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Los nombres de los personajes son imaginarios, por obvias razones, pero ilustran los momentos de deseo compartido por una pareja con la sexualidad a flor de piel, a cada momento a punto de estallar.Laura, 28 años, Carlos, 32, Laura trabajaba hasta las 6, Carlos salía en punto de las 8 cuando le era posible por el trabajo. Después de una breve vida sexual juntos, estaban acoplándose a la vida matrimonial sin demasiado esfuerzo; gozaban cada noche de un encuentro largo y lleno de placer. Ese miércoles Laura estaba demasido agitada, el calor la desequilibraba; la sola idea de imaginar los momentos por venir esa noche la hacían humedecer las pequeñas bragas que recién había comprado en día anterior.
Carlos para su fortuna, salía temprano e iba rumbo a casa, con hambre, esperando una deliciosa cena y un encuentro directo y comilón de sexo. Eran tales las ansias de Laura que optó por quitarse la ropa para esperar a Carlos en la cocina mientras preparaba l cena: solo sus diminutas bragas adornaban sus redondas y bronceadas nalgas, sus senos, abundantes y separados eran cubiertos solo por un pequeño delantal blanco que dejaban entrever por los costados sus juveniles y suaves curvas.
Finalmente llegó Carlos, sorprendiéndose de lo que veía como un cálido recibimiento; una fémina, de cuya belleza ningún hombre podría escapar. Una creciente tensión bajo el pantalón lo despertaba y disfrutaba de su aumento paulatino mientras acariciaba a su esposa con delicadeza al aproximarse.
-Siéntate, querido, cenemos algo, que tengo todo listo- le dijo ella gozando de la exaltación que había provocado.
Pensando el en lo que les esperaba, Carlos se sentó a cenar pidiéndole sólo como condición se quitara el delantal mientras cenaban, viéndole a cada bocado los sonrosados pezones golpetear con la mesa mientras conversaba.
Después de una breve plática mientras cenaban, Laura se acercó a Carlos, él se volteaba para asirla firmemente de la cadera. Laura abrió hábilmente la entrepierna mientras se liberaba del delantal, dejando ver su terso vientre. Él sintió un fresco líquido escurriendo de ella que le indicaba que no demorase más. Con destreza se liberó del pantalón de casimir, el calzoncillo y los últimos botones de su camisa. Con fuerza, sujetó simétricamente a su mujer por ambas caderas, con ambas manos abrió sus piernas y la condujo a su miembro viril, erecto a su límite.
Laura lo recibió fácilmente y se dejó llevar, la invadía la debilidad en sus brazos y piernas, sólo sentía el latir de aquel hombre que la hacía disfrutaba, ya liberado dela ropa. Cerrando los ojos concentró todos sus sentidos en aquel miembro que con brusquedad la transportaba a otro mundo, desconectada su mente de otros sonidos se limitaba inconscientemente a oír la voz de Carlos que susurraba con voz queda:
-Me gusta gozarte, esto no lo cambio por nada.
Ella se estremecía y abría más las piernas, engullendo el miembro viril hasta donde le era posible. Con movimientos rítmicos llegaba al clímax y Carlos no quería parar. Se detuvo solamente para voltearla y en pocos segundos ella estaba de espaldas a él, ensartada en el mástil febril que no la soltaba, los brazos de él la sujetaban del tronco y sus labios recorrían sus cuello. Laura realmente sentía escalofríos de placer; sus piernas laxas colgaban a ambos lados de las morenas piernas de su marido que finalmente terminaba en un explosivo orgasmo que lo hacía exudar.
Sintiendo el fuerte bombeo de vida, Laura se dejaba sacudir sin resistencia y dejaba caer su cabeza en un hombro de Carlos que volvía súbitamente a la realidad, volvía a oír el ruido del vecindario y se separaba de ella un poco aturdido aún. La tomó en brazos y condujo a su lecho, donde estuvo observándola a detenimiento hasta sentir el regreso de su cuerpo a su condición normal, ella dormía.
Satisfecho en cuerpo y alma, fue al sanitario y de vuelta se acomodó junto a ella cayendo en un relajado lapso de pasividad, su ritmo cardiaco se alentó hasta alcanzar el habitual y se dejó llevar al profundo descanso, bien merecido a estas alturas de la noche.
Nara
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