Dulces Vacaciones (I)
Por Perversita
 
El viaje de vacaciones fue algo inesperado. Si bien habíamos pensado en Punta del Este, no teníamos nada en vista. No habíamos hecho reservas de hotel y en temporada alta, son imprescindibles debido a la gran concurrencia de turistas. Un amigo nos sugirió la casa que él había alquilado el verano anterior, una hermosísima casa sobre la playa y con piscina. Bastó una llamada telefónica y ya estábamos haciendo las maletas.

El clima era estupendo, desde la mañana temprano íbamos a la playa, nuestras pieles quedaron bronceadas en pocos días. Caminábamos mucho al cabo del día, recorríamos la playa de punta a punta y luego nos recostábamos a tomar el sol. Al mediodía nos íbamos a la casa, al fresco de los árboles.  Allí nos fundíamos en besos y goce  a diario, no había nadie en la casa contigua, así que el jardín y la piscina eran nuestros escenarios favoritos, sentir el aire en la piel desnuda un deleite.

Llegué de la playa, me tumbé en la reposera, Javi preparó unos tragos y vino a mi lado. Al llegar yo estaba desnuda, me había zambullido en la piscina y mi piel aún estaba mojada. Fingiendo un tropiezo, Javi derramó sobre mi pecho el contenido de su vaso.

- ¡Opssss! – sonrió -  quedáte quieta Laura que ya te limpio.

Al parecer no estaba dispuesto a desperdiciar una sola gota de su bebida, seguía cada gota con su lengua recorriendo mi cuello, mis pechos, pezones. Bajó por mi vientre y cuando se acercaba a mi pubis volvió a subir hacia mi boca. Así hizo hasta secar mi cuerpo de bebida. Mi cuerpo estaba estremecido, la piel erizada y mi entrepierna muy húmeda.

Estábamos acariciando y besando nuestros cuerpos, cuando, de pronto escuchamos unas voces muy leves que parecían venir de la casa vecina, supuestamente deshabitada. La curiosidad nos invadió y nos acercamos sigilosamente al cerco de arbustos que separaba una casa de otra. También allí había una piscina, y cuál fue nuestra sorpresa al ver dos chicas jugueteando en el agua. Una era morena clara, cabello largo, una cara casi angelical y unos pechos grandes, bien marcados por el sostén de su bikini. La otra, rubia, un poco más menuda de talla, pero también dotada de pechos hermosos.

Nos quedamos recostados en el césped simulando que estábamos tomando sol, semidesnudos y expectantes. Por supuesto, ellas ni habían notado nuestra presencia y jugaban en el agua, riendo, salpicando agua en sus cuerpos. La morena se zambullía desapareciendo de la superficie momentáneamente, y saliendo luego muy cerca del cuerpo de la rubia. No alcanzábamos a oír claramente lo que decían, sin dudas eran amigas recién llegadas al balneario, con ganas de aplacar el calor. La rubia salió del agua, se envolvió en una toalla y, luego de secar su cuerpo, se despojó de su bikini, tirándose al costado de la piscina con la intención de tomar sol. La morena se acercó a ella, hablaban, seguíamos sin oír.

Javi me guiñó un ojo señalándome que nos acercáramos más a la escena sin ser notados. La erección de Javi era estupenda, le estaba excitando mucho ver a esas chicas tan “inocentes” con cuerpos tan hermosos. Una mano de la morena salió del agua, salpicando con alevosía el vientre y los pechos de su amiga. Los pezones de ésta se erectaron al contacto con el agua fría, se volvió hacia la morena riendo. Estábamos más cerca y ahora, oíamos sus voces.

- ¿Querés guerra? – dijo la rubia.

- No, quiero amor – replicó la morena

Se fundieron en un beso espectacular, la morena de pie dentro de la piscina y la rubia recostada en la orilla. Las manos de la morena comenzaron a recorrer el cuerpo de su presa, con una pellizcaba el pezón de un pecho y con la otra bajaba sin demora hacia la depilada entrepierna. Así estuvieron un rato, besándose, tocándose, lamiéndose. Nosotros estábamos a mil, era un placer para nuestra vista aquella situación. En silencio nos masturbábamos y queríamos ver más aún. No era necesario preguntarnos nada, ambos sabíamos que moríamos de ganas de participar en aquel juego, pero no queríamos evidenciar nuestra presencia para no perturbarlas.

