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1.- FELIZ CUMPLEAÑOS, FELIZ
Habíamos celebrado mi cumpleaños cenando en casa, los dos solos, a la luz de un par de candelabros. Habíamos disfrutado de tostas de salmón y casi cuatro docenas de ostras, ahogándolo todo en cava "brut nature". Ahora, recostados en el sofá, intentábamos digerirlo mansamente, arrullados por la voz vaginal de Roberta Flack.
-¿Ponemos un vídeo? -propuso Floren-. ¿El del pintor y las modelos?
-Bueno -sonreí-. Como te mola el pedazo de "brocha" de ese tío.
-Y a ti los culitos virtuosos de las dos putillas, ¿o no?
-De acuerdo.
Apenas habíamos visto cinco minutos de la historia, cuando llamaron a la puerta. Floren se levantó de un salto y, ante mi sorpresa, corrió a abrir mientras exclamaba:
-¡Aquí llega tu regalo!
A poco, volvía, acompañada de una pelirroja que a primera vista parecía estar muy buena.
-Cariño, esta es Vanesa. Una amiga.
Tras el breve intercambio de frases corteses, Floren le pidió a su amiga que se sentase en el sofá a mi lado. Luego, le ofreció una copa de cava. Yo estaba realmente desconcertado, porque nunca me había hablado de Vanesa. Y, probablemente por culpa del alcohol, no acababa de entender muy bien lo del regalo. Quizá, por eso, dejé que ellas llevasen la iniciativa.
Vanesa insistió en seguir con el vídeo:-¿De qué va? ¿Es un trío o una orgía? -su voz resultaba inquietante.
-Trío -respondió Floren, sentándose a mi derecha. Quedé así en medio de las dos, tan vulnerable como el jamón de un bocadillo.
Tanto Floren como yo nos sabíamos el vídeo de memoria. El pintor estaba a punto de ensartar con su cipote de caballo el culo de la modelo rubia. La otra, la morena, con movimientos gimnásticos acabaría debajo de ambos, lamiendo el coño de su compañera. Vanesa parecía muy interesada en la escena. La estuve observado. A pesar de la pobre luz de las velas, me pareció que se había pasado un poco en el maquillaje. Aunque extremadamente femenina, todo en ella era grande: la media melena esponjada y fulgurante, los ojos verdes, la boca muy perfilada por el carmín, las tetas que le palpitaban bajo la blusa negra y transparente, los muslos poderosos que escapaban de la minifalda.
-¿Te gusta mi regalo? -me susurró Floren, metiéndome la punta de la lengua en la oreja. Sin esperar respuesta me bajó la cremallera de los pantalones y me sacó la polla que comenzaba a ponérseme dura. Intenté volver la cabeza hacia Vanesa, pero Floren me la agarró con fuerza y la atrajo hacia sí. Se había levantado el top hasta el cuello y me encontré con uno de sus pezones en la boca.
Mientras se lo chupaba, sentí como me pajeaba el cipote. Lo hacía mucho más hábilmente que nunca. Me acariciaba suavemente el capullo con la yema de los dedos, me repasaba con delicadeza la zona del frenillo y, en el momento oportuno, me apretaba el tronco de la polla, para soltarlo en seguida.
De inmediato, oleadas de escalofríos eléctricos saltaron de mi verga y fueron chisporroteando por todo mi cuerpo. Se me había hinchado el glande y la tensión me lo ponía muy sensible. Sabía que iba a correrme sin remedio. Así que cogí la mano que me masturbaba para detenerla... Y resultó que era la de Vanesa. Se había quitado la blusa y la minifalda. Sólo llevaba ahora una tanga negra.
Floren, riéndose de mi sorpresa, animó a Vanesa a mamármela. Al instante, sentí como me sorbía la polla como una ventosa gigante. Me pasaba la lengua por debajo del reborde del capullo. Lo soltaba, chupeteándolo, y volvía a tragárselo golosamente.
-¡Para, tía, para! -le grité-. ¡Qué no quiero correrme todavía...!
Me la soltó y, aunque no llegué al orgasmo, no pude impedir que por la punta del glande me asomasen una gotitas de semen que Vanesa lamió con fruición.
Enseguida, Floren y yo nos quedamos en pelota picada. Ella se tendió sobre la alfombra. Abrió las piernas, liberando su coño caliente y mullido, como un gazapillo, y me retó a un 69. Gateando sobre su cuerpo, le metí la lengua profundamente en aquella raja húmeda y dilatada. Noté como ella me cogía la polla y la chupaba como si disfrutase de un helado. Yo profundizaba con mi lengua en su chumino palpitante, en busca de algún punto G. La sacaba, con largos lametones, y le sorbía el clítoris una y otra vez.
