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Las noches de verano se hacen especialmente largas cuando no se tiene a quién amar. Te las pasas dando vueltas, pensando, sintiendo, sudando, abrasándote por fuera por el calor atmosférico, y ardiendo por dentro, consumiéndote por tu propio fuego de pasión contenida; sintiéndote llama que no tiene qué quemar.Ésta era una de esas noches. Llevaba un par de horas mirando aburrida la televisión, sin prestar atención realmente a las imágenes que aparecían ante mis ojos. Decidí apagarla y cambiar de actividad. Caminé hasta la pequeña salita en sonde suelo escribir y encendí el ordenador. "Echemos un vistazo al correo", pensé. Hacía un par de semanas que recibía ningún emilio( e-mail). Me conecté esperando encontrar algún e-mail, alguna noticia, algo, en fin, que me sacara de este aturdimiento monótono en el que me sentía sumida. Nada. Aquella me estaba pareciendo la noche más desoladora de toda mi vida. Ante el fracaso obtenido, decidí apagar el ordenador e irme a la cama, pero cuando iba a hacerlo, algo me sorprendió. Un cartelito apareció en la pantalla de repente:
"El usuario Calaf desea incorporarle a su lista de contactos".
Ésta si que era buena; cuando ya creía que se había acabado la noche para mí, aparecía de repente un desconocido que quería hablar conmigo. Acepté y a ese pequeño cartel le siguió otro, con un saludo cordial.
"Hola, soy Calaf. He leído tus relatos y me gustaría hablar contigo".
"Hola Calaf. Aquí me tienes. Soy toda tuya"
La conversación comenzó superficial, frívola. Pero poco a poco comenzó a tornarse algo más picarona:
"Juguemos a algo"- dijo él -" hay ciertas cosas que me gustaría preguntarte. Yo contestaré cualquier pregunta que tengas si respondes a las mías, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo. Venga, pregunta"
"Pues dime, ¿recibes mensajes a menudo de pervertidos?"
"No, tú eres el primero. Era broma"
Una tras otra las preguntas seguían sucediéndose, cada vez más atrevidas, mientras mi entrepierna humedecida me mostraba que estaba dando buena cuenta de lo que allí se estaba contando.
"Ahora me toca a mí, ¿qué es lo más raro que le has pedido a una chica?"
Y Calaf respondía, narrando con detalles su curiosidad, aún insatisfecha, por el sexo anal. Yo imaginaba, palabra por palabra, cada una de las cosas que me iba contando. El roce del ligero vestido de tirantes que llevaba, excitaba aún más mis endurecidos pezones. Y por lo que él contaba, no debía ser yo la única que sentía aquel asfixiaste calor interno...
"Me vas a perdonar preciosa, pero esta noche, cuando acabe de hablar contigo me lo voy a pasar muy, muy bien yo solo".
"No tengo nada que perdonarte, Calaf. ¿Me dejarás pensar en ti esta noche?"
"Me honrarías. Tengo ya el calzoncillo húmedo de imaginarlo..."
"Me estorba ya toda la ropa..."
"Pues puedes empezar a quitártela si quieres, pequeña. Tengo que dejarte, pero me gustaría pedirte algo antes".
Tras una despedida y una promesa, la pantalla del ordenador quedó de nuevo a oscuras. Me dirigí al salón, terriblemente excitada, húmeda, ardiendo por una caricia. Sentía el interior de mis muslos humedecidos según caminaba, víctimas del llanto anhelante de mi sexo. El salón estaba a oscuras y en frente mía, el gran ventanal me mostraba las ventanas apagadas del edificio de enfrente. Todas excepto una. ¿Me estaría viendo?
