Champú
 
La posición era ventajosa para Albert, él la ha convencido para que se dejara lavar el pelo, atribuyéndolo a una antigua fijación. Joanne se coloca de rodillas delante de la bañera, dejando caer la cabeza en su interior.

Primero Albert le moja el pelo con agua tibia, su cuello queda desnudo, el cabello se apelmaza y cae por delante de su cara.  Después le aplica su champú favorito. Muy despacio, empieza a frotarle las sienes, el frío gel se transforma en una espuma blanca y cálida, densa. La presión de las yemas de los dedos es cada vez mayor. Desliza sus fuertes manos desde la nuca hasta la parte superior de la cabeza. Se divierte dibujando círculos imaginarios alrededor de las orejas. Joanne no puede abrir los ojos, por su frente desciende el agua espumosa que cae como copos en el fondo de la bañera. Ella sólo viste un albornoz blanco anudado a la cintura. Sus pechos se mueven al compás de los movimientos de las manos de Albert, rozando contra el albornoz y el borde de la bañera. La posición no es cómoda, las rodillas se entumecen sobre la alfombra de baño y la ducha de mano escupe agua cálida que corre traviesa hasta el desagüe.

Le aplica un nuevo gel. Un acondicionador lechoso... muy blanquecino.

"Cierra los ojos que este pica......"  le dice al oído Albert que se entretiene frotando su pelo, dejando resbalar sus dedos, desenredando los cabellos. Un nuevo aclarado. El agua tibia arrastra la espuma y pequeños regueros de agua bajan por el cuello de Joanne, unos se pierden por su espalda y otros por su pecho.

Él lleva tiempo observándola, sintiéndola  a su merced, con la cabeza dentro de la bañera y el cuerpo  apoyado sobre las rodillas. Le sube el albornoz y comprueba que no lleva ropa interior. Le remanga el albornoz por encima de la cintura. Ella intenta girarse, pero con él con una mano inquisitiva la hace mantenerse en la misma postura. Con la cabeza dentro de la bañera y  su culito en pompa.

Él moja la mano libre con agua tibia y le acaricia los glúteos. Con una mano frota la cabeza, con la otra acaricia con lentitud los cachetes de Joanne.  Ella mueve su cadera buscando la caricia, él no tarda en explorar el valle profundo y tras recorrer su ano, se demora jugando en el vello rizado que protege su sexo. Poco a poco lo desenmaraña y consigue acariciar los labios cálidos y carnosos de ella.

A él la situación le provoca una fuerte erección. A ella ya le molesta el roce de sus pezones con el albornoz, están duros y excitados.  Innecesariamente, le sigue aclarando la cabeza, el agua tibia acaba por bajar entre sus pechos y perderse por su espalda.

"No te muevas..." le ordenó

El sonido del cinturón y después de la cremallera descubre las intenciones de Albert. Sus dos manos se aferran a la cintura  de Joanne y un cuerpo duro y cálido empieza a explorar la zona que anteriormente había sido recorrida por sus dedos.

El glande se abre paso entre la maraña rizada. Busca el hueco adecuado y despacio, muy despacio empieza a entrar. Ella levanta la cabeza provocando que el agua que todavía tenia en su cabello gotee por su espalda. El calor inunda el vientre de Joanne. Su vagina se dilata a la presión del miembro duro. Los muslos de él se pegan a los muslos de ella, casi sin espacio. El vientre de Albert golpea las nalgas de Joanne. Ésta, sin espera abre su albornoz y se acaricia los pechos.

Las embestidas cada vez son más profundas. El ritmo más rápido. Los pechos colgando bailaban. Ella apoya una mano el borde de la bañera y con la otra busco acariciarse y tocar aquel tronco que entraba y salía.

Joanne se incorpora dejando la espalda curvada, ya no se apoya en la bañera y mientras con una mano se acaricia, con la otra busca el culo prieto de Albert. Los testículos hinchados golpean la parte baja de las nalgas de Joanne. El agua sigue cayendo en la bañera, provocando que el aire se condense. Una ligera bruma húmeda empaña el espejo y los cristales de la pequeña ventana.

Al unísono los dos empiezan a sentir como sus cuerpos se tensan. Como todos los músculos se aflojan y se contraen. Sus vientres avisan de la inminente explosión. Albert disfruta viendo como su verga entra y sale entre los dos hemisferios del culo de Joanne. Ella siente el glande chocar contra su útero para salir acariciando las paredes de una vagina espasmódica. Sus piernas tiemblan, sus cuerpos vibran... No respiran sólo gimen.

Aguantan la respiración, aprietan los dientes y por unos momentos el vacío se llena de mil sensaciones. Los movimientos se entrecortan. Las sacudidas son más violentas. Albert vacía su cálido esperma en el interior de ella. Joanne se deja caer apoyándose en el borde de la bañera. Él apoya su cabeza en la espalda de Joanne.

- ¿Nos bañamos juntos?....... interroga
 
 

Alatriste

 

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