|
|
Por fin era la hora de salir del trabajo, había sido un día duro en la oficina, el teléfono que no para de sonar, gente entrando y saliendo, bueno un día como otro cualquiera, o quizás no, existía un motivo por el cual estaba tan nerviosa, había quedado contigo a las 7, era la primera vez que te iba a ver y estaba impaciente, muy impaciente.Nunca antes nos habíamos visto, sólo hacía unas semanas que nos conocíamos, bueno, si a hablar a través de un chat o del teléfono se puede llamar conocerse. Desde el primer momento habíamos congeniado, teníamos los mismos gustos, la verdad no sabía mucho de ti, pero me gustaba tu voz y tu forma de hablar. Sabía que nuestro encuentro sólo iba a ser algo fortuito, que era posible que no tuviera continuidad. Sabía que nuestros intereses, inicialmente, eran puramente sexuales. Nuestras conversaciones siempre eran muy sensuales, y la verdad me encantaba.
Fui al baño, me mojé la cara, me peiné y puse unas gotas de perfume detrás de mis orejas y en el nacimiento de mis senos. Entró una compañera de trabajo y me sonrió.
-Ufff, parece que te estás preparando para algo importante.
-No, sólo he quedado con unos amigos para ir a tomar algo.
-Si, ahora se le llama así.
-Hasta el lunes, pásalo bien.
-Adéu.Bajé las escaleras, por momentos me preguntaba dónde me estaba metiendo. Sentía curiosidad por verte, por saber cómo eras, tu olor...
En la cera de enfrente había un chico moreno, alto, pensé –ostras, si es él, realmente es guapo, muy guapo.- Me acerqué y le pregunté:
-Hola, ¿eres Pablo?. Soy Eva.
-Hola Eva, me alegro de verte.
Típicos dos besos, aunque estos serían sólo el principio...-¿Qué te apetece que hagamos? Aquí hace frío. Tú dirás, yo no conozco nada de aquí.
-¿Dónde tienes el coche aparcado?.
-Aquí, en la otra calle.Fuimos en silencio unos metros. Te miraba de vez en cuando, me gustaba lo que veía.
-Es este.
Subimos al coche, hacía casi tanto frío como fuera. Pensé, Eva, ya no tiene remedio, además, es lo que querías, por lo tanto...
-Pablo...
-Dime.Me acerqué a ti, respiré hondo y... te besé, primero fue un beso muy suave, estabas algo sorprendido, poco a poco mis labios fueron abriendo los tuyos, hasta que mi lengua se coló dentro de tu boca; me gustaba el sabor de tus labios, de tu lengua, no hacía mucho que habías comido un caramelo de menta. Fui separando los labios poco a poco hasta que te di un ligero beso en la comisura de los labios.
-Caray, no pierdes el tiempo. Pero me ha encantado, de verdad, yo no sabía como empezar.
-Pensé que si no lo hacía ahora no sería capaz...
-Quizás ya no necesitemos ir a tomar algo, podemos...
-No sé, como quieras, dime ¿dónde te apetece ir?.
-Había pensado, no sé, te parecerá una tontería, pero nunca lo he hecho en un coche, y realmente me apetece probar cosas nuevas.
-Sin problema, conozco un sitio que está muy bien, es tranquilo, y por la noche es perfecto.
-Bien, tú eres la que toma la iniciativa, adelante.
-¿Estás seguro de lo que vamos a hacer?, quizás deberíamos esperar...
-¿Tú crees...?.
Te fui indicando como llegar, cada vez estaba más excitada, era la primera vez que iba a aquel sitio con un desconocido y eso tenía muchísimo morbo. Mientras nos íbamos adentrando en el camino veíamos coches aparcados a ambos lados, no era la única que conocía aquel lugar.Cuando encontramos un sitio bastante apartado y sin ningún otro coche, aparcaste.
-Ostras, vaya sitio escondido.
-Si, ya te dije que estaba muy bien.
-No es la primera vez que estás aquí, ¿verdad?
-No (me encantó la sonrisa que pude observar en tus ojos), pero hacía años que no volvía.
-Bueno, pues ya estamos aquí, ahora si me siento bastante raro. ¿No será demasiado incómodo?Pasé un de mis dedos por tus labios, después te besé en la mejilla y te dije:
-Es incomodísimo, pero te aseguro que te gustará.Sentí el deseo en tus ojos, después de las cosas que habíamos hablado, sin duda estabamos impacientes.
Te acercaste a mí, y susurraste a mi oído:
-Me encanta tu olor.Empezaste a besarme en el cuello, debajo de la oreja, notaba tu lengua húmeda recorriéndolo. Estaba muy, muy excitada y notaba como mis bragas se iban mojando, igual que cuando hablábamos por el chat... Tu mano derecha acariciaba uno de mis pechos por encima de la ropa. Empecé a desabrocharte los botones de la camisa, despacio, muy despacio.
-Shhhhist, espera. Bajemos los asientos, estaremos más cómodos.
