que me hiciste me gusto? ¡No sabes darle placer a una mujer, idiota!-
Me presiono aun más contra la pared, mientras metía su mano debajo de mi falda. Se la aparte violentamente. Entonces me aprisiono contra la pared con su cuerpo, y se inclino hacia abajo, para poder chocar su sexo el mío. Comenzó a moverse en forma circular y me dijo:
-Te voy a reventar, perra- En eso ser oyen las bocinas del auto de papi.
-¿Qué te parece?- Le dije. –Me vinieron a buscar...- lo empuje violentamente hacia atrás, me agache a recoger una valija -...yo diría que te vas a quedar con las ganas-
Me lanzó una sonrisa irónica y se metió a su habitación.
Aquel día llevaba una pollera floreada corta, de esas que se ajustan al cuerpo, una camisa con tirantes muy finos y zapatos bajos.Mi padre me ayudaba a bajar las valijas del ascensor, mientras él las sacaba yo las acomodaba con dificultad en el interior del depa. Intencionalmente me inclinaba disimulando apoyar la valija en el suelo, y obviamente se veía buena parte de la mercadería. Lo hacia lo más provocativamente posible, y siempre apuntando hacia él.
Una vez que metimos todas las valijas, él estaba agitado por el trabajo, y yo también. Así, dejamos las valijas en la puerta de entrada y nos arrojamos al sillón del hall. Él me rodeo con sus brazos y me atrajo hacia su pecho. Podía oír la respiración agitada, sentirla; su perfume y sus manos.
Estuvimos así unos minutos hasta que recuperamos la respiración. Mientras preparaba unas gaseosas en la cocina, pensaba donde pondría mis cosas, en su habitación o me dejaría en la mía.
Cuando salí de la cocina, llevando los vasos en la mano, no lo encontré en el sillón, entonces lo comencé a buscar por el depa. Chequé mi habitación, pero no estaba; fui a la suya, pero solo estaban mis maletas:
-Me dejará dormir con él- Pensé. Entonces subí las escaleras, el despacho: vació, la biblioteca: vacía; camine hacia la sala, y ahí estaba. Parado junto al piano, se volteo sobre si cuando me oyó entrar. Me miró, pero no dijo nada. Supuse que querría que tocara el piano, así que me senté y comencé a tocar. Mi talento había mejorado, en el conservatorio mis profesores me tenían entre los mejores alumnos. Las melodías de aquel maravilloso instrumento se desprendían sucesivamente.
Entonces, mientras sonaba algo de Lizt, sentí sus manos rodeando mi pecho y ya no pude ni moverme, mis dedos se desvanecieron entre las teclas y mis ojos se nublaron por completo. Definitivamente esto era algo más que un simple polvo; nadie, nunca, me había hecho sentir de esa manera; con el solo roce de su piel contra la mía, me provocaba la sensación de desvanecimiento más agradable.
Acerco su boca a mi cuello, me lo beso muy tiernamente dejándome sentir cada pliegue de sus labios; recorrió mi cuello, mi cara, mientras yo estaba de espaldas. Sin dejar de jugar con su boca en mi cuello, bajo con sus manos por mis pechos, tomándolos muy despacito y volviéndolos a soltar. Delicadamente pasó sus manos por mi talle, hasta el comienzo de mis piernas. Continuó con sus caricias, hasta llegar a mis tobillos y volvió a subir, pero esta vez por la parte interior de mis piernas. Las recorría con los dedos, haciéndome dar pequeños saltitos cuando sus dedos me hacían cosquillas. Subió y subió, hasta que llego a mi entrepierna y me acarició muy lentamente por sobre las bragas. En cuanto me tonó húmeda, lanzó un pequeño suspiro. Me giró sobre la banqueta, dejándome frente a él, me tomó de la cintura, atrayéndome hacia él, que estaba arrodillado sobre la alfombra.
Lentamente me fue colocando sobre él, de tal forma que quede con las rodillas tocando el suelo, sentada sobre su miembro. Lo sentía desesperado debajo de su pantalón, y me estremecí de solo pensar en que me penetraba. Me moví sobre él en forma de 8, mientras con sus manos me masajeaba los pechos y los besaba; entonces subió por completo mi pollera y me recostó sobre el piso. Yo boca arriba y él recostado de lado; me besaba apasionadamente, yo solo respondía por reflejo a sus besos, no me podía mover, apenas podía responder, porque la sensación de éxtasis que me invadía me tenia flotando fuera de mi cuerpo. Mientras me dejaba sin respiración con sus besos, su mano se introdujo por mis bragas, y sentí el roce de sus dedos sobre mi sexo; eso aumentó mi excitación.