Deslicé los tirantes por mis hombros y el vestido cayó cuerpo abajo, arrastrado por su propio peso. Me acerqué más al cristal de la ventana. Aquella pequeña ventana seguía encendida. Dejé caer el pequeño tanga caderas abajo, quedando desnuda bajo la noche, con los pezones rozando el cristal. Cerré los ojos un instante y traté de imaginarle a mi lado. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿cómo sería Calaf? No importaba. Le imaginé detrás mía, rozando levemente mi espalda con su pecho. Imaginé su aliento junto a mi cuello, y sus labios sobre mi oreja. Y sentí como sus manos - mis manos - comenzaban a acariciar mis pechos, masajeando suavemente su contorno con la yema de los dedos. ¿Qué haría él ahora? Una mano pellizcó uno de los pezones, luego el otro. La temperatura en mi interior aumentaba cada vez más. Cerré los ojos, y una mano fue bajando suavemente por mi abdomen, produciendo un cálido cosquilleo mientras lo hacía, hasta que alcanzó un monte de rizos negros de donde manaba todo aquel calor, aquel intenso calor. La otra mano seguía acariciándome los pechos, mientras ésta se adentraba un poco más, rodeándose de jugos tibios que la pasión derramaba. Me temblaban las piernas ante aquella oleada de placer que me estaba recorriendo el cuerpo, llenándome de una frustración nueva al no tener aquel cuerpo que mi mente imaginaba. La mano más audaz rozó por unos momentos la pequeña campanilla de mi clítoris, haciendo que un estremecimiento intenso me recorriera. Temí caer, y para evitarlo, me incliné hacia delante, apoyando la barbilla en el cristal. Y las manos seguían moviéndose, a la vez que aquel calor interno se hacía más y más intenso. Mi respiración se hacía cada vez más jadeante, a la vez que mojaba los cristales con mi aliento ansioso. Quería más, mucho más. Traté de imaginarle de nuevo, detrás de mí, como antes, acariciándome como me estaba acariciando yo en esos momentos. "¿Qué te gustaría hacerme, Calaf?", pensé mientras agitaba mi mano entre mi sexo, tratando de provocar en vano aquello que parecía que no quería venir. "Lo que tú ya sabes", contestó mi subconsciente. Sí, lo sabía. El recuerdo de aquellas palabras contándome sus deseos más ocultos exaltaban mis sentidos por momentos. Abrí más las piernas, y respingando el culo hacia atrás, le ofrecí las lunas blancas de mis nalgas.
"Vamos, Calaf mío, aquí lo tienes" , pensaba para mis adentros, "lo que siempre has deseado sólo para ti. Acaríciame las nalgas, así, despacito, como lo hago yo. Eso es. Muy bien, cariño, y ahora adéntrate un poco más, así, así..." mi respiración se entrecortaba con las caricias." ...Eso es, acaríciame bien. Ahora adelanta la mano y mójate los dedos en mí...... así cariño, mójalos bien, mételos en mí.... siii, eso me gusta." Comencé a besar el cristal, enarcecida por lo que estaba por venir. "... ahora vuelve hacia atrás, hacia donde tú sabes. Sí cariño, ahí, justo ahí, ...dilátame con tus dedos húmedos, mi amor... así, así... un poco más .....aahh, qué bien". Mi lengua se volvía loca mientras aquellos dedos, viejos conocidos, comenzaban a penetrarme por detrás, proporcionándome la más deliciosa de las sensaciones. "...sigue, mi amor ...no tengas miedo de penetrarme bien, usa más dedos .....ahhhh, me vuelves loca ....¿te gusta, mi amor?, ¿verdad que es delicioso? ...no pares, así, pero deja que me acaricie por delante también", mi mano libre no tuvo dificultades para emplearse a fondo en la empapada gruta de mi sexo. " Así, así mi amor .........ahhhhh, me vuelvo loca ...¡no pares, no pares! ......ahhh, me muero amor....voy a reventar ......ahhhhh .......¡ahhhhh! .......¡AHHHHHHH!"
Me he tumbado en el sofá. Desde aquí puedo ver las huellas húmedas que he dejado en el cristal. La ventana que quedaba encendida se acaba de apagar, ¿me habrá visto?. Ahora está todo a oscuras, todo en silencio, y de la imaginaria visita de Calaf sólo queda el profundo relax de los músculos de mi cuerpo. Tal vez vuelva a invitarle en mi mente. O tal vez no. Lo único seguro es que mañana volverá a amanecer un nuevo día, y el sol me sorprenderá aquí tumbada, dormida, desnuda, pero sobre todo ...sola.por Turandot
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