Tú bajaste el tuyo y yo el mío hasta que estuvieron completamente horizontales. Ibas a besarme de nuevo cuando yo te paré:
-Espera, voy a quitarme la ropa, quiero que veas como lo hago.
Empecé a desabrochar los botones de mi blusa con mucha tranquilidad, me gustaba sentir tu mirada, ver como el bulto de tu pantalón iba aumentando. Cuando ya tuve todos los botones fuera, eché la blusa suavemente hacia atrás, resbalando por mis hombros. La puse en el otro asiento, detrás. Entonces empecé con mis pantalones, tú mirabas como lo hacía, intentaste acariciarme pero no te deje, ese era mi momento y me gustaba excitarte con lo que ibas viendo. Desabroché el botón y la cremallera y fui deslizando poco a poco el pantalón hacia abajo. Me quedé sólo con la ropa interior. Cada vez estabas más impaciente, pero yo no tenía ninguna prisa, estaba disfrutando con el momento. Bajé uno de los tirantes del sujetador, era rojo vino, de raso con encaje en los bordes; después bajé el otro mientras te miraba a los ojos, mi lengua recorrió mis labios, mojándolos.
-Eva, por favor, no puedo más, te deseo.
Yo sonreí, me encantaba sentirme observada y deseada. Bajé el otro tirante, pero no continué. Entonces me acerqué a ti y terminé de quitarte la camisa. Acaricié tu pecho desnudo, mis dedos se perdían entre tu vello. Notaba tus manos calientes recorriendo mi espalda. Tus labios ávidos buscando los míos. Acaricié tu pene por encima del pantalón, ya estaba muy, muy duro. Desabroché el cinturón y seguí con los botones, metí la mano dentro del boxer y liberé tan preciado tesoro. Estaba ante mí, grande, dura, caliente, con el glande muy rojo. Te sacaste los zapatos y te deshiciste de la ropa que se había alojado a tus pies. Estabas completamente desnudo y me gustaba lo que estaba viendo. Te besé de nuevo en los labios, cada vez con más pasión. Tus manos apretaban mis pechos por encima del sujetador. Fuiste a desabrocharlo, pero te pedí que no lo hicieras aún. Poco a poco mis labios fueron bajando por tu cuello, tu pecho, tu estómago, cada vez más cerca, me detuve a la altura de tu pene y lo observé, rocé la punta con unos de mis dedos y noté lo húmeda que estaba. Me acerqué aún más, pasé mi lengua por un lateral y sentí como te contraías. Tus manos acariciaban mis hombros. Continué pasando la lengua por el lateral, después por el otro mientras mi mano la sujetaba con fuerza pero a la vez delicadamente. Abrí poco a poco la boca, primero sólo metí dentro la punta, chupé y succioné durante unos segundos. Alcé la vista y te miré a los ojos, tu me dijiste:
-Por favor, hazlo, lo estoy deseando.La metí todo lo que pude dentro de mi boca, era grande, muy grande, y dura. Empecé a mover mi mano arriba y abajo, despacio, mientras iba entrando y saliendo de mi boca. Fui incrementando el ritmo, de vez en cuando lo disminuía. Aún era pronto.
Los cristales estaban totalmente empañados, fuera hacía frío y dentro la temperatura era muy alta.
Me incorporé, te besé en los labios, notabas el sabor salado de tu pene. Deslizaste tus manos por detrás de mi espalda y desabrochaste mi sujetador. Lo dejaste caer, mis pechos quedaron libres de toda presión. Pasaste un dedo desde el cuello hacia abajo, mis pezones estaban totalmente erectos. Hiciste círculos alrededor de mi aureola, poco a poco de acercaste al pezón, lo cogiste con dos dedos y lo estiraste. Un escalofrío de placer recorrió mi espalda. Estaba algo incómoda, no sabía como ponerme, pero en aquellos momentos eso no era importante. Suavemente me fuiste tumbando en el asiento, tu cabeza se situó justo encima de mi pecho izquierdo, pasaste la lengua por el pezón, cada vez más duro. Empezaste a succionar y mordisquear, sentí un ligero dolor, pero me encantó. Mientras te dedicabas a mis pezones, tu mano izquierda recorría mis piernas, iba subiendo desde mi rodilla, poco a poco te fuiste acercando por el interior. Yo inconscientemente iba abriendo las piernas. Acariciaste mi sexo por encima de mis bragas, que ahora si estaban totalmente mojadas. Pasaste un dedo por dentro de la tela y notaste lo caliente que estaba. Empezaste a bajarlas pero era difícil, yo estaba sudando y la postura no era propicia.
-Espera, lo haré yo.
Me saqué las bragas y quedé totalmente desnuda ante ti, pero no sentía vergüenza, al contrario, me sentía bien. Volví a apoyar la espalda en el asiento, me sentía pegajosa y cada vez más excitada. Mis manos recorrían tu espalda mientras tú continuabas jugando con mis pezones. Fuiste bajando por mi lateral, despacio.
-Sube un poco hacia arriba, por favor.
Te obedecí y subí mi espalda hacia arriba.