Me masajeo hasta que se dio cuenta de que ya estaba completamente mojada, entonces se bajo los pantalones y saco su pene; rozándolo contra mi sexo, con su extremo en la entrada de mi vagina, pero no me penetraba. Cuando lo rodee con mis brazos para atraerlo contra mi opuso resistencia, me miró y me dijo:
-¿Quieres que te haga el amor?-
-si...- Le respondí como rogándole.
-Entonces pídemelo princesa, pídemelo; que no me puedo resistir a lo que tu me pides.-
-Házmelo, papi, hazme el amor, házmelo...- Le rogué. Entonces él se sonrió y me comenzó a penetrar muy suavemente, despacio, hasta que sentí su miembro por entero en mi.
Comenzó con movimientos rítmicos muy suaves, el cuerpo se me estremecía, cada vez que entraba. Pronto sus movimientos se fueron acelerando, más rápido. Por momentos se detenía y comenzaba nuevamente lentamente y volvía a acelerar. En mi desesperación porque acelerara aun más, me aferré a su cuello y le clave las uñas; él ni se inmuto. Comprendió a la perfección lo que quería y acelero automáticamente. Yo tenia las rodillas elevadas y las piernas tensadas, con su boca me besaba en los labios y yo reaccionaba mordiéndola. Finalmente llegue al clímax. Entonces se detuvo, él todavía seguía jadeando, estaba a punto de llegar también. Me miró y me dijo:
-Princesa... ¿quieres por atrás?-
-Nunca me lo hicieron por atrás- Le respondí.
Se sonrió y sin decir palabra, saco su sexo del mío. Me volteo y tomó mis piernas para doblarlas. Me dijo:
-Estate quieta, princesa-
A continuación tomó mi sexo con su mano y comenzó a rozarlo. Lleno su mano de mis líquidos y con la otra mano separo mis nalgas. Me untó con mis líquidos, mientras yo me movía compasadamente. Entonces tomó su miembro con las manos y me dijo:
-A ver, princesa...-
Intento introducir su extremo, pero no cedía. Introdujo uno de sus dedos por mi trasero, me sentí completamente a su merced, y aunque me causo molestia no intente detenerlo. Sacaba y metía su dedo, a gran velocidad, hasta que lo sentí lindo, entonces intento otra vez con su extremo, esta vez logro introducirlo. Lance un gemido de dolor, realmente estaba lastimándome. Se inclino sobre mi y me dijo:
-¿Te duele?-
-Si... pero sigue...- Le contesté.
Volvió a reincorporarse y extrajo su extremo de mi interior, me voltee para ver que sucedía.
-Mejor lo intentamos otro día- Me dijo. Me quede inmóvil por unos momentos.
-¿Por qué?- Le pregunte.
-No quiero lastimarte- Me di cuenta de que estaba negándole algo que él quería.
Me reincorporé hacia él, y quedamos de rodillas, frente a frente. Me abrazo fuertemente contra si y me besó. Sentía su sexo aun erecto y con mi boca comencé a bajar por su cuerpo. Entonces se paró y me tomó de la mano. Se sentó en el sillón, el mismo que había sido oyente mudo de mis pequeños conciertos. Me senté sobre él y lo tome del pelo. Mi boca jugaba con la suya, mientras mis manos aprisionaban su cabeza. Comencé a bajar hasta su cuello, sus hombros, su pecho; mi lengua se encontraba con sus vellos. Seguí bajando, jugando por momentos con su piel. Lo mordí.
El separo las piernas, y quede con mi boca frente a su sexo. Lo tome con mis manos y lo introduje en mi boca. Nunca se lo había hecho a nadie.
Al parecer mis movimientos eran torpes. En un momento dado, me tomó la cara en sus manos y me dijo:
-Déjame que yo te guíe...-
Sin haber sacado su pene de mi boca, me tomó suavemente de la sien y comenzó a moverme hacia a delante y luego hacia atrás. Comprendí inmediatamente y al poco rato ya me había soltado.
Mi boca se deslizaba en su sexo con facilidad y luego de intentar unos jueguitos con mi lengua, sentí la leve vibración de su sexo. Inmediatamente después, una sensación me invadió completa, cuando soltó un leve quejido y un liquido espeso y caliente se derramo en mi lengua. Intentó retirarlo de mi boca, pero yo lo retuve. Sentía que debía darle algo a cambió por no haberme podido penetrar por atrás.
Entonces las descargas se hicieron más grandes y largas, por momentos se derramaba por la comisura de mis labios. Y comencé a tragarlo, un gusto extraño, pero que me pareció delicioso. Se inclinó sobre sí hacia atrás y luego de sostenerse así unos instantes, se desplomó sobre el sillón.
Me tomó de la mano e hizo que me sentara sobre él de lado. Lo rodee con mis brazos por el cuello y apoye mi cabeza sobre su pecho; mientras el rodeaba con los suyos mi talle.
Ana
![]()
Volver al indice de ANA