Nuestros jadeos, nuestros gritos guturales, nuestros lamentos de placer, se sobreponían a los del vídeo. En aquel momento, yo ya había perdido la noción de casi todo. Tenía una ganas locas de correrme chupado por Floren y, sin embargo, le iba arrancado mi polla de la boca, justo a tiempo para aguantar un poco más. De todas maneras, sabía que de un instante a otro no iba a poder controlar mi sistema nervioso y acabaría soltándolo todo sin remedio.
Supongo que ya estaba casi en ese punto sin retorno, cuando sentí como el dedo de Floren se deslizaba lentamente dentro de mi culo. La muy zorra me había masajeado muy bien el esfínter y, con su saliva, lo había lubrificado abundantemente. Más hábil que nunca, había conseguido que mi ano se relajase. Me acariciaba el escroto, los cojones y, luego, me metía un nuevo dedo, profundizando con ambos. Esa maniobra me desconcertó un poco. Retuve la respiración y se me encogieron algo los cojones y el capullo que debía estar hinchado al máximo. Esperé unos segundos, intentando disfrutar de esta nueva situación todo lo posible.
Entonces sentí como los dedos eran sustituidos por algo más carnoso, más denso, pero más flexible, que se abría camino fácilmente por mi recto. Giré la cabeza asustado y, de reojo, vi a Vanesa casi cabalgando sobre mi trasero. ¡O sea que Vanesa era en realidad Vanesa/o y, el muy maricón, me estaba dando por el culo!
-¡Eh, hija de puta te voy a partir la cara! -grité, mientras intentaba incorporarme. Pero Vanesa/o se había agarrado bien a mis nalgas, mientras bombeaba furiosamente su rabito dentro de mi culo, y no me dejaba enderezar. Por otra parte, Floren se metió ahora toda mi polla en la boca, hasta la garganta, y la chupeteó de tal manera que hizo hervir de golpe toda la leche que retenían mis huevos. ¡Dios, qué corrida! Creía que me estallaba la medula espinal. Temblaba, me estremecía, todo mi cuerpo era puro estertor. En una de esas sacudidas, mi cipote, como el tapón de un cava, salió disparado y chorreando de la boca de Floren, y fue liberando grumitos de semen a diestro y siniestro.
Finalmente, mientras hundía la cara en el chocho supermojado de Floren para chuparle el clítoris, me contraje salvajemente. Se me encogió entonces el esfínter anal y noté toda la lujuria de la pichita de Vanesa/o, follándome el culo sin tregua. Lo curioso es que yo comenzaba a sentir una extraña sensación por todo el perineo, muy placentera, que prolongaba el placer de mi orgasmo. De hecho, mi polla se mantenía bastante dura. Al menos lo suficiente para que Floren me la siguiese mamando dulcemente. Vanesa/o se corrió en seguida, gruñendo y chillando histéricamente durante un buen rato. Casi al mismo tiempo, Floren tenía unos de sus gloriosos orgasmos finales. Convulsionándose como una endemoniada, me aprisionó la cabeza con sus muslos. Luego, sobreexcitada me apartó la cara de su chocho que olía a algas. Y se estuvo metiendo los dedos en aquella raja llena de saliva, como si quisiera taponarla para que no se le escapase ni una gota de aquella gozada.
Yo aproveché la más mínima oportunidad para liberarme de ambas y dejarme caer en la alfombra junto a Floren.
Se volvió hacia mí, cuando ya comenzaba a relajarse.
-Qué pasada, amor. Si te hubieses visto... -me dijo, mientras se quitaba restos de semen que se secaban sobre su piel-. Vaya manera de correrte...
Seguramente, yo tenía en aquel momento cara de circunstancias. Me escocía el culo un montón, pero mi cuerpo era también un manojo de sensaciones cachondas. Por eso, no sabía si encolerizarme o echarme a reír.
Vanesa/o (Vany, como nos pidió que la llamásemos) nos observaba, sentada y recostada contra la pared, con las tetas enhiestas e impecables y el rabo, ya muy arrugado, entre los conjoncillos Me miraba con cierto temor, con cierta inseguridad. Al fin se decidió. Frunció la boca, con un mohín muy femenino.
-Tranqui, tío, he usado un condón con vaselina.
Tanto a Floren como a mí nos entró un ataque de risa que aún nos dura cuando recordamos ese cumpleaños.
Peb
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