Roco
 

Me estoy mirando al espejo. ¿Que qué es lo que veo? Un bombón. Un bombón de chocolate con leche. Mi piel es así: como el chocolate con leche. Ni más ni menos. Mi madre era de piel blanca como la leche y padre un  moreno que vino del sur de todos los sures.  A eso debo mi color. Pero además debo ser un bombón porque  los hombres se vuelven locos por mí.

Me gusta lo que veo. Mi frente es lisa y ligeramente abombada. Mis ojos grandes. Mis pómulos marcados. La nariz pequeña. Los labios carnosos, marrones. Mido 1.70. Mi talla de sujetador es la 105 y mi talla de pantalón la 38. Tengo las piernas largas y el culito respingón. Mi peluquera a doblegado mis rizos en un trenzado que parece una melena lisa que me llega a la cintura.

Vivo en una gran ciudad y estudio filología. Al menos mis padres me mandaron aquí para eso. ¿Que qué es lo que pienso cuando me miro en el espejo? En follar. En follar mucho, eternamente. Que nadie se escandalice. ¿Es que vosotros pensais en otra cosa?

Yo solo pienso en follar, como todo el mundo. En la Facultad he tenido muchos novios, pero no saben follar en condiciones. Muy buenas palabras, mucha literatura, pero joden poco y mal. Así que ahora tengo un novio a mi medida. Es una mole humana, una bestia. Tiene muy pocas luces, pero folla como los ángeles. Si es que los ángeles follan. Roco es gorila en una discoteca.

Es hombre de pocas palabras, pocas ideas y menos conversación, pero a polvos no hay quien le gane. A veces, ya por el quinto - y no exagero -, yo estoy aburrida y él aún quiere más. Me encanta verle tumbado en la cama, empalmado ya desde que entramos en el estudio donde vivo y, mirarme cómo me demoro ante el espejo.

Me gusta quitarme la ropa despacio. Soltar los corchetes del sujetador de manera que mis pechos se liberen con un movimiento que hace oscilar mis pechos canela. Quitarme las medias lentamente, las braguitas. Lavarme despacio en el bidet. Depilarme el sexo color cerezo delante de él. Entonces ruge impaciente. Y yo me demoro. Entonces él se levanta de un salto y le veo venir, enorme, impresionante, con su verga de toro dispuesta al combate.

Hay quien piensa que las posturas de las películas porno son imposibles. No para Roco. Es capaz de cogerme en volandas, follarme con el único apoyo de mi culo pegado al espejo o sostenerme sentada sobre su polla mientras yo le rodeo con piernas y brazos. Con Roco mis orgasmos son un escándalo. Grito, pataleo, le muerdo los hombros, le clavo las uñas en la espalda o el culo, me retuerzo y sé que, aveces, le hago daño. A Roco le gusta afeitarse la cabeza y el pecho. Es fuerte como un mulo. Le cuesta muchas horas de gimnasio. Y yo, claro, le animo, porque me beneficio.

A Roco no le importa que yo sea negra. Cuando me presentó a sus padres, a su madre le sorprendió un poco, pero oí a su padre hacerle un expresivo comentario:- Vaya hembra

Lo mejor de Roco es que no habla. Es capaz de pasar horas en silencio delante del televisor mientras yo ando haciendo cosas por el estudio. Os diré que el estudio es a la vez dormitorio, baño, cocina, sala de estar. A Roco le gusta que haga las cosas en ropa interior muy pequeñita. Yo voy y vengo y, él, como que está a lo suyo. Entonces, cuando más distraída estoy, me aplasta contra una pared, me retira, sin quitármelas, las braguitas y me la mete.Yo intento distanciarme de la pared haciendo presión con las manos, pero él con su embestida de bestia humana me levanta del suelo. Me la mete con terquedad, sin darme tregua. Y yo grito, deshecha de un placer que me duele, con el coño lleno por esa verga que no se detiene, que no me da cuartelillo, que me deja exhausta. Y cuando creo que voy a morir de gusto me separa los cachetes del culo, tanto que parece que seva a romper el aro. Y me mete la verga hasta el alma.Y yo me acomodo, gateo sobre la pared y acabo perpendicular al suelo, gozando de cada embestida.

Mi pechos bailando fuera del sujetador hecho un guiñapo. Fuerte. Duro. Roco me da duro. Y mientras me da me levanta una pierna y me mete dos dedos en el coño. Con la fuerza de su mano me tiene casi en volandas. Aveces me caigo y acabo con las manos apoyadas en el suelo mientras él continúa follándome como un loco sin sentido. Y con esa pose, mi sexo se alarga y yo siento que me voy a romper. El clítoris se me despendola y empieza a eyacular como un manantial sin fin.

Roco no habla. Sólo folla. Y acabo gritando como una perra, como un animal en celo. Sentado ya que soy una mujer bandera, a la que le gusta mucho follar con Roco, os diré que cuandome miro en el espejo, pienso que no puedo quejarme de la vida que llevo.
 

Nathalie

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