La venganza de Charlotte
Capitulo
(......continuación de AGUACATES )

Charlotte hacía un mes no que se ponía al teléfono cuando llamaba Raúl y se atrincheraba entre los compañeros de instituto, cuando él intentaba hablar con ella al término de las clases. Charlotte estaba enfadada desde que Raúl la había engañado y obtenido una película porno de una casi violación.

Por eso, Raúl se quedó muy extrañado cuando una noche Charlotte se presentó en su apartamento.

- Bueno, linda, creí no ibas a dirigirme la palabra más en tu vida

- Ya no estoy enfadada. La verdad es que me gustó. Saca unos vasos que he traído una botella del coñác que te gusta

Raúl preparó los vasos y se sentó en el sofá cama.

- ¿Qué has hecho con la película? - preguntó Charlotte cuando habían dado el primer trago.

- La vendí, claro

- Eso esta muy feo - dijo Charlotte levantando un dedo acusador, pero suavizó el tono y se dijo mimosa

-Compartiremos beneficios

- Eso está hecho, gatita, y si te gustó podemos montar otra, pero esta vez eligiendo tú el tema

- Claro mi amor, y podemos ganar mucho dinerito

Charlotte siguió llenando el vaso de Raúl de armangnac sin que él se percatara de que ella apenas si se había humedecido los labios.

- Estoy mareándome - dijo Raúl recostándose en el sofá. Y como de pronto comprendiera exclamó - Ay, tuna ¿qué le pusiste a los tragos?

- Te va a gustar, mi amor, es para jugar a un juego divertido

Raúl sentía los brazos flojos, como si le hubieran abandonado las fuerzas, por lo que no supo oponer resistencia a una rápida maniobra de Charlotte amarrándole las manos con hilo de pesca, juntas muy prietas y en un cabo que sujetó firme en el armazón del respaldo del sofá

- Mojita, ¿que usted quiere hacerme daño? - atinó a decir Raúl que veía todo ampliado, desbordado de luz y distorsinado, efecto de sus pupilas dilatadas.

Chartotte conocía bien el sofá, así no hizo apenas esfuerzo para trasnformarlo en cama.  Raúl quedó tendido, atadas las manos por encima de su cabeza. Sentía pesadas las piernas, así que Charlotte no tuvo mayor problema en atarle también con el resistente hilo por los tobillos, tensándolo fuerte.

- Vamos, nenita, déjelo ya que estoy un poco raro y si lo que quierés es cabalgarme, según estoy no creo que me empalme - dijo él con una voz pastosa.

Charlotte se movía como todo lo que estaba haciendo lo tuviera muy meditado. A ratos le daba pequeños sorbos de coñac. Sacó del bolso unas tijeras y empezó a cortar la ropa de Raúl.

- Charlotte, la broma de la película no es motivo para matarme - dijo Raúl tratando de sonreir, pero notaba el frío de la punta de la hoja de las tijeras cuando rozaba su piel.
Primero el pantalón, luego el slip y finalmente la camisa.
Después, Charlotte puso varios almohadones bajo la cabeza de Raúl

- Quiero que veas lo que voy a hacer

- ¿Sado? - acertó a preguntar él con la voz pastosa.

- No. Un juego, cariño

Charlotte desnudó despació. La verga de Raúl se hinchó un poco. La vista del cuerpo desnudo de Charlotte siempre se la ponía dura. Charlotte se subió a la cama de rodillas y pasó una de sus piernas por encima del cuerpo de Raúl, de manera que él podía ver su sexo semiabierto.

- ¿Qué llevas ahí? - preguntó el hombre, al que la subida de lo que le había puesto Charlotte en la bebida no restaba lucidez

- ¿Te refieres al piercing? - Contestó ella separandol os labios mayores con dedos y dejando más al descubierto un pequeño aro dorado que cerraba los labios menos de su sexo.

- Me gusta - dijo Raúl - Te hará la vagina más estrecha - y su verga se enderezó un poco más, como un pequeño animal con vida propia.

Sujetándola con la mano, Charlotte comenzó a pasarse la verga de Raúl sobre el aro del coño, despacio, movimiento sus caderas en sentido contrario al que su mano dirigía verga ya inhiesta.

- Métete la puntita, linda - La excitación de Raúl iba en aumento. Pensó que le debía haber puesto un cóctel en el coñac porque la flojera de sus piernas y brazos contrastaban con la extrema sensibilidad de su polla.

- Todavía no -dijo Charlotte, retirándose hasta ponerla cara a la altura del pene, totalmente erecto ahora.

- Mámamela, gatita - dijo Raúl notando el aliento cálido de ella en el glande descubierto.

En vez de eso, Charlotte acarició con los dedos índice y corazón esa polla hinchada, sin apenas rozarla, de la punta a la base, deslizándose sobre su propia humedad.

- Chúpamela, cabálgame o hazme una paja, pero haz algo, que no me aguanto - dijo Raúl que empezaba anotar un fuerte dolor en los testículos

Charlotte no hizo nada. Abandonó la polla con su enorme erección y, despacio, fue a buscar su bolso, del que sacó algo.

- Te voy a hacer un piercing a lo bruto, Raulito -dijo cogiendo con los dedos de la mano izquiera una de sus tetillas y con la otra manipuló un aparatito de esos que usan en las farmacias para poner pendientes a las bebitas. De un golpe certezo le taladró la tetilla. Raúl lanzó un alarido de dolor. Su cuerpo se tensó como una cuerda de violín y el sedal que le inmovilizaba muñecas y tobillos le mordió la carne como un cuchillo

- Ya basta, Charlotte. Desatame - A Raúl aún le dolían los huevos y notaba el trozo de metal en su tetilla, mientras sentía como se deslizaba por su torso un hilillo de sangre

- Aún no hemos acabado el juego, Raulito

Charlotte se deslizó hasta su polla, que había perdido parte de la erección. Raúl sudaba a chorros.

- Déjate de vainas - dijo él aún no paciencia

Charlotte sacó del bolso un aparato aún mayor. Cogió el pene de él con la mano izquierda e introdujo el glande en la máquina. Raúl culeó e intentó zafarse, pero Charlotte, a horcajadas sobre sus muslos, apretó las piernas. Fue un movimiento de él lo que hizo que el aparato hiciera eficázcemente su trabajo. El aullido de Raúl se diluyó en un segundo y un tercero. Charlotte le había puesto en el glande tres enormes grapas, con una maquina de las que usan los tapiceros.

- Te has vuelto loca. Voy a matarte

Charlotte se puso en pie. Raúl estaba medio encogido sobre sí mismo, pese a que las ligaduras de sus extremidades debían hacerle mucho daño. Después devestirse y antes de marcharse, a Charlotte aún le dió tiempo a meterle a Raúl hasta el fondo del culo un consolador del tamaño de la verga de un toro

- La próxima vez no olvidaré traer la cámara de vídeo.

-dijo Charlotte antes de cerrar la puerta

 Nathalie

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