El sustituto (II)
Nunca antes tuve la sensación como ahora tuve la sensación de recoger un fruto prohibido, ...pero es tan apetitoso!. Apoyo mi mano sobre su bajo vientre y la deslizo por encima de la ropa buscando su entrepierna.

Mª José, que así se llama mi mujercita, temblorosa se deja acariciar y se muerde los labios para evitar un gemido de placer, al sentir mi mano sobre su chochito.

La obligo a darse la vuelta. Queda de pie, de espaldas a mí, con las manos apoyadas sobre la mesa y las piernas entreabiertas.
Me pongo detrás, la cojo por la cintura y aprieto mi cuerpo contra el suyo, haciéndole notar sobre su culito el bulto de mi pene.
Lentamente mis manos recorren hacia abajo sus caderas hasta llegar a la tibia piel de sus muslos al terminar la faldilla. Vuelven hacia arriba pero esta vez en contacto de su piel. Llegan a los glúteos y a la braguita. Meto mis dedos entre la piel y la tela y las bajo despacio. Un culo redondeado, grandecito y muy bien dibujado aparece ante mí.

Me encanta…acerco mis labios y lo beso. Luego deslizo el dorso de la mano desde las curvas inferiores hasta recorrerlo por completo.

La piel es de una suavidad exquisita y merece las más delicada de mis caricias. Con ambas manos, con mucho cariño, le separo un poco los glúteos y aparece ante mí su rosada vagina. Al final se ven los pelitos oscuros y rizados que la adornan. Paso el dedo medio por encima de la rajita y se me humedece, ¡ qué ricura!. Con una mano, hago girar a Mª José, para que me enseñe mejor su chochito.

Ahora ya no sirve el pudor, estamos lanzados. Ella se sujeta la faldilla y yo le separo aun más las piernas para disfrutar de tan linda visión. Apoya su culo desnudo sobre la mesa y deja este rico manjar para que lo disfrute. Pongo mi cara entre sus piernas, aspiro su aroma encantador y saco la lengua. La paso plana y blanda por encima de la rajita. Se estremece y gime de placer. Me separo un poco y vuelvo a lamer de nuevo. Me lo voy a comer enterito!. Saco de nuevo la lengua, esta vez dura y puntiaguda. Esta se abre paso entre los labios mayores de su vagina y se entretiene frotando sobre la piel que protege el clítoris de Mª José.

Mientras se retuerce, una bocanada de su flujo me moja los labios y me lo trago relamiéndome. Vuelvo a la tarea, jugando a descubrir con la lengua todos los rincones.. Para recobrar el ritmo de respiración, me entretengo en besar las ingles o tirar de los pelitos cogiéndolos entre mis labios.También mis dedos índice y pulgar me ayudan a recuperar el aliento mientras ellos hacen diabluras. Igual frotan, que dan pequeños golpecitos sobre el clítoris; ó entran y salen retorciéndose. Los condenados saben hacerse querer!. Al acercar de nuevo mis labios a tan jugosa almejita, Mª José no puede evitar que un sonoro gemido se escape de su boca.

“Cómeme toda….así…asiiii…como me gustaaaaaa!”.

Yo cumplo obediente chupando y lamiendo alegre todo su chochito, por dentro y por fuera.

Mientras mis dedos ahora se entretienen en extender la mezcla de mi saliva y de su flujo por las curvas del extremo del culo y la parte alta del muslo.  El dedo medio unta bien el ano y aprieta levemente con un poco de vicio.  Le mando parar inmediatamente, ¡no es el momento adecuado para esta nueva caricia!.  A regañadientes cede en su intento y sigue jugando a extender el jugo.

Con mis labios aprieto y tiro suavemente del clítoris, o lo succiono para luego pasar a darle unas cuantas sonoras lamidas.
Separo con los dedos sus labios menores y paso la lengua repetidamente sobre ellos. Luego la meto y saco muchas veces tan rápido como me es posible. Ella me sujeta la cabeza tratando de impedir que nunca mas me separe de ella.Mª José ya esta próxima a su orgasmo, coloco la yema de mis dedos índice y medio encima de su clítoris y froto de un lado a otro.

Primero despacio, como el colgante de un reloj de pie. Luego, cada vez mas deprisa, mas deprisa…hasta que su cuerpo se contorsiona, aprieta las piernas y me sujeta la cabeza agarrándome del pelo.  Entre espasmo y espasmo, gime con fuerza. Pasan unos instantes, dulces y gozosos, tratamos de recobrar mínimamente la normalidad de nuestra apariencia, ambos satisfechos de nuestra experiencia. Tocan a la puerta.

“Tomás, estas ahí?”

“Si…si ahora abro”, respondo a la profesora de Lengua, “estaba medio dormido”.

Abro la puerta y la conduzco de forma que Mª José pueda salir sin ser vista. Intercambiamos un guiño de complicidad. Deseo que tengamos muchos mas secretos durante estos días de sustitución.
 

Continuara../..

Deverano

 

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