Tus dedos se enredaban en el vello de mi pubis, dabas pequeños estirones que me hacían erizar la piel. Abriste mis piernas con las dos manos y yo apoyé los pies en el asiento. Mis piernas estaban completamente abiertas. Sentía tus manos recorrer mi sexo. Tu lengua rozaba mi clítoris hinchado. Mi respiración era entrecortada. Poco a poca la lengua fue recorriendo mis labios hasta introducirse dentro de mi vagina, tu dedo hacía círculos alrededor de la entrada. Metiste primero un dedo, muy suavemente, después otro y empezaste a moverlos dentro de mí. Mis gemidos cada vez eran más profundos. Seguiste con el mismo ritmo durante unos minutos, minutos repletos de sensaciones.
-Por favor, quiero que me penetres, necesito sentirte dentro de mí.
Subiste despacio, yo bajé las piernas, tenía los ojos cerrados y noté un sabor salado en mis labios. Me incorporé un poco, para dejar que tú te tumbaras donde yo había estado hasta ese momento. Tropecé en el intento con el freno de mano, ambos no pudimos evitar reír, aunque al día siguiente yo tendría un buen morado.
Cuando ya conseguimos situarnos, es increíble lo que se puede llegar a sentir en un sitio tan reducido e incómodo, pasé mis piernas alrededor de tu cuerpo intentando sentarme sobre tu pene. Al final lo conseguí y sentí como poco a poco me ibas penetrando, hasta el fondo. Empecé a moverme arriba y abajo, despacio, después fui incrementando el ritmo; mientras yo subía y bajaba, tú apretabas mis pechos, los masajeabas, pellizcabas mis pezones. Te incorporaste un poco, levantaste la espalda del asiento hasta que tu cabeza quedó a la altura perfecta para chupar mis erectos pezones mientras yo seguía subiendo y bajando, sentada encima de tu pene.
-Eva, estoy a punto,
-Espera, tranquilo, aún noMe levanté como puede, intenté colocarme en el espacio entre el salpicadero y el asiento, de manera que pudiera tener tu pene al alcance de mis labios. Estaba completamente impregnado de mis líquidos. Empecé a recorrerlo con la lengua, muy, muy suavemente, para después introducírmela en la boca, con la mano izquierda subía y bajaba, estirando la piel. Dejabas escapar gemidos ahogados. Yo seguía succionando y chupando. Sentía como arqueabas la espalda mientras acariciabas mi pelo y me ayudabas a llevar el ritmo que tú deseabas.
-Eva, estoy a punto de correrme, voy a hacerlo.
Te había oído perfectamente, pero quería sentir tu orgasmo desde la posición más cercana. Un gemido agudo y un chorro de esperma caliente y espeso inundó mi boca. Fuiste dando sacudidas y gemidos hasta que por fin te relajaste completamente, en eso momento yo tragué y noté como el liquido me quemaba la garganta produciéndome el mayor de los placeres. Poco a poco me fui incorporando hasta quedar apoyada sobre tu pecho. Tu respiración seguía agitada, aunque algo más calmada. Acariciabas mi cabeza. Levanté los ojos y te miré. Me besaste en los labios, muy dulcemente.
-Ven, te toca a ti.
Me ayudaste a tumbarme en mi asiento. Acariciaste suavemente mi cuello. Mis pechos, mi estómago, sentía tus manos perderse por mi cuerpo, y unas manos calientes rozando mi sexo. Estabas jugando con mi clítoris, lo tocabas suavemente y retirabas el dedo.
-Pablo, te deseo, no pares, por favor.
Tenía los ojos cerrados, no podía ver lo que hacías, pero no era necesario, mis sentidos estaban a flor de piel. Continuaste con tu juego de insinuaciones por un momento, haciéndome desesperar. De pronto sentí como un dedo se abría paso dentro de mí, suavemente, después otro, y por último uno más. El ritmo era lento, incrementándose por momentos. Durante unos momentos perdí la noción de lo que estaba pasando, simplemente estaba disfrutando. Abrí los ojos y vi la erección que volvías a tener mientras seguías utilizando tus manos para darme placer.
-Hazlo, ahora...
Te colocaste poco a poco sobre mí, cosa complicada en tan incómoda posición. Al principio no pudimos, bajé un poco mi espalda hasta conseguir estar a la altura adecuada. Cogiste tu pene con la mano derecha y lo fuiste guiando hasta la entrada de mi vagina. Con un movimiento único la introdujiste hasta el fondo, golpeando mis paredes, un gemido se escapó de mis labios. Empezaste a entrar y salir, a empujar con un ritmo constante, yo apenas podía moverme, pero hacía lo que podía debajo de ti. Sentía el calor de tu pecho sobre el mío. Mi sudor se mezclaba con el tuyo. Mis uñas arañaban tu espalda. Seguimos así unos minutos, minutos de gemidos, gritos, placer, morbo... hasta que por fin estallamos en un orgasmo compartido. Sentía tus contracciones mezcladas con las contracciones de mi vagina.......mmmm, un beso profundo, cálido, delicado.....quizás un beso que inicie una nueva entrega de pasión?
Eva
Volver al Indice de EVA