Irene III (La ultima cena)
 
Agosto esta acabando y las tardes cada día se hacen mas cortas. Las primeras tormentas que anuncian la llegada del otoño empiezan hacer su aparición.

Esta tarde el cielo esta encapotado y unos negros nubarrones presagian lluvia. Para aprovechar el tiempo y de camino a casa de Lola, me paro en una floristería y le compro un ramo de flores. Calculo el tiempo que puedo tardar en llegar y lo ajusto a la cita pactada. Durante la caminata le llamo en tres ocasiones por el móvil. Quiero crear expectación con mi llegada. Son  frases cortas, son las ultimas instrucciones. Antes de llegar a su calle, el cielo rompe en agua acompañada de ensordecedores truenos que preceden al resplandor de los rayos.  En pocos segundos mi camisa se empapa. Mi cabello se humedece y se apelmaza aplastado en mi cabeza.

Llamo al interfono y me abres la puerta del portal. Al subir en el ascensor tengo tiempo de peinarme con la mano intentando dejar el cabello hacia atrás. La camisa empapada  se adhiere a mi piel.  Al llegar a su puerta compruebo que ha cumplido mi ultima instrucción, "Deja la puerta abierta". La acompaño con la mano hasta que se cierra y dejo el ramo de claveles en un jarrón que hay en el recibidor. Sigo por el pasillo. El ventanal del salón recibe el aguacero creando una cortina de agua que se ilumina con el resplandor del aparato eléctrico de la tormenta.

Al pasar por la cocina la veo cerrando la puerta de frigorífico. Ella se da cuenta de mi presencia. Me coloco detrás  de espaldas. Esta cumpliendo otra de las instrucciones. "No me miraras".  Su cuerpo esta en tensión, había oído mi entrada al piso y nota próxima mi presencia. Me desabrocho la camisa y la dejo sobre una silla. Me quito los zapatos y después los pantalones. Me miro a los pies y veo que los calcetines "ejecutivos" eran un poco grotescos en mi semi-desnudez. Ella seguía quieta esperando acontecimientos.

Antes de tocarla, la contemplo. Su melena negra cae sobre sus hombros cubiertos por una blusa blanca. Una falda negra y corta parte de su cintura para desaparecer a la mitad de sus muslos. Yo no puedo ver su cara pero intuyo su expectación.

Encima del mármol de la cocina los platos están preparados con una ensalada exótica. Sigue sin girarse. Me acerco y me coloco apenas a unos centímetros. Paso mis manos por sus costados y empiezo a desabrochar la camisa. Ella levanta los brazos para que pueda llegar a sus botones superiores. Cuando esta abierta, la estiro por los hombros y se la acabo quitando. Un sujetador morado cubre sus pechos. Su espalda sigue morena. Bajo mis manos y levanto la falda despacio, sin tocar su cuerpo. Su culo queda al descubierto. La letra china tatuada de tonos azulados destaca en su cachete derecho. No lleva bragas. También cumplió mi otra recomendación. Me agacho lo suficiente para estampar un beso con toda mi boca abierta en su tatuaje.

En ese mismo momento un rayo ilumina toda la estancia. Sobresaltada da un respingo. Su piel se eriza y un fuerte trueno ahoga sus gemidos mientras sigo chupando su tatuaje. Ella sigue sin girarse. Subo mi cabeza y le beso el inicio de la hendidura que separa sus cachetes. Estiro mi lengua y empiezo a bajar despacio. El camino angosto no me permite continuar con facilidad. Con mi pie desnudo presiono sobre su zapato de tacón negro haciéndole separar las piernas y con la mano en su cuello la invito a que incline el cuerpo. Sus cachetes se separan y se abren.  Ella sigue casi inmóvil. Mi lengua sigue explorando su culito. Alcanzo a pasarle la lengua por su ano. Me entretengo en acariciarle el escroto. Su sexo esta proximo y lo siento palpitante cerca de mi barbilla. Con las manos separo sus nalgas y hundo mi boca en entre los labios aterciopelados de su sexo. Esta jugoso e hinchado. Mis dientes capturan sus labios y los mordisqueo suavemente. Su pendiente verde cuelga de su clítoris, con la punta de la lengua lo muevo intentando no tocar su piel. Ella gime y mueve su cuerpo lentamente mientras su espalda y piernas se tensan. Me retiro de su sexo que ya ha impregnado mi cara de jugos cálidos.

Empiezo a besarle las nalgas con la boca cerrada. Subo por sus glúteos, por su espalda, por sus costados intentando repartir la tensión acumulada en su vientre por todo el cuerpo. Le agarro las manos y beso sus palmas. Ella sigue inmóvil.

¿Tienes hambre? Sin girarse asiente con la cabeza.

Pongo las manos en su cintura y la hago incorporarse y giro su cuerpo. Nos miramos y un beso profundo nos une durante unos segundos.

¡Vamos a comer! Túmbate. Me mira extrañada, pero yo con mi mirada le insisto.

El suelo de la cocina es frío y al extender su cuerpo sobre la cerámica su piel se vuelve a erizar.  Sigue mis evoluciones cuando me quito mis calzoncillos. Lola esta tumbada con su falda arremangada en su cintura y su sujetador morado sigue guardando sus pechos.  Poniendo un pie a  cada lado de sus hombros me agacho lo suficiente para que mi pene erecto, pueda seguir el recorrido de sus labios. Abre la boca e intenta sorber el glande, yo me agacho mientras ella con sus manos acaricia mis testículos. Abre su boca y me permite que con mi movimiento mi pene entre y salga. Con su lengua recorre el tronco en cada movimiento. A mí también me ha entrado hambre y girándome sobre ella y sin dejar de tener el pene en su boca. Me arrodillo con las piernas separadas y apoyándome en mis codos dejo que mi cuerpo repose sobre su vientre. Con mis manos aferradas en sus muslos los separo y de nuevo mi boca empieza a explorar su sexo. Ella me responde con movimientos más rápidos y agarrando mis los glúteos acompaña las evoluciones de mi pene. Mi lengua no tarda en alcanzar tu pendiente verde. Lo muevo. Lo acaricio. Con los dientes lo capturo y estiro de él arrastrando al clítoris fuera de su capuchón. Sus gemidos los noto en mi pene. Sus rodillas levantadas tiemblan con mis caricias. Muevo mi pelvis penetrando su boca con suavidad y cuidado. Ella aprieta los labios y los dientes lo suficiente para que el tronco de mi pene siente la presión necesaria. Sin dejar de sentir el placer que cada uno proporciona al otro iniciamos una carrera para ver quien es el primero en desfallecer ante tanto placer.

Mi vientre congestionada esta a punto de estallar. Mi boca sigue jugando en su sexo. Mis dedos se hunden en la humedad de su vagina. Ella responde atrapando mis dedos.  Mi lengua sigue circulando por su clítoris, deslizándose por un manto de saliva y flujos que empapan su sexo. Ella mueve su vientre buscando frotar su sexo en mi cara. Sus labios siguen rodeando mi pene y lo recorren de abajo arriba, cada vez con mas presion.. Sus espasmos explotan en mi cara. Mi pene no deja de palpitar y lanza la primera andanada en su garganta. Ella aguanta.  No tardamos los dos en vaciarnos en la boca del otro. Unos momentos para recuperar el aliento y nos levantamos para preparar la mesa.

La noche será larga y habrá que reponer fuerzas. El verano se acaba.

Esta fue la ultima noche que vi a IRENE.
 
 
 

Alatriste

 

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