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VIII
La relación había vuelto a su cause. Lo había convencido de que dejara de ver a Magda por unas semanas. No se a ciencia cierta si lo estaba cumpliendo, pero me daba la seguridad de seguir adelante. Ya no regresaba tarde al depa, y no se molestaba en atender el teléfono. Mis visitas a la embajada se hicieron más frecuentes, al igual que mis participaciones en los eventos.
Mi vida había vuelto a ser... ¿normal?. Pero su cambió me costo mis buenas amistades. Más de una vez tuve que renunciar a las salidas con mis amigas, porque le daban ataques de furia y celos el solo pensar que estaría rodeada de muchachos, sin él poder controlarme.
A pesar de las múltiples veces que deje de ir al conservatorio, mis practicas habían aumentado mi talento. En una oportunidad, llegue a representar el año presente en una reunión de alumnos egresados, y los elogios no se hicieron esperar.Se avecinaba mi cumpleaños, y las chicas, al igual que habíamos hecho con Silvia, se dispusieron a una fiesta, solo que no era sorpresa. Saldríamos de compras por la tarde a un boliche por la noche. No se pudo negar a dejarme salir, así que como era un día especial, no me pondría obstáculos.
Llegó mi cumpleaños y como regalo recibí sus rosas amarillas y una bonita tarjeta, pero las recibí el día anterior, lo que me llamo la atención. Ahora dormía con él, en su cama, en nuestra cama, su habitación era nuestra habitación.
Aquella mañana, al despertarme me sorprendió verlo en la cama aun, le pregunte si no pensaba ir a trabajar, y me cerró la boca con un beso. Hicimos el amor, muy tiernamente. Él con sus manos me acariciaba todo el cuerpo. Yo recibía sus caricias sin inmutarme. Sus manos eran la gloria para mi. Todo su cuerpo era mío, y él sabia como hacerme vibrar.
Exploro cada cm. de mi piel con su boca, separando levemente mis piernas y acariciándome la entrepierna muy suavemente.
Quise participar yo también, pero él me detuvo diciéndome que por ser mi cumpleaños debía gozar y nada más. Así que me quede a su merced, a merced de sus manos y su boca. Me besaba con pasión, sin inhibiciones; me hacia sentir tan deseada, tan segura de mi, de mi cuerpo, de mi pasión, de mi sexualidad. Mientras él, con su lengua, exploraba mi sexo, mis manos se aferraron con furia a las sabanas; me excitaba tanto, que me dolía. Entonces tuve un orgasmo, largo, extenso, maravilloso. El resto de la mañana la pasamos en la cama, haciéndonos arrumacos. Era tan hermoso estar así con él. Definitivamente ya no éramos familia, éramos pareja.Se hizo hora de almorzar, me preparo la comida y me la sirvió en la cama. Cuando terminamos de comer, se dio una ducha, se cambió y se despidió camino a la embajada con un beso. Entre las sabanas me sentía realmente su princesa. Entonces, el teléfono me saco de mi sueño. Lejos de ser alguien a quien quisiera escuchar, deje que sonara la suficiente como para hartarme y obligarme a responder.
-Hola...-
-Buenos días, hablo con el numero...- ¿Quién seria?
-Si, ¿quién habla?-
-Me gustaría hablar con la señorita Ornella-
-Si, ella habla...-
-Mucho gusto, soy el doctor Emilio Constanza...- ¿Dr.?
-Si, dígame...-
-Bueno, es una situación delicada, que me gustaría discutir con usted en privado... ¿puede venir a mi consultorio?-
-¿De que se trata?-
-Bueno, preferiría hablarlo con usted en persona si no le importa... es sobre su padre-
-¿Mi padre? ¿Qué sucede?-
-La espero a los cinco en...-
Tome la dirección. ¿Por qué un medico me llamaba? ¿Qué era lo que tenia que decirme sobre mi padre? ¿Acaso estaba enfermo?
Salí de compras con las chicas, como habíamos planeado. A las 4:30 me despedí de ellas y tome un taxi en la puerta del shopping, cargada de bolsas, a ver a ese medico.
El edificio, era uno de esos modernos, de vidrios espejo, con un gran numero de oficinas. Cosa que me llamo la atención, ¿qué clase de medico era? Pido al ascensorista por el piso diez.
