La mujer de mi padre 
 

IX

Pasaron unas semanas y la situación se había calmado. En ese tiempo mis cosas habían vuelto a mi habitación y Magda pasaba mucho tiempo en el depa. Entonces me cite con mi madre, a almorzar como lo hacíamos una vez por semana.

La encontré en el restaurante de siempre y le comente que había tenido una fuerte discusión con mi padre y que quería irme a vivir sola. Ella asentía con la cabeza cada una de mis proposiciones. Luego de un tiempo, acabada la prepa, regresaría a España a acabar con mis estudios universitarios y tal vez instalarme allí por un buen tiempo. Ella me dijo que me ayudaría a dejar el país y en instalarme sola. Me dijo que por la situación con Mario no podía regresar a la casa, pero que económicamente ella solventaría mis gastos aquí, y por un tiempo los que generara en España.

Mi madre se acomodo en su silla, prendió un cigarrillo y se quedo mirándome.

-Creo que si ya pensas en comenzar una vida sola, independiente, estas en edad de enterarte de ciertas cosas...- Me quedé sorprendida ante aquella declaración.

-¿Qué cosas?- Le pregunté.

-Supongo que tu padre nunca te aclaró como el juez me entrego tu tenencia cuando nos estábamos divorciando...-

-No, nunca- Le respondí.

-No, por supuesto que no. Después de todo no era para su beneficio.-

-¿Qué queres decir? Si fuiste vos la que lo dejo por Mario.-

-Es verdad, lo deje por Mario. Y lo deje porque tu padre ya no era el mismo hombre... Seguramente siempre te habrás preguntado porque el juez sentencio a mi favor y no al de tu padre.-

-Ocasionalmente, lo he hecho; pero ya no...-

-¿Realmente quieres saber?-

-Claro.-

-Voy a hablarte, no como mi hija, sino como una persona ajena a la familia... Yo estaba con Mario desde hacia unos meses, antes de la separación. Decidí que ya era hora de decírselo a tu padre y terminar de una buena vez con el matrimonio...- Me quedé mirándola muy fijo, cuando había dicho que me hablaría como alguien ajena a la familia, lo dijo en serio.

-Eso fue cuando nos fuimos a casa de nana.-

-Si. Ese mismo día, había hablado con Mario y él me apoyaría. Llegue a la casa, mas temprano de lo usual. Anteriormente había llamado a tu padre a la embajada para decirle que teníamos que hablar. En la habitación le comunique mi decisión de terminar. A él no le gustó mucho la idea, pero, honestamente, no me importaba...-

-No me digas.-

-Déjame terminar... Después ocurrió en resto, eso lo sabes. Pero lo que nunca dijimos fue la causa por la que el juez te dejo a mi tutela. Tu padre, no era ningún santo. Él me engañaba desde hacia un buen tiempo, inclusive desde antes de empezar lo de Mario.-

-Me esta mintiendo.- Pensé. Era obvio, a nadie le gusta cargar con las culpas.

-¿Cómo se llama la novia que tiene ahora? ¿Magda?-

-Si.-

-Me engañaba con ella. Pelo largo, moreno, alta... Decidí perdonarlo en más de una ocasión. Pero no le bastó. Siguió frecuentándola, acostándose con ella...- No lo podía creer, si aquello era cierto, mis sospechas sobre el tiempo que llevaba con Magda era reales.
-Me estas mintiendo.- Le dije ofendida. No podía ser cierto.
-No te miento. El juez dictó sentencia a mi favor, porque en más de una ocasión, los encontré en “mi” casa, haciéndolo en “mi” cama. No fue mi culpa, fue culpa de tu padre que el matrimonio se viniese abajo...-

-¿Qué?...- Me quede sorprendida, sumergida en un montón de cosas y todas apuntaban a lo que mi madre me había dicho.
Era por eso que tanto le costaba dejarla, que no podía yo suplantarla.

Mi madre se fue y me quedé por un margen de media hora meditando lo que me había confesado. Después de todo, no resultó ser la clase de hombre que me ponía en frente.

Mi mente divagó todo el camino mientras regresaba al departamento. Nunca dije nada al respecto, él nunca supo sobre aquella conversación con ella.

Mi padre seguía en el plan de castigarme, llevando a Magda a diario al depa y permitiendo que durmiera con él en reiteradas ocasiones a pasos de mi habitación. El amor que alguna vez compartiésemos se había desvanecido por completo.

