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" La jojoba es: humectante de la piel, protección contra radicales libres, protección contra radiaciones solares, protege las partes más delicadas de la piel...." me explicaba una deliciosa mujer de unos 22 años, vestida a la antigua usanza en una especie de Mercadillo Medieval que se ha instalado estos días en mi ciudad ......"Fuerza, salud y vida para el cabello.... Fácil de aplicar en cualquier parte del cuerpo... " continuaba la dama con un soniquete de haberlo repetido muchas veces...
Una chiquilla encantadora, con un talle perfecto, pechos ampulosos, pero de tamaño justo, y unos ojos tan profundos que al cruzar mi mirada con ellos me podría haber ahogado, o mejor, perdido en una gruta maravillosamente larga, en donde -aunque extraviado- deseara uno no encontrarse nunca, o no buscar la salida.
La melena al viento, le daba ese aspecto de princesa medieval que todos hemos visto en las películas, pero esta vez, de carne y hueso, estaba aquí, enfrente mío... Y parecía no interesarle para nada ni mi presencia, ni la de otros clientes que nos rodeaban. Ese tono como de abandono me hizo bromear con ella:
..."¿No tiene alguna aplicación más específica....?
Rápida y segura de sí misma me contestó...
..."Deshidratación, arrugas, envejecimiento, escamaciones, irritaciones, rozaduras... Es útil como aceite de baño, aceite de masaje, loción para manos, para afeitado, y otras muchas más que si quiere comprobar mejor, puede acercarse cuando cerremos para hacerle una demostración más amplia..."La desgana con que lo seguía comentando, el retintin de guía de turismo me hizo no pensarlo más y abandonar el olor humano acumulado en el gentío que se interesaba por ese aceite y otros productos de su puesto... Pero me dejó pensativo esa última frase de la demostración. Tenía dinero de sobra para comprar un frasquito de regular tamaño, pero la curiosidad que suscitó en mi esa frase, de la demostración a la hora del cierre me estuvo rumiando el pensamiento toda la tarde.
Hasta que a la hora del cierre, que solitario el lugar, y la dama, entremezclándose la luz de las velas que adornaban el puesto con la mortecina iluminación de la calle, comenzaron a darme la sensación de que el único cliente interesado en la demostración era yo... Una especie de toldillo, cayendo hasta el suelo en la parte de atrás servía de aparente almacén y cámara de la demostración que parecía se iba a hacer plausible en breve.
-"Pase..." dijo ella. No creo que estas velas que iluminaba esa estrecha estancia fuera a ser gran cosa, pero sí lo fueron cuando este amarillo rojizo de las velas comenzaron a iluminar su piel que poco a poco se iba descubriendo ante mis ojos atónitos... Ya no había ese tono cansino, sino otro mucho más sugerente que al irse desnudando, indicaba:
-"¿Te gusta...?"Continuado con otro mucho más envolvente decía ...
-"Te escogí a ti entre muchos de los clientes que me han visitado hoy... ¿Te hace ilusión el llevar a cabo esta demostración...?.Y la demostración consistía en dejar el cuerpo al descubierto, y sabiamente administrado, rociarse uno a otro todo el aceite de una botellita pequeña, no tendría más de 200 mililitros. Pero que había que administrar sabiamente. Y me explicó...
-"Para que no quede ningún hueco libre en nuestras pieles, ahora desnudas, hay que frotar mil veces mil, con paciencia, con relajación... Verificar uno a uno todos los rinconcitos de nuestro cuerpo, tan sugerente, y no escaparse a ninguno. Y ese aceite, impregnado de esa manera, con parsimonia, con dulzura... poco a poco... me hizo pasar los momentos más plácidos de mi vida... Independientemente de lo que sucedió después... Que al menos merece contarlo, porque ya no pronunció palabra alguna, pero sus gestos, sus manos y su cuerpo, pronunciaron la oratoria más interesante que se haya escuchado nunca en el mundo. Sus manos y su cuerpo no pararon de hablar en toda la noche... Nunca había sentido un discurso tan agradable.
El untado del aceite con esas manos firmes y delicadas, no se centró para nada en mi sexo, y entendí que ella tampoco lo quería así... Su cuerpo era otro poema... Una leve señal de un tratamiento quirúrgico en la espalda parecía el manifiesto de la imperfección, pero mi recorrido por ese dibujo parecía complacerle tanto, que pidió con gestos que me entretuviera un ratito, una especie de caminito por su piel tersa y maravillosa, un conjunto de señales para no perderse por él.
