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Desde que nos conocimos su fantasía era un menage a trois, quizás una de las tantas asignaturas pendientes que quedan por cumplir. La idea revoloteaba nuestras cabecitas perversas en cada encuentro, cuando nos masturbábamos, cuando hacíamos el amor, siempre un tercero o una tercera estaban presentes en nuestro intercambio de quimeras. Los lugares que ocuparíamos, como lo haríamos, me gusta imaginarme verlo introducir su pene erecto en el ano de otro hombre, mientras yo me deleito con el sexo erguido de su "víctima", a él le gusta fantasear con que ambos compartimos el tieso miembro de nuestro "objeto sexual", pues así solemos llamarlo.La imaginación fluye, al igual que la sangre en nuestras venas y nuestra cabeza va a mil y el tan ansiado y esperado encuentro nunca llegaba, no se daba la ocasión, no encontrábamos quién podría ser ese tercero/a, cómo buscarla. Las cosas se dan a veces sin planearlas, un amigo en común venía a visitarnos y me pidió para quedarse unos días en mi casa, cuando se lo comenté a Martín, sin pensarlo me dijo que sí, si bien se lo dije por teléfono, pude hacerme una idea de lo que estaba especulando y ambos nos reímos sin mediar palabra.
Llamé por teléfono a Gabriel y le dije que no había ningún inconveniente para que se quedase a dormir, Martín estaba de acuerdo y lo esperábamos el fin de semana. Gabriel llegaba en la mañana, hora en la cual ninguno de los dos nos encontrábamos en casa, por tanto quedo Martín en pasar a recogerlo por la terminal, llevarlo hasta el apartamento y encontrarnos en la noche al regresar de nuestros trabajos.
Llegué primero yo al apartamento y ahí estaba Gabriel, sentado mirando TV y con su buena onda que lo caracteriza, charlamos un rato y pasé al baño a darme una ducha para sacarme el cansancio del día. No teníamos aún muchos planes, así que esperé que llegase Martín, para decidir entre los tres que haríamos esa noche.Hacía poco tiempo me había comprado una pollera de cuero negra y me pareció buena ocasión para estrenarla, así que me puse medias negras con portaligas, tacos altos, la pollera de cuero justa al cuerpo con un tajo sobre la pierna izquierda que llega hasta la mitad de mis muslos, una remera borra de vino con un insinuante escote que muestra el inicio de mis pequeños, pero levantados y duros pechos. Me maquillé con discreción, pero resaltando mis ojos y mis labios.
Cuando llegó Martín, al verme me dijo, estas hecha una Diosa como siempre, besándome la comisura de los labios. Decidimos ir a cenar y tomar algo con nuestro amigo. Fuimos a un pub en la zona, cenamos, bebimos, escuchamos algo de música y ya entrada la noche decidimos volver. Como no teníamos sueño, nos quedamos en el living conversando y seguimos bebiendo un poco más para quitarnos el frío de la madrugada.
Intercambiamos vivencias, risas, la velada estaba muy entretenida y ninguno de los tres estaba dispuesto a ir acostarse, por lo menos solo... Pusimos música suave y le pedimos a Gabriel ya que le gusta divertir a la gente que nos hiciera un streptease, como el vino ya estaba haciendo efecto, al instante se puso de pie y al son de la música fue bailando, contorneándose como una serpiente y quitándose una a una sus prendas de vestir, al tiempo que Martín y yo lo incentivábamos con nuestros exclamaciones y aplausos.
Se quedó de pie frente a nosotros con un diminuto slip negro que sugería un prominente bulto que ya comenzaba a ponerse tieso. Le regalamos un aplauso por su brillante representación y luego me pidieron que yo hiciera lo mismo, ya que no valía que él solo se haya quedado desnudo. Me paré sobre la mesa y al igual que en la película Nueve semanas y media me fui despojando de mis ropas, primero me quite un zapato y se lo tiré a Martín, quién lo atajó hábilmente en el aire, luego el otro que fue a parar a los pies de Gabriel. Luego me saqué la remera, quedándome sólo con el sostén de encaje negro que traslucía mis pezones ligeramente erectos, las exclamaciones de los chicos me incitaban a continuar con el show, baje el cierre de la pollera y de un solo tirón la dejé en mis pies de espalda a ellos, mostrándoles la redondez de mis nalgas, ya que la diminuta tanga que vestía las dejaba prácticamente expuestas.
Continúe bailando sobre la mesa, solamente con el sostén, el portaligas, la tanga y las medias de lycra negras, extendí mi brazo e invite a Martín a que hiciera su demostración. Lentamente se fue desnudando quedando sólo con sus boxer de lycra negro ajustados que resaltaban aún más su delicioso trasero, al verlo así desnudo no pudo contenerme y de un salto bajé de la mesa, posé mi mano en su entrepierna y lo besé ávidamente. Mientras nuestras lenguas jugaban en nuestras bocas, los dedos suaves de Gabriel acariciaban mi trasero, el cual comencé a moverlo suavemente para disfrutar de sus manos. Martín comenzó a acariciarme los pechos, quitándome el sostén y dejándolos libres para ser lamidos por su lengua. Solamente me deje llevar por esas deliciosas manos que hábilmente sabían como acariciar mi cuerpo, poco a poco fueron quitándome lo poco de ropa que me quedaba y así desnuda entre los dos, continuamos acariciándonos y besándonos. Gabriel se arrodilló e introdujo su lengua en mi ano, al tiempo que Martín metía sus dedos en mi húmeda y jugosa vagina.
Mis gemidos de placer invadían el lugar, al igual que el olor que emanaban nuestros cuerpos. Martín sabía que una de mis fantasías era verlo mamar la verga de otro hombre, así que me hice a un lado para permitirle gozar del erecto miembro de Gabriel. Se lo metió todo dentro de su boca y comenzó a succionarlo, solo de verlo me dieron ganas de compartir semejante manjar, así que nuestras lenguas jugaban a lo largo y a lo ancho de esa verga erecta. Gabriel empujaba nuestras cabezas para introducir su pija más profundamente dentro de nuestras bocas, parecíamos dos animales hambrientos devorándonos a nuestra presa. Dejé a Martín que continuase con su tarea y me fui a urgar en el culo de Gabriel, ni bien sintió mi lengua en su orificio, éste se abrió como una flor lo cual me permitió gozarlo aún más, al cabo de unos minutos mis dedos también jugaban en su ano junto con mi lengua.
Gabriel me acostó en el suelo, abrió mis piernas y me arremetió con su lengua, mi boca se sintió invadida por la pija carnosa y mojada de Martín. Yo sentía que deliraba de placer, mientras chupaba la deliciosa verga de Martín, la lengua y los dedos de Gabriel se recreaban en mi vagina y mi culo.
Luego de tanto tiempo de fantasear con Martín, una sola mirada nos bastaba para saber que queríamos, le pedimos a Gabriel que se acostará en la alfombra, primero le lubrique bien su pija, a la vez que Martín hacía lo mismo con mi culo y sin previo aviso me senté encima de ella, dejando todo mi trasero a disposición de Martín. Al tiempo que mi cuerpo subía y bajaba, los dedos de Martín iban preparando mi culito para ser penetrado por su tiesa verga. Su lengua entró y salió de mi orificio tantas veces como él quiso, las manos de Gabriel acariciaban mis pechos y sus dedos pellizcaban mis pezones, de pronto siento todo el miembro de Martín colmando mi culo, podía sentir como entraba y salía y en cada movimiento una ola de placer invadía todo mi cuerpo. Me sentía en las nubes, nuestros movimientos estaban sincronizados, al igual que nuestras mentes y no podían dejar de jadear de placer. No podía creer todo lo que estaba sintiendo, mis orificios sellados por dos hermosas vergas que solo me provocaban deleite. Sin darme cuenta la leche de ambos, bañaban mi cuerpo y mi boca ávida relamía ambas vergas dejándolas sin vestigios del placer que exhalaron.
Así acostados en el la alfombra, riéndonos de nuestra travesura nos quedamos dormidos, esperando que un nuevo encuentro nos convoque.
Paula
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