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La verdad es que ella estaba encantada, había pasado una tarde muy agradable junto a su novio, paseando por los jardines de su ciudad, sentados en los bancos besándose de mil maneras. Hablando de mil cosas, y con muchas ganas de sexo.Su novio le hacía sentirse muy bien, pero cuando empezaba a hablar de sexo ella le odiaba, porque al contarse ciertas cosas al oído, le apetecía desnudarlo en mitad del parque y montarlo allí mismo. Y como su vergüenza no se lo permitía, se sentía caliente pero frustrada.
Aquella tarde él le había dicho mil cosas al oído, le recordó las mejores noches que habían pasado juntos, le habló de mil noches más que estaban por venir, le susurró las ganas que tenía de ella, de sus labios, de sus pechos, de su sexo.
Marta estaba excitada de nuevo, le abrazó y besó mientras deseaba tener la oportunidad de tenerlo a solas, de poder coger el coche o de que se fueran sus padres para tenerlo y poseerlo, para gozar con él.
Pedro no vivía en su ciudad, venía a visitarla cuando podía y cuando lo hacía, muchas veces se quedaba en casa de los padres de Marta, con los que se llevaba muy bien. Pero no podían dormir juntos pues le ponían una cama en el piso de arriba del chalet; y no sólo eso, sino que los padres dormían con la puerta abierta para evitar... incursiones nocturnas.
Era ya tarde y todos se fueron despidiendo en casa de Marta. Al subir a su piso, en la oscuridad, Pedro le toco a Marta el culo, le beso en los labios y mientras sus lenguas se encontraban, ella le tocó el pene duro debajo del pijama. Él la correspondió con un pecho y luego subió las escaleras.
Cuando llegó al piso de arriba aún seguía excitado, puso la tele muy bajita para no hacer ruido y encontró una película porno en uno de los canales del cable. Aquello fue la gota que le hizo no pensar en nada más y se desnudó, tumbándose en la cama y viendo aquel sexo comenzó a masturbarse, acariciándose su ingle, su pecho, sus testículos, comenzó a mover su pene suavemente, de arriba abajo mientras veía las largas mamadas en la televisión.
Las mujeres de la película estaban relamiendo los penes de aquellos teutones gigantescos mientras Pedro sentía que necesitaba algo más que movimientos para llegar al final.
Cogió su móvil y con mucha dificultad, ya que escribía solo con una mano, envió el siguiente mensaje para su novia Marta:
" Necesito que me ordenes que me corra, ¡pídemelo! "
Cuando sonó el mensaje en el móvil de Marta, esta estaba desnuda sobre la cama, acariciando su sexo húmedo, soñando con tener una buena verga entre sus manos para introducirla dentro de sí y follarla con ganas.
Marta leyó el mensaje y a punto estuvo de correrse, ¡arriba estaba Pedro haciéndoselo como ella!. Ella respondió con otro mensaje:
" Córrete! Hazlo ya que no puedo más. "
Pedro recibió el mensaje y tras leerlo se corrió en una explosión larga y dulce mojando las sábanas mientras en la televisión una pareja no hacía más que follarse con locura.
Tardó un instante en recuperarse del orgasmo y le dio una llamada perdida a Marta.
Al oír su móvil mientras sus manos recorrían su sexo y se introducían en su vagina, supo que él se había corrido y el solo echo de recordar el líquido caliente que emanaba de su interior cuando se corría en ella, la hizo moverse con destreza dentro de su vulva mojada y se corrió llenando de líquido sus dedos, resbalando hacia las sábanas, soltando un ahogado grito de placer.
En la película la protagonista abría la boca para recibir las gotas de semen que los actores le iban a eyacular sobre la cara, y se relamía de placer mientras Pedro respiraba más relajado mirando hacia el techo y pensando en lo que estaría sintiendo Marta en el piso inferior. Pasaron los minutos y apagó el televisor donde dos mujeres se jodían con la lengua mostrando evidentes caras de placer.
Pedro se echó sobre la cama y pensando en ella, soñando en cómo ella se habría movido, en cómo ella se habría tocado, se excitó y la sangre abrió paso dentro de su pene hasta ponerlo duro como pocas veces. No podía aguantarlo más.
Abrió la puerta del cuarto y bajó las escaleras muy despacio, la puerta de los padres de ella estaba medio cerrada, pero se oían ronquidos y estaban tan dormidos que no oyeron la puerta de Marta al cerrarse.
Allí estaba ella en la oscuridad, dormida desnuda, con la mano sobre su sexo.
Pedro se acercó y besó sus labios sintiendo cómo su pene casi explotaba de presión, ella se despertó sobresaltada y los labios de Pedro evitaron un grito que podría haber alertado a sus padres.
- ¿Qué haces aquí? ¿Estas loco? ¡Mis padres pueden venir!.
Pedro se puso encima de ella, mientras su lengua entraba en su boca y callaba las protestas de Marta.
Ella sintió el calor del sexo desnudo de Pedro, sintió la dureza de ese palo cerca de su ingle y dejó de hablar para comer sus labios y jugar con su lengua.
Pedro se alejó de sus labios y bajó hacia su pecho donde comenzó a lamer sus pezones, su sabor le llenó el paladar y mientras recordaba sabores mejores bajó hasta el sitio de su recuerdo, mojado y sudado tras haberse masturbado, metió la lengua entre sus labios mayores y despues la movió dentro de ella, recorriéndola, saboreando los flujos que humedecían su vagina.
Ella se incorporó y le empujó hacia atrás mientras le cogía el pene y lo miró entre las penumbras, lo comenzó a lamer con la punta de la lengua desde los testículos hasta el glande, y luego se lo metió todo en la boca, sintiendo ese calor y ese sabor que tanto le gustaba.
Sintiendo los jadeos de Pedro le tumbó y poniéndose a horcajadas sobre él, se introdujo de un golpe el pene y ahogó el grito que salía de su interior al sentir aquel palo tan duro abrirse camino hacia su interior.
Acercó la mano a los labios de Pedro para indicarle que no hiciera ruido mientras se comenzó a mover sobre él, lentamente, poco a poco.
Pedro sentía su pene entrar y salir dentro de ella, mientras le tocaba sus pechos y su culo, le cogió del pelo y acercó su lengua a su boca, ella comenzó a moverse con un ritmo más vivo y él jadeaba con su lengua atada a la de ella.
Marta sentía que su sexo quería más y comenzó a moverse más profundamente sobre él, le tocaba el torso y deseó que no acabara nunca, mientras notaba cómo él se movía también haciendo crecer su placer.
En aquel momento, su sexo se hinchó, su placer aumentó y Marta comenzó a sentirlo, nació de su sexo y regó todo su cuerpo, le llegó de repente y soltó un pequeño chillido que retumbó en la habitación, se estaba corriendo y necesitaba más.
Pedro le volteó y se puso encima de ella y con rápidos movimientos penetraba una y otra vez en su interior, haciendo que los jadeos aumentaran de ritmo y otro pequeño grito saliera de los labios de Marta, Pedro se movía frenéticamente sobre ella, y respiraba aceleradamente, sintiendo que quería correrse, dijo:
- Pídemelo –
Marta le dijo entrecortadamente:
- Más... Más. espera.....Más...... –
Y entre jadeos mientras otro orgasmo estaba llegando, le dijo:
- Córrete -
El doctor
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