La rubia se sentó dejando sus piernas dentro del agua, una a cada lado del cuerpo de la morena. Su concha quedó pegada a la cara de su amiga y ésta, solícita, hundió su cabeza en ella, lamía esa concha con cadencia y placer, separaba con las manos los labios vaginales, dejando campo libre a su lengua. La cara de la morena denotaba un placer celestial, parecía lamer el mejor de los néctares probado en su vida. Penetraba el túnel de placer  con sus dedos empapados en jugos y luego los llevaba a su boca, los chupaba cerrando sus ojos. Volvía a su quehacer. Nosotros, solo queríamos más.

Apoyando sus manos en la orilla, la morena tomó impulso y salió del agua. Joder con al sorpresa!!!!!
La morena era ni más ni menos que un travesti. Cuando su cuerpo emergió del agua una verga tremenda escapaba de su bikini. Creí que Javi enloquecía, acabó en ese mismo instante, me agarró firmemente del cabello y me llevó la boca a su verga haciendo que tragara toda su leche. Aún así, no dejábamos de mirar que sucedía al lado.

- Mirá lo que hiciste – dijo la morena tomando con su mano su verga y enfrentándola directamente a la cara de la rubia.

- Quiero mamarte Micaela – ese era el nombre de la morena.

Micaela se arrodilló sobre la cara de la rubia que estaba tendida en el suelo, ésta comenzó una mamada espectacular. Se retorcía de placer, abría sus piernas como pidiendo ser penetrada en ese mismo momento. Micaela se recostó ahora sobre la rubia haciendo un 69 digno de película. Cada tanto se acercaban y besaban sus bocas salvajemente, estrujaban sus pechos mordiéndose los pezones y volvían a sus sexos. Oímos dos orgasmos de la rubia y, a los pocos minutos, la leche comenzó a manar de la verga de Micaela, resbalando por la comisura de los labios de la rubia y cayendo por su cuello y pecho.

- ¡Vamos Laura! – dijo Javi – vamos a conocer a las vecinitas.

- No Javi, esperá, quiero ver como sigue esta historia, esperá unos minutos más.

Javi accedió y seguimos mirando. Con nuestra distracción momentánea, no vimos de dónde salieron los consoladores que ahora tenían una y otra en la mano.
Alucinábamos, la rubia se colocó un arnés con un consolador, sujetándolo con correas a sus caderas. Micaela se colocó en cuatro patas y abrió sus nalgas pidiendo claramente que la rubia llenara su culo sin demora. La rubia se arrodilló detrás y comenzó a lamer el culo rasurado de Micaela, jugando a penetrarla con la lengua y los dedos, a veces, con ambas cosas. Se tomó tiempo en preparar a su amante, y el culo de ésta parecía gritar por una verga.
Recostándose sobre una reposera, la rubia dejó el consolador erguido cual mástil a disposición de Micaela. Ésta se sentó sobre él lentamente, de frente a la rubia y comenzó a moverse rítmicamente tragando con su culo todo aquel falo.  Se acariciaban los pechos, se chupaban, se besaban en un éxtasis absoluto.

- ¡Vamos puta!, movete más sobre mi pija – gritaba la rubia.

- ¡Siii, llename todo el culo con tu verga Ana! – enloquecía Micaela.

Acabaron así, Ana dos veces, Micaela llenó el vientre de Ana de leche con su corrida y luego lo lamió devorando su propia leche. Alternaron posiciones, Micaela cogió a Ana por el culo y le hundía otro consolador en la concha.

¿Nosotros? pues estábamos ya cogiendo como perros en celo, Javi babeaba sobre mi espalda mientras me clavaba su verga hirviente en la concha y miraba el juego de las nuevas vecinas.

Ese día no participamos, pero ya teníamos un objetivo, tentar a nuestras vecinas para que, pronto, ellas mismas pidieran nuestra intervención.

Perversita
 
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