Mis calificaciones en el colegio habían bajado y mis clases en el conservatorio quedaron en el olvido. El piano dormía placidamente en la sala y acumulaba polvo.

En reiteradas ocasiones intentó regresar a nuestros momentos íntimos y yo lo rechazaba siempre, me causaba aberración el solo contacto de sus manos, que me volvían loca en otras épocas. Me había lastimado en lo más profundo de mi ser y no quería siquiera mirarlo, aunque en las noches lloraba de dolor por no poder sentir sus caricias; por que sabia que estaba dándoselas a otra.

Ya había superado la primera etapa, la del dolor. Cuando, una noche, regresando de casa de unas de mis amigas, tuve que presenciar lo mismo que al regresar de España.
Sus gemidos, unidos a los de ella que provenían de su habitación, ¡maldición!. Lo hacia sabiendo que yo llegaría, ¿que era lo que quería? ¿acabar de matarme de celos? No lo pude tolerar, pero no me fui. Me quede sentada en el living, con la televisión bien alta, para que me escuchasen. Al cabo de unos minutos, salió él en sus pijama. Su cara denotaba lo mismo después de que hacia el amor; tranquilidad, sosiego, como si el sexo apaciguará sus demonios.

Solo atino a saludarme con un simple “hola hija”, para después meterse a la cocina y volver a la habitación. Sabia que era un castigo que estaba implementándome, sabia que lo hacia por vengarse, y decidí, que si él había jugado conmigo, ahora era mi turno.
Me acerque a su habitación y llame levemente, la voz de Magda me dio pase. Entré y los vi, ambos, abrazados, en donde alguna vez había sido mi lecho. Ella llevaba el pelo suelto, desalineado, en la habitación se respiraba el olor a sexo recién consumido, los nervios se me crisparon. Entonces con toda naturalidad me senté en el borde de la cama, mi padre me miró extrañado.

-¿Qué pasa?- Me preguntó.

-Es que... bueno, yo quería que mañana tuviésemos una cena, con Magda también.- Me apresure a decir.

-¿Por qué?- Me preguntó él mirándome a los ojos. Desvié la vista y me dirigí a Magda.

-Es que quiero que conozcan a mi novio, y como Magda es, prácticamente parte de la familia... pensé que seria bueno, tener una cena de a cuatro.-
-¡Maravilloso!- Contesto Magda, a lo que le propicie una sonrisa.

-¿Y quien es?- Me preguntó él con sequedad.

-Lo conoces...- Le dije mirando su reacción. Su cara estaba dura como la piedra- ... el muchacho del otro día, en el ascensor...- Me cubrí la poca y mentirosa vergüenza que se asomaba a mi cara.

-¿Cuál? ¿El que te estaba apretando cuando llegamos?- Me preguntó inquisidor.

-Si, el mismo. Pensé que ya era hora de formalizar la relación, y lo primero que se me ocurrió fue presentárselo a la familia. Primero lo conocen ustedes y luego el resto, ¿qué les parece?- Si él planeaba jugar así conmigo, era justo que yo también lo hiciera. De todas maneras, Magda y Marcos no eran más que otras dos fichas en el tablero.

-Pues me parece estupendo.- Me respondió Magda.

-A mi me da lo mismo- Me respondió él, a lo que Magda lo miró con desaprobación.

-Bueno, mañana, a las ocho, yo cocino. Me voy a dormir...- Dije poniéndome de pie- ... buenas noches- Y me salí de la habitación. ¿Hasta donde estaba dispuesta a llegar? No lo sabia, solo sabia que si tenia que hacerlo, lo haría.

La noche siguiente, estábamos esperando a mi padre y a Magda, con Marcos en la cocina, poniéndole los últimos retoques a la comida. Había preparado mi especialidad en pollo.
En lo que agregaba algún condimento más, Marcos no dudaba en tomarme por la cintura y darme besos en el cuello, a lo que solo respondía moviéndome sensual bajo sus brazos.

Él estaba fascinado conmigo, no perdía oportunidad en hacérmelo saber. Muchas veces me he preguntado si seré, realmente, ese tipo de mujer. Honestamente me creo común como el resto. Nada especial.
A las ocho y diez llegaron, él vestido en traje, ella en un bonito vestido negro. Nosotros estábamos comunes, nada especiales. Marcos llevaba pantalones de vestir negros y una camisa a rayas. Yo estaba en jeans, ajustados, negros y una remera de algodón azul. El contraste se hizo ver.

