El amigo de Luna
Hoy voy a verte... La emoción de ver tu rostro y de saber que voy a sentir tus manos se apodera rápidamente de mí. Mientras estaba en el avión... rumbo a tus brazos, no podía dejar de desearte y mis bragas ya están empapadas por ti. Temo a la decepción que supondría para mí que no estuvieras. Me lo has prometido y confío en ti plenamente. Siempre lo he hecho. Mi amigo... mi hermano... mi padre en muchas ocasiones... y mi amante ahora.

Cojo mi mochila de la zona de embarque y me dirijo a la salida del aeropuerto para tomar un taxi que me lleve al Hotel San Marcos, en el centro de la ciudad. En el taxi me siento nerviosa, quizás no debería dar este paso, quizás después de que haya pasado todo esto mi relación contigo cambie... y no quiero. Mi amor por ti está mas allá de todo esto, del sexo, de la necesidad, de todo. Eres una imagen sonriendo en unas fotos, una voz apasionada en un teléfono...  y ahora vas a ser real en nada de tiempo.

He llegado al hotel y subo derecha a mi habitación. Dejo la mochila en una esquina sin preocuparme de ella y te llamo.

- Soy yo Luna, ya he llegado. Estoy en el hotel, habitación 303.

- Acabo esto y voy para allá... y oye... te quiero.

La espera se hace interminable. Me miro al espejo 20 veces, me tumbo en la cama, me levanto y me asomo a la terraza. No puedo estar quieta. Decido ducharme y me quito esta ropa. El agua me reconforta, sentir la lluvia de gotas sobre mi cabeza me relaja y siento como el agua resbala por mi cuerpo mientras lo acaricio con mis manos. Deseo que llegues de una vez y la impaciencia hace que salga de la ducha con un sentimiento entre la emoción y la angustia. Me vuelvo a vestir y te espero.

Llamas a mi puerta... por fin. La abro y te invito a pasar. En mitad de la estancia nos paramos y nos miramos a los ojos. No puedo dejar de mirarte, en silencio. Siento una emoción muy grande al reconocerte y no quiero que veas mis ojos húmedos, así  que me vuelvo y me dirijo hacia la puerta de la terraza apoyando mi frente sobre el cristal. El frío vidrio hace que me sienta bien.

Te acercas a mí por detrás y me abrazas, siento tus brazos rodeándome y me susurras algo al oído que no llego a entender. Empiezo a excitarme y noto que tu también. No hay tiempo para hablar, ya lo haremos más tarde, pero ahora necesito amarte y siento como mi flujo comienza a mojar otra vez mi coño. Estás detrás de mi. De pie. Estoy excitada. Ya tienes la polla tiesa. Me abrazas por la cintura pasando la punta del dedo índice por mi ombligo, no me había dado ni cuenta que me habías sacado la blusa. Con otra mano me subes la falda y me la doblas en la cintura, para que se aguante.

Te has desabrochado el pantalón y ha caído. Te has sacado la polla de los calzoncillos, que con la goma de la cintura te aguantan los huevos. Me aprieto a ti y tú a mí por detrás. Te noto la polla dura e hirviendo, en mi cintura, justo por encima del culo. Te frotas los huevos con mi culo, que todavía tiene las bragas puestas. Mientras, ya has subido las manos hasta mis pechos. Me los has empezado a acariciar con suavidad, por fuera, alrededor de los pezones, pero con cuidado de no tocarlos. Sigues apretado a mi cintura y moviendo despacio la pelvis. Ya siento como ha aparecido una perla de humedad en la punta de tu polla. Me estás pasando los dedos, uno detrás de otro, por los dos pezones, de arriba a abajo, y de un lado al otro. Se me han puesto duros, turgentes, casi pidiendo que me los pellizques. Sin querer, me pasas los dedos cada vez más rápido, ahora toda la mano. Ya no abandonas los pezones del contacto con tu piel.

Me pides que me suba a una pequeña mesa que hay en la habitación. Tumbada. Boca arriba. Tu de pie, me  quitas las bragas y la falda, me subes las piernas y me las pliego. Casi tocan las rodillas con los pechos. Me coges las caderas bruscamente para acercar mi sexo fuera del borde de la mesa. Me aguanto las piernas dobladas para mantenerme abierta. Estoy abierta al máximo.