Al llegar, era solo una puerta y una largo corredor. En la entrada una plaqueta disipó mis dudas: Dr. Emilio Constanza, Psiquiatra. ¿Un psiquiatra? ¿Cómo era que mi padre se veía con este medico y yo ni enterada? Pase, y una mujer, de unos cincuenta años, me pidió que tomase asiento, se hizo cargo de mis cosas. Estaba muy nerviosa, no me podía imaginar que se trataba aquello. El Dr. se asomo por la puerta y la mujer se acerco a él, luego me hizo una seña para que me acercase.
-Señorita Ornella... supongo-
-Si, buenas tardes- Me extendió la mano y lo salude.
-Pase, por favor y tome asiento-
Que decir que era el típico consultorio psiquiátrico, con dos sillones, un enorme escritorio y una extensa biblioteca. Las ventanas estaban corridas. Me senté en uno de los sillones, y él hizo lo mismo, pero del otro lado del escritorio.
-¿Puede decirme que ocurre?- Le pregunte sin preámbulos.
-Eso, me temo que no podré decírselo, usted conoce nuestras reglas-
-¿Entonces, porque me citó para hablar de mi padre?-
-Verá usted, su padre a estado asistiendo a las sesiones por un largo periodo, y hemos llegado a la conclusión de que ambos necesitan hacer terapia-
-¿Perdón?- Este hombre estaba más loco que sus pacientes -¿Por qué necesito terapia?-
-Es que su padre me a contado de la situación que viven ambos... mis terapias lo están ayudando a ver las cosas con más claridad...- ¡Se lo había dicho! ¿Cómo era posible?
-Disculpe si lo interrumpo... pero me parece que esto esta fuera de discusión. Y si me disculpa, tengo cosas que atender- Estaba enfadadísima, ¡¿Cómo se había atrevido a contar nuestras intimidades?!
-No se valla, por favor, siéntese. Se que esta enfadada... –Muy observador- ... pero como usted se dará cuenta, la situación que vive con su padre no es normal, y él ha decidido que lo mejor es que ambos, a través mío, encuentren una solución inmediata al problema.-
-¿Él quiere encontrar una solución inmediata al problema? Dígame, ¿Cuál es el problema?-
-Ambos, sabemos lo que su padre quiere decir. Sus maneras, inconscientes, claro, lo perturban e incitan, y he decido, junto con él, que lo mejor seria hacer una terapia juntos...- No dejé que acabara, me levante, recogí mis cosas y salí de allí para no volver nunca más.
¿Por qué buscaba una solución? Sabia que lo que hacíamos era incorrecto, que nuestro deseo era inmoral, pero... ¿y el amor? ¿Acaso eso no contaba para él? Si él mismo lo había iniciado, me sentía tan dolida, tan mal. Me tome un taxi y me fui al depa.
Aquello solo podía tener un significado: para él ya era hora de acabar con la relación, y para mi sus movimientos ocultos me habían decidido. Mi mano dudaba entre tomar el teléfono, llamarlo a la embajada, pedirle una explicación y hacer las maletas e irme. Me rondaba en la cabeza que era lo que le había contado, ¿nuestras noches juntos? ¿la forma en que me excitaba? ¿cómo lo hacíamos?.
Estaba muy deprimida, todo había sido un juego, sus caricias, sus rosas, sus palabras de celos, la manera en que me llamaba su princesa; si quería acabarlo, ¿por qué seguía haciéndome el amor? Decididamente todo había terminado, aquella mañana había sido la ultima vez juntos. El medico había dicho, de una manera muy indirecta, que estábamos enfermos, tal vez tenia razón, tal vez el amor que nos profesábamos, no era más que una forma inconsciente o deforme de nuestra relación filial.
Me sentí destruida, el corazón se me separó, estaba sufriendo por primera vez por un hombre, y no pude evitar las lagrimas. En mi cabeza resonaban las melodías que yo tocaba para él, las veces que me había dicho que me amaba, que me deseaba y todo junto me acabo por matar. Todo había sido un juego para él, un juego del que no me podía salir, que me gustaba jugar, que pensaba era real.
Estaba tan dolida, tan enfadada, tan deprimida; sabia que no llegaría hasta después de las nueve. Así que me bañe, me puse la ropa más sexy que encontré y a las ocho y media, ya estaba tomando en un café con mis amigas. El boliche no abriría sino hasta las 12, así que nos fuimos a cenar y luego al cine. El estar con ellas, bromear, el hablar mal de los demás, comprarnos con las demás compañeras y tantas cosas que hacemos las mujeres cuándo nos reunimos, me hicieron olvidar los pesares que me provocaba aquel hombre.
