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He dejado el coche aparcado en la avenida que esta al lado del Mirador. Desde la altura que proporciona la montaña, la ciudad se ve iluminada. Las calles con la luz amarilla de las farolas. Los faros de los coches dibujan unas serpientes luminosas que no paran de cambiar de forma. Los edificios e iglesias de la ciudad se destacan recortados por la luz. En el puerto grandes buques de color blancos están engalanados con luz que dibuja un ambiente de fiesta. La brisa que llega hasta el mirador, tiene el olor salado del mar.Las tardes de domingo suelen ser aburridas, la amenaza del lunes esta próxima. Hay que volver a trabajar. Hoy he decidido venir a acabar de leer los suplementos del diario en una terraza que hay sobre el Puerto de la ciudad. Apenas unas diez mesas forman esta terraza. Pido al camarero un Jack Daniel's corto en vaso ancho y sin hielo. A unos metros unos turistas nórdicos se pelean con la cámara de fotos intentando retratar la ciudad nocturna con su exiguo flahs. Una pareja en la ultima mesa están cogidos de la mano y hablan de proyectos de futuro.
El ruido de una puerta me hace girar la cabeza. De un Ibiza blanco baja una joven que se dirige hacia la terraza. No dudo en recorrerla con los ojos. Avanza por el pasillo que forman las mesas. Una cabellera rizada y morena se abre en abanico hasta llegar casi a sus hombros. Su cara ovalada, sus labios gruesos. No acierto a distinguir el color de sus ojos. Pero tiene una mirada serena. Se acaba sentando enfrente de mí. Yo distraigo la mirada ojeando el suplemento de Internet que hoy a regalado el diario. No tarda en aparecer el camarero con su bandeja. Después depositar un posavasos. Me sirve el whisky que he pedido. Se retira y se acerca a la mesa de la recién llegada. Ella indicando con el dedo señala mi bebida. El camarero todavía lleva en su mano la botella de whisky pero marcha hasta la barra en busca del vaso. Por un momento nuestros ojos se han cruzado en una mirada fugaz. Yo sigo leyendo, pero disimuladamente la sigo mirando. Lleva un elegante conjunto negro de chaqueta y pantalón. Debajo una camisa blanca abierta que deja al descubierto una camiseta de lycra negra bastante ajustada.
La terraza del bar esta sobre un edificó de donde sale repetitivamente el teleférico aéreo con algun turista despistado que quiere ver la ciudad desde las alturas. Esta tarde no harán mucho negocio. El día ha sido gris y frío, la gente se ha quedado en sus casas. El camarero no tarda en aparecer para servir a la joven su whisky. Cuando esta va a dar el primer sorbo levanta la mirada por encima del vaso y se cruza con mis ojos, bebe pausadamente, deja el vaso y sin dejar de mirarme, me sonríe. Yo correspondo con la mueca y me llevo mi vaso a la boca. De nuevo sale debajo del mirador la cesta metálica que esta vez va vacía. Suspendida de gruesos cables de acero recorre por le aire las instalaciones portuarias hasta llegar a una gran torre metálica que se levanta en medio de uno de los muelles del puerto.
Mientras leo el suplemento, percibo como de vez en cuando su mirada me recorre. Cuando levanto la cabeza, ella retira la mirada y la fija en un libro que tiene entre sus manos. Parece un juego. Cuando retiro la mirada, ella me vuelve a mirar. Mantengo mi mirada fija, descaradamente esperando que levante la cabeza. Lo hace y por un momento intenta rectificar, para acabar mirándome fijamente. Los dos empezamos un duelo silencioso, el tiempo se hace eterno al final cedo y bajo la mirada, no sin antes sonreír. La situación es incomoda pero también excitante. Seguimos con el juego de las miradas. Los dos queremos jugar, esta claro. Enciendo un cigarro y doy una calada larga. Ella busca en su bolso y saca un paquete de tabaco, se lleva un cigarro en la boca y saca un encendedor dorado. Lo abre y por mucho que lo aprieta no se acaba de encender. No dudo en levantarme y en un movimiento torpe le ofrezco mi encendedor que lanza una larga llama amarilla.
- Casi me quemas.-
- Perdón, son estos mecheros de oferta. Parecen lanzallamas.-
Lo vuelvo a encender y ella con sus manos agarra la mía y acerca la llama a su cigarro. Sus manos están calientes. Oigo latir mi corazón.
- Vale, vale, ya lo puedes apagar. me dice sonriendo
- Es que a veces no quedan bien encendidos los cigarros.
Solo me sonríe, me giro y vuelvo a mi mesa sin saber como explotar ese primer contacto.
- Oye, ¿tienes el crucigrama?
- ¿El crucigrama? Le digo extrañado, como si no conociera esa palabra.
- Sí, el crucigrama del diario. me insiste
Ahhh, siii ..Lo tengo, lo tengo. Le digo mientras vuelvo a mi mesa.
