El andamio
 
 

- Menudo cubano tienes

- Y tu rapidillo, chaval

Y así nos vamos provocando cuando nos encontramos por un pasillo

- ¿Te has lavado hoy?

- Cuidado que eres bestia, tío

Y eso en la escalera o en el cuarto del fax.

- Eso son carnes y no lo que me dan de comer

- Ya se ve que no comes muy bien porque tienes pinta de aguantar poco

Y así seguimos. Y los compañeros ya conocen a Paco y me conocen a mí. Y somos famosos por estos diálogos ejemplares.

- Vaya polvo tienes

- ¿Sólo uno?

- Y si quieres dos

Y eso en el ascensor o la sala del sindicato. Y así llevamos tiempo, jugando, picándonos, desafiándonos.

Y ya se pasa, delante de Bermúdez, un jefe que no es muy aficionado a las bromas en el trabajo:

- A tí lo que te hace falta es un buen polvo, que tu marido no te da caña

- Paco, que un día me voy a enfadar
 
Hasta que un día ataco yo. Y le abordo en la máquina del café.

- ¿Qué pasa Isabelita?

- Que no hay cohones

- Cuando quieras

Y me encamino a la segunda planta, que están haciendo obras y allí no va ni Blas. Y le planto cara apoyándome de codos en un andamio.

- Aquí me tienes Isabelita - Y me mira las tetas que apuntan bajo el suéter ajustado

- Y yo aquí estoy

- No me tientes, que nos conocemos hace muchos años

- Que no hay cohones, vamos -

Y de un salto, apoyándome en mis manos me siento en el travesaño del andamio. Huele a pintura y a vacío. Cruzo las piernas y le pongo en el hocico el muslo  bronceado.

- Venga  hombre, ¿por dónde empezamos? - Me doy cuenta de que está descolocado - ¿A qué tienes miedo, tío, al gatillazo? - Y él tiene mucho orgullo. Y  en la mirada le veo que ha vuelto el gallo.

- Empezamos por el cubano

- De acuerdo - Salto del andamio  y me quitó el suéter dejando ante él lo que sugiere mi sostén negro de raso.

- Qué rica estás Isabelita - y avanza sus manos a mi espalda. Y torpemente busca los corchetes.

- Se desabrocha por delante

Y con mi mano suelto el corchete, dejando en libertad mis senos comprimidos que salen como cohetes. Y Paco aún no los toca.. Y yo me pongo de rodillas, desabrocho su bragueta y con la mano saco su polla todavía no bien erecta. Casi con ternura me pongo ese pedazo de carne suave y cálida entre los senos. Con mis manos los aprieto y los presiono de modo de aprisiono su polla y la magreo. Me coge los pezones con ambas manos y acopla el ritmo de mis mamas a su ritmo. Y entre la mullida carne de mis senos, la polla engorda, crece y pone tiesa como los hierros mismos del andamio.

Paco me levanta cogiéndome por los hombros. Está muy serio y ya no chulea. Está febril y tembloroso.  Me levanta la falda y mi sexo húmedo por dentro palpita esperando recibir su regalo. Me da la vuelta y yo me agarro al travesaño del andamio. Me aprieta los carrillos del culo más que acariciármelos. Busca la vagina con los dedos y coloca la punta de su polla en mi clítoris preparado. Me separa las piernas y empuja. Y noto como entra esa verga rotunda. Y un escalofrío me recorre la médula.

Estoy empalada en la verga y apenas puedo moverme. El me iza sujetándome fuerte de las caderas y me deja caer de nuevo sobre ese sable que se me clava en las entrañas. Me iza y me suelta. Me sube y me baja. Y yo empiezo a temer que mis gritos se oigan en todo el edificio. Paco jadea, pero parece que no puede parar de subir y bajarme de su polla. Es como si se estuviera masturbando a lo bestia con todo mi cuerpo.

- Para - le pido

Me baja y luego me hace trepar al andamio. Allí en el travesaño, con los pechos descubiertos, la falda arrugada en la cintura y los zapatos puestos, tumbada boca arriba dejo que Paco me lo haga como un poseso. Le rodeo la cintura con las piernas y cada clavada es como un estoque. Por un momento creo que me voy a morir. Pero no quiero detenerlo.

- Sigue, tío, sigue

Y Paco entra y sale de mí. Y suena como si alguien estuviera chapoteando.  Y cuando Paco me dice :

"Tía que me voy, que ya no me aguanto"

Miro a la puerta y veo a Bermúdez con el pasmao del vigilante jurado. Bajo sus miradas atónitas nos corremos y nos reímos como dos locos.

Nos dieron el finiquito. Hemos dejados a los respectivos y hemos puesto un puesto ambulante de churros. Paco y yo estamos tan contentos.
 

Nathalie

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