Después de presentarlos, nos sentamos a la mesa. La cena transcurrió en otro dimensión para mi padre, y solo participaba por el compromiso que le demandaba Magda. Los tres, Marcos, ella y yo, platicábamos de todo, y aunque muchas veces desee que ella desapareciera, y a pesar de que no podía tolerar el hecho de que ocupase mi lugar junto a mi padre, me pareció de lo más graciosa y elocuente. Era una mujer muy inteligente, cosa de la que no me había percatado.

Cuando todo hubo acabado, ellos se retiraron a la biblioteca y con Marcos nos quedamos en el living, sentados muy juntos, yo con mi cabeza en su pecho, él con sus manos en mi talle.
Nos propiciamos muchos besos, profundos, agradables, sensuales. De vez en cuando algunas caricias, él no se cansaba de besar, aspirar y acariciar mi cabello.

Más de una vez, nos sorprendió mi padre cuando pasaba a la cocina, pero eso no nos detuvo, en cuanto se iba, continuábamos con lo nuestro.

Entonces Marcos se despidió. En la puerta, mientras el ascensor subía, nos trenzamos en un fuerte abrazo acompañado de un beso. Esa noche, Magda pasó la noche en el depa.

Él no mencionó nada sobre Marcos y yo tampoco le pregunte. Ahora estábamos en la etapa de lastimarnos mutuamente.
Por casualidad, o por la indiscreción de Magda, acabábamos en las reuniones de la embajada con Marcos. El embajador, aun seguía encantado y proponiéndome un puesto para trabajar. La eterna excusa: debo terminar mis estudios primero.

Sin proponérmelo, la relación con Marcos se estaba intensificando; pero solo por su parte. Yo seguía metida en mi mundo, sin percatarme de sus sentimientos.

Entonces un día, lo inevitable sucedió. Habíamos salido juntos a la fiesta de un amigo, él estaba muy “cachondo”, por describirlo de alguna manera, se apretujaba a mi, sin pensarlo dos veces. Mientras íbamos en el auto, camino al depa, más de una vez me metió la mano bajo la falda con brusquedad. A lo que reaccione de la misma manera al retirársela. Esto lo enfado, y al llegar a una intersección me gritó que que era lo que me estaba pasando, que llevaba días sin prestarle atención y sin darle cariño. No le respondí, era obvio que no me interesaba demasiado.

Cuando llegamos a la entrada del edificio, me despedí con un beso en la mejilla, entonces me tomó de la cintura y me atrajo hacia él dando un beso de antología.

Me despegue con cuidado, lentamente, no quería lastimarlo más de lo que ya lo había hecho. Esa noche me quede pensando en que era lo que estaba haciendo, si realmente Marcos se merecía que le hiciese eso.
Volví al conservatorio a la mañana siguiente, llevando técnicamente, semanas sin practicar; aun me mantenía en buena forma.

Por la tarde, decidí pasar a pedirle una disculpa a Marcos, estaba dispuesta a intentar, por primera vez el tener una relación en serio con él. Al llegar a la puerta de la casa, vi su auto estacionado en la puerta, lo que me indicaba que ya había regresado de la Universidad.

Su casa, es algo antigua, de las viejas con un estilo muy de principios de siglo, de esas con un largo pasillo, un amplio patio y de dos plantas. Al llamar a la puerta nadie me respondió, así que entre de lo más cómoda, ya que me conocía a toda la familia. Aprovecharía para salir con Adriana a tomar un café a algún lado.
No había nadie en la casa, lo que me llamó la atención, ya que siempre estaba llena de gente y de vitalidad. Al acercarme, a lo que sería una especie de cuarto de huéspedes, notó la puerta entreabierta y me asomo por ella y... ¿que veo? ¿qué más podía ser? Muy en el fondo me lo esperaba, aquello me libraría de tener que cargar con una relación que a la larga no iba a funcionar. Marcos, muy cómodo, se dejaba besar por una chica muy bonita de pelo corto. ¿Escena de celos? ¿Para que? Si de todas formas la charada se tenia que terminar.

Di media vuelta y me salí de la casa. Caminaba aliviada, pensando que no volvería a tener que mentirle a Marcos, una sensación de tranquilidad me recorrió el corazón, por primera vez en algunos meses.

