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Diciembre, es Navidad. Las calles y centros comerciales están engalanados con los adornos típicos de estas fechas. Algunas personas expresan alegría, otras sin embargo muestran melancolía. Este es mi caso, en estas fechas me siento un poco apagado.
Debo decir que en mi oficina soy un tipo muy popular y dada mi polivalencia laboral he pasado por muchos departamentos, lo que hace que en estas fechas esté ineludiblemente invitado a un montón de cenas navideñas entre compañeros.
Lucía y María José pertenecen al departamento de documentación, en el cual estuve trabajando hasta el mes de Octubre.
Lucía es morena, no muy alta, de complexión fuerte, pechos pequeños un poco gordita, se peina estilo “garçon” y siempre viste pantalón, por lo que todos los chicos de la oficina pensamos que es un poco marimacho.
María José por el contrario es muy femenina, siempre viste falda, alta, espigada, pecho pequeño y un buen culito, vamos una tía buena en una burda comparación machista con Lucía.
Habíamos quedado para cenar en un pequeño restaurante cerca de la plaza de Castilla, el cual cerrarían en exclusiva para las casi treinta personas del departamento. Dos manzanas más allá, habían reservado también el garito para tomar las copas.
Me sorprendió un poco el interés de Lucía en sentarse a mi lado, pero no me llamó la atención el hecho de que María José se sentara al otro lado de Lucía. La cena fue abundante y regada generosamente con vinos del país. A los postres nuestro grado de alcohol en sangre era elevado. Durante la velada había notado como Lucía, al participar en las conversaciones en las que también yo intervenía, unas veces descansaba su mano en mi pierna y otras me daba un suave apretón. Todo me parecía de lo más normal hasta que descubrí que hacía lo mismo con María José, lo cual despertó en mí un cierto morbo. A partir de ese momento comencé a observar con disimulo cómo la mano derecha de Lucía jugueteaba con intencionado descuido con la pierna de María José. Ésta, lejos de evitarlo, hacía lo posible por fomentar ese contacto.
Cuando llegaron los licores y el champán, también aparecieron las primeras cámaras fotográficas y comenzaron las típicas fotos de grupo. Lucía, en ese momento, decidió pasar a la acción bajo la mesa. No pude evitar el sobresalto, mientras miraba con la mejor de mis sonrisas a la cámara, al sentir el contacto de la mano de Lucía en mi sexo. Pero, tras el fogonazo del flash, mi emoción fue en aumento al ver cómo su otra mano había desaparecido bajo la falda de María y ésta, a juzgar por su expresión y por la excitación de sus pezones delatores claramente marcados en su blusa, no se lo estaba pasando nada mal.
Después de unos cuantos brindis más casi todo el mundo había comenzado a salir del local en pequeños grupos para trasladarnos al bar de copas y continuar la juerga. Yo decidí en ese momento ir al WC. La verdad es que no me percaté de que era de los últimos y que me había quedado solo.
¿Solo?. No. Al entrar en el pequeño habitáculo que era el WC, noté que había alguien detrás de mí y que me empujaba un poco para cerrar la puerta. Era Lucía. Me abrazo por la cintura desde atrás y con un dedo en los labios me pidió que guardara silencio. Con un ágil movimiento me desabrochó el pantalón y tras bajarme el calzoncillo liberó mi sexo. Tomó mi pene con su mano derecha y al sentir su cálido contacto éste reaccionó con una poderosa erección. Sin permitir que me diera la vuelta comenzó a masturbarme, primero suave, luego más y más deprisa, con precisión, con la presión justa sobre mi miembro, con un ritmo que me hacia enloquecer, mientras con su mano libre me pellizcaba dulcemente los pezones.
Iba a perder la razón, quería gritar. Seguidamente colocó su dedo corazón en la entrada de mi esfínter y sin parar comenzó a presionar hasta que lo introdujo del todo y comenzó a moverlo en círculos. No pude aguantar más y eyaculé casi con violencia, sin pudor, abandonándome. Me temblaban las piernas, casi sentí vértigo. En ese mágico momento, sin querer me estalló la vejiga y comencé a orinar de puro placer disfrutando de un largo y maravilloso orgasmo.
Antes de que pudiera reaccionar, Lucía ya había abandonado el WC y se integraba en el último grupo que abandonaba el local. A duras penas conseguí recomponerme y correr tras de ellos.
Lo que ocurrió en el bar de copas merece un capítulo aparte, ¿Os apetece...leerlo?.
Old Green
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