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Julián llevaba poco mas de cinco años casado con María. Habían sido cinco años de absoluta felicidad, con apenas uno o dos roces de importancia y poco más. Él, sin ser aburrido, era un chico serio y trabajador; ella era su pareja perfecta, dinamica, sencilla, alegre… Eran la pareja ideal para todos, para sus padres, para sus vecinos, para sus amigos. Además, aunque antes de casarse, ambos habían mantenido relaciones sexuales con otros, llevaban una vida sexual tan apasionada, que a ninguno de los dos se les pasaba por la cabeza le idea de engañar a su pareja con otro.Una tarde, ambos habían llegado cansados del trabajo, y decidieron que lo mejor seria darse un baño juntos, después probablemente comerían algo viendo la televisión, y por ultimo, seguro que acababan en la cama. Dicho y echo. Desde la tibia bañera Julián observaba, como si fuera la primera vez en su vida que lo hacia, como María iba desnudándose lentamente.
Ella no buscaba provocarle, para ella era tan solo un acto mecánico, lo lógico antes de darse un baño, pero no tardó en darse cuenta de los efectos que su desnudez estaba causando en la verga de su esposo. Divertida, se bajo la cremallera de su minifalda lo mas despacio que pudo, dejando poco a poco entrever unas finas braguitas grises que le habían regalado sus amigas hacia pocos días. A Julia le volvía loco el cuerpo de su mujer. Era un cuerpo moreno, delgado, lleno de unas curvas que no parecían tener fin, al igual que sus largas piernas.
Julián media un metro ochenta y cinco, mientras que María rozaba el metro setenta. A ambos se les notaba que de vez en cuando iban al gimnasio de la esquina a ejercitar sus músculos, aunque ninguno de los dos tenían una fuerte musculatura si tenían unos cuerpos bonitos. Ella tenia el pelo negro como el azabache, mientras que el de él era castaño claro. A él le hubiera encantado agarrarla de un tobillo y meterla de un tirón en la bañera, y de hecho lo hubiese hecho de no ser por que en ese preciso instante alguien llamó a la puerta de la calle. Aunque María aun llevaba puestas las braguitas, y tenia un albornoz a mano, enseguida comprendió la mirada suplicante de ella, salió del agua, se secó un poco, y farfullando mil maldiciones entre dientes, y con el pene aun por todo lo alto, se puso el albornoz de ella y salió a ver quien era.
Antes de abrir la puerta miró por la mirilla, y lo único que pudo ver fue a un chico de unos veinte años, guapito, y muy bien vestido. Desde el otro lado del pasillo, a través de la puerta entreabierta del cuarto de baño, María le pregunto que quien era, pero él no contestó, tan solo quería saber que se le ofrecía a ese chico, y mandarlo a paseo lo mas rápido posible.Abrió la puerta con la cara mas agria que supo poner, y, la verdad, por la cara de sorpresa que puso el chico, no pudo menos que pensar que había logrado su objetivo. Pero se equivocaba, su cara no amilanó al joven, si no que le dio bríos para soltar un rápido discurso sobre las increíbles ventajas que tenia la enciclopedia que se proponía venderle sobre el resto de las enciclopedias del mundo mundial.
Julián no podía creerse lo que le estaba ocurriendo. Allí estaba él, medio desnudo, vestido con el albornoz de su esposa, mojado aún, escuchando una serie de vertiginosas frases que parecía que se habían diseñado, posiblemente así fuera, en un laboratorio de marqueting de una editorial de Minnessotta. María mientras tanto, observaba divertida desde el marco de la puerta del cuarto de baño.
Apenas podía ver al chico que estaba soltando el discurso, pero le pareció que era joven y guapo.De pronto, casi instintivamente, el chico levanto un poco la vista. No lo hizo por nada en concreto, tan solo por ver como era el interior de la casa del hombre al que trataba de convencer para hacerse una idea de cuales eran sus gustos, sus ideas… Sea por lo que fuere, el caso es que miró. Y lo que vio no pudo parecerle mas sugerente. De pronto se dio cuenta de que en el interior había una mujer medio desnuda, vestida tan solo con unas braguitas grises.El cuerpo de María le pareció uno de los mas hermosos que jamas había visto, aunque la visión no duro mucho. Cuando ella se dio cuenta de que el la estaba mirando, se metió dentro del baño de un respingo, completamente avergonzada por la mirada del chico.