Ya había acabado mi relación con mi padre, la relación con Marcos, ya acababa la prepa, solo me restaba tomar las riendas de una nueva vida.

Regrese al depa y mi padre, estaba sentado frente a la ventana con un café en la mano. Entré y lo observe, observe su silueta, ahí sentado, su pelo que ya mostraba algunas canas más, sus hombros, sus brazos; entonces se volteo a verme. Me extendió una mano y me acerque a tomarla, me brindo una de sus viejas miradas, de esas que no me daba desde hacia unos años. Nos quedamos sentados, sin mirarnos, con las manos tomadas, se acercaba la noche y los débiles rayos del sol se tornaban naranjas. Entonces se volteo a mirarme y me dijo:

-Hable con tu madre hoy, me dijo lo que tienes planeado hacer y he tomado una decisión.- Lo mire a los ojos. – Si tu te vas, tendré que casarme con Magda.- Me deje caer lentamente contra el sillón.

-Esta bien- Le respondí con la voz apagada - ¿Cuándo?

-En cuanto te subas al avión- Me pare y me metí en mi habitación.

Encendí el stereo y me quede en las nubes con solo Bach de fondo. El resto de la noche, no se oyó mas en el departamento que mi colección de música clásica y solos de piano.

La mañana siguiente fue muy confusa para mi. Mientras desayunaba sola, porque él ya se había ido a la embajada, me prendí un cigarrillo en la cocina y quede pensando, como si mi cuerpo no estuviera allí.

Por mi cabeza pasaron todos los sucesos que dieron aquel vuelco en mi vida. Desde que mis padres se separaron, hasta la primera vez que hicimos el amor en su habitación. Finalmente llegue a la conclusión de que todo sucedía por una razón, y tal vez la mía era regresar a España y ver lo que podía hacer. Indudablemente, en algún momento tendría que regresar al país. Buscaría trabajo en los consulados en España, el embajador me daría la recomendación que necesitara y me pondría a estudiar, quizás derecho, quizás ciencias políticas.

Mi vida, volvería a tomar el cause, que en un principio perdí. Muchos deseaban que sus destinos se volcaran a algo maravilloso, a la ambición, yo solo quería regresar a lo cotidiano, a la majestuosidad de la rutina. En los caminos que unos decide tomar, siempre se encuentran obstáculos o dificultades que te hacen reevaluar las cosas. Mi padre había sido un hombre en mi vida, que al margen de lo común, era como el recuerdo de un amante en mi mente.

Una vez había sido padre, y con sus manos fuertes me protegía. Después, fue hombre y esta vez sus manos fueron fuentes de caricias y placeres. Y nuevamente era padre, o quizá no, nunca volvería a ser el mismo padre. Ya sus manos se habían disipado de mi. El ciclo volvía a cerrarse, y ya no estaba en el medio, sino que formaba parte de él.

X

Entonces llego el momento de partir. En el aeropuerto estaban mis padres, y nadie mas. El avión, de Iberia, salía a las 4 PM. Y yo iba a enfrentarme con el futuro que me tenia deparado el destino. La despedida fue fuerte, llena de llantos. Mientras subía las escaleras mecánicas, mi ultima mirada fue para él, para sus ojos.

Muchas noches volví a recordar esos ojos, mientras compartía mis sabanas con quien, años mas tarde se convertiría en mi marido.

Hoy tengo 30 años, estoy separada y no tengo hijos, soy la embajadora, hasta el momento, más joven que ha representado mi país en España, nunca volví a la patria.
Los años venideros me darán otro vuelco, o quizás siga tranquilamente representando los protocolos. De lo que si estoy segura es de que, en una bifurcación escogí un camino que me llevo a destino y que nunca podré saber que hubiese ocurrido de tomar la otra alternativa.

Mi padre, finalmente se casó con Magda y por lo que pude saber, muy a pesar suyo, él no esta dispuesto a tener hijos. Por una parte me alegra, saber que seré, por fin, la única en algo en su vida.

La relación que mi madre sostenía con Mario se fue a la basura. Dos años después de que dejara el país, mi madre comprendió que Mario no sería el hombre con quien ella viviría hasta el final de sus días. Actualmente mantiene una relación con un hombre con quien trabaja.
Decidí que seria bueno contarle a alguien esta experiencia. Y supuse que lo mejor era escribirla. Así que, aquí esta y espero que la hayan disfrutado.
 

Ana

 

Volver al indice de ANA