Llegamos al boliche, ya algo pasadas de copas aunque no tanto, y la música se golpeaba por las paredes hasta llegar a mi cabeza. Cuando íbamos a brindar, aparecieron todos nuestros compañeros y amigos, también estaba el hermano de Adriana. La pase tan bonito, bailando, platicando, jugando a seducir, que haber a que no te puedes levantar a aquel, y esas cosas. Yo estaba fuera de mi, estaba completamente acelerada, me hundí en la bebida y el baile, hasta caer rendida en un sillón. Reímos, jugamos, y continuamos bebiendo, ya estábamos las ocho lo bastante ebrias, como para hablar incongruencias, nuestros amigos nos miraban entre divertidos y extrañados.
Ya era hora de regresar, algunas de las chicas se fueron acompañadas de sus novios, ya que solas no llegarían ni a la esquina, otras en compañía de compañeros o amigos. Adriana se fue con su novio y solo quedaba yo. Mis amigos intentaron convencerme de llevarme a casa, pero yo no quería regresar, y entre mirada y gestos, convencí a Marcos, el hermano de Adriana, de que nos fuéramos juntos. Sin despedirnos salimos del boliche. Íbamos en su coche riendo, ya hablando tonterías y él respondiéndolas con carcajadas. Después de un tiempo lo obligue a detenerse a una calle.
-Me quede deseándote, desde aquella vez que nos sorprendió tu padre...-
-¡Al carajo con mi padre!- Le grite y le plante un beso en la boca. Estaba tan enfadada que descargaría todo mi furia con él.
Me puso la mano bajo la falda y comenzó a acariciarme, sin separar nuestras bocas. Como por impulso me senté sobre él y le desabroche la camisa, mientras me masajeaba los pechos y me los besaba. Cuando lo libré de su camisa, lo forcé a quitarse los pantalones, lo que le costo un poco, pero lo consiguió. Su sexo quedo bajo mis bragas y lo sentía latir.
Me apresure a besarlo por el cuello, por el pecho y él me sostenía de los muslos, lanzando pequeños gemidos en respuesta a mis besos. De pronto saco un condón de su bolsillo y yo me corrí para que pudiera ponérselo, cuando finalmente lo hizo le rogué que me hiciera del amor, me corrió las bragas a un costado y me posiciono sobre su extremo. Me penetro tan hondo, que mi espalda se encorvo a más no poder. Me movía sobre él en forma desesperada y mi cabeza golpeaba el techo del auto. Frenética como nunca, le hice el amor, hasta dejarlo bien exhausto. Nos quedamos en el auto, hasta que se divisaron las primeros rayos del sol.
Me llevó al depa. y se despidió de mi con un fuerte beso. Subí el ascensor, completamente exhausta y con jaqueca. Cuando abro la puerta estaban, mi padre, Magda y dos de mis amigas esperándome, en sus caras pude notar lo preocupados que estaban. Pero en mi borrachera, solo atine a caer al piso de la risa. Mi padre se acerco a mi, y con un ademán hizo que todas se fueran. Pasaban a mi lado, mis amigas mirándome con una mezcla de gracia y alivio y Magda con preocupación. Una vez que se escuchó el sonido del elevador bajando, mi padre me elevo de ambos brazos.
-¡¿Dónde estuviste?! ¡Mira como vienes!- Solo reaccione a sus preguntas con una gran carcajada.
-¡Hueles a alcohol!-
-¡Si!- Le grite- ¿Qué más da a lo que huelo?- Me propicio una bofetada, era la primera vez que me golpeaba. Me solté de sus manos con furia y caí al piso.
-¡Eres una cualquiera, igual que tu madre! ¡Una cualquiera! ¿Con quien estuviste? ¿Con quien?-
-¡Que te importa!-
-¡Te estuviste revolcando por ahí, como una perra! ¡Como una cualquiera!-
-¡Vete al diablo! ¡Al carajo contigo y con tus preguntas!- Me dio otra bofetada que me hizo dar vuelta la cara, esta si me dolió.
-¡¿Con quien pensas que estas hablando?!-
-No lo se, ¿con mi padre, o con mi amante? ¡Tu dime, porque no lo se!- Me levantó por la cintura, me descalzo y me metió bajo la regadera. Intente salirme, pero me retuvo con sus manos.
-¡Déjame!-
-¡Estate quieta!- Y me aprisiono aun más. Cuando vio que me calmaba, se alejo y se apoyo, sentado, contra la puerta, llevándose las manos a la cabeza.