Este aceite de jojoba ha sido el mejor lubricante para asomarse a sus pezones, subrayado con la lengua, y mis labios recordando imágenes lejanas de recién nacido, y ese aceite endemoniado, que hacía de su piel el sabor mejor recordado de mi vida... Como los pelos de su pubis, humedecidos por el aceite tomaban caminos inimaginablemente mágicos para mí... camino de la parte interior de sus muslos, de los labios carnosos de los límites de la cavidad vaginal, extendiendo el aceite con mi lengua y mi saliva, cual fruto carnoso de melocotón, absorbiendo su jugo a lengüetazos, muy poco a poco, aproximando mi lengua a su clítoris, que a poco asoma lentamente por la parte superior, y mi lengua lo busca, desesperadamente....
Ella alternativamente a retazos de lengua y dedos administraba el aceite y la saliva con bastante meticulosidad, como abandonada a su tarea, concienzudamente, y esta manera aparentemente mecánica, hacía de mi miembro un asunto de rigidez extrema.
Mirándome el glande con curiosidad -acaso profesional- y completamente convencida de que el aceite en esta parte no estaba untado de manera ortodoxa, prefirió centrar toda su atención en él. Sus ojos y sus manos lo examinaron con sus preciosos ojos, como los de un cirujano, para trazar un dibujo mental con las partes a las que el aceite no cubría a su satisfacción, y con sus dedos pulgar e índice, completaron la tarea, frotando con cada uno de sus dedos empapados, por separado, todo el contorno, y deteniéndose en la parte baja, de donde arranca el frenillo, para centrarse en esa zona mucho más, que por las dificultades de su geografía merecían tratamiento más minucioso, y esa que es, justamente la parte más sensible, hizo en mí un principio de orgasmo detenido por ella con maestría para prolongarlo... Y me estaba trazando un reto, que me mi caso era dificilísimo de igualar, porque me insistió con sus gestos los mismos problemas en su clítoris, que de farragoso en su forma, no había tenido la fortuna de extender bien el aceite... Y a ello me puse, con lo que tuve que separar los labios de la vagina y con el dedo meñique, y aún era demasiado grande, insistir mucho más, porque se empeñaba en que no estaba concluida la tarea.
Frotando con mucho cuidado el pequeño surquito que rodea a esa pieza clave en la sexualidad femenina, conseguí después de mucho rato que se sintiera complacida... Porque resulta que en la punta de mi pene sobraba un poquito de aceite, que justamente faltaba en el extremo superior de su clítoris, con lo que con mil esfuerzos tuve que equilibrar el reparto como pude, con lo que nos frotamos con la punta de mi sexo, con la punta de su clítoris, con lo que conseguimos primero una mini penetración al revés, introduciendo su órgano sensible en el extremo último de mi miembro viril.
Ese orgasmo a trocitos que fui viviendo poco a poco, concluyó con una penetración por detrás, conmigo de pie -no habría otro remedio- porque nuestra tensión emocional requería un final, y un último retoque de aceite en su trasero, que también tenía problemas de distribución del mismo. Por si acaso, mi dedo índice, apretujado entre su culo-colchón y mi cuerpo dando saltos longitudinales sobre él, teniendo aceite suficiente, lo distribuyó a su interior, con lo que un gesto, un latigazo y posterior inflexión de sus piernas que ya no podían aguantar ni la postura, ni su peso, ni su ORGASMO CON MAYUSCULAS... me indicó que debía corresponder con ese último párrafo de mi orgasmo casi a la vez, y que provocaron por el aceite y la lubricación, unas pedorretas que nos hizo mirarnos nuevamente y sonreír a continuación...
La arropé en su improvisado camastro, puesto que el descanso se le hacía necesario, y tuve que abandonar el tenderete en silencio, con tanta paz interior, que se me olvidó, al menos recoger el frasco con la cantidad de aceite que había quedado de la experiencia, y que me hizo pensar -aparte del inolvidable recuerdo- lo práctico y maravilloso que resulta el aceite de jojoba, que lo busqué al día siguiente, y en muchas ocasiones después, para no haberlo encontrado nunca más... Porque al buscar este dichoso producto, lo más probable que es tendría la esperanza de encontrar a la que me enseñó a usarlo.
BESANA
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