SU RECUERDO 
Por Monna
 
Tumbada en la cama, pensé en la última vez que él me había poseído.

Era un hombre excelente en la cama. Me había poseído una noche de sábado, aun no se como empezamos ya que simplemente fuimos a dar una vuelta. El caso es que esa misma cama, donde yo descansaba él, empujándome como si fuera una muñequita. Y ahora estaba sola, con los pezones endurecidos por el recuerdo y la mano deslizándose hacia mi entrepierna, que ya empezaba a arder. La pasión que él había puesto en poseerme la puse yo en acariciar mis húmedos labios, que se abrían de par en par ansiosos de recibir a mis dedos tal y como habían recibido a su duro pene aquella noche.

Las yemas de mis dedos acariciaban frenéticamente mi clítoris, y la otra mano tocaba mis pechos, en mi mente el recuerdo de estar él chupándome los pezones y su pene frotándose contra mi clítoris...Empecé a gemir casi sin darme cuenta, y casi mis dedos empezaron a hundirse en mi vagina, húmeda y caliente como nunca lo había estado, mientras mi espalda se encrespaba y mis pechos se movían al ritmo de mis pequeñas embestidas con esos dos dedos.

Mi clítoris iba a estallar.

Casi me lo imaginaba, rojo, grande hinchado y triunfal, tal y como él lo había descrito después de haberse fijado en él, mientras me poseía de rodillas, mis piernas sobre sus hombros. Un cálido y abundante chorro de flujo se deslizo por mis dedos, que separe rápidamente para, tras ponerme de cuatro patas, introducidos por mi culo... exactamente igual que él había hecho. Nunca podría olvidar la sensación de aquella preciosa polla metiendose por el culo, desvirgándome por atrás, esa mezcla de dolor y placer intensos, pero los dedos no eran suficientes. En la mesita de noche reposaba la cena última y eso me dio la idea de correr, desnudísima, sudorosa, mojadísima hasta la cocina y agarrar cualquier cosa cilíndrica, gorda, dura, como su ardiente pene.

Me decante por un plátano aun pequeño y hermoso, y sin poder resistir el aguantar volver a la habitación, empecé a follarme con la fruta, esta vez primero por el culo, al que el grosor le hizo daño, pero que al adaptarse me hizo chillar de gemidos altos y placenteros.

Recordaba su pene penetrando en mi ano, sus manos en mis tetas y...empecé a chorrear, mi almejita pedía más, mas que los tres dedos que la poseían en ese momento, al mismo tiempo que el culito era casi roto por el plátano, saque este y empecé a hacerlo entrar en mi cueva húmeda y gozosa.

Alcance el orgasmo mas intenso de todas las veces que hasta entonces me había masturbado...
 

Monna
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