Acercas la punta de la polla a mi coño mojado, y la pasas por los pliegues, quedándote un momento más en el clítoris. Bajas. Empiezas a meter la punta y lo sientes todo mojado. La polla se mete sola, casi sin empujar. Resbala sola a dentro. Expiras de gusto al notar ese paso del glande al tronco de tu polla. Se mete dentro del todo, como patinando en jabón. Resbala como nunca. Cuando los huevos tocan mi culo te detienes y mueves la cintura a los lados, para que la sienta bien dentro. Empiezas a sacarla hasta llegar al pliegue del capullo, y vuelves a meterla. La sacas de nuevo, esta vez sobrepasando ese pliegue y volviéndola a meter. Así varias veces, hasta que yo, gimiendo, muevo mis caderas adecuándolo a tu compás.

Con los dedos de una de las manos, vas recogiendo el jugo que arrastra tu polla cada vez que sale de mi coño. Vas untando con ese lubricante mi culo, primero solo por fuera. La abundancia de líquido te invita a meter, con suavidad, el dedo corazón untado. Me sigues follando y mojando el culo con el dedo, que sólo sale para recoger más líquido. Me metes unas embestidas rápidas.

En la misma postura, con las rodillas dobladas sobre mis tetas, y los pies en tus hombros, la sacas. Quieres correrte en mi culo. Empiezas a meter la punta de la polla en mi culito. Está más apretado, pero resbala bien. Me encanta sentir tu polla atrapada en mi culo. Llegas al fondo, y empiezas a sacarla. Va sola. Se desliza suave hacia dentro. Ahora hacia fuera, y así tres veces, lo necesario para que la polla unte bien las paredes de mi culo. Mojado por dentro de mi propio flujo y de  tus perlas, tus gotas preespermaticas.

Así, abierta, alargas la mano para coger un vibrador que te has traído. Quieres que me sienta follada del todo porque sabes que yo nunca he usado eso. Me metes el vibrador en el coño, que como antes tu polla, resbala sin esfuerzo, casi absorbido por mi excitación. Cuando lo tengo dentro, me pliegas más, si cabe, las piernas. Cada vez que mueves la pelvis adelante me follas el culo, y con la presión de tu pubis empujas el vibrador en las entrañas de mi coño. Me sujeto las piernas con las manos, manteniéndome de par en par abierta. Cada vez que sacas un poco la polla de mi culo, la presión de mi coño deja salir tres centímetros el vibrador, que vuelves a meter con cada entrada de tu polla. Me estas follando por dos sitios.

Siento que me follan dos pollas a la vez. Cada embestida es doble. Me excita que te excites. Quiero correrme. Quiero que me llenes el culo con tu esperma. Aceleras las embestidas, cada vez más rápidas, pero igual de húmedas. Es incomparable la sensación que tengo cada vez que la base de tu glande acaricia el interior de mis esfínteres. Sin poder resistir más, y en varias sacudidas, te corres dentro, lubricándome aún más el recto. Me follas el culo sin parar, tan rápido que el instrumento que me folla por delante ya no tiene tiempo de salir. Casi me duele la dureza de tu polla.

Sin dar tiempo a que descienda la erección, la sacas, me pones boca abajo, de pie, echada sobre la mesa, con las piernas temblorosas y abiertas que me sostienen a duras penas y sustituyes el vibrador por tu polla. Ahora quieres volver a follarme por delante, pero yo me incorporo. No quiero, aun no. Necesito sentir tu polla en mi boca antes de hacer cualquier otra cosa. Bajo hasta ella. La cojo y ansiosamente la meto en mi boca, la chupo, la relamo... quiero tenerla toda para mí. Es mi fuente de placer, mi diosa y la adoro. Tu me obligas a sacarla, temes correrte en mi boca, quieres follarme antes, pero yo ya no puedo parar... la succiono, paso mi lengua por tu glande, le doy pequeños mordisquitos y paso mi lengua por toda su largura y su calor. Con un movimiento espasmódico te corres en mi boca... gimes e imploras que pare... pero yo no quiero, lo que quiero es tragarme todo tu semen, sentir el calor de tu líquido en mi boca y su sabor en mi paladar... y lo hago, me lo trago todo sujetando tu culo con mis manos, para que no puedas salir de mi.

Después, desde abajo, con toda la blusa abierta y con gotas de semen recorriendo mi mentón, te miro... y tu desciendes hasta mi altura y me besas, con tu lengua limpias mi cara... besas mis ojos... mis mejillas... mi boca... Me quieres y me deseas y yo... Luna... nunca he sido más feliz que ahora. Ahora nos ducharemos, comeremos algo... y hablaremos de nuestras cosas. Siempre mi amigo... siempre mi amante... siempre tu.

Maika

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