-Me estas volviendo loco. ¡No jodas conmigo!-
-¿Qué no joda contigo? ¡Si eres tu, el que jode conmigo! ¿o que, te aburriste? ¿Quieres a alguien todavía más joven?-
-¡Cierra la boca!- El agua fría me provocaba escalofríos y la cabeza me daba vueltas. El maquillaje acabo por correrse.
Me saco de la bañera y me tiro una toalla a la cara para que me secase.-¡Desnúdate!- Me gritó.
-¡No! ¡Vete al diablo!-
-¡Desnúdate te digo!- Y se abalanzo sobre mi, y forcejeando me quito la ropa, arrancándomela. Se abrazo a mi y me dijo:
-Princesa... ¿qué es lo que te ocurre?-
-¡Suéltame!- Y lo aparte de mi -¡No soy tu princesa, no vuelvas a llamarme así!- Y volvió a estallar en furia.
-¡¿Con quien te acostaste?! ¿Con el imbécil de la otra noche?- No le respondí- ¡Perra! ¡Lo sabia, lo sabia! Pero yo te voy a enseñar a comportarte...-
En cuanto dijo esto, el pánico me corrió por las venas. Me tumbo al piso y me separo las piernas.
-¡No, déjame! ¡Déjame!-
Pero no se apartaba, lo golpee en la cara hasta que me propicio otra bofetada. Entonces no me pude contener, y al adivinar sus intenciones me largue a llorar como un bebé. Mis lagrimas tuvieron algún efecto en él, por que se separado apresuradamente de mi y me recogió contra su pecho. Me mecía contra sí, mientas me besaba el cabello y me pedía que me calmara; pero mis nervios se me crispaban cada vez más. El contacto con su cuerpo me ponía loca, y al mismo tiempo recordaba lo que había hecho con el psiquiatra y el ver a Magda en el depa cuando llegué.
Me separe de él y salí corriendo a mi habitación a encerrarme. Él vino tras de mi y comenzó a golpear la puerta, por un momento creí que la tiraría abajo, pero luego se calmó. Pasé el resto de la mañana encerrada y llorando en mi cuarto.
Finalmente oigo el sonido de la puerta al cerrarse de un portazo. Apresurada, me dirigí a ella para cerciorarme de que se había ido. Y así fue, entonces volví por mi cartera y cuando me disponía a salir, la puerta no cedía, estaba con llave. Busqué desesperada las mías, pero no las encontré, me había encerrado. Llamé al encargado, pero se excusó diciéndome que tenia el pedido expreso de mi padre de no dejarme salir. Me había desconectado el teléfono también. Estaba aislada y encerrada, no lo podía creer, estalle en furia y comencé a romper todo lo que tenia a mi pasó, sus cuadros, la porcelana, los retratos. Hice un buen destrozo del living y el hall y me tumbe sobre el sofá llorando desconsolada. Me estaba tratando como una loca, quería volverme loca. Estaba confundida, llena de furia y muy dolida.
El resto del día lo pase ensimismada en mis pensamientos, era más que obvio que todo había acabado. A eso de las ocho de la noche oigo la llave en la puerta y al abrirse, primero entró Magda, quedándose sorprendida ante el desastre. A continuación mi padre, que al igual que ella se paralizo ante los destrozos. Yo estaba, con las piernas recogidas, metida en un rincón, al lado de la ventana.
-¡¿Qué demonios es esto?!- Me gritó. Pero Magda lo calmo rápidamente.
-Quiero irme...- Le respondí.
-¿A dónde? ¿Acaso regresaras con tu madre?- Noté en su mirada una luz de odio.
-¡Te vas y me dejas encerrada! ¡Quiero irme!-
-¡No te irás! ¡Te quedas conmigo y se acabo!- Mis lagrimas brotaron de mi, estrepitosamente. Magda se acerco e intentó abrazarme pero yo repelí su intento. Me puse de pie y le dije:
-¡No podrás tenerme encerrada por el resto de la vida!-
-¡Lo haré! ¡No volverás a comportarte como ayer!- Magda se acercó a él y con una simple caricia en su espalda lo calmo. Mis venas se hincharon al ver el poder que tenía sobre él. Se miraron y Magda se metió en la cocina.
-¿Dónde piensas irte?-
-¡No se! ¡Volveré a España! ¡No se! ¡Déjame que me vaya!- Se acerco a mi y me tomó de un brazo.
-Métete en tu habitación. Y sácate esas ideas de la cabeza.- Me empujo al soltarme y se metió en la cocina con ella. Estaba tan cansada, las piernas se me aflojaron. Entré en mi habitación y me desvanecí sobre la cama.
Ana
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