Pies
Caminó por el living sobre la alfombra blanca, se había bañado  nuevamente. El pulso se acelero. Las instrucciones habían sido entregadas y revisadas por ambos. Miró el reloj y se sirvió gin. Cuánto había  esperado este momento, tanto que no quería desperdiciarlo en el primer encuentro, tanto que quería que fueran varios y no un simple acercamiento. Se  masajeó la verga sobre el pantalón de lino. Ya se le había endurecido.

Estuvo haciendo un par de trampas: se había masturbado dos veces en el último mes, ya despierto en la mañana, ya en la ducha la tarde en que  la vió enfundada en pantalones de cuero. Eso le había provocado una terrible excitación, incontenible, tuvo que entrar rápidamente a la privacidad de su departamento, a pajearse desesperado, rociar el piso de leche y gritar con cada chorro como si le saltara la vida por el pito.
 Sonó el ascensor.

Todo listo. Ya conocía su voz,  ella no lo miró, bajo la vista como estaba previsto. Sus tacones altísimos sonaron sobre la cerámica. La dió vuelta y le vendó los ojos, no suavemente. Mientras lo hacía la apoyó por detrás y una vibración  le recorrió la piel; se aseguro que no pudiera ver nada. Entonces la tomó de las manos bruscamente y se le acercó al oído

...Me gusta que hayas venido sin medias, déjame tocar tu bombacha... La chica dió un respingo y por reflejo la retuvo del cabello con  violencia. Ella no dijo nada, era el trato. La sintió respirar poniéndole la oreja sobre el pecho y le pasó su gran mano por el borde del culo. El placer de tocarla era inmenso, no pudo evitar frotarse contra ella como un perro en celo, su verga latía, hinchada y tiesa. Empezó a jadear y se detuvo. En la última comunicación todo había quedado claro, ella no lo vería,  iba a comenzar a conocerlo por el cuerpo...
...así como la mayoría de la gente se conoce por la vista, nosotros empezaremos con otros sentidos...le susurró.

Paseó con su mano sin soltarla por el borde del vestido. Lo rompió de un solo tirón y la dejo casi toda desnuda, con tanga, sin corpiño y temblando.

Ella solo conocía su voz: le pareció viril y gutural. Estaba nerviosa y tenía deseos, deseaba que él volviera a posarse sobre ella.

Mientras la observaba detenidamente, se desnudó y se sirvió otro gin. Se acercó a olerla sin siquiera rozarla, pero sin querer la tocó con la verga y se estremeció de placer con ese mínimo contacto.  Ella pareció buscar el calorcito de su miembro con un imperceptible movimiento; él lo impidió  de un golpe y la oyó suspirar,  la arrojó al piso sobre el mosaico y se acercó para morder sus pezones duros, para lastimarla, para verla sufrir, impidiendole gritar ó gemir, cada vez que ella lo hacía la golpeaba. Estaba poderosamente excitado, tanto que la agarró del cabello como a una madeja, le abrió los labios y le  metió el pito  en la boca... de los pelos la obligó a que lamiera todo su miembro en erección. Gemía en voz alta mientras la chica con su lengua húmeda lo recorría, tuvo ganas de orinarla pero el placer de ver su verga entrando en esa boca, se lo impedía, la urgencia  de la calentura y la lengua resbaladiza que ahora bajaba a sus testículos,  se relamía en sus huevos hinchados, lentamente resbalaba por ellos y lo deleitaba, siguió a su ano, el se lo ofreció, sintió la punta de esa  lengua intentando penetrarlo y la calidez de su saliva... que delicia... Tomó el gel y se lo pasó por la polla, luego  se la empezó a acariciar, todo el tronco, hasta el glande, disfrutando su  tremenda erección y suspirando, masajeándose hacia arriba y hacia abajo rítmicamente. Mientras la chica comenzó a bajar por sus piernas, besándoselas hasta llegar donde quería, el se seguía tocando y disfrutando, ella se detuvo en los pies. Los acarició con adoración y con profundo placer, él la observó gemir mientras se los tocaba, vió la lengua que se relamía antes de saborearlos, con éxtasis acercaba su boca entreabierta a los dedos de sus pies, él gritó de manera lujuriosa cuando se los empezó a lamer y le pasaba la lengua entre los dedos, se los llevaba a la boca. El no podía parar de masturbarse mientras veía a la hembra caliente, lamiéndole los pies, llevando su boca y su lengua de uno a otro, entregándose al placer de comerse uno a uno cada uno de sus dedos y volver a pasarle la lengua entre ellos. El, frenético se masturbaba...que placer... jadeando por la proximidad de la leche, el placer de sentirse lamido así mientras se masturba, lo vuelve loco, ella gemía y acababa sin dejar de lamerlo, los espasmos del orgasmo se anunciaron con la verga durísima, a punto de estallar en su mano. Dos contorsiones poderosas lo sacuden agarrado del miembro, ya le salta, grita de placer y larga  chorros calientes de esperma sobre su vientre convulso, sus gritos vienen del fondo de su entraña y son muchos...lo dejan exhausto y jadeando, como a ella, que se postra, agradecida y calma, todavía con uno de sus pies en la boca.

Alexis

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