A Julián tampoco le paso desapercibida aquella lubrica mirada, y eso fue la gota que colmo el baso. De un empujón saco de debajo del umbral de su puerta al chico, y tras gritarle que les dejara en paz, dio un portazo lo mas fuerte que pudo. Luego, enfadado aun se dirigió de nuevo a la bañera.
A María no le hizo ni pizca de gracia esa forma de comportarse en su esposo, y en cuanto entro en la bañera le reprendió seriamente por lo que había hecho. El la miro enfadado, y le dijo que si quería que fuera a pedirle disculpas a aquel jovencito. María no se lo penso dos veces, le arrebato el albornoz, y se dirigió corriendo a la puerta.
Mientras Julián esperaba ya dentro de la ducha, asomando la cabeza para poder ver lo mas posible, pudo observar como su mujer abría la puerta. Tras ella, aun estaba el pobre vendedor recogiendo los papelajos de la enciclopedia, arrodillado, y medio sollozando. A María esta escena le patrio el corazón. Sabia que su esposo no era malo, pero ver aquel chico, casi un niño, de rodillas con su bonito traje, recogiendo las hojas como si fueran trocitos de un juguete roto le hizo un nudo en el estomago. Se agachó a su lado, y mientras murmuraba un “lo siento”, le ayudó a recoger las dos o tres últimos pasquines publicitarios. El levanto la mirada y le sonrió. Ella sintió pena al ver sus ojos rojos por no llorar, se acerco a su cara y le dio un beso.
Quizás solo fuera un gesto maternal, aunque ni ella supo por que lo hizo. Al chico se le paró el corazón, aquella hermosa mujer le acababa de besar. La miro fijamente, casi desnudándola, quitándole su escueto albornoz, luego acerco sus labios a los de ella con decisión y la beso en la boca.
Julián apenas veía nada, y oía menos aun, lo que comenzó a inquietarle, así que saco mas la cabeza de la bañera. De pronto vio como aquel chico estaba acariciando la espalda de su mujer, mientras parecía que le daba un beso en la boca. No estaba seguro, aunque ese brazo en movimiento del chico no dejaba mucho lugar a dudas.De pronto el brazo desapareció por debajo del albornoz. María no sabia como había llegado a esa situación, pero estaba terriblemente excitada. Apenas era consciente de que se estaba besando con un desconocido en el rellano de su puerta, ante la vista de cualquier vecino que pudiese pasar, y lo que era peor, ante la vista de su marido.
El joven no parecía ser consciente de esto, y empujando suavemente a María, la tumbo en el suelo, y se tumbo sobre ella. El cuerpo ya desnudo de ella le había puesto a cien, y le daba igual la situación.Julián no se podía creer lo que veía. Su mujer estaba en el suelo, gozando como un animal en celo, y aquel chico sobre ella, lamiéndola, mordiéndola… Hubiera actuado, de no ser por lo excitadisimo queestaba. Jamas había visto nada parecido, y ahora que le estaba ocurriendo, lo único que pensaba era en lo mucho que le gustaba esa situación.
Mientras él llevaba su mano hacia el húmedo coño de ella, Julia se acariciaba su pene con fruición. A la mano del joven le sustituyo su pene, y por el ligero suspiro de placer de María, Julián supo exactamente en que momento se produjo aquel cambio de tercio. Pudo ver como aquel chico se contorneaba sobre ella, primero despacio, y luego muy deprisa.
Los jadeos de ambos entraron en los oídos de Julián como una catarata, volviéndole casi loco. Se froto con mas fuerza, hasta que por fin se corrió. Le salió un gran chorro de esperma, que fue a caer de nuevo en el agua de la bañera.
Acto seguido, oyó como al fondo del pasillo aquel joven se corría también, dentro de su mujer, que jadeaba con gran fuerza. Después llego la calma. El joven, aturdido aun, se subió la bragueta del pantalón, y tras levantarse rápidamente, cogió su portafolios y bajo corriendo las escaleras. María se levanto un poco y cerro de un empujón la puerta, para, acto seguido, volverse a tumbar. Él, desde la bañera, lo vio todo como desde una nube. Al cabo de un rato se dirigió al cuerpo tumbado que había en el recibidor.-María?
-Mmmm-sonó por única respuesta
-Te quiero
-Y yo
e.Charles Champ d'Hiers
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