Rebusco nervioso y encuentro el suplemento de pasatiempos. Se lo acerco, no sin antes tropezar y dar un golpe a silla donde estaba su bolso. Este cae y deja por el suelo una agenda, el paquete de tabaco, unas llaves y unos cuantos objetos más. En mi diligencia, me agacho y casi golpeo su frente con mi cabeza.
- Tranquilo, no pasa nada. Me dice mientras se agacha.
Yo acabo casi de rodillas persiguiendo una moneda que describe una semicircunferencia. La moneda acaba parándose delante de la silla de ella. Estiro mi brazo y mi mano agarra la moneda en el mismo momento que ella también lo hace. Nos quedamos unas décimas de segundo quietos. Levanto la mirada, pero no alcanzo a ver su cara. Mi mirara se entretienen en mirar por un escote generoso. Unos pechos voluptuosos fijan mi atención. Con la palma de la mano oculta su escote. Y suelta la moneda.
- Ya esta todo...le digo después de darle la agenda y las llaves.
- Gracias
- Soy un poco torpe. Y en estas situaciones me pongo nervioso
- ¿Tiras muchos bolsos por el suelo? ¿O te pasa cuando te pillan mirando los pechos de alguna joven?
Creo que toda mi sangre sube a mis mejillas en ese momento. Trago saliva e intento hablarle.
- Por que no te traes la copa y te sientas.
Ya no hablo, solo obedezco, agarro mi vaso, mis revistas y me siento en la silla que hay libre en su mesa.
- Si que vas preparado de revistas.- me dice sonriendo de nuevo
- Para pasar el rato, estas tardes de domingo me aburren.
- A mí también, tenia ganas de que me diera el aire y ver la ciudad de noche, he venido con idea de subir al teleférico.
- ¿Teleférico?, Te crees que lleva viviendo toda la vida aquí y nunca he subido.
- Pues yo tampoco, el otro día vi un reportaje por la televisión y pense que estaría bien darse un paseo. ¿Quieres venir?
Antes de decir le nada, apura su vaso. Yo rápidamente en una muestra de galanteo trasnochado dejo un billete de sobre la mesa. Ella se levanta y no dudo en seguirla. Bajamos por una escaleras hasta llegar hasta las taquillas.
- ¿Ida o Ida y vuelta? Nos pregunta el empleado.
- Ida y vuelta.. No nos vamos a quedar a vivir en la torre. Intento hacerme el gracioso.
Subimos en el habitáculo, es una estructura metálica de forma octogonal donde pueden viajar mas de una decena de personas, tiene grandes cristales que permiten ver en todas las direcciones. Debajo de un ventanal hay un pequeño banco de madera. Todo tiene un olor a grasa quemada y a metal oxidado. El empleado cierra la puerta y nos deja solos. El teleférico da un pequeño golpe y empieza andar suspendido por los cables de acero. Salimos del edificio y vamos tomando altura.
Me pongo a su lado, ella a dejado el bolso sobre el banco.
- ¿Que es aquello? me pregunta
- La catedral
- Ahh ¿y aquel edificio azul?
- El Banco Intercontinental
- Ahhh
Me da la sensación de hacer de guía turístico, pero no pierdo ocasión para acercarme a ella. Mi cadera se pega a su cadera. Ella no rehuye el primer contacto.
- ¿ Y aquel barco? Oye.. ¿Que haces con los ojos cerrados?
Yo, intento contestar una a una sus preguntas, pero mi presión a ido en aumento. Me giro y hundo mi vientre en su cadera. Ella no se retira y sigue preguntándome por lugares de la ciudad.
- Hueles bien, hueles muy bien..Le digo mientras le miro el cuello
- Eau de rochee...aah
No le dejo acabar la frase, la beso en el hombro suavemente. Ella no se retira. Solo cierra los ojos y gira su cuerpo dándome la espalda. No dudo en pegarme a su cuerpo. Ella apoya las manos en los cristales. Aprieto mi vientre contra su culo. Retiro su cabello y beso su cuello. Ella ladea su cabeza dejando que la bese. Mis manos van a su cintura recorriendo sus curvas pausadamente. Paso una mano por su estomago y subo por su camiseta de lycra. Ella busca con su culo frotar mi verga que pugna por encontrar espacio libre bajo mi pantalón. Cuando alcanzo su pecho con una mano, lanza un pequeño gemido que me anima a continuar.
- Que bonita es la ciudad. dice en un tono sensual.
Con mí otra mano busco un resquicio por la cintura del pantalón. Noto su piel cálida en mis dedos, consigo abrirme paso por su braguita hasta acariciar su vello pubico, que imagino negro y rizado como su cabello. Su vientre esta caliente. Sigo mi exploración hasta perderme entre sus muslos. Cuando consigo rozar su sexo, lanza otro gemido. Abre las piernas lo suficiente para facilitarme la maniobra y desabrocha un botón de su pantalón.
- No pares ahora.
Empiezo acariciarle su sexo. A frotarlo, a amasarlos. Mis dedos quedan rápidamente impregnados de su húmeda respuesta. Mis caricias van acompañadas de movimientos de su pelvis. La acaricio lentamente presionando con la palma de la mano su pubis, mientras con el dedo anular describo dibujos circulares en su clítoris que se marca duro y excitado. Acelero las caricias. Empieza un largo gemido. Le beso el oído, le mordisqueo el lóbulo de la oreja...Su cuerpo presiona mi cuerpo su olor a Eau de roches me embriaga
- Saluda, pero no pares..no pares...
Un matrimonio de turistas japoneses se cruzan en nuestro camino, la otra cesta se cruza con la nuestra, estamos a la mitad del camino de teleférico. El matrimonio cambia su inicial sonrisa por un gesto de recatada sorpresa, era evidente lo que estabamos haciendo.
- No pares....
Mi mano pugna bajo la presión suave de sus bragas. Mis dedos resbalan por sus labios carnosos. Noto como todo su sexo palpita. Su cuerpo tiembla. Mi mano siente las palpitaciones de su pubis. Presiono con mi vientre. Su cuerpo esta aprisionado por el cristal del ventanal y por mi cuerpo. Sigo besándole, lamiéndole el cuello. La otra mano sigue amasando sus tetas. Introduzco un dedo en su vagina. Sus movimientos me excitan. Sus músculos sorben mi dedo. Con el pulgar presiono su clítoris cuando percibo que esta proximo el orgasmo. Mi dedo entra y sale acariciando las paredes vivas de su vagina. Toda ella se tensa. Aguanta la respiración y se deja ir.
El grito queda dentro del habitáculo. La ciudad iluminada permanece bulliciosa abajo. Sus muslos aprisionan mi mano. Recupera el aliento poco a poco. Retiro la mano. Agarrándola por la cintura giro su cuerpo y le beso despacio y profundamente con movimientos suaves.
- Final de trayecto - Un empleado ha abierto la puerta cuando el teleférico se ha detenido.-
- ¿Van a bajar o siguen?
- ¡Seguimos! Dice mi joven acompañante.
Se vuelve a cerrar la puerta. Y el teleférico inicia el camino de vuelta. Ella ahora me agarra de la mano y se sienta en el banco de madera. Me sitúa delante de ella y de pie. Desabrocha los botones de mi bragueta uno a uno y de un tiro me baja los pantalones arrastrando los calzoncillos que se quedan a la altura de mi rodilla. Mi pene sale disparado. Con los dedos lo levanta y frota su mejilla por mi verga. Con una mano acaricia los testículos. Empieza a besarlo desde la base.. Subiendo muy despacio. Cuando llega al glande saca la lengua y lo empieza a recorrer hacia abajo. Lo agarra firme con su mano desde la base y empieza a subir y bajar. Con la lengua lo empapada de saliva. Su mano resbala suavemente por mi verga. Noto la suavidad de su mano, la calidez de sus labios, la humedad de su lengua. Yo estoy muy excitado. Pasa una mano por mi culo y lo aprieta contra ella. Mi vientre siente el calor de su mejilla.
- Tu mira la ciudad, que veras las estrellas.....
Dirige el glande a su boca y suavemente lo lame. Con una mano bombea mi pene, con la boca lo va chupando. Su otra mano no se esta quieta. Recorre mi culo y noto como un dedo hace esfuerzos para entrar en mi ano. Vence la resistencia y experimento una sensación que nunca había tenido. Sus movimientos aumentan en intensidad. Logro abrir los ojos y veo como nos cruzamos con la otra cesta del teleférico. Ahora van en él, la pareja de jóvenes que había en la terraza, no hace falta saludarlos. Están abrazados y besándose.
Ella sigue entrando y saliendo con su dedo en mi ano. Su boca sigue chupando mi pene, hundiéndosele los mofletes en cada chupada. Mis piernas me tiemblan, cierro los ojos. Las luces de la ciudad se deforman a mi vista. No puedo aguantar más. Sus labios presionan el tronco de mi pene. Aguanto la respiración. Contraigo los pies. Todo mi cuerpo se tensa y termino por explotar. En el fondo de su garganta chocan los borbotones cálidos de mi placer.
- Aaaaaaahhhhhhhggggg
Resoplo, intento recuperar la respiración, mientras ella vacía su boca en un pañuelo de papel. Me subo los pantalones y me siento a su lado. Uffff
Pues no ha sido tan aburrida esta tarde de domingo. Le digo mientras saco un cigarrillo de mi paquete. Ella me ofrece fuego con un encendedor negro.
- ¿Tenias otro encendedor? le interrogo
Si claro, el encendedor dorado me va muy bien para otro tipo de propósitos....y además nunca se gasta..jejeje.- sonríe maliciosamente.
Alatriste
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