TACTO
por Nathalie

 
 
El tacto frio de la pared contra mi espalda contrasta con el calor que desprende mi cuerpo. LLevo demasiado tiempo con los brazos levantados sujetandome al perchero y subida sobre los altos tacones de mis zapatos rojos. Me ha pedido que me ponga unas leves braguitas blancas de piel de angel y una camisetita corta del mismo tejido. Me ha vendado los ojos con un panuelo negro de seda. Lo absurdo de mi postura y la soledad en la que me ha dejado me hacen sentir aun mas insegura. El sabe como disminuir mis defensas.
 
Desde la oscuridad y la nada, le intuyo en el salon, moviendose de forma felina. Ya no escucho el teclado del ordenador. El silencio ha seguido al sonido de esa musica repetitiva, de cadencia arabe, sin letra para mi mente ofuscada.

Llevo un tiempo interminable en esta postura. Nada me obliga a permanecer asi. No estoy atada. Puedo soltarme. Pero no voy a hacerlo. Si me suelto, termina el juego.

Tengo hormigueos en los brazos y me duelen las manos de sujetarme a los salientes del perchero de pared. Por orgullo no me muevo de aqui. Consumare el sacrificio porque deseo de forma irracional estar una vez mas en sus brazos. Y si hace falta, dejarme morir en ellos.

Hoy se con lo que me enfrento. Se que no habra ternura, se que no habra un beso en el hombro, ni un mimo, ni una caricia, ni un sonrisa. Se que el se metera en su silencio oscuro, se encerrara en si mismo, para impedir que se escape una brizna de dulzura.

Siento como se acerca a mi. Sus pasos se aproximan. Huele a cera quemada de velas aromaticas y el desprende un limpio aroma a agua y jabon. Noto su aliento en la piel tensa de mis piernas semidormidas. El aliento calido sube desde desde medio muslo hasta la altura de mi sexo. Posa los labios sobre el triangulo de fina tela. Aguanto la respiracion. Noto su lengua dura sobre mi sexo. Despacio dibuja mi linea, humedeciendo lo que se me pega como una segunda piel. Estoy jadeando y apenas entra el aire en mis pulmones.

No presiona. Se limita a subir y a bajar su lengua por mi sexo, con calma, sin premura. Prolongando mi agonia. Tengo los musculos de las piernas tensos y mis pechos piden a gritos el calor de sus manos. Callo. No le voy a pedirle nada. Quedan huerfanos mis pechos, sintiendo el roce suave de la tela con cada temblor de mi carne.
Con dos dedos separa la tela empapada y pinza mi monte de Venus, tirando hacia arriba para alargar la linea cerrada entre los hinchados labios de mi sexo. Posa la boca de nuevo sobre la tela mojada. Es como si una membrana humeda propagara las oleadas gozosas que provoca su lengua.

Con la otra mano me separa la piernas. Me siento magnifica sobre mis tacones. Su lengua nerviosa busca mi clitoris. Lo acaricia a traves de la tela. Pequenos toques. Golpea mi perla. Luego circulos, primero pequenos, cada vez mas amplios. Despues de arriba hacia abajo. Su mano derecha no suelta la pinza de mi monte de venus. El clitoris debe pugnar por salir de su habitual encierro. Adelanto la pelvis. Deseo que su lengua suba y baje desde el inicio de mi abertura hasta las profundidas de mi cuerpo. Me oigo gemir desde lejos, como si los sonidos de mi garganta me fueran ajenos.

Tenerle de rodillas ante mi me hace sentir una diosa por un momento, solo un enganoso momento. Pero no confio. Se que en breve. En un breve espacio de tiempo, volvera ser el que es. Poderoso, altivo, seguro del dominio que ejerce sobre mi. Este placer que me otorga debe ser un regalo, una concesion previa a su propio festin. A mi rendicion incondicional a su poder de hombre orgulloso, solitario y que sabe mantener sobre si mismo un control absoluto.

Un control que nada tiene que ver con el que estoy perdiendo. Porque yo, a estas alturas, ya no soy yo. Solo soy una muneca de trapo dispuesta a dejarme hacer lo que el quiera. Entre rendida en su casa y ahora, tras los primeros espasmos de placer que me ha concedido, ya no me queda mas orgullo que el de provocar su deseo domesticado y dormido.

Aun se domora mas. Me licuo sobre mis propios muslos, mientras el busca mi ano a traves de la tela pegada a mi piel. Recorre el perineo, se detiene en mi ano. Separa con las manos mis nalgas y su lengua recorre mi aro por encima de la membrana calida de la tela humeda.
Deseo que me tome, que me penetre, pero no voy a pedirselo. Dejo mi cuerpo en sus manos para que el mande. Para que dirija mi placer. Y el suyo.

Ahora se incorpora. Su aliento me dice que esta de pie frente a mi. Mi piel presiente la calidez de su cuerpo. Pone sus manos sobre las mias. Suavemente me libera del garfio en que se mantenian aferradas a los colgadores del perchero. Me duelen. La circulacion de la sangre vuelve a mis dedos. Vuelven de forma dolorosa. Me toma de las munecas y estira mis brazos en forma de cruz.

Aun me duelen, pero el recorrido de sus labios endulza la tortura.

Sus labios rozan mi cuello, pero me besa. Solo recorre esos labios secos la superficie de mi piel. Esconde la cara bajo mi pelo. Me huele, pero no me basa. Deja que mis manos caigan a los dos lados de mi cuerpo. La sangre corre en un doloroso recorrido hasta la punta de mis dedos. Supongo que grito.

Sus manos se apoderan de mis pechos. Los acaricia sobre la tela fina. Estoy temblando. Con su barbilla va bajando hasta llegar a mi seno. Primero su halito calido, despues los labios comprimiendo mi pezon, despues la lengua. Despacio. El nunca tiene prisa. Lame en circulos la tela, hasta que mi punta esta tan dura que me duele. Succiona. Me duele cuando me hace un gran circulo con todo el seno tirando con los labios desde la punta. Ahora se detiene en el otro pecho.

Contracciones de placer se expanden por mi vientre. Pero no le voy a pedir que me penetre. Callare hasta que el no pueda mas. Hasta que el pierda el control. Por ahora, y eso me desespera, puede contenerse.

Bruscame me toma de los hombros, tira de mi y me encuentro de bruces en la cama. No opongo resistencia cuando me levanta el trasero desde las caderas. Mis piernas quedan medio flexionadas, mi mejilla siente el tacto aspero de la colcha. Mis dedos se agarran como garfios a la tela. Huele a velas aromatica y a sudor de hombre. Situa la punta de su sexo en mi vulva abierta. Embiste dos veces. Me izo ensartada por ese animal que no repara siquiera en si estoy comoda, en si me quiebra la espalda, en si me agrada la forma en que esta tomando posesion de mi cuerpo vencido.
Por primera vez me habla. Me grita que levante las ancas. Me da un azote. Me elevo como puedo sobre mis codos. Asiento las rodillas y me dispongo al mas feroz de los ataques. El ataque humillante de un hombre con su verga y su fuerza sobre una mujer inerme. Es decir, enamorada. Situa su mano sobre la piel mullida que cubre el coxis y noto como mi ano se desgarra por la entrada brutal de su sexo. Me encula como una perra. Entra hasta el fondo de mi. Hago fuerza con todos mis miembros para evitar que me desplace en su embestida. Se mueve desde dentro hacia fuera de mi, de fuera a dentro, como si yo fuera una monton de carne que se usa. Mete dos dedos de la otra mano en mi cogno. Presiona la parte interna del clitoris buscando el contacto con su propia polla a traves de la fina piel interior de mi cuerpo. Logra que la yemas de sus dedos toquen su glande. Se masturba, con el tabique de mi cuerpo en medio.

Le siento poderoso. Dominando, contrantolando. Estoy mas ocupada en no perder el equilibrio sobre mis rodillas y mis codos que en mi propio placer. Acelera el ritmo de sus acometidas. Un espasmo de dolor me atraviesa. Mientras noto como se corre dentro de mi con grandes casudidas, caigo exhausta y dolida al dejar laxos mis brazos, sobre mi piernas.

Me he portado bien. Espero su beso. Pero Felipe se incorpora y escucho sus pasos dirigiendose al cuarto de